Codalario
Está viendo:

Andrew Gourlay dirige la 'Sinfonía nº 10' de Mahler con la Sinfónica de Castilla y León

  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter
 
10 de marzo de 2017

Andrew Gourlay dirige la ´Sinfonía nº 10´ de Mahler con la Sinfónica de Castilla y León

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
Andrew Gourlay ha querido incluir en la temporada de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León la Sinfonía Nº10 de Mahler y hacerlo en la versión que concluyó el musicólogo Deryck Cooke (Versión ejecutable preparada por Cooke en 1976 a partir de los bocetos de la sinfonía). “Para mí hay cosas similares entre esta sinfonía y las que están terminadas, pues nunca ningún compositor deja todo escrito exactamente, por lo que en cada obra tenemos que tomar decisiones en torno a lo que realmente querría el autor, aunque, claro, soy consciente de que en esta ocasión contamos con muchos menos detalles en comparación a una sinfonía terminada por el compositor”, asevera el director titular de la OSCyL.

   Para Gourlay es muy válida la suma de lo escrito por Mahler y la labor realizada por Cooke, por lo que no se ha planteado recurrir a otras versiones como las de Weehler o Barshai. “Tenemos la gran mayoría de los dos primeros movimientos y Deryck Cooke ha realizado esencialmente lo que hubiera hecho Mahler. Es cierto que las cosas se complican en los movimientos siguientes, en los que Cooke tiene a veces incluso que  imaginar, pero lo importante de su labor es que no quiere construir un producto acabado, sino dar a la audiencia la oportunidad de escuchar lo que Mahler ha dejado”, asevera Gourlay.

   Lo que más le preocupa al director es todo lo que se refiere al tempo. “Probablemente es la única cosa que en el fondo puede haber cambiado mucho, pues desgraciadamente sólo tenemos unos diez momentos en los que Mahler escribe concretamente ‘Andante’, ‘Adagio’ o ‘Allegro moderato’, con el añadido de que en sus obras hay muchos pequeños cambios de tiempo, en las que indicaciones como un poquito más rápido, van dirigidas exclusivamente a los intérpretes”. Y esta duda, que no se plantea con la orquestación, le lleva a tomar una actitud crítica. “En relación a los tiempos sigo la mayoría de las indicaciones de Cooke, pero no siempre, ya que a veces, cuando no estoy de acuerdo, busco algo un poco diferente, pues pienso que en este punto el director puede permitirse más flexibilidad que en otras cuestiones”.

   Gourlay comprende que “haya puristas que piensen que esto no es Mahler, que es imposible tocarlo”, aunque le llama la atención que no se plantee en otras obras que no fueron concluidas por el autor debido a su muerte, como ocurre con el Requiem de Mozart, y está convencido de que lo realmente importante “es poder oír la dirección que estaba tomando Mahler” y valorar el que “el espectador puede decidir lo que piensa, pues su grandeza está en que no se trata de algo cerrado”.

   De hecho lo que le ha movido a decantarse por la versión de Deryck Cooke lo plantea con dos razones muy claras: “Él, como musicólogo, no se planteaba decir: ‘¡Okey!’, soy Mahler y voy a seguir su trabajo. Y la segunda es que sus conclusiones son fruto de la labor de muchos años, de escuchar la obra, de cambiar detalles, por lo que se trata de una tercera versión (en colaboración con Berthold Goldschmidt, Colin Matthews y David Matthews, editada en 1989), en la que en la partitura del director se puede ver lo que Mahler quería, las partes originales y la decisión que se ha tomado”. Argumentos que fortalecen su decisión de decantarse por la versión de Cooke, que por otra parte es la más seguida. “No es el trabajo de un académico que quiere ser compositor, sino de un académico que trabaja por y para Mahler”, afirma taxativo el director de la OSCyL.

   El que la obra fuera escrita en un momento histórico, de cambios creativos, a Gourlay le parece que supone un atractivo más. “Creo que Mahler con esta sinfonía, especialmente en los adagios ensancha el carácter de la tonalidad, con lo que se produce el comienzo de algo nuevo en música; eso no quiero decir que plantee el inicio de la atonalidad, pero sí de un lenguaje musical que va más lejos, que avanza”. Cuando Gourlay se adentra en el terreno especulativo sobre lo que hubiera hecho Mahler de haber vivido más años es perfectamente consciente de que es un juego intelectual sin solución, lo que no quita para que piense que “la evolución de la música hubiera sido diferente”.

  El concierto será en el Auditorio de Valladolid los días 10 y 11 de marzo.

Autor:Agustín Achúcarro
  • Comparte en Facebook
  • Comparte en Twitter

Compartir

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico