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Crítica: Final del Concurso Internacional de Piano «Premio Jaén»

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20 de abril de 2021

Pasión, sobriedad y musicalidad

Por José Antonio Cantón
Jaén. Nuevo Teatro 'Infanta Leonor'. LXII Concurso Internacional de Piano «Premio Jaén» [Final]. Valentin Malinin, Dominic Doutney y Po-Wei Ger (finalistas). Orquesta Filarmónica de Málaga. Director: Salvador Vázquez. Obras de Beethoven, Brahms y Tchaikovsky.

   Como viene siendo habitual en las finales de este tradicional certamen pianístico, uno de los más antiguos y prestigiosos de España, que viene celebrándose en la denominada capital del Santo Reino desde el año 1956 sin interrupción hasta el pasado año pandémico, la expectación del público era máxima. Según está establecido en su bases llegaban tres aspirantes al premio: el ruso Valentin Malinin, el británico Dominic Doutney y el taiwanés Po-Wei Ger con la ardua misión de hacer la mejor interpretación posible, respectivamente, de tres piezas concertantes absolutamente referenciales como el Primer concierto, op. 23 de Tchaikovsky, el Primer concierto, op. 15 de Brahms y el Cuarto concierto, Op. 58 de Beethoven. Para ello contaban con la intervención de la Orquesta Filarmónica de Málaga bajo la dirección del maestro malacitano Salvador Vázquez.


   Con cierta robótica forma de entrar en el escenario se presentaba el concursante más joven de los tres, Malinin, de sólo veinte años, para interpretar la música de su compatriota que se percibía absolutamente mecanizada desde los grandes acordes que inician su primer movimiento. Sólo desde un planteamiento apasionado, que buscaba el impacto de todos los presentes se puede entender su actitud como táctica que funciona en este tipo de interpretaciones de cara a obtener el principal galardón. Con un juego de tensiones alternas fue discurriendo la primera parte de la obra en la que el director dejó la iniciativa al solista que, con su densidad de sonido, se imponía en los pasajes dialogantes, incluso en esa parte central más espiritual en la que el mensaje mayestático parece relajarse. Cierto equilibrio de ambos elementos concertantes se hizo presente en el segundo movimiento hasta que reapareció el mecanismo avasallador del pianista en el Prestissimo intermedio que lo convulsiona. La fogosidad que caracteriza al tercer tiempo parecía quedar corta en las indicaciones de la partitura ante la dimensión que adquiría en manos del intérprete, que materialmente volaban sobre el teclado con desenfrenado ímpetu, haciéndose así muy firme aspirante al premio, como se confirmaría en el veredicto del jurado.

   En segundo lugar intervino Dominic Doutney con el sinfónico concierto de Brahms, para el que hay que prepararse ante el piano como si éste fuera una pequeña orquesta en igualdad de competencia estética que la que ha de tener la deseable amplia formación instrumental que, en esta ocasión, se presentaba con sólo dos contrabajos, cuya falta se hizo notar en los pasajes que requieren una necesaria profundidad expresiva. Este desequilibrio más la actitud sobria del concursante ante la monumentalidad del Primer concierto de Brahms hicieron que su interpretación no terminara de despuntar hasta que había sucedido gran parte de su ejecución. Fue al final del tercer movimiento cuando el pianista londinense levantó vuelo cargando con pinceladas de emoción los momentos reflexivos que determina el compositor, planteándose así una interrogación al oyente sobre qué habría sido de su actuación de haber mantenido ese tono sensible a lo largo de toda su intervención. Su tercer premio venía a corroborar su tan reservada actitud.


   Con un eficaz equilibrio entre técnica y musicalidad, el taiwanés Po-Wei Ger tocó a Beethoven con una agilidad que las manos parecían deslizarse con felina suavidad sobre el teclado lo que, paradójicamente, no le impedía producir los acentos, articulaciones y fraseos con meridiana limpieza, hecho que dice mucho de su bien trabajada independencia de dedos.  El que en algún instante se produjeran roces de teclas, que no llegaron nunca a materializarse en notas falsas, pudo restarle enteros para el veredicto final pese a la brillantez con que expuso la cadencia del primer tiempo, en raras ocasiones interpretada, escrita por el gran pianista milanés Mauricio Pollini con la que reflejó un brillante contraste de contemporaneidad. Fue en el segundo movimiento cuando afloró la magnitud de su personalidad artística, llegando a mantener un sentido y coherente diálogo con la orquesta, produciéndose así el momento más elocuente de toda la final. Solista y director enfilaron la parte última de la obra con ese aliento compartido de saber amalgamar tensiones contrapuestas de afable dicción ante determinantes acometividades, tan características del pensamiento musical beethoveniano. Su segundo premio estaba cantado, y podía pensarse incluso en ganador del primero al conseguir también el triunfo como intérprete en esa selectiva prueba de música de cámara, tan determinante para precisar su altura musical, con el Cuarteto Bretón con el que, según los comentarios de algunos aficionados, se integró en una excelente recreación del Quinteto nº 2 de Dvořák. Po-Wei Ger terminó siendo el concursante más galardonado al obtener también el premio del público asistente al acto con más de un sesenta por ciento de los votos. Podría concluirse que fue el triunfador moral del certamen.

   Un año más, el Concurso Internacional de Piano 'Premio Jaén' ha mantenido su rango como principal acontecimiento cultural de la ciudad, que la sitúa entre las más destacadas urbes pianísticas internacionales.

Foto: Premio Jaén

Autor:José Antonio Cantón
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