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Crítica: Ainhoa Arteta ofrece un recital en el Teatro Campoamor de Oviedo por el 120 aniversario del Colegio de Médicos de Asturias

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1 de julio de 2018

32 apellidos vascos

   Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Teatro Campoamor. Oviedo. 28-VI-2018. 120 Aniversario Colegio de Médicos de Asturias. Ainhoa Arteta, soprano. Rubén Fernández Aguirre, piano.

   Como viene siendo habitual en estas fechas, se celebra con un acto musical la efeméride del Colegio de Médicos de Asturias. Y es que la entidad siempre ha mostrado un gran interés por este arte en particular y suele organizar eventos al respecto durante todo el año. Hace apenas un mes pudimos asistir por ejemplo, en la sede colegial de Oviedo, a la conferencia “De batutas y bajalenguas” de la profesora del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA), Yolanda Vidal, excelente pianista y secretaria académica de la entidad, que mostró una sorprendente faceta como comunicadora en un discurso tan interesante como ameno. El acto, como no podía ser de otra manera, finalizó con un recital a cargo de los alumnos premiados en el Concurso de música de cámara de este año del CONSMUPA, el chelista Pelayo Cuellar Sarmiento y el pianista Héctor Sanz Castillo, concurso en el que tuvimos el privilegio de participar como jurado. En esta ocasión, y para celebrar nada menos que su 120 aniversario, la entidad médica tiró la casa por la ventana y ofreció a sus colegiados un recital de la soprano Ainhoa Arteta acompañada por el pianista Rubén Fernández Aguirre. El repertorio elegido para la ocasión fue ecléctico y atractivo para una velada relajada en una tarde de verano en el Teatro Campoamor, con temas sudamericanos o de aires hispanoamericanos y una segunda parte, mucho más impactante, con tres arias de ópera.

   La soprano comenzó con un par de temas breves, muy conocidos, del compositor Jaime Ovalle, Azulao y Modinha, que adolecieron del sentido rítmico propio de las canciones brasileñas, siendo su versión demasiado “lírica” diluyendo el color y sabor local de este repertorio, al igual que La rosa y el sauce del argentino Carlos Guastavino. Con la popular Alfonsina y el mar, pudimos ya disfrutar del extraordinario gusto interpretativo de Arteta, especialmente en la última estrofa de la canción y el delicado pianissimo con que concluyó la obra. También estuvieron muy conseguidas las Cinco canciones negras de Xavier Montsalvage, con una impecable dicción y un sentido dramático muy acertado; especialmente bello fue el momento de la famosa Canción de cuna para dormir a un negrito. Tras la interpretación al piano solo del Verano porteño de Astor Piazzolla por Rubén Fernández Aguirre, quien mostró una gran compenetración con la cantante en todas las obras, dio comienzo la parte más interesante del recital, las arias Addio del passato de La Traviata, Donde lieta usci de La bohème y Sola, perduta, abbandonata de Manon Lescaut -curiosamente todos ellos personajes que mueren de enfermedades varias en una sala llena de médicos-, donde la artista pudo lucir absolutamente todas sus extraordinarias cualidades canoras, un gran fiato, bellísima línea de canto, delicadísimos finales, exquisitos filados, afinación perfecta y sentido interpretativo impecable. Una artista con mayúsculas, que domina el escenario y que sabe cómo acercarse al público, no sólo con sus palabras, con las que introdujo esta segunda parte, sino con la elegancia tanto vocal como estética con la que siempre se presenta en un escenario, muestra inequívoca del respeto que siente hacia el público y que éste siempre agradece. En esta ocasión, lució un vaporoso vestido blanco aderezado al final de la velada con un espectacular kimono del mismo tono, ambos del diseñador asturiano Marcos Luengo, modelos de su colección para la temporada otoño/invierno 2018/19, que presentó en su desfile para la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid de principios de este año.

   ¡Qué bien sabe hacer las cosas la Sra. Arteta! No sólo mostró su apoyo a la moda española con este gesto, haciendo un guiño además al lugar en concreto donde desarrollaba su recital, sino que no tuvo reparos en decir bien alto y claro lo española que se siente teniendo 32 apellidos vascos y lo orgullosa que está de su país -que es el nuestro-explicando lo difícil que se lo han puesto durante mucho tiempo por este motivo, prohibiéndole incluso cantar determinado repertorio durante años –y nosotros podríamos añadir que siendo vetada en algunos de los teatros más importantes de España por este motivo-, asegurando además que incluso todavía hoy día hay quien ve esto con malos ojos. Una mujer valiente que no se amedrenta, que se significa luchando por lo que cree, que no duda en denunciar estos hechos a sabiendas de las posibles consecuencias negativas en sus contrataciones y que ahora canta a los cuatro vientos “De España vengo, de España soy, y mi cara serrana lo va diciendo, que he nacido en España, por donde voy…”, tema censurado a lo largo de su carrera pero siempre presente en su casa y que ahora ofrece como propina y que puso al público del Campoamor en pie con una salva de aplausos inconmensurable. Imaginamos a la corporación municipal ovetense presente en el evento metiendo su cabeza bajo la chaqueta ante esta lección de españolismo que probablemente habrá producido urticaria a más de uno.

Autor:Nuria Blanco Álvarez
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