Codalario
Está viendo:

Andrew Gourlay y Javier Perianes con la Sinfónica de Castilla y León

  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter
 
7 de junio de 2018

Andrew Gourlay y Javier Perianes toman el testigo dejado por López Cobos

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
“Al llegar a Valladolid, me hospedo en el mismo hotel que lo hacía López Cobos, he estado hablando con la recepcionista sobre Jesús, lo amable y educado que era, sobre su generosidad… Recuerdo la última vez que estuvimos juntos, en el restaurante que hay frente al hotel, en la que me habló de muchísimas cosas, de su trayectoria profesional y personal… Y al entrar en la sala del Auditorio a ensayar no he podido por menos que pensar en la ilusión con la que planeó todo esto, después de que hiciéramos los cinco conciertos para piano de Beethoven”. No ha hecho falta mediar palabra para que el pianista Javier Perianes hablase sobre sus recuerdos en torno al que fuera Director Emérito de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, ya que el concierto de esta semana con la OSCyL en el Auditorio de Valladolid, días 7 y 8 (que dirigirá el Director Titular de la OSCyL Andrew Gourlay), y el próximo, 14 y 15 (en el que en el podio estará Pablo González con la Sinfonía nº3 y el Concierto para piano nº2 de Brahms), habían sido concebidos por Jesús López Cobos en torno a la figura de Brahms, y para ellos contaba con el pianista español. Pero el destino torció las cosas y la cita se ha convertido en un homenaje al maestro, que tanto hizo por su OSCyL. Conciertos que irán acompañados de una Exposición, la cual se inaugura el día 8, en torno a la figura del director toresano, coordinada e ideada por Julio García Merino.

   Perianes rememora como se fraguaron estos dos programas: “Nada más terminar la integral de los conciertos para piano de Beethoven el maestro me dijo que debíamos hacer lo mismo con los de Brahms, que tenía que tocarlos muy bien”. “Entonces –continúa el pianista- López Cobos se dirigió a Jordi Gimeno (Director técnico y artístico dela OSCyL) y le comentó que mirara unas fechas de 2018 en las que no hiciera mucho frío”. Y aunque López Cobos físicamente ya no podrá realizar el proyecto, Perianes está convencido de que “de alguna otra manera sí estará aquí estos días”.

   Pedirle al pianista que hable sobre López Cobos equivale a un torbellino de elogios: “Como músico fue uno de los grandes primeros maestros con los que trabajé, era un gigante musical, y humanamente hacía que todo el que tocara con él se encontrara muy a gusto, además de ser exigente en cuanto al sonido, pues tenía una idea muy clara de cómo debía ser, y por eso no le olvidaremos el resto de nuestras vidas”.

   Un encuentro entre los dos músicos cuyo origen resultó casual. “Al parecer Jesús iba en coche escuchando un concierto de Schumann en Radio Clásica y al oír que era yo el que lo interpretaba, un joven pianista que despuntaba, habló con su representante y dijo que quería dirigirme”. Y entonces surgió la ocasión con la Sinfónica de Galicia, con la que Perianes confiesa que “disfrutó y sufrió mucho”, mientras puntualiza que esto último fue “por lo que suponía para él, que era muy joven, trabajar con una leyenda”. “Toqué el Concierto para piano nº9 Jeunne Homme de Mozart, que a Jesús le ponía cardíaco, pues le encantaba, y me sugería emocionado cosas sobre cierta articulación o me pedía que determinado pasaje sonara como un aria de ópera”, recalca el pianista.

   La relación fue a más cuando se encontraron en Tenerife para interpretar el Concierto para piano nº4 de Beethoven. “A López Cobos le comenté que empezaba a hacer en dos días todos los conciertos de Beethoven y en seguida me propuso que teníamos que hacerlo con la OSCyL, la orquesta lo aceptó de inmediato, y eso nos llevaría a la propuesta sobre Brahms”, puntualiza Perianes. Un encuentro beethoveniano del que el pianista destaca una anécdota que bien pudiera haber pasado desapercibida. “Recuerdo el día antes de los conciertos repasando con él uno por uno los conciertos y cómo en sus partituras tenía apuntados los nombres con los pianistas con los que los había interpretado, y había primerísimas leyendas del piano”.

   Pero se hace preciso volver al presente y al hecho de que la muerte de López Cobos provoca en Perianes una impresión extraña: “No tengo esa sensación de pérdida y me cueste hacerme a la idea de que ha desaparecido, algo que he comentado con Andrew Gourlay y me ha dicho que a él también le pasa”. El pianista alaba la postura del Director Titular de la OSCyL “por haber tomado la decisión de hacer uno de esos dos programas previstos, teniendo en cuenta que se hace difícil al ser un proyecto tan de Jesús”. “Y lo único positivo que encuentro es que entre todos, estas dos semanas le hagamos un homenaje como más le hubiera gustado, que es haciendo música”, recalca con emoción.

   Ya centrados de lleno en el primero de los conciertos del 7 y 8, junto a la Sinfonía nº26 en re menor, Hob. 1/26, “Lamentatione” de Haydn y las Variaciones sobre un tema de Haydn. Op.56a de Brahms, Perianes acometerá el Concierto para piano y orquesta nº1, op.15 de Brahms. “Esta obra está llena de guiños schumanianos, responde al Brahms joven por lo dramático, lo furioso, con ese re menor lleno de aristas en un primer movimiento en el que experimentó muchísimo, para que al final saliera esta animalada de dimensiones hercúleas, con unos desarrollos enormes, en los que el piano es obligado, está dentro del tejido de la orquesta, aunque en ese primer movimiento sí tiene un papel preponderante, con grandes pasajes en solitario”. Se le plantea al pianista que el director Andrew Gourlay ha expresado su fascinación por el segundo movimiento y no duda en entenderlo: “Es un constante diálogo entre solista y orquesta, y hay momentos de una hondura en el mensaje realmente conmovedores, de magia, de recogimiento, e incluso de religiosidad, aunque sepamos que Brahms no era creyente”. “Y el tercer movimiento -añade el pianista- me recuerda al tercero del nº3 de Beethoven, y todo esto junto hace que sea una pieza maravillosa y que su mayor dificultad esté en su interior, en dar con ese color del compositor, más allá de su complejidad mecánica”.

   Javier Perianes no para y tras acabar de sacar el disco del Concierto para piano nº3 de Bartók dirigido por Heras-Casado con la Filarmónica de Munich y realizar una gira en España con él se prepara para grabar con Harmonia Mundi obras de Debussy, en Berlín; Ravel, que ya se grabó en París con  Josep Pons, y Chopin, dedicado a la sonatas nº2 y nº3, que saldrá en 2019, coincidiendo con una gira por Europa, con cerca de 20 recitales, que incluye Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Oviedo, Londres, París, Oslo, y Estambul, entre otras. Al año que viene cumple 40 años y le han propuesto la integral de los conciertos para piano de Beethoven en Londres con Juanjo Mena y la Filarmónica de Londres. Debutará con la Gewandhaus Leipzig y hará una gira que él considera muy especial en América con la Orpheus Chamber Orchestra que culminará en el Carnegie Hall de Nueva York. Un ajetreo del que Perianes considera que el secreto para sacarlo adelante está en “dedicarle trabajo y más trabajo”, así como “tener una buena organización y preparar todo con tiempo”. Sin olvidar, eso sí, que hay que “dejar espacio para recargar pilas, pensar y vivir la vida”, pues el pianista, que desborda vitalidad, es muy consciente de que “si no se vive y se está encerrado siempre estudiando no se tienen posibilidades de transmitir emociones”.

Autor:Agustín Achúcarro
  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter

Compartir

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico