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CD: Raff: Sinfonía nº2 y Cuatro preludios sobre Shakespeare

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10 de mayo de 2014
Foto: CHANDOS

Por Albert Ferrer Flamarich.
Raff: Sinfonía núm. 2 en Do mayor Op. 140; Cuatro preludios sobre Shakespeare WoO 49-52. Orchestra della Suisse Romande. Neeme Järvi, director. CHANDOS CHSA 5117 DDD 2012 1CD 77:47 2013

   La explotación del otro sinfonismo, el que no forma parte del repertorio, pero es esencial para entender y completar el panorama de la música orquestal del siglo XIX, es una mina de oro para sellos como CPO, Tudor, Naxos y Hyperion; o Verso, en el caso español. Un compositor revivificado gracias al disco es Joseph Joachim Raff (1822-1882), generalmente recordado como asistente de Liszt durante los años de Weimar y orquestador de algunos de sus poemas sinfónicos, así como también profesor en el Conservatorio Hoch de Francfort. El suyo es un caso que, sin caer en una vinculación nacionalista en el sentido más estrictamente identitario, muestra la adhesión de otras naciones al canon germánico de la época. En el campo sinfónico Joachim Raff se impuso con facilidad entre 1866 a 1876 en una década intermedia entre las aportaciones de Schumann y Brahms, y cuando la mayoría de los compositores nacidos en los años cuarenta (Tchaikovsky, Dvorak, Rheinberger, Herzogenberg, Reinecke, etc.) todavía no habían debutado significativamente en el género.

   Las de Raff son composiciones netamente románticas en la expresión. Se basan en el conocimiento y el clasicismo de Mendelssohn, la vena melódica de Schumann, un cierto patetismo lisztiano y un emocionante pero velado recuerdo del inalcanzable Beethoven. Igual que Spohr, sus sinfonías no son obras maestras pero gozan de momentos con evidentes inventiva y una especificidad del discurso que le otorgan una personalidad propia, muy perceptible a partir de la Sinfonía núm. 3 "en el bosque" (1869), que alumbra un contenido programático no siempre explícito. Curiosamente, la Sinfonía nº 2 (1866) como la nº 4 son las únicas que no tienen apodo. Raff trabaja la orquesta romántica (en ocasiones sin trombones), combinando topos épicos y líricos bañados en una ingenuidad que lo han relegado a la marginalidad y a una perspectiva excesivamente académica ausente en su tiempo. Una ingenuidad que combina gracia, elegancia y pompa ocasional.

   Trece años después de la sinfonía, Raff compuso cuatro preludios basados en algunas de las principales obras de Shakespeare. Son obras que se encuentran a mitad de camino entre la obertura de concierto y el poema sinfónico con el carácter evocador, no descriptivo. Si conceptualmente parten de liberad formal, su elemento estético pretende reconciliar tradición y vanguardia. Estilísticamente son muestras de un cierto academicismo heredero de la escuela de Leipzig y una línea precedida por Ries, Czerny, Spohr y Onslow; compartida por Goetz, Reinecke, Gouvy. Especialmente en el peso de la cuerda como estructurador del discurso y en la resolución de las partes imitativas y los fugados: un recurso que servía para convencer de la calidad del linaje académico y la rectitud del pensamiento de un compositor.
   Así se observa en La tempestad WoO 49 que evoca un convencionalismo prototípicamente mendelssohniano en el tratamiento de las cuerdas que remite al Scherzo de El sueño de una noche de verano alejado de cualquier vestigio de patetismo y drama. El resto de los preludios, más breves que éste, también participan de  formulaciones simétricas, con algunas variantes rítmicas y métricas – los movimientos extremos de la Sinfonía nº 2 serían una excepción- y el uso de las maderas como voz secundaria si no forman parte de un tema o motivo concreto como en Macbeth WoO 50 -recuerdan algunos giros Verdi-. Un preludio que, de los cuatro, es lo que podría emparentarse más con los poemas sinfónicos de Liszt así como, en la danza de las brujas, muestran un claro precedente de los scherzi de las primeras sinfonías de Tchaikovsky. Por otro lado, Raff siempre ofrece algún punto de novedad, por ejemplo en el reclamo del timbal solo. Sin dotarlo de pasajes excesivamente brillantes, los destaca en juegos a contratiempo, desvinculados de los metales e interaccionando con las cuerdas como el rítmico inicio de Othello WoO 52 (o en varios momentos de la sinfonía).

   La interpretación a cargo de la Orchestre de la Suisse Romande y Neeme Järvi es buena en la construcción formal, el idiomatismo y el color. El sonido forma parte de la concentración, ductilidad y transitividad características del director estonio, logrando momentos de elocuencia y convicción en los juegos rítmicos, en el scherzo y en las stretta de los movimientos primero y último de la sinfonía. La lectura en general es intensa, equilibrada de planos y dinámicas implícitas con un tratamiento tímbrico nítido, cohesionado. A diferencia de Hans Stadlmair en la integral sinfónica del compositor para el sello suizo Tudor, Järvi tiende a suavizar los contrastes dinámicos implícitos alcanzando un sonido más ligero, fluido y estándar. Además, suele reforzar la línea melódica del conjunto sin perder intensidad en las transiciones, frases y voces secundarias.

   En la comparación de minutages se diferencian en aproximadamente un minuto los movimientos extremos. Sobre todo porque el director austríaco busca más el aspecto rítmico de la obra, excepto en el cuarto movimiento por dos razones. Por un lado, aquí Järvi alardea de mayor virtuosismo en la articulación de este dvorakiano Allegro con spirito de ascendencia hadyniana. Por otro lado, Stadlmair otorga un mayor énfasis a la introducción recreándola más solemne, más lenta. El segundo movimiento, Andante con moto, presenta una notable diferencia de pulsación que justifica los tres minutos más de duración de Stadlmair. Si éste lo convierte en un fluido adagio, Järvi lo concibe como andante. En el clímax en Do mayor el primero se acerca a la épica beethoveniana y el segundo hacia el lirismo pastoral de un Kalliwoda, Brahms o Dvorak. En general, la captación de sonido, realizada a finales de junio de 2012, reafirma la calidad del sello Chandos y las notas críticas proporcionan un breve contexto histórico con un asequible análisis de cada obra. Se trata de un disco muy recomendable para cualquier persona que quiera ampliar el repertorio del siglo XIX con algunas obras agradables cuya escucha refleja un eslabón entre las grandes generaciones de compositores románticos.

Autor:Albert Ferrer Flamarich
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