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CD: Naxos graba la obra sinfónica de Laszlo Lajtha

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25 de abril de 2018

Lajtha: sinfonista húngaro

   Por Albert Ferrer Flamarich
Laszlo Lajtha: Sinfonías nº 5 Opus 55, Sinfonía núm. 6 Opus 61, obertura Lisistrata. Pécs Symphony Orchestra. Nicolás Pasquet, director. Naxos 8.573646 DDD 69 minutos.

   Naxos está reeditando la integral sinfónica del compositor húngaro Laszlo Lajtha (1892-1963) lanzada por el desaparecido sello Marco Polo durante la década de los 90. Con la Pécs Symphony Orchestra dirigida por Nicolás Pasquet en unas interpretaciones dignísimas técnica y estilísticamente, en este volumen figuran las dos sinfonías centrales del ciclo: la Quinta Op. 55 de 1952 y la Sexta Op. 61 de 1955, junto a la obertura del ballet Lysistrata (1933) basada en la comedia de Aristófanes. Ésta es una pieza con enorme motricidad en el tratamiento motívico, basado en la cuerda, de cierta efervescencia, muy en la línea de opereta, de escritura eficaz, hábil orquestación y que sabe economizar recursos.

   Esta fertilidad creativa también se aprecia en la Sinfonía nº. 6, dentro de una estética algo sincrética en cuanto a las técnicas clásicas en unos años en que la vanguardia musical transitaba por otros derroteros. Se trata de una obra que transpira optimismo, jovialidad y frescura, dividida en cuatro movimientos –algo no muy frecuente en este compositor-. Resulta interesante cierto puntillismo a lo Poulenc en el movimiento inicial o de Honegger en el Très calme, el movimiento lento y el más extenso de la partitura. Un movimiento que también presenta pinceladas impresionistas y que, como indican las notas de carpeta, la división de la cuerda en dieciséis partes (violines primeros en cuatro, los segundos en cuatro, violas en dos, violonchelos en cuatro y contrabajos en dos). Con ello busca un efecto etéreo a la vez que denso, casi encantador, dominado por la cantilena de la flauta con apuntes tímbricos de la percusión y las arpas en juego de dinámicas muy leves (en pianississimo). Sin duda, es uno de los movimientos más logrados de su corpus sinfónico. El uso de la percusión, por cierto, es muy notable y requiere de once instrumentos, especialmente en el primer movimiento, estructurado en una forma sonata muy libre, y en el cuatro, de cierto ímpetu como un rondó, compartiendo ambos un carácter burlón y paródico e influjo de la música cinematográfica. Un terreno este último que Lajtha abonó considerablemente. El tercer movimiento, Allegretto grazioso, mantiene el tono reflexivo y contemplativo del segundo teñido con alguna melodía folclórica en un despliegue con puntos de interés pero construido con más oficio que inspiración.

   Por su parte, la Sinfonía nº 5 es una obra casi antagónica por su carácter dramático. Dividida en dos movimientos y dedicada al compositor Henri Barraud, posee una esencia sombría, opresiva, desesperanzada, con ecos de Vaughan Williams, Béla Bartok y especialmente Shostakovich, como evidencian los acordes finales de cada movimiento. Si en el movimiento inicial planea la tragedia –también debido al pulso de marcha fúnebre-, a pesar de algunos pasajes de lirismo tornasolado y combinaciones tímbricas asimilables a una banda de metales, en el segundo y último movimiento, Vite et agité, el contraste de carácter, tempo y metro remiten a una pulsación rápida y a un humor fino pero ácido. La mirada sobre la tragedia y su tensión difieren solo en lo externo. Con una toma de sonido muy buena en general, la edición sigue los parámetros habituales del sello, esta vez con unas convincentes notas sólo en inglés de Emöke Solymosi Tari.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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