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Crítica: Recital de Celso Albelo, Jorge de León y Francisco Corujo en Lanzarote

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5 de mayo de 2015

TRES TENORES... CANARIOS

Por José Carlos González Abeledo

Lanzarote, 30.04.15. Auditorio de Los Jameos del Agua. Gala Lírica. Celso Albelo (tenor), Jorge de León (tenor), Francisco Corujo (tenor), Juan Francisco Parra (piano)

   Marco incomparable el del auditorio de Los Jameos del Agua, espectacular espacio natural al norte de Lanzarote que remodelara el desaparecido escultor canario César Manrique, y en el que dio un memorable concierto el mítico Alfredo Kraus el 29 de diciembre de 1990, concierto bautizado como “Gala para un Volcán”, en el que estuvo acompañado por la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, dirigida por Gian Paolo Sanzogno. Nuevamente, el pasado día 30 de abril, este singular recinto fue el escenario de un concierto lírico protagonizado por otros tres tenores canarios, Celso Albelo, Jorge de León y Pancho Corujo, dignos herederos de Kraus, los tres provenientes del rico folklore musical de las islas y triunfadores por todo el mundo en el difícil mundo de la ópera. El evento, auspiciado por el organismo Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote, y gestionado en gran medida por el propio Corujo y su hermano Ciro, reunió a un heterogéneo publico llegado desde muchos rincones de España e incluso desde el extranjero.
   El recinto, de acústica extremadamente seca, empeora con la presencia del público, al contrario de lo que suele suceder en la mayoría de los recintos, pero es de una belleza tal que los espectadores perdonan gustosamente las posibles deficiencias acústicas. Pero no así los cantantes, los cuales sin el debido retorno cantan con cierta dificultad, forzando el volumen para poder oírse. Quizás fuera Pancho Corujo el que mejor se adaptó al recinto en el primer tramo del concierto, dedicado a la ópera, brindándonos un excelente  “Ah, leve toi soleil” de la ópera Romeo y Julieta de Gounod y un no menos excelente “Quando le sere al placido” de la Luisa Miller verdiana, aria en la que incluso se permitió el alarde de cantar de un solo fiato las frases“… dalla sua man sentia… Ah! Ah! Ah! mi tradia!” y “…amo te sol dicea… Ah! Ah! Ah! mi tradia!” como hacía el legendario Carlo Bergonzi.

   De León fue, sorprendentemente, el mas perjudicado por la acústica, forzando en exceso, en mi opinión, su de por sí ya voluminosa voz, en sus primeras intervenciones. Así el recitativo inicial del “Adiós a la vida” de Tosca mas pareció un aria que la introducción a la misma, y en general le faltó algo de delicadeza en toda la pieza. Sus medios vocales se adecuaron mejor al “Nessun dorma” pucciniano, en el que su “Vincerò!” final, espectacular, fue interrumpido por una estruendosa ovación.
   Por su parte, Albelo acusó la peculiar acústica de la sala en menor medida que De León, pero también dio la impresión, o al menos así me lo pareció, de que no cantaba plenamente a gusto. Quizás estuvo mejor en su segunda aria, el conocido “Lamento de Federico” de La Arlesiana de Cilea, que en el inicial “Spirto gentil” de La favorita de Donizetti. Pero siempre, al igual que sus compañeros, a un nivel altísimo.
   A medida que fue transcurriendo el concierto mejoró la calidad del mismo, alta en cualquier caso desde el principio como ya hemos dicho. Los artistas, al irse acostumbrando a la peculiar acústica del recinto dieron lo mejor de sí mismos en las páginas dedicadas a la zarzuela y a la canción popular. Corujo se lució especialmente con una sentida “La roca fría del calvario” de la zarzuela La dolorosa, Albelo derrochó buen gusto, técnica y musicalidad con el “Ay, Ay, Ay” de Pérez-Freire y De León hizo lo propio con la Canción del árbol del olvido de Ginastera. Pero en el resto de intervenciones de esta parte también estuvieron a gran altura y el público rubricó con cerradas ovaciones cada intervención de los artistas.

   El pianista Juan Francisco Parra, también canario, dio como siempre una lección de profesionalidad a lo largo de todo el recital. Se notaba la camaradería existente con los tres cantantes y quizás por ello fue objeto de una broma cuando, mas o menos a mitad del concierto, salieron los tres tenores ataviados cual camareros, para ofrecerles, a él y a la ayudante que pasaba las hojas de las partituras, sendos vasos de agua con gran ceremonia formal, bandeja incluida. Aparte de esta anécdota jocosa, fue patente en todo momento la empatía existente entre todos ellos, lo cual propició otros momentos muy divertidos, sobre todo al final de la velada, rematada con las esperadas propinas cantadas en el mas puro estilo Domingo, Carreras y Pavarotti, y que consistieron en un “O sole mio” brillantemente rematado por los tres tenores, seguido de la archifamosa jota “Te quiero, morena” de la zarzuela El trust de los tenorios.Tras unas palabras de agradecimiento por parte de Corujo, cerraron el acto interpretando una Isa, típica canción folklórica canaria en la que el propio Corujo tocó el timple y Parra cantó como uno más, convirtiendo al trío en un cuarteto. El ambiente festivo que se creó en estos últimos compases del concierto no operó en absoluto en detrimento de la calidad musical de la interpretación, que mantuvo hasta el final un altísimo nivel.
   Velada pues para recordar en lo musical y en lo humano, lograda tras un esfuerzo organizativo importante y propiciada por la buena disposición de los artistas. Hacía diez años que los tres no cantaban juntos, pero a pesar de las dificultades de encontrar una fecha dadas sus apretadas agendas, espero por el bien de los aficionados a la lírica que no pasen otros diez para poder reunirlos de nuevo y disfrutar de su esmerado arte.

Autor:José Carlos González Abeledo
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