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Crítica: La Chamber Orchestra of Europe y Janine Jansen bajo la dirección de Antonio Pappano en Bolonia

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5 de mayo de 2019

El virtuosismo de una violinista

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. Teatro Manzoni. 30-V-2019. Bologna Festival XXXVIII edición. Sección Grandi Interpreti. Siegfried-Idyll de Richard Wagner. Concerto n.1 op.35 de Karol Szymanowski. Danze slave op.72 de Antonin Dvořák. Violinista: Janine Jansen. Director: Antonio Pappano.

 La Chamber Orchestra of Europe fundada en 1981 por un grupo de músicos de la European Union Youth Orchestra y apoyada al comienzo por Claudio Abbado, es una orquesta privada con sede administrativa en Londres y uno de los conjuntos sinfónicos más cualificados internacionalmente. Ha establecido estrechas relaciones de colaboración con directores de fama y con solistas consagrados. En este concierto la dirige Antonio Pappano, inglés con ciudadanía italiana, Director musical de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia desde 2005 y Music Director del Covent Garden desde 2002. En su brillante carrera ha recibido multitud de reconocimientos no solo en el ámbito musical: desde 2008 es Commendatore dell’Ordine al merito della Repubblica Italiana, y desde 2012 Cavaliere di Gran Croce así como Knight Bachelor de la Reina Isabel.


   Con gran sensibilidad interpretativa el Maestro ha conducido la orquesta en el Siegfried-Idyll de Wagner, quizá la página más serena y apacible de la vida del compositor. Escrito con ocasión del nacimiento de su hijo Siegfried fue ejecutado por vez primera y por sorpresa la mañana del dia de Navidad de 1870, en la residencia familiar de Wagner en el lago de Lucerna como regalo de cumpleaños a su segunda esposa Cosima Listz. El material temático procede en gran parte de la ópera homónima que Wagner estaba terminando en esos años, pero el Idyll es distinto por el carácter más íntimo y sereno y por el aire discursivo despojado de grandes vuelos. Además dos de los temas principales derivan del esbozo de un cuarteto para cuerdas que se remonta a 1864 y en la parte central aparecen fragmentos del tema de una nana popular alemana. Compuesto para una orquesta reducida, cuando se vió obligado por razones económicas a publicarlo a su pesar algunos años más tarde, amplió la orquestación para hacer la pieza más atractiva comercialmente y añadió una poesía como dedicatoria. Desde las primeras notas la orquesta, de trece habilísimos músicos solo en esta página, brillantemente dirigida, crea una atmósfera dulce y serena de gran felicidad. Cuerdas e instrumentos de viento, elaboran, desarrollan y entretejen los diferentes motivos, mientras la música fluye en un clima calmo y sosegado. El director ha subrayado el sonido del oboe acompañado de los arcos, en especial en la delicada nana dedicada a dormir al pequeño Siegfried.

  La violinista holandesa Janine Jansen es la solista en el Concerto para violín y orquesta de K. Szymanowski, compositor y pianista polaco, hombre brillante y culto, pero de vida desordenada. Escrito en 1916, se ejecutó por primera vez en Varsovia en 1922 y dió a conocer al joven músico. Parece que la inspiración le vino de un texto del poeta decadente polaco Tadeusz Miciński titulado Noc majana (Noche de mayo), y despues de que otro compatriota, el virtuoso violinista Pavel Kochański, le hubo revelado los secretos técnicos del instrumento. Está considerado como uno de los primeros conciertos para violín modernos, en cuanto rechaza la tonalidad tradicional y la estética romántica. La jóven violinista Jansen, en elegante vestido rojo, ha tocado como solista con gran seguridad y sensibilidad, resaltando la totalidad de la extensión del instrumento y la orquesta ha secundado su sonido, a veces decidido e imperioso o dulce y flébil, creando un clima cautivante al que han hecho eco especialmente el arpa y el piano. El público, entusiasmado por el sublime virtuosismo de la violinista, la ha aplaudido repetidamente y ovacionado hasta obtener unas páginas fuera de programa acompañada por el propio director en el piano.


   En la segunda parte Pappano ha dirigido la grandiosa Chamber Orchestra al completo, proponiendo las Danzas eslavas de A. Dvořák, considerado junto a Bedrich Smetana el representante más importante de la música nacionalista checa del siglo XIX. Tras el éxito de la primera serie de Danzas eslavas, publicada en 1878, Dvořák ultimó en 1983-84 las que hemos escuchado, originalmente para piano a cuatro manos, pero enseguida orquestada por el mismo autor. El Director, con su habitual maestría, ha propuesto estas ocho piezas y la orquesta ha transmitido bajo su batuta toda su frescura melódica, la espontaneidad inventiva, los ritmos nostálgicos y alegres, sentimentales y festivos, que provienen del patrimonio cultural checo. La primera, Odzemek, evoca una danza veloz de los campesinos eslovacos; la segunda, Dumka, quizá la más famosa, es un canto popular ucraniano y la orquesta ha transmitido perfectamente su ritmo melancólico y desgarrador; la tercera, Scokná, es una danza bohemia vivaz y espumeante; la cuarta es de nuevo una Dumka de sabor nostálgico del mundo campesino. En la quinta, Špacírka, también bohemia, hemos percibido claramente dos temas, uno solemne y pomposo, el otro más movido y cautivador, y en la sexta, Polonaise, su música apacible y agradable, así como el timbre brillante de Kolo, una danza serbia. Sousedská, la última, es un vals lento similar a los Länder austríacos, que parece casi indicar una pausa de recogimiento tras tanta fantasía orquestal, inspirada por las cuerdas y los instrumentos de viento.

 Queremos insistir en la grandiosidad de esta orquesta que, bajo este magnífico director, nos ha regalado una velada inolvidable. El público entusiasmado ha aplaudido y pedido a gran voz un bis, puntualmente concedido.

Autor:Magda Ruggeri Marchetti
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