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Crítica: El Beethoven de Khatia Buniatishvili  en la Casa de la Música de Oporto

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9 de octubre de 2019

La furia de la Diosa

Por Roberto Relova Quinteiro / @RobertoRelova
Oporto. 5/10/2019. Casa da música. Ciclo Piano Fundação EDP. Khatia Buniatishvili (piano). Ludwig van Beethoven: Sonata op.31 nº 2 “La tempestad”, Sonata op.27 nº 2, “Claro de luna”, Sonata op.13, “Patética”, Sonata op.57, “Appassionata”.

   Llegó la cita más esperada de este otoño cultural en Casa da música de Oporto. Y no sólo llegó, arrasó como un huracán ante la incredulidad de un auditorio rebosante de público entusiasta que compitió insaciable ante y con la voracidad interpretativa de la pianista Khatia Buniatishvili.

   Maestra de la puesta en escena y única en la gestión de las emociones descendimos ante uno de los grandes pilares de la interpretación pianística. Digo descendimos, porque pocas veces se ha llegado a tanta profundidad de investigación del sonido como el presentado por Buniatishvili en las sonatas de Beethoven.

   Todo está programado y muy estudiado, no hay lugares para la improvisación, aunque las apariencias engañen. Desde las 6 de la tarde que comenzó el concierto la iluminación de la sala competía con la luz solar, a medida que se desarrollaba el recital  los cañones proyectaron un azul lunar apoderándose del espacio escénico que magistralmente la pianista fue creando, paralelamente, con su propio discurso musical: Beethoven, sólo Beethoven.

   Y de eso se trataba, iluminar, dar luz a cuatro sonatas de Beethoven, narrar e interpretar a Beethoven. Las diferentes orillas del océano que proponen las sonatas elegidas para la ocasión buscaban enmarcar un hito, una página en la historia de la interpretación al límite del 2020. En definitiva, un viaje iniciático.


   El piano de Khatia Buniatishvili es  observado y convertido en una herramienta con fines narrativos permitiendo una mayor pluralidad de recursos expresivos acercándose a su caracterización estética y a sus intenciones creativas. La intérprete parte del análisis desde diferentes enfoques mostrando las obras y a su compositor constituyendo una personalidad artística que necesita ubicarse en relación a una tradición musical, tanto a nivel sincrónico, como dentro de una dimensión diacrónica o histórica. No abandona la contextualización de la época en las que fueron creadas e incide en las relaciones entre narrativa y música contrastando sus posibles funciones semánticas o narrativas dentro de las diferentes sonatas de Beethoven. Su propósito fue discernir en cada obra como se plantea el material musical para poder determinar las soluciones aportadas en su aplicación al discurso musical-narrativo, siempre coherente con el estudio sonoro.

   La elección del programa demostró la racional y apasionada visión de la pianista ante el eterno monumento  beethoveniano: Sonata op.31 nº 2 “La tempestad”, Sonata op.27 nº 2, “Claro de luna”, Sonata op.13, “Patética”, Sonata op.57, “Appassionata”.


   Durante todo el programa exhibió una gran fortaleza en su concentración, Khatia Buniatishvili  se transforma ante el piano, se desnuda, se funde con el instrumento y comienza su mundo. Un universo pleno de lirismo, intimismo y un sonido que ya es leyenda. Procuró una belleza en los tiempos lentos casi obsesiva, sensual, se mantuvo fiel pero consciente de que tenía que aportar luz a la nueva interpretación de la segunda década del siglo XXI.

   Para todo ello el camino se basó en una poderosa técnica pianista que sobrepasa cualquier concepto de perfección. Memorables fueron las cuatro interpretaciones, pero en la Appassionata creó un nuevo concepto de interpretación, fijándose en como exponer musicalmente la inestabilidad emocional y la tensión dramática que identifica a  Beethoven  en su partitura. De nuevo, insisto, el sonido, la autonomía melódica, incorporación de los hallazgos creativos y técnicos jugaron con el equilibrio de la expresión que resultan de los patrones emocionales. Fue delirante, audaz, furiosa, estremecedora y brillante.

   La sala Suggia de la Casa da música después de dos horas de recital reventaba entre aplausos, bravos y mucha, mucha emoción. Tanta que la propia Khatia Buniatishvili sacó a su hermana para interpretar a cuatro manos una de la propinas que ofreció ante el delirio de los asistentes. Y fue así, una auténtica fiesta, una de esas veladas en las que eres consciente de que aquello se movió entre la leyenda y la realidad.

   Excelente la organización del concierto, feliz de ver a un público tan variado y mucha juventud ansiosa de experimentar ante tanta belleza.

Autor:Roberto Relova Quinteiro
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