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CRISTINA GÓMEZ GODOY, oboísta: «Hay que ir más allá de los propios límites si se quiere crear algo especial»

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1 de junio de 2020

CRISTINA GÓMEZ GODOY, oboísta: «Hay que ir más allá de los propios límites si se quiere crear algo especial»

Una entrevista de Agustín Achúcarro

Con 21 años se unió a la Staastkapelle Berlin, a la que llegó como solista de corno inglés. Fue un pequeño paréntesis para Cristina Gómez Godoy, del que no reniega, pues al año siguiente se convirtió definitivamente en la oboe solista de dicha orquesta.  Y a partir de este momento es fácil verla con grandes formaciones como la Filarmónica de Berlín, la Sinfónica de Londres o la Orquesta de cámara de Munich  y dirigida por batutas como las de Dudamel, Nelson, Rattle, Muti, Mehta, Harding o Barenboim, director titular de la orquesta a la que pertenece.  En la temporada 2008-2009 fue oboe solista de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, en 2016 se unió como oboe principal a la orquesta del Festival de Bayreuth y, entre 2016 y 2018, debutó como solista en la Orquesta Filarmónica de Helsinki. Gómez Godoy es un talento musical sin límites, de una musicalidad extrema, que compagina su labor en la orquesta con sus facetas de solista, camerística y la enseñanza. Una oboísta consolidada en un breve espacio de tiempo, que mira al futuro con la idea de interiorizar todo lo vivido y «seguir invirtiendo su mejor energía en todas las vertientes de su carrera».


¿Cómo está viviendo toda la situación que ha generado la pandemia del coronavirus?

La verdad es que estoy pasando por varias fases. Si soy totalmente sincera, muy al principio de toda esta situación lo primero que pensé -después del inevitable shock inicial- fue que una pequeña pausa no me vendría mal dentro del ritmo frenético de trabajo en el que me encontraba. Podría aprovechar para organizar una pila de asuntos atrasados, arreglar mi instrumento (cosa para la que nunca encuentro tiempo), y muchas otras cosas para las que, en este ritmo a veces desorbitado en el que nos encontramos, nunca se  halla el momento o la energía. Estamos -o estábamos- inmersos en una dinámica que puede llegar a ser peligrosa para la salud tanto personal como de nuestro planeta, y eso fue lo primero que me vino a la cabeza cuando el mundo se paró. Después, por supuesto que al ver la velocidad con la que se estaba propagando el coronavirus y las consecuencias catastróficas que iba teniendo esta pandemia, entré en un estado de preocupación del cual creo que no saldré hasta dentro de mucho tiempo. Me aterra ver cómo el covid- 19  ha afectado a tantísimas familias en todo el mundo, cómo algunos políticos lo usan en su beneficio o para hacer daño, cómo el sistema sanitario -tan imprescindible no sólo en estados de emergencia sino en el día a día- resulta deficiente y está tan poco apoyado en tantísimos lugares, cómo tal cantidad de gente pierde su puesto de trabajo…sólo por mencionar algunos de los aspectos negativos que me inquietan profundamente. Y por supuesto, también el hecho de ver cómo se estaban desarrollando las cosas en mi país y encontrarme lejos de allí me ha afectado bastante y me hizo entrar en un estado de impotencia y dificultad para concentrarme que se ha alargado durante varias semanas. Aunque por supuesto no todo es pesimismo y también intento buscar el lado positivo y lo que se puede aprender de esta crisis global.  

¿De qué manera cree que influirá a los músicos en general, y a usted en particular?

Creo que, como todo en la vida, los acontecimientos pueden afectar de diferentes formas y en este caso no puedo generalizar, ni prever al 100% cómo va a influir a todos los músicos o cuál va a ser el resultado, solo dar mi opinión desde un punto de vista personal. Pienso que lo más frustrante y agotador para un músico en estos momentos es la incertidumbre, tanto económica como emocional. Afortunadamente hasta ahora no he tenido ninguna consecuencia económica fatal,  gracias al hecho de tener un trabajo fijo y vivir en un país con un sistema que, con sus más y sus menos, apoyan el sector cultural. Por otro lado, no se sabe hasta qué punto o por cuánto tiempo es sostenible y ese es el punto donde me afecta de manera personal, además de que naturalmente el hecho de que se hayan cancelado, no solo todas las representaciones de mi orquesta, sino también proyectos de cámara o solista que me hacían mucha ilusión, es algo que afecta al ánimo de cualquier músico. Pero lo más alarmante para mí en este momento es la situación de los músicos autónomos, que son los más afectados. La cantidad de conciertos cancelados y la falta de visibilidad con respecto a la reanudación de la actividad musical es algo muy duro de sobrellevar, sobre todo cuando se añade a que un músico trabaja, en gran medida, con emociones. Creo que el estrés que produce la incertidumbre es casi peor que el propio coronavirus letal, además de intentar sobrevivir psicológicamente una situación en la que se ha tenido que estar durante tanto tiempo separados de la gente, algo que es tan poco natural en los humanos. Por suerte, en ese sentido los músicos en mejores condiciones de este país están -estamos, me permito incluirme- muy sensibilizados al respecto y, gracias a una gran colecta de la Fundación de Orquestas alemanas, se ha donado una suma importante de dinero como apoyo a estos otros músicos que salen más desfavorecidos en toda esta situación. Estos son los gestos que, sinceramente, me hacen tener esperanza en la humanidad. De todas formas, lo que pase al final dependerá posiblemente en parte de nosotros mismos y de nuestras exigencias, pero sobre todo de la atención e importancia que nos brinden nuestros dirigentes culturales.

¿Considera que van a cambiar las formas de relacionarse cuando se vuelva a los escenarios y en el día a día de las personas? ¿Volverán los públicos sin más o será paulatino?

Esta pregunta se aleja un poco de mi campo de conocimiento, ya que pienso que debemos escuchar a los expertos y estos son los que van a determinar qué se puede hacer sin suponer un peligro. De lo que sí estoy prácticamente segura es de que las formas de interactuar van a ser diferentes por lo menos al principio y hasta que se haya desarrollado una vacuna o un tratamiento, ya no solo por la conciencia que la sociedad ha ido tomando con respecto al coronavirus, sino porque seguramente van a ser las normas las que nos condicionen si queremos ir volviendo a nuestra forma de presentar la música como lo hacíamos antes. Primero solo se harán conciertos con formaciones pequeñas y poco público, donde se puedan controlar las medidas de higiene y respetar distancias de seguridad, y muy poco a poco se irá incrementando el número de personas tanto dentro como fuera del escenario. Va a ser un proceso largo y costoso tanto para los artistas como para el público, pero muy necesario para que de forma paulatina volvamos a la experiencia musical conjunta que tanto añoramos. Me alegra mucho haber visto tantos músicos contribuyendo con sus vídeos y ofreciendo su música desinteresadamente, y me encanta la idea de que la música esté disponible para todos. Pero al mismo tiempo no se nos puede ir de las manos y habrá que esforzarse para recordar a la gente que la base de nuestro arte se encuentra en el contacto y comunicación directa con las personas. El hecho de vivir una experiencia común es lo que hace que los conciertos o cualquier representación en vivo sea irreemplazable.

Háblenos un poco de sus comienzos con el oboe, de cómo fueron sus primeras sensaciones ante un instrumento tan complejo.

Comencé mis estudios de música cuando tenía unos diez años gracias a que mis dos mejores amigas, que estudiaban piano, me convencieron y además ya me sentía atraída por el mundo del arte ya que iba a clases de danza. La elección del oboe fue cosa del destino. Era el primer año que había profesor de este instrumento en el Conservatorio de Linares - mi ciudad natal- y fui un poco persuadida para probarlo. Como bien dice, es un instrumento muy complejo y es algo que se nota desde el primer momento que se pone en la boca. Pero, gracias a que yo me veía cierta facilidad y el profesor que tuve supo reconocer mis cualidades desde el primer momento y me marcó el camino desde el principio, decidí continuar e invertir toda mi energía para ser capaz de dominarlo o, por lo menos, tocarlo lo mejor posible.

¿Cómo definiría las cualidades del oboe? ¿Qué sonido busca que tenga?, ¿Qué es lo que más le gusta de él?

Debo decir que lo primero que me fascinó del oboe fue su sonido, su similitud con la voz, además de gustarme su apariencia (la del instrumento, ¡no la de los intérpretes cuando lo tocan!, -bromea entre risas-). Desde el primer momento mi mayor obsesión fue buscar un sonido lo más puro, cristalino y a la vez cálido posible. Mi objetivo era -y sigue siendo- entrar en el alma del oyente a través de esa cualidad, más que por el mero hecho de entretener.  Por eso siempre me centré en ese más que en otros aspectos técnicos, no por eso sin profundizar en ellos también. Desde entonces casi todas las elecciones que he ido haciendo en mi carrera musical (instrumento, corriente de enseñanza, puesto de trabajo, etc.) han sido con el objetivo de acercarme lo máximo posible a esa idea.


¿Qué opinión tiene de los oboes de fibra?

Desafortunadamente no puedo hablar mucho al respecto porque el máximo contacto que he tenido con este tipo de instrumentos ha sido probarlo unos minutos. Soy de la opinión de que cualquier avance o experimento en la construcción de instrumentos es siempre algo fantástico y la única forma de progresar, al igual que pasa por ejemplo con las cañas de fibra. Pero, tanto en uno como en otras, y hablando como he dicho desde la poca experiencia, me sigo decantando por la madera. Es material con vida, y para mí eso se sigue reflejando en el alma del sonido -aspecto que como ya he dicho ocupa gran parte de mi energía.

¿Qué relación establece con el instrumento?

La relación que cada uno establece con su instrumento es algo muy complejo, no se trata solo de prepararse para ponerse en un escenario o delante de un público y tocar sin más. Es mucho más que eso. Lidiamos con nuestro instrumento todos y cada uno de nuestros días, se pasan horas y horas intentando entenderse, a veces con dificultades, otras con alegrías. Más que un trabajo, es un camino de vida. Hay muchas facetas en la comunicación con nuestro propio instrumento, pero para mí hacer música -en este caso a través del oboe- se trata de intentar comunicarme con la fuente de lo bueno, bello y verdadero, e intentar canalizar en esta dirección los pensamientos y corazones de las personas que escuchan. Para mí, nunca se ha tratado de entretener sino de despertar la espiritualidad, emociones y sentimientos humanos.

Háblenos de las cañas, de ese proceso de fabricación de la misma, del contacto con la materia para crear sonido, de qué busca conseguir en ellas ¿Es muy exigente al respecto?

La fabricación de cañas es para mí, en cierto modo, un proceso de contacto directo con la naturaleza al trabajar directamente sobre una pieza de madera que ha estado viva y que, de alguna manera, sigue viva hasta que para de vibrar. Es de tanta complejidad que se puede hablar horas y horas sobre ello, pero en resumen consiste en transformar mediante procesos mecánicos un trozo de tubo procedente del arundo donax (parecido al bambú) en una boquilla para crear sonido. Hoy en día existen muchas máquinas en el mercado para darnos información cada vez más concreta sobre el material. Aun así, sigue siendo algo muy misterioso para los propios oboístas porque, al ser -haber sido- materia viva, se puede comportar de maneras muy diferentes y a veces imposibles de prever durante el período corto en el que se puede tocar en ellas (es por esto que siempre hay que seguir preparando y/o comprando material). Existe también la posibilidad de comprarlas ya acabadas pero, en mi opinión, siento que es algo tan personal que, aunque ocupe gran parte del proceso de preparación, sigo prefiriendo hacerlas yo misma. Lo que busco es que me faciliten la manera de producir el ideal de sonido que está en mi cabeza, y del que hablé antes, al mismo tiempo que no pierdan flexibilidad. En ese aspecto se puede decir que sí soy bastante exigente.


Coméntenos también algo sobre el corno inglés, sobre las características de un Instrumento con el que empezó en la Staatskapelle Berlin.  

Mi relación con el corno inglés fue algo muy inesperado pero muy bonito. Su sonoridad siempre me llamó mucho la atención por su calidez -cualidad que tanto me atrae- y por sus vibraciones más graves. Es como el hermano mayor del oboe. Recuerdo que salió la plaza de corno inglés en la Staatskapelle Berlin cuando yo estaba en mi período de academista en esta orquesta y me pareció una ocasión perfecta para profundizar en ese instrumento solo por el hecho de prepararme para la audición. Sin habérmelo podido imaginar unos meses antes gané la audición y eso me brindó la oportunidad de tocar una gran cantidad de repertorio maravilloso para corno inglés, ya que tuve la suerte de que se tocaran, durante esa temporada y media, casi todas las piezas más importantes para este instrumento en la orquesta.

¿Y cuál es su opinión acerca del oboe barroco y la música antigua?

Tal como me pasa con los instrumentos de fibra, no tengo mucha experiencia en la práctica del oboe barroco, aunque lo he probado en varias ocasiones. Creo que es un instrumento que, sólo con tocarlo unos minutos, te hace entender muchos aspectos de la interpretación tal como lo era en esa época y pienso que es importante su enseñanza, por lo que para quien estudia oboe moderno es importante, por lo menos, tener la oportunidad de acceder a él. Aquí en la Universidad de las Artes de Berlín, donde también trabajo, hay una profesora adjunta especialista en oboe barroco e incluso se está barajando que esa plaza se convierta también en una cátedra. Creo que entender y escuchar música barroca con instrumentos barrocos puede aportar mucha información sobre la interpretación de la época. Como en todo, hay corrientes radicales que piensan que sólo es válida la interpretación con este tipo de instrumentos o los que son de la opinión totalmente contraria. Yo pienso que radicalizar, sobre todo en música, es incorrecto y que el intercambio de información -siempre fundamentada- es el mejor camino para ofrecer una interpretación lo más sincera posible.

¿Cómo vivió ese paso y sus sucesivas etapas, realizado en tan poco tiempo, de su Linares natal, de Jaén a Berlín? ¿Qué recuerda de los inicios y de ver cómo su carrera se iba consolidando?

Como he dicho en una de las preguntas anteriores mi primer profesor de oboe, Esteban Doria, tuvo un papel decisivo en mi formación y fueron sus pautas iniciales las que influyeron después en gran parte de mi trayectoria. Yo tenía el sueño de acabar en Alemania, ya que de pequeña mi ídolo era el solista de oboe de la Filarmónica de Berlín. Nunca me habría imaginado que algunos años más tarde estaría yo misma tocando en esa silla… un sueño hecho realidad. Pero, claro, hasta llegar a cumplir esos sueños el camino no fue siempre sencillo. A pesar de que era lo que siempre soñé y he disfrutado y aprendido mucho de todas las etapas (desde los estudios en Linares, Jaén, Sevilla, Rostock, hasta consolidarme en Berlín) ha habido muchos momentos difíciles, sobre todo por haberme separado desde una edad tan temprana de mi familia y haber tenido muchos instantes de soledad.  En cuanto a cómo se iba consolidando mi carrera, la verdad es que nunca tuve la sensación de logros en el sentido de conseguir algo y parar, esta sensación la recibía más de fuentes externas. Siempre me vi como alguien que seguía moviéndose hacia un objetivo.


Defínase como artista

Me considero una persona a la que le cuesta conformarse con algo, y no por ambición sino porque siempre fui alguien con mucha curiosidad, incluso desde muy pequeña, por lo que me cuenta mi propia familia. Es justo esa curiosidad la que hace que, como artista, intente siempre seguir estudiando para ofrecer mi música de la manera más sincera posible dentro de mis posibilidades y conocimientos. Nunca intento ser o parecer algo que no soy, y en ese sentido me gusta no parar de aprender.

¿Qué considera que le ha dado el oboe y qué le ha quitado?

Lo que me ha dado el oboe es, sobre todo, la satisfacción de haber aprendido un lenguaje que me permite conectar conmigo misma y con otras personas, y que esa conexión sea de una manera tan espiritual. Decir que me ha quitado algo quizá es injusto porque es un camino que yo misma elegí, pero sí que ha habido momentos difíciles y he echado en falta muchas cosas en el camino como, por ejemplo, pasar más tiempo con mi familia o gente querida y, por qué no decirlo, muchas horas de descanso.

Cree que para ser una buena instrumentista lo esencial es poseer conocimientos de música y del instrumento o que también es necesario profundizar en otras muchas más cosas de la cultura y de la vida.

Creo que hay muchos planos en los que uno se predispone a ofrecer o recibir música y arte en general. Por supuesto que en primer lugar están el dominio técnico del instrumento y los conocimientos de música aplicados a este. Pero en mi opinión, para pasar al siguiente nivel como instrumentista, que es donde entra lo puramente esotérico, hay que intentar profundizar ciertamente en muchos otros aspectos de la cultura y de la vida. A veces, el solo hecho de observar algo que nos rodea nos puede enseñar un punto de vista que hasta ese momento quizá era impensable entender, y eso se aplica en la manera de hacer arte o, en este caso, música. Hace unos días escuché una cita de Harnoncourt que viene muy bien aquí, y es que «lo más importante para recordar de la música no es lo que dice sino lo que significa».

¿Qué supone para usted tocar en una orquesta? ¿Cuál es la jerarquía que considera que tiene el oboe dentro de ella?

Para mí tocar en la orquesta me ha enseñado muchísimas cosas, no solo dentro de la música, sino fuera de ella. Desde perfeccionar la técnica individual a partir del todo -ya que hay ciertos matices que no son tan perceptibles cuando se toca solo como cuando se hace con más músicos-, hasta aprender que para conseguir la excelencia conjunta es necesario, a veces, renunciar al individualismo y egocentrismos, y que la clave para todo eso es saber escuchar. El oboe suele tener a menudo en la orquesta un rol bastante destacado o, quizá mejor dicho, una voz muy escuchada tanto por su timbre como por la relevancia melódica con la que con frecuencia los compositores han escrito para este instrumento -sobre todo en el primer oboe. Para mí es casi un paralelismo con la vida misma y su sociedad. A veces unos tienen que ser más escuchados, a veces otros, pero todas las voces son importantes e imprescindibles. Para llegar al éxito en conjunto no sirve de nada imponerse si no es con un consenso común.


¿Qué huella le han dejado las diferentes orquestas por las que ha pasado como las de Helsinki, la Sinfónica de Londres o la Philarmonic Orchestra?

En las orquestas que acaba de nombrar he participado de diferentes formas, tanto en calidad de oboe principal (como en la Filarmónica de Berlín o Sinfónica de Londres) como de solista invitada (como la Filarmónica de Helsinki). Tanto de una como de otra manera -aunque en realidad sean experiencias muy distintas tocar dentro o fuera de la orquesta como solista- el paso por formaciones de este nivel y el hecho de trabajar con músicos y directores de una calidad enorme me ha proporcionado vivencias altamente constructivas y gratificantes. En cada una de ellas, he crecido como músico y como persona.

¿Qué le supuso la llamada de la Staatskapelle? ¿Qué recuerda de esos primeros meses en esa orquesta?

La primera vez que escuché esta orquesta en directo fue en un corto viaje a Berlín becada por la Academia de Estudios Orquestales Barenboim-Said, cuando tenía 14 o 15 años. He de confesar que me enamoré de su sonido desde el primer momento que la escuché. Aún recuerdo mi sensación de embeleso y admiración al oír cómo ese conjunto de músicos podía realmente sonar como uno solo, mezclándose y fundiéndose unos sonidos con otros de una manera casi tangible. Desde entonces supe que intentaría llegar a tocar en esa orquesta si las circunstancias me lo permitían. Y por suerte así fue cuando abrieron las plazas de academista en primer lugar, luego de corno inglés y después de primer oboe. Se puede decir que ha sido un caso relativamente único al haber hecho y ganado tres audiciones en una misma orquesta. Aunque no es fácil probarse a sí mismo para tres posiciones distintas delante de la misma formación, gracias a eso he podido experimentarla desde distintos puntos de vista y aprender de cada uno de ellos.

¿Y cómo vive la experiencia de una representación de ópera?

Lo que más puedo destacar de tocar tan a menudo en el foso es que te hace desarrollar la capacidad de ser todo oídos, en el sentido completo de la expresión, con respecto a lo que ocurre tanto en la escena como en el foso mismo, a la par que no dejas de sentir la aportación de tu propia voz. En mi caso además, al tener la fortuna de trabajar no solo con grandes maestros sino también con cantantes sensacionales, se tiene la oportunidad de aprender a cantar con el propio instrumento, especialmente en este caso siendo el timbre del oboe tan parecido a la voz. Creo también que al estar tanto el arte escénico como el musical interactuando, se complementan entre sí llegando a veces a crear momentos mágicos que serían imposibles de establecer por separado. En este sentido me siento muy feliz de pertenecer a una orquesta donde hacemos con la misma intensidad tanto el repertorio sinfónico como operístico, pudiendo así disfrutar de ambos.


¿Cuál es su relación con los directores y con las orquestas? ¿Qué considera importante para que las cosas funcionen bien?

Desde mi experiencia personal, tanto en mi orquesta como en otras con las que he tocado y desde cualquiera de las posiciones que he ocupado, siempre he tenido la misma sensación: el objetivo es que todo el conjunto de músicos respire, piense, e interprete de la misma manera para expresar una idea musical común. Estoy convencida de que esa es la única manera de conseguir un buen resultado y aquí influye también la personalidad del director.

¿Qué opina de los directores? Nómbrenos a algunos en concreto. (Dejemos para después la figura de Daniel Barenboim)

Creo que el director es la figura líder que debe tener la capacidad de unificar la línea de pensamiento del grupo de músicos que tiene delante. Tiene que ser capaz de aportar conocimiento, sensibilidad, y al mismo tiempo convencer e inspirar a los intérpretes para hacer suya la propia idea musical. Además es importante que tengan cierto carisma para conectar con los músicos de forma que esa transmisión de ideas y emociones fluya sin obstáculos. Por suerte, he tenido la oportunidad de trabajar con directores que reúnen, cuando menos, todas estas cualidades y tienen en común que son una fuente de inspiración cada vez que se trabaja con ellos. Zubin Mehta, Simon Rattle, Riccardo Muti, Yannick Nézet-Séguin… son sólo algunos de los nombres, entre otros, que han influido en mi manera de entender la música e interpretar.

Háblenos de Daniel Barenboim

Daniel Barenboim tiene el don natural de atraer con su presencia, personalidad y palabra y a la vez extraer al máximo lo que cada músico puede dar de sí mismo, creando resultados conjuntos verdaderamente extraordinarios. A pesar de haber trabajado ya con él durante muchos años, no dejo de aprender y de sorprenderme con su capacidad de ganarse a quien tiene delante, no solo por su inteligencia sino también por su energía apabullante, que no te deja otra opción que responder con la misma intensidad.  Si a eso se añade que su agógica, es decir, su manera de entender el texto es persuasiva no sólo por su carisma, sino por sus ideas siempre apoyadas en conocimientos fundamentados, se crea un cóctel arrollador que no suele dejar desapercibido a nadie, ni a intérpretes, ni a oyentes. Su figura me ha influido y sigue influyendo de muchas maneras en mi percepción y creación musical, pero una de sus ideas que siempre me acompañan es la siguiente: «cuando uno se siente demasiado cómodo haciendo música, algo no está bien». En definitiva, que hay que llegar siempre más allá de los propios límites si se quiere crear algo especial, y si no es mejor no molestarse.


Cómo se prepara antes de un concierto, cómo lo vive durante la actuación y cómo se siente después.

Esta es una pregunta muy interesante. Es imposible describir cómo uno se siente en estas situaciones ya que va cambiando según el momento, las piezas que se tocan, etc. El factor común en la preparación es que siempre intento llegar al fondo de las piezas, no solo técnica sino emocionalmente, teniendo toda la información posible de las mismas. En cuanto al momento de la actuación, la música tiene la cualidad de proporcionar cada vez una experiencia diferente, ya sea por el estado de ánimo, la información que se tiene sobre la pieza y lo que la rodea, el sitio donde se toca, que influye en la percepción de cada momento, (incluso la acústica de cada sala de concierto),  el público, y un largo etcétera. Son muchos los factores que hacen que cada vez sea una experiencia única y es, en cierto modo, lo que lo hace algo maravilloso. Por eso, yo personalmente intento estar muy presente en el momento de forma que pueda absorber al máximo la experiencia y aprendizaje de cada actuación, que es única. El después ya depende de muchos elementos, si ha ido mejor o peor, de la experiencia que haya tenido… aunque por lo general hay un sentimiento de vacío. Es como si hubiera estado alimentando mente y alma hasta ese momento donde finalmente, al entrar al escenario, es como quedarse desnudo porque se está ofreciendo lo más íntimo del espíritu de uno mismo.

¿Cómo es un día de trabajo en la vida de Cristina Gómez Godoy?

Un día normal de trabajo transcurre entre mi estudio, donde tengo mi mesa de construcción de cañas y mi atril con la música que tengo que preparar, la ópera y la Universidad. Por suerte vivo cerca del teatro de la Staatsoper donde trabajo pero aun así hay días en los que mi tiempo para el estudio propio se reduce casi a la nada por tener ensayos durante el día y representación de ópera o concierto por la noche. Las clases en la Universidad las suelo dejar para los días en lo que no trabajo en la orquesta y así poder centrarme en dedicar toda mi energía para los alumnos. Y en medio de todas esas tareas, intento sacar algo de tiempo para preparar mis conciertos de solista o de cámara y construir todo el material necesario.

Coméntenos las diferencias que ve a la hora de tocar en una orquesta o hacerlo como solista.

Para mí la principal diferencia está en la preparación. Depende de si toco como solista o con la orquesta,  soy más meticulosa con unas u otras cosas. Por ejemplo cuando voy a tocar de solista intento desarrollar un poco más de libertad (en el sentido de flexibilidad y llegar más a los extremos en cuanto a lo que el instrumento me ofrece y lo que puedo exprimir de él) mientras que cuando me preparo o estoy tocando en la orquesta siempre intento conocer muy bien qué está pasando alrededor y estar muy despierta en el momento. Es flexibilidad también, pero de otro tipo, en la que hay que reaccionar de forma muy rápida según lo que se esté tocando con otros instrumentos al mismo tiempo. De una u otra manera intento siempre ser lo más fiel posible al compositor/a y en definitiva a la música en sí.


¿Qué supone para usted la música de cámara y con qué tipo de formación prefiere tocar?

Es el camino intermedio entre tocar en formaciones grandes o hacerlo solo, una forma perfecta de combinar los elementos de ambos. Supone para mí aprovechar las ventajas de los dos: de la parte solista, una sensación de mayor libertad a la hora de tocar, y de la parte orquestal, la oportunidad de ser parte de un todo donde, sin embargo, el consenso puede ser más fácilmente contrastado y discutido personalmente por todos los integrantes. No podría decidirme por una formación en concreto ya que disfruto, de manera diferente, en cada una de ellas. Me gusta mucho la formación de oboe con trío o cuarteto de cuerda, aunque también me divierto mucho en grupos de viento como el quinteto de viento (los vientos nos solemos entender muy bien), o quinteto con piano. Asimismo, es difícil no disfrutar de cierto repertorio para oboe y piano, como el francés del siglo XX.

¿Cuál es el repertorio que más le satisface interpretar? ¿Qué obras desearía incorporar y por qué?

La verdad es que no soy un blanco fácil para esta pregunta porque, al igual que disfruto al tocar casi cualquier repertorio, me considero una persona muy abierta a conocer e incorporar nuevas piezas. En este sentido, por ejemplo, estrené en 2018 una obra para trío de Jesús Torres con Pablo Ferrández (violonchelo) y Juan Pérez Floristán (piano) en el Auditorio Nacional de Madrid, cuya experiencia disfrutamos mucho, y voy a estrenar en la temporada próxima una pieza para oboe y piano de la compositora británica Charlotte Bray en Budapest, la cual se repetirá en muchas salas de Europa (si el coronavirus lo permite) y de lo cual me alegro muchísimo. Algo que sí puedo afirmar es que Mozart es uno de los compositores que más me gusta interpretar, me parece que su música reúne simplicidad y complejidad de una forma extraordinaria y siempre supone un reto interpretarla. Además, gracias a mi orquesta, estoy pudiendo añadir su repertorio operístico al solista y orquestal (sinfónicamente hablando) y nunca deja de fascinarme.

¿Cómo cree que se adapta el oboe a la música contemporánea? ¿Cómo lo recibe el público?

El oboe es un instrumento que, por un lado, es bastante limitado por tener un registro relativamente pequeño con respecto al resto de instrumentos, poco más de tres octavas solamente, donde los extremos, en especial los sobreagudos, son técnicamente muy complicados. Por eso no es el instrumento ideal para muchos compositores, aunque, al mismo tiempo, también puede ofrecer gran cantidad de efectos nuevos, además de poder usar siempre su característico timbre melódico. Cuando los compositores usan inteligentemente estas cualidades  es interesante ver cómo estas piezas contemporáneas gustan a la vez que sorprenden mucho al público.


¿Se apoya en sus profesores o en otras personas cuando surgen problemas de sonido, de cómo afrontar ciertos pasajes o determinadas obras?

Hace ya bastantes años que no, a no ser que se trate de algo muy específico (por ejemplo en especialistas en música contemporánea para afrontar efectos nuevos, o en comprobar la sonoridad cuando estoy probando instrumentos nuevos o nuevas acústicas). Soy muy autocrítica y me baso en eso para resolver o mejorar problemas del día a día.

¿Cómo se asimilan tantos éxitos desde tan joven?

La verdad es que nunca fui demasiado consciente de los éxitos, sino que simplemente los veía como formas de tener, por lo menos, la confianza de haber hecho las cosas bien, pero tomándolos siempre como una oportunidad de mirar hacia delante y seguir mejorando. He tardado varios años hasta que he tomado conciencia de dónde estoy, no en el sentido de parar de aprender, sino en el sentido de notar dónde está mi centro.

¿Ha pasado por momentos de duda o de bajón? En caso de que así sea cuéntenos cómo los ha superado.

Precisamente hace más o menos un año y medio tuve que parar algunas semanas porque mi cuerpo tuvo un límite y estaba empezando a afectarme a la salud física. Estoy casi segura de que cualquier músico o artista pasa alguna vez por momentos de bajón, duda o agotamiento. Es un trabajo que exige muchísima energía de nosotros, no sólo física sino mental y emocional, y se pasa por muchas situaciones de estrés (por eso es comparado por expertos con los deportistas de élite). Si no se encuentra un equilibrio entre tensión-distensión, adrenalina-relajación, trabajo-descanso, puede llegar a ser peligroso para la salud. En mi caso tuvo que ver con cantidades desorbitadas de trabajo sin ningún período de descanso. Mi consejo para superarlo, sea cual sea el motivo, es parar y tomarse el tiempo necesario para pensar y analizar. Hay que localizar el origen del problema y si es necesario, pedir ayuda externa ya sea a amigos, profesionales, familia, etc. Es importante no perder la confianza en uno mismo, en las propias sensaciones, y también dejarse ayudar.


¿Cómo se ve en el futuro? ¿Qué cosas cree que le quedan por conseguir?

La verdad es que estoy en un momento en el que me encuentro bastante feliz con todo lo que hago, seguramente por poder compaginar las distintas vertientes que un oboísta puede llevar a cabo (tocar en la orquesta -tanto repertorio sinfónico como operístico-, conciertos de cámara y de solista y enseñanza). Mi reto en este sentido es seguir invirtiendo mi mejor energía en todas las vertientes de mi carrera, intentando quizá aumentar el tiempo que dedico a mi actividad pedagógica. En cuanto a cómo me veo en el futuro… En realidad hay muchas cosas que me imaginaba para mí misma que ya me han pasado, y creo que irá más encaminado a los logros que tengan que ver con lo que pasa dentro de mí que con lo que pasa fuera. Gran parte de nuestra educación está encaminada al reconocimiento externo casi a cualquier precio, dándole un significado incorrecto, a veces, a la palabra éxito. Por supuesto hay que dejarse guiar por enseñanzas que vienen de fuera, pero es importante saber escoger aquellas que son sinceras, fundamentadas y verdaderas. Con la cantidad de información y medios de los que se disponen en la actualidad, es fundamental saber escoger bien y discernir entre lo que es importante y lo que no, y esto es lo que intento e intentaré transmitir a las nuevas generaciones.

¿Se siente reconocida en España?

Para mí, el simple hecho de recibir el cariño de tantas personas de allí, sus comentarios reiterados para congratularme y alegrarse de todo lo bueno que me pasa, ver la satisfacción y la reacción del público cuando toco en las salas de distintos sitios de España…es más que suficiente para sentirme reconocida. Aunque aun sigo con la sensación de que programadores de otros países me reclaman con más frecuencia, últimamente se han incrementado mis apariciones en el territorio español, si bien es verdad que me gustaría tocar más a menudo en mi país.

¿Qué proyectos tiene en mente y cuáles le apetecen más llevar a cabo?

Como he dicho en alguna de las preguntas anteriores, la actividad pedagógica es algo que me gustaría ir intensificando poco a poco. En la faceta orquestal, pese a que llevo ya varios años en la Staatskapelle y he tocado una gran cantidad de repertorio tanto sinfónico como operístico, aún siento que tengo mucho por descubrir y me alegro de seguir haciéndolo con compañeros y directores de tan alto nivel. Por otro lado, hay una grabación a medio cocinar, y en el terreno solista tengo muchos recitales y conciertos de cámara cerrados, con una pieza a estrenar, en diferentes salas europeas por haber sido seleccionada como ECHO Rising Star para la temporada 2020/21, los cuales espero que aún se sigan celebrando y no tengan que ser aplazados o cancelados por la situación con el coronavirus, ya que es un proyecto que me apetece mucho. Uno de mis mayores retos para esta próxima temporada era poder compatibilizar, de la mejor manera posible, mi trabajo en la orquesta y en la Universidad con todos estos conciertos.


Háblenos de su vida al margen del oboe, de sus aficiones, de sus gustos, de aquello que más le apetece hacer.

Lo cierto es que el oboe ha sido y sigue siendo el núcleo central de mi día a día y, por suerte o por desgracia, a veces no me deja mucho tiempo para otras actividades.  Es un instrumento que por su naturaleza (tener que preocuparse siempre de fabricar/comprar cañas nuevas y tener constantemente material disponible) tiende a absorber mucho tiempo. Pero aun así, siempre intento organizarme de manera que pueda realizar otras cosas que me gustan. Hacer deporte, ir a correr o escalar, leer o hacer puzzles son algunas actividades con las que más disfruto y que me ayudan a desconectar.

Autor:Agustín Achúcarro
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