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Crítica: Recital de Ainhoa Arteta en Oviedo con Lucas Macías al frente de la Oviedo Filarmonía

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6 de septiembre de 2020

Ainhoa Arteta inaugura la temporada musical ovetense

Por Nuria Blanco Álvarez | @miladomusical
Oviedo. 03-IX-2020. Auditorio Príncipe Felipe. Gala lírica de Ainhoa Arteta y la Oviedo Filarmonía. Director, Lucas Macías. Obras de Chueca, Guastavino, Ramírez, Guridi, Sorozábal, Soutullo, Vert, Barbieri y Luna.

    El Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo reabre sus puertas tras la crisis sanitaria con un recital de Ainhoa Arteta acompañada por la Oviedo Filarmonía bajo la dirección de su titular, Lucas Macías. El evento estaba originalmente previsto para el mes de abril, dentro de las actividades del Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor donde también iba a protagonizar Katiuska, pero las circunstancias obligaron a cancelar sus compromisos que ahora retoma con este recital y su participación en Madama Butterfly en el mes de noviembre dentro de la Temporada de Ópera de la capital asturiana, bajo la dirección del maestro Óliver Díaz.


   La expectación era máxima al ser una de las primeras salas de conciertos españolas en abrir sus puertas en esta situación de pandemia, de hecho, la propia soprano dio las gracias al público «que habéis tenido la valentía de venir» y el maestro Macías también tuvo unas palabras asegurando que era «un momento muy especial ya que estamos pasando una época muy difícil y no sabíamos si podríamos volver al Auditorio y hacer música. Para nosotros es un privilegio». Otra novedad para la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, bajo cuyo auspicio se encuentra la orquesta Oviedo Filarmonía y la Banda Municipal de Oviedo, es el reciente nombramiento de la periodista Pilar Rubiera como presidenta de la entidad, en sustitución de Francisco González Álvarez-Buylla tras dos décadas en el cargo y que ahora es presidente de honor, con María Ablanedo, profesora del Conservatorio del Valle del Nalón y con una dilatada trayectoria en política, como vicepresidenta.

   Las medidas sanitarias ya comenzaban en el exterior del edificio donde estaba señalizado en el suelo la posición, debidamente distanciada, que el público debía respetar en la cola de acceso. Los organizadores disponen de los datos personales de cada espectador (nombre y apellidos, DNI y teléfono) para un eventual contacto inmediato si fuera necesario, siendo las entradas nominales y comprobando en el acceso la identidad de cada usuario. Por seguridad, no había programa de mano en formato papel. El aforo, limitado al 50% ofrecía los asientos en el patio de butacas de dos en dos, con otros tantos por medio vacíos y precintados, pero sin posibilidad de adquirir entradas individuales, cuestión que sin duda se solventará en próximas ocasiones. Medidas extremas han tomado al respecto en La Coruña, tal y como avanzó CODALARIO, permitiendo tan solo un aforo del 10% en el Teatro Colón, con lo que únicamente 60 personas pudieron disfrutar del espectáculo con el consiguiente malestar de público y artistas, por no hablar de su cuestionable viabilidad económica. En Oviedo, el concejal de Cultura, José Luis Costillas, tuvo que salir al paso de unas declaraciones de la propia Arteta en la que se quejaba de la escasa promoción de su recital, asegurando el edil que se siguieron los canales habituales, tal y como recoge el periódico El Comercio. Lo cierto es que el mismo día del recital, éste no constaba en la página web oficial de compra de entradas para eventos del Ayuntamiento de Oviedo, siendo inviable la adquisición de las mismas, y aún hoy, ni rastro de él en esa web, bien es cierto que en días anteriores sí estaba activo y se veían no pocas entradas sin vender.


   Todo el personal de la sala asturiana, ubicado estratégicamente, indicaba las correctas puertas de entrada e impedía el paso por los accesos restringidos y se evitó cualquier tipo de aglomeración. Incluso la evacuación del lugar al final del recital se realizó fila a fila, siguiendo las instrucciones de los acomodadores, que, sin duda con la práctica, podrán realizarlo más ágilmente. También debería replantearse el acceso a cada fila pues los de los asientos centrales tuvieron que pasar obligatoriamente rozando a las personas ya sentadas en su misma línea. Sugerimos se desaconseje por megafonía el uso del abanico, pues mover el aire en las actuales circunstancias no creemos que sea una buena idea. En cuanto a las medidas tomadas para los músicos, se optó por abrir la sala trasera del escenario sin público, hecho que permitía el uso de un espacio extra del mismo para permitir el adecuado distanciamiento entre los instrumentistas, que no compartían atril y llevaban mascarillas, salvo el viento, por motivos obvios, y el director, sin excusa. Todos ellos también desalojaron el escenario fila a fila, lo que demoró la salida de los espectadores pues en este auditorio no hay acceso directo desde las tablas a los camerinos.

   Ainhoa Arteta se mostró muy emocionada durante todo el recital y su aparición en el escenario, como una diosa griega de blanco inmaculado, fue recibida con una prolongada ovación de un público también agradecido por verla sobre un escenario en estos inciertos momentos. El recital al completo estuvo dedicado a la música española -además de la inclusión de la célebre obra del argentino Ariel Ramírez Alfonsina y el mar-, con piezas en general muy populares y se realizó sin pausa alguna, sin duda una buena idea para restringir movimientos del público. La soprano goza de una de las mejores voces en su registro, que maneja a su antojo. La belleza de su timbre y la elegancia de sus interpretaciones son innegables, además de una presencia escénica apabullante. La riqueza de matices que suele otorgar a cada una de sus participaciones se vio algo empañada en sus dos primeras intervenciones con una Oviedo Filarmonía a todo volumen y plana en carácter, que no respetaba las versiones de la cantante, imposible lucir sus pianos ni sus trabajadas dinámicas.


   De hecho, el público no fue consciente de cuándo finalizó su primera canción, La rosa y el sauce de Carlos Guastavino, siendo los propios músicos los que tuvieron que iniciar los correspondientes aplausos, y en Alfonsina y el mar no la ayudaron a lucirse como en otras ocasiones, incluso parecía que cantante y orquesta interpretaban versiones diferentes del tema, pues la dulzura y delicadeza de la vasca contrastaban con la potencia de los instrumentos, así como los respectivos fraseos. Más sintonía se respiró en la Romanza de las flores de la zarzuela en vasco Mirentxu, que el Teatro de la Zarzuela recuperó el pasado mes de noviembre en versión concierto con Arteta en el papel protagonista. Sin olvidar sus raíces, la cantante no dudó en incluirla en el recital, interpretándola además con verdadera delicadeza, mostrando toda la belleza de su voz y regalando un agudo final tan elegante como ella misma.

   Por fin la Oviedo Filarmonía se doblegó a la artista, a la que pudimos escuchar en todo su esplendor, sin embargo, volvió a las andadas en la Romanza de La del manojo de rosas con un volumen desbocado, que la cantante compensó con una demostración de su enorme fiato. Para la ocasión, Arteta cambió su vestuario luciendo un espectacular mantón de manila, con el que interpretó el Tango de La Menegilda con un saleroso movimiento escénico aunque un tempo demasiado lento en la parte central del tema, entre unas cosas y otras se le fue la letra de toda una estrofa, lo que no le impidió salir con profesionalidad del apuro, incluso al mejor escribano le sale algún borrón; por ello pidió disculpas esperando «no tener más lagunas, que sean charcos». Una simple anécdota que en absoluto empañó una velada tan esperada como bonita. Para la Canción de Paloma de Barbieri hubo otro cambio de vestuario; no es baladí que la Artista muestre especial atención a su atuendo y que en un recital de poco más de una hora se cambiara hasta tres veces, más que un acto de coquetería es un gesto de respeto a la audiencia, ofreciendo un espectáculo completo. Con ceñido vestido rojo y mantón negro, finalizó el concierto con la Canción española de El niño judío, que Ainhoa Arteta canta siempre por donde va, como buena abanderada de nuestro país. Como regalo final ofreció una ornamentada versión de «Carceleras» de Las hijas de Zebedeo de la que afirmó «fue la primera aria de zarzuela que canté» y la conocida pieza de La tempranica en la que sustituyó a la tarántula por el covid en el texto de la misma.

Foto: Facebook Oviedo Filarmonía

Autor:Nuria Blanco Álvarez
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