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ALFONSO AIJÓN: 'Hay una cosa en la que uno no debe equivocarse en la vida: elegir bien a los amigos'

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1 de febrero de 2018

ALFONSO AIJÓN: ´Hay una cosa en la que uno no debe equivocarse en la vida: elegir bien a los amigos´

   Una entrevista de Aurelio M. Seco @AurelioSeco | Fotofrafías: Fernando Frade / Codalario
Es la primera vez que Codalario no dedica su portada a un artista en sentido estricto. Y sin embargo ésta es sin duda una de las portadas más importantes y merecidas de nuestra propia trayectoria. Su protagonista es Alfonso Aijón, hombre de importancia histórica no sólo en España; en Europa también, y en general persona de gran trascendencia para el mundo de la música. Aijón es Ibermúsica e Ibermúsica, Aijón. La empresa, agencia de artistas y promotora privada de los mejores conciertos que se pueden ver en el planeta, ha pasado por las vicisitudes de toda una vida, con sus crestas y sus valles, con sus glorias y dificultades. Es un milagro que en España exista Ibermúsica, país ingrato para nuestros mejores talentos; como lo es que a un hombre de 86 años le siga fascinando tantísimo la vida. Todavía le hace ilusión hacer su viaje anual al Himalaya y llegar hasta los 5.000, por ejemplo. ¿Pero qué tipo de hombre de la música hace esto? ¿Qué hay detrás de la mirada de Alfonso Aijón, de esa pequeña pero gran voz que a veces parece un susurro, de ese semblante serio, o más bien sereno que de vez en cuando sonríe con ternura. Además de un milagro es un misterio Aijón, como lo  es Ibermúsica, entidad que, ahora llevada de la mano de Llorenç Caballero, es y siempre será patrimonio de este hombre pequeño pero gran hombre, aparentemente sencillo en las formas pero complejo en un fondo nada fácil de desentrañar. Alfonso Aijón no se muestra a cualquiera. Tras la sencillez humana hay una mayor sofisticación y, obviamente, algo de precaución por sondear a quien se le acerca. Hay tantos intereses en la vida, tanto artista que quiere ser ayudado, tanto interesado en medrar. Aijón anda con cuidado y elige con precisión de cirujano entre los que le rodean, haciéndolo bien. La peculiaridad, lo especial de la vida de Alfonso Aijón merece, no una biografía, sino tres, no un homenaje, sino ochenta y seis. El otro día en Oviedo, mientras permanecía cerca de Daniel Barenboim, cuidando siempre con maestría del más grande de los maestros, se le acercó un hombre: "Quería darle las gracias por todo lo que está haciendo, por darnos la oportunidad de oír tan buenos conciertos", le dijo. Seamos claros, España nunca podrá saldar su deuda con Alfonso Aijón. Lo ha dado todo por la música. ¿Quién puede dar más?... Nadie.

Además de su ciclo de conciertos, ¿Ibermúsica sigue funcionando como agencia?

Ibermúsica empezó como agencia en los años 70 porque no teníamos  local para hacer conciertos sinfónicos. El Teatro Real era el salón de actos de la Dirección General de Bellas Artes y no se alquilaba. Todo lo que tuviera una relación oficial, como actos de la universidad etc, podían hacerse en el Teatro Real, pero las entidades privadas no teníamos esa opción. Durante los primeros diez años Ibermúsica se dedicó  descubrir talentos porque ya en los años 70 había otras agencias en España. A algunos de los grandes nombres no teníamos acceso porque tenían contrato con estas agencias. Nos dedicábamos a descubrir a artistas como Maria Joao Pires, András Schiff, Krystian Zimerman, Gidon Kremer… Gente que nadie conocía. Y tanto es así que nosotros entramos en la primera quiebra después de diez años porque a estos conciertos nuestros no iba nadie. Entonces, si en el Teatro de la Zarzuela y en el María Guerrero había doscientas personas ya era demasiado. Durante diez años soportamos pérdidas solamente gracias a mi suegro, Bruno, que fue quien realmente el protegió la economía de la entidad. Cuando me separé, obviamente ya no tenía sentido que estuviera mi suegro y coincidió que ya empezaba la apertura del Teatro Real, así que me dediqué a las orquestas y dejé toda la labor de artistas individuales. A partir de la llegada de Llorenç Caballero a Ibermúsica, se trata de recuperar la idea de la agencia, también con nombres nuevos, y eso va despacio.

Me dice algunos nombres...

Denis …  Perdone, no me sale el apellido… Sí, Denis Kozhukhin. Es que  ya son 86 años.

Yo le encuentro muy bien.

Sí, pero se nota. Antes tenía una memoria realmente admirable. No era la de Daniel Barenboim o la que tenía el desaparecido José Luis Pérez de Arteaga, que era increíble. La memoria de Arteaga era divertida en el sentido de que muchas veces se sentía tan imbuido de lo que estaba trasladando que decía haber vivido sucesos que en realidad no los había vivido. Era capaz de decir “Ayer Chopin me dijo…” y se quedaba tan tranquilo. Muchas cosas de las que hablaba, de directores y demás las había vivido en su deseo pero no realmente.

¿En serio?

Sí, en serio -Risas. Contaba anécdotas de músicos que él había retenido en  la memoria. Estaba tan entusiasmado y lo hacía todo con tanta pasión que llegaba a creerse esas escenas. Era un hombre admirable.

Usted conoció personalmente a Celibidache. Sabrá muchas historias.

Yo creo que alrededor de Celibidache hay muchas historias que no son ciertas. Su relación con las orquestas no era buena hasta que no llega a la Filarmónica de Múnich, donde toda la orquesta unánimemente está por él. El problema de Celibidache es que las orquestas que dirigía después de su salida de la Filarmónica de Berlín, también problemática por Karajan, no eran buenas. La única de gran nivel fue la Filarmónica de Múnich. En todas siempre existía un tanto por ciento muy elevado que estaba a su favor, y otro tanto bastante importante, en contra. En una orquesta, si no hay unanimidad, hay problemas. Los que estaban en contra de él generalmente eran esos que el propio Celibidache llamaba “los músicos que se sientan a media silla”. No buenos músicos. Los músicos de verdad sí estaban con él.

¿Debe haber unanimidad para que una orquesta contrate a un director? ¿Debe contarse con los músicos o no?

Debería de ser así, pero también hay algún caso que va en otra dirección. Lo primero es que hay diferencias entre las orquestas subvencionadas, que son las europeas, y las americanas, que tienen otro tratamiento. Cuando murió George Szell, por ejemplo, el comité de la Orquesta de Cleveland, que son normalmente los patrocinadores, pusieron en su lugar a Lorin Maazel. Sin embargo, los músicos votaron en su contra en un  90%. Aun así, el patronato contrató a Maazel, quien estuvo allí muchos años.

¿Su opinión es que la manera de hacer del patronado de Cleveland fue la acertada?

No, por eso digo que tiene que haber limitaciones. Un patronato, cuyos miembros normalmente no tienen idea de música, no tiene sentido que tome esa decisión. Realmente lo ideal es que la orquesta tenga una opinión y el director titular la suya, que y se quedara la cosa entre ellos.

¿Cómo se encuentra usted respecto a la actual situación de Ibermúsica?

Cómodo, porque Llorenç Caballero y yo nos llevamos muy bien. Nos conocemos desde hace mucho tiempo. Ibermúsica se ha mantenido desde hace 48 años y nunca hemos dado gato por liebre. En los alrededor de 1200 conciertos que hemos ofrecido, hemos cambiado el programa tres veces o una cosa así, y cancelar hemos cancelado en ocasiones de seguridad pública: cuando ha habido el 23 F, alguna vez que ha habido amenaza de bomba en el Teatro Real y tocaba Pedro Espinosa… Recuerdo que era un programa francés. Cosas de este tipo.

¿Cómo es su día a día?

Sigo metido en la música. Después de tantos años he conseguido hacer un equipo formidable, verdaderamente la envidia de muchas agencias internacionales, que funcionan con cohesión, y que siempre me ha permitido, por ejemplo, hacer mi vida en Santander, porque es un equipo que funciona solo.

¿Le consultan todo o permite que trabajen con independencia?

Les permito que trabajen con independencia, siempre. Y que se equivoquen, porque es clave: confundirse. Por eso han adquirido en estos años una experiencia tremenda.

¿De las equivocaciones se aprende o son fracasos?

Para mí son una advertencia.

¿En qué cosa no debe uno equivocarse en la vida?

En elegir bien los amigos. Eso es clave. Si fracasas en la gente más afín, en la que te rodea…. Si humanamente no hay una conexión con la gente…

No es tan sencillo.

No, pero la intuición funciona muchas veces y la experiencia te permite descubrir cosas. Es difícil decirlo, pero creo que me he equivocado muy pocas veces para que una persona me saliera rana.

¿Ha sido importante su familia en lo que ha conseguido?

Hombre, sí, porque soportan esta vida que la profesión trae consigo.

¿Usted que conoce todos los manejos y problemas que hay tras la música…¿Qué tiene que hacer un artista de talento para intentar salvar estas situaciones?

Yo tengo la suerte, por mis años, de haber conocido la edad de oro de la música. Los más grandes artistas son los generosos. Los mediocres son los peligrosos. Tienen envidias y siempre están mirando lo que hace el de al lado...

¿Y los mejores siempre llegan?

En eso los artistas no entran en acción. Entran los desagradables agentes. Ésa es la historia. Muchas funcionan de una manera… Una agencia que tiene grandes nombres los usa chantajeando a los promotores para que tomen a otro, que a lo mejor está en la lista mucho más abajo que el que está en la mitad. Por el de la mitad no hacen nada pero por el de abajo, por alguna razón, sí. Es que la música ahora es otra cosa. Ahora en la música se habla de mercado, cosa que…

Incluso las discográficas se han contagiado de la música pop y apuestan por artistas que tienen más imagen y  cuento que arte.

El negocio del disco como tal se ha acabado. Para conservar los puestos de trabajo y no cerrar aceptan todo. Todos los discos que están haciendo las grandes empresas están pagados por los artistas. Las discográficas únicamente ponen el material para grabar. Antes era al contrario: un disco significaba algo. Ahora no.

¿Y qué hay que hacer ante ese tipo de agentes y entidades que manipulan por intereses, que perjudican a ciertos artistas para potenciar a sus amigos…. Etc?

Hay entidades que son muy fuertes. Hoy día, si no tienes pruebas muy concretas, te pueden levantar en el aire.

¿Entonces no hay esperanza?

Yo creo que hay poca esperanza. La evolución de la música en los últimos años, de la clásica, me refiero…, si las entradas no son gratis o muy baratas… va poca gente. Siempre he dicho que todos los gobiernos se han dedicado a hacer afición por el fútbol, toros, deporte en general… Han conseguido que gente que gana el sueldo interprofesional se coja un avión para ir a Londres a ver un partido del Atlético de Madrid. Eso en música no se consigue. Quiero decir que no han creado afición.

¿Lo hacen mejor en América?

No. La historia de las orquestas americanas es que después de la primera guerra mundial, cuando muchos europeos emigran a América, muchos de ellos, de Leipzig, Berlín, Londres…, en sus países de origen escuchaban en los años veinte a la Filarmónica de Berlín, Viena, etc, y cuando se van a América quieren tener lo mismo que tenían en Europa. En esos años empezaron a funcionar Boston, Nueva York, y se han mantenido con ese espíritu hasta hace 20 o 30 años. Esa gente, que tenía esa afición tremenda, ya ha muerto. Luego vinieron sus hijos y nietos, que ya no tienen la intención de sus abuelos.

¿Los estadounidenses han conseguido hacer mejores orquestas que las europeas?

Las orquestas norteamericanas técnicamente son fabulosas. Cualquier orquesta que no está entre las Cinco Grandes tiene un gran nivel …

Bueno, ahora aseguran que hay más orquestas buenas que las Big Five.

No, -risas-, el problema es que hay menos de las cinco grandes. Ni siquiera están las Big Five. Ya no existen. Hay orquestas fabulosas que considerábamos que estaban fuera de las Big Five, pero ahora son mejores que la Filarmónica de Nueva York, por ejemplo. Hablo de conjuntos como los de Los Ángeles o San Francisco. En cualquier caso, las orquestas estadounidenses también tienen conflictos laborales y económicos.

Cuando presenté por primera vez a la Sinfónica de Chicago con Georg Solti, mi impresión fue terrible cuando llegué al ensayo. Estaba Solti en el podio ensayando y delante del concertino había un atril con un reloj de cocina, que podía ver toda la orquesta, y cuando terminaba la hora en la que debían concluir el ensayo se levantaban y se marchaban. Cuando invité a la Orquesta de Filadelfia con Eugene Ormandy en los años setenta, tuvieron un gran éxito en el Teatro Real, y Ormandy se volvió para dar una propina, pero desde el tercer atril, alguien que debía ser el delegado del sindicato señaló su pulsera y dijo que se estaban pasando de tiempo.

¿Sigue yendo al Himalaya?

Sí, he estado en el mes de julio pasado. Todavía con mis 86 años por lo menos a los 5.500 metros llego sin problema. He estado casi un mes. He ido de Madrid a Katmandú, y de allí con los sherpas. Yo soy el primer español que estuvo en el Himalaya. Estuve en el año 63, antes de que llegaran los hippies en el 67, que son los que popularizaron Nepal en el 67, para desgracia del propio Nepal. No había nada, sólo las expediciones de EEUU y ya habían estado los ingleses en el 52.  Antes que yo ningún español estuvo allí. De hecho los primeros mapas para posibles ascensiones se los entregué yo a la federación española de alpinismo. Tardaron tres o cuatro años en hacer la primera expedición española. Este año subí hasta los 5.000 metros y hace dos años, a 5.600.

¿Qué se come allí?

Arroz, lentejas y una verdura típica. Alguna vez algún pollo que se coge en alguna aldea antes de los 5000.

¿Pero dónde duerme?

En tienda de campaña. Yo voy con mi equipo. Cuando tenía alrededor de veinte años iba solo con mi mochila. Pakistan y Afganistán me los conozco muy bien porque fui cuando se podía ir. Eran una maravilla de países. Kabul era un sitio impresionante de bonito.

¿Y le sigue gustando como antes o es un reto personal?

Voy todos los años. Falté a alguno que me salvó la vida. Fue hace dos años coincidiendo con la crisis de Ibermúsica, esperando la resolución de la Unión Europea, que no llegaba. No fui y ocurrió el terremoto terrible que asoló Nepal. Además yo iba a la zona más conflictiva.

Con 86 años ¿qué le hace ilusión, qué le hace feliz?

Yo soy un hombre feliz. Siempre digo la anécdota de los tres principios que copié a Mao Tse Tung, que son claves: el primero y más importante: no enfadarse nunca por nada; el segundo comer poca carne y más verdura y pesado; y el último andar todo lo que se pueda. Esos tres puntos yo los cumplo.

¿Y no enfadarse nunca, por nada?

Eso es lo más importante: lo más importante.

¿Y puede controlarse?

Ya es un estado de ánimo.

¿Cómo uno puede no enfadarse ante ciertas situaciones?

Posiblemente le damos a  las cosas una importancia que no tienen. Sobrevaloramos una postura o una posición.

¿No hay cosas que merece la pena valorarlas porque son importantes y luchar por ellas incluso enfadándose?

Importante es vivir.

¿Para qué?

Para ti. El egoísmo es lo más sincero del ser humano.

¿Qué es la felicidad para usted?

Levantarse por las mañanas y respirar. A esta edad tenga en cuenta que cualquier dolor por pequeño que sea se antoja que puede ser algo importante.

¿Considera un privilegio vivir?

Sí.

¿Y el final cómo lo percibe?

¿Morir?

Sí, ¿le preocupa?

No. Me preocupa la enfermedad.

¿Qué le hace ilusión ver programado o ver cuando se trata de música?

A mí me ilusiona cada vez más en vista de lo decrépito de la evolución de la música, escuchar a una orquesta de jóvenes. Recupero la confianza en esto. Un concierto de la Joven Orquesta Gustav Mahler, o la JONDE española, en momentos, porque cambian los chicos. Dentro del ciclo Ibermúsica, cuando tocó la JONDE con Carlo Maria Giulini, aquello fue impresionante para todos, para los músicos, para la audiencia y para él. Giulini al principio era reacio, pero después me dijo: “Alfonso, te aseguro que ha sido una de las grandes emociones mías. A estas alturas de mi vida, no me interesa dirigir a la Filarmónica de Viena ni Berlín. Esto es música”.

¿Recuerda a sus padres con frecuencia?

Siempre. Más a mi padre, prácticamente todos los días, porque yo hago gimnasia como él hacía, todos los días, y hago algunos movimientos que me recuerdan a él forzosamente. Era un hombre de negocios, no de música, pero siempre fue muy respetuoso con sus hijos. Respetaba nuestras decisiones. Lo que pasa es que éramos generaciones educadas. No como ahora. Cuando veo a mis nietos o los de mis amigos... Era imposible que eso se diera en aquella época.

¿Y que falla?

El mimo. Los niños tienen todo lo que quieren. Son violentos incluso. No hay disciplina, y los padres tampoco la tienen. Oyen incluso en las televisiones palabrotas. Impera la mala educación.

Y la elegancia se considera retrógrada, incluso machista.

Así es. Por eso yo no soy muy optimista. A mí me dicen: conciertos para jóvenes, pero yo estoy, si no en contra, muy desconfiado. La música tiene que empezar en la escuela. Nunca en España ha habido tantas escuelas de música y tantos jóvenes tocando instrumentos. Tocan cuando tienen 14 pero cuando tienen 16 olvidan a Bach y se unen a sus amigos porque la presión social es más fuerte, y se ponen a dar saltos con ellos en un concierto rock. Yo siempre digo que respeto todo lo que viene, pero no tiene nada que ver conmigo, así que mi intención es mantener lo poco que queda.

¿Quién lo va a manterner cuando no usted no esté?

Llorenç Caballero. Yo confío en que la música se va a salvar de su consideración actual, porque ahora usted entra en Internet y la tuya está en quinto lugar. Desaparecen incluso las buenas librerías.. pero no solamente en España. Preguntas por Shopenhauer y la propia librera no lo conoce.

¿Su biografía? ¿Quién se la va a escribir? Se la escribo yo.

Risas-. Ahora tengo un director de cine, Gutiérrez Aragón, que quiere hacer un documental.

Autor:Aurelio M. Seco
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