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CRÍTICA: INOLVIDABLE 'CASO MAKROPULOS' DE ÁNGELES BLANCAS EN LA FENICE DE VENECIA. Por Andrea Merli

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3 de abril de 2013
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  EL "CASO" DE ÁNGELES BLANCAS
 
Venezia . EL CASO MAKROPULOS - Leos Janacek. Emila Marty: Angeles Blancas, Jaroslav Prus: Martin Barta, Janek: Enrico Casari, Albert Gregor: Ladislav Elgr, Hauk-Sendorf: Andreas Jaggi, Kolenaty: Enric Martinez- Castignani, Vitek: Leonardo Cortellazzi, Krista: Judita Nagyova, Camarera/Mujer de la limpieza: Leona Pelskova, Maquinista: William Corrò. Director musical: Gabriele Ferro. Dirección de escena: Robert Carsen. Decorado: Radu Boruzescu. Vestuario: Miruna Boruzescu. Iluminacion: Peter Van Praet. M° del coro: Claudio Marino Moretti. Teatro La Fenice, 23 de marzo 2013.

       El teatro La Fenice ofrece una de las temporadas mas estimulantes del panorama operistico italiano, con producciones de altisimo nivel de calidad. No fue una excepciòn esta magnífica nueva producción de El caso Makropulos de Leos Janacek, procedente de la Opéra National du Rin de Estrasburgo, donde se estrenó en 2011, confiada en su vertiente teatral al genio, en todos los sentidos, de Robert Carsen, que en esta ocasiÓn, aun recurriendo a su abusada y previsible formula metateatral, acierta con "el teatro en el teatro", siendo la figura de la protagonista Emilia Marty (alias Elena Makropulos) la de una Diva de la Ópera. La acción ya empieza a lo largo de la introducciòn sinfónica y nos presenta a la protagonista vistiendo distintos trajes, segun van pasando los años y los siglos, de distintas operas teatrales, desde el siglo XVI hasta la época en la que se desarrolla la accion, pasados 300 anos, 1926.
      El golpe de teatro, sin embargo está servido al comienzo del segundo acto -segunda escena de la primera parte en esta edición- reconstruyendo un decorado de Turandot, ópera que se estrenó en 1926. Es decir, en el mismo año de la de Janacek. Es más, el personaje increíble de la mujer eternamente joven, la vampiresa que pasa por los siglos y siglos en pos de la formula mágica de su padre, para poder renovar su eterna belleza, se casa idealmente con el de la principessa di gelo de Puccini, que venga a la tatarabuela muerta "or son mill'anni e mille" antes. Una serie de cables que se han atado con coherencia absoluta. Un resultado teatral que ha encandilado el numeroso público -procedente de toda Italia en la función del sabado por la tarde- con una tensión que ha dejado sin aliento. Perfectos el esencial decorado de Radu Boruzescu y el bonito vestuario de Miruna Boruzescu. Eficaz la iluminación de Peter Van Pret. Los tics de Carsen, en este caso, han parecido perfectamente asumibles: la manía de hacer fumar a los cantantes y también la escena erótica al empezar el tercer acto -segunda parte en Venecia- entre la protagonista y Jaroslav Prus, el heredero de las posesiones de Mc Gregor que conserva los dichosos papeles y que los entrega a condición de una contraprestacion sexual.

      Una realizaciòn que le salió redonda gracias, todo hay que decirlo, a la protagonista. La no menos que sensacional Angeles Blancas, actriz donde las haya y cuya vocalidad y perfecta musicalidad la hacen indispensable, hoy como hoy, para estos papeles donde se necesita en dosis iguales, carisma, resistencia fisica y vocalidad segura. Su actuación levantó en el público el entusiasmo, tras la estupenda escena final, donde el declamado insistido sobre la música estupenda, pero que no termina nunca en un numero cerrado, llega por fin a tomar el vuelo con liricidad emocionante, estremecedora. La soprano ofreció una interpretaciòn inolvidable. Pero hay que decir que estuvo perfecta en toda la ópera, empezando con la entrada en el despacho del notario Kolenaty, acertadisimo en la soberbia y meticulosa interpretaciòn de Enric Martinez-Castignani y hasta por cómo supo desenvolverse en la accidental caída de la peluca, durante el apasionado abrazo con el desafortunado Janek, el tenor Enrico Casari, el joven que finalmente se suicida al ser rechazado y verse suplantado por el padre. Un percance que la Blancas resolvió con un gesto tan teatral al punto de dejarnos con la duda que fuera una idea del director de escena.
       El resto del reparto no desmereció, todo lo contrario. Óptimo tanto el tenor Leonardo Cortellazzi en el rol Vitek, empleado del notario y padre de la infeliz Krista, muy bien interpretada por la mezzo Judita Nagyova a la que Emilia/Elina quiere confiar la fórmula al final de la ópera. Aquí se realiza la idea mas innovativa de Carsen, otra intuición muy acertada. No es Krista la que quema, como pone el libreto, la formula que rechaza casi asustada. Es la misma Elina Makropulos la que la destruye, haciéndola añicos y alejándose luego hacia el fondo del escenario donde se levanta el telón de un hipotético escenario, por última vez, para la ultima función de la Diva. Una soluciòn que recuerda, en cierta medida, la del final de Adriana Lecouvreur de Cilea, pues el alma de la excelsa cantante se libera de lo terrenal y se eleva, liberada con la música y el arte.
       Mencionemos también al solido barítono Martin Barta, Jaroslav Prus y al nervioso y apuesto Albert Gregor, bis bis nieto de la Makropulos sin saberlo, del valiente baritono Ladislav Elgr. El personaje alocado y gracioso del viejo ganimedes Hauk-Sendorf, que reconoce en Emilia la que fue en una precedente existencia su amante, Eugenia Montez, quedó admirablemente interpretado por Andreas Jaggi. Finalmente, en roles secundarios, pero igualmente bien la mezzo Leona Peskova, camarera de Emilia y mujer de la limpieza, y William Corró, un maquinista.
       El coro tiene muy poco papel y canta fuera de escena: fue instruido por Claudio Marino Moretti. La orquesta, en cambio, tiene un rol importantisimo en esta ópera, quizás la más "intrigante" de Janacek y actuó muy bien su intensa labor. La batuta de Gabriele Ferro, veterano maestro, demostró ser perfecta para mantener la tensión dramática y el ritmo de esta auténtica pieza de suspence. Opó por dinámicas más bien fuertes, pero sin cubrir las voces que llegaron siempre perfectamente proyectadas. El éxito, como se ha comentado, fue sencillamente apoteósico, con muchas llamadas, manteniendo la iluminación de la sala para que se viera el público, encantado, aplaudiendo de pie. No se ve un éxito así todos los dias. Y esta producción es de confiar que circule y que llegue a Espana. Eso sí, con Angeles Blancas: sin ella serìa ahora impensable.  
Autor:Andrea Merli
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