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Crítica: I Discordanti lleva el 'Seicento' italiano al XXVIII Festival Internacional de Arte Sacro

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Autor: Mario Guada
26 de febrero de 2018

Estreno en España del conjunto hispano-suizo, para ofrecer un interesante programa en el que se mostró interpretativamente muy sólido.

Un Seicento convincente

   Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 24-II-2018. Real Basílica Pontifica de San Miguel. XXVIII Festival Internacional de Arte Sacro. L’Amante et la Speranza. Obras de Luigi Rossi, Riccardo Rognoni, Giaches de Wert, Claudio Monteverdi y Johann Hieronymus Kapsperger. I Discordanti | Florencia Menconi.

   La legendaria Schola Cantorum Basiliensis, considerada como el centro de formación en la interpretación historicista más prestigioso del mundo, es una mina en cuanto al germen de nuevos ensembles, algunos de los cuales logra despuntar en el siempre exigente y competitivo panorama internacional de la música antigua. Otros, quizá por la ley de más fuerte, se quedan por el camino. Hay que alegrase, a tenor de lo escuchado, de la aparente supervivencia de I Discordanti, que fue fundado en el seno de la Schola Cantorum en 2014, conformado entonces por intérpretes procedentes de España, Argentina, Francia y Portugal que compartían estudios en el centro –a los que hoy se suman Chile y Brasil–. El conjunto, que fue uno de los cuatro seleccionados para el ciclo de conciertos Vier Jahreszeiten 2014-2015 – organizados en la propia SCB–, ha disfrutado asimismo de su estancia, como uno de los conjuntos seleccionados en 2016, dentro del Festival Eeemerging [Emerging European Ensembles], un proyecto de cooperación europea a gran escala que promueve el surgimiento de conjuntos jóvenes en el ámbito de la música antigua.

   Con estas credenciales se presentaba el conjunto por primera vez en España, para ofrecer un programa titulado L’Amante et la Speranza, descrito en las breves notas del concierto como la relación del ser humano, en su rol de Amante, y su leal compañera la Esperanza. La Esperanza como recurso primordial del ser humano. Fuerza motora de amor y vida. En este tuvieron cabida diversas composiciones del Seicento italiano, con especial importancia en la figura de Luigi Rossi (c. 1597-1653), uno de los autores más destacados del Barroco musical en Roma y referente en al ámbito de la cantata de cámara y la ópera en la ciudad eterna, del que se interpretaron dos ejemplos de su corpus de cantatas: Infelice Pensier, chi ne conforta, a dos voces y continuo, y Disperate Speranze, a tres voces y continuo, además de su magnífico lamento Hor ch’in notturna pace. La velada se conformó también con algunos brillantes ejemplos del madrigal polifónico del XVII, como Si come ai freschi matutini rai a 5, extraído del L'ottavo libro de madrigali [1586], de Giaches de Wert (1535-1596), así como el célebre Dolcissimo uscignolo a 5, maravilloso ejemplo del mejor madrigalismo de Claudio Monteverdi (1567-1643), tomado de los Madrigali guerrieri, et amorosi… Libro ottavo [Venezia, 1638]. Uno de los grandes hitos de la esperanza conjurada con el amor es, sin duda, el Orfeo monteverdiano, del que se interpretó un pasaje de su acto III: Scorto da te mio Nume. Completaron el programa algunos ejemplos de la música instrumental más destacada del momento, como las variaciones de Ancor che col partire, de Riccardo Rognoni (c. 1550-1620) sobre Cipriano de Rore; el Pasacaille para tecla de Rossi –una de las pocas obras instrumentales que se ha conservado de su mano–; y la Toccata seconde, del gran Johann Hieronymus Kapsperger (c. 1580-1651), llamado Il Tedesco della tiorba, uno de los máximos exponentes del laúd y el chitarrone en la Italia del momento.

   La interpretación de I Discordanti fue de notable interés, rozando la excelencia en ciertos momentos, especialmente en los números de conjunto –como los madrigales de Rore y Monteverdi, además del bellísimo lamento de Rossi–, en el que las voces de sus protagonistas, Eva María Soler y Amalia Montero [sopranos], Florencia Menconi [mezzosoprano y directora artística], Ricardo Leitão [tenor] y Breno Quinderé [barítono] se ensamblaron con solidez, refinamiento y elegancia. Especialmente interesante su trabajo en la afinación, realmente pulida en la mayor parte del concierto, así como el balance entre las voces, bien equilibrado para favorecer la comprensión de todas las líneas. De relevante interés a nivel solista resultaron la presencia de Eva María Soler, de voz brillante y buena proyección, con una zona aguda llena de sutilezas; además del barítono Breno Quinderé, que presentó un registro grave redondeado y una zona aguda sustentada sobre una línea de canto sin aristas y de timbre evocador. Por su parte, es necesario felicitar por su labor, tanto en el acompañamiento como en las obras a solo, a los tres instrumentistas de la velada: Ricardo Leitão [tiorba], Marina Cabello [viola da gamba] e Inés Moreno [clave]. Mejor Cabello en su labor como excelente continuista que en su pieza a solo, en la que tuvo importantes problemas de afinación, especialmente en el registro agudo de su viola. Por su parte, Moreno –que continúa la importante una importante saga musical historicista, pues es hija de José Miguel y sobrina de Emilio, ambos presentes en el concierto– es una clavecinista de impactante sonoridad, capaz de desarrollar un continuo efectivo y muy equilibrado, además de mostrar su calidad solística en la magnífica Pasacaille de Rossi, en la que hizo uso de un sentido de la ornamentación muy interesante.

   Quizá el pero más importante que se puede achacar a la interpretación del conjunto es una cierta falta de profundidad expresiva, a pesar de que los textos son cantados con una dicción muy lograda y con cierta intención de mover los afectos del oyente. Sin embargo, y a pesar de los intentos del ensemble hispano-suizo por epatar, conmigo apenas lo consiguieron en momentos muy concretos de la velada, y quizá más por medio de la belleza sonora que de la hondura. Salí del concierto con la sensación de haber vivido algo de notable interés, pero nada realmente especial. Sin embargo, trasciende un enorme trabajo detrás de la agrupación, de tal forma que el programa está sobradamente preparado para presentarse ante el público con las garantías suficientes, incluso el aspecto escenográfico –sutil, pero efectivo– estuvo prácticamente milimetrado. Un conjunto que dedica sus esfuerzos a repertorios a veces no tan trillados como pueda parecer, por mucho que el Seicento italiano es una de las corrientes que más atención ha recibido en la interpretación histórica, y que logra unos resultados de impacto. Sin duda, habrá que seguirles de cerca. Punto a favor de Pepe Mompeán y el Festival Internacional de Arte Sacro [FIAS], por tener la vista de contar en España con un conjunto de esta proyección, que aún está por descubrir para todos los demás. Que continúen en esta línea, pues lo especial terminará por llegar.

Fotografía: Martin Chiang.

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