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Crítica: '24 horas mintiendo', de Francisco Alonso, en el Teatro de la Zarzuela

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9 de julio de 2018

“¡Dame maní, toma maní!”

   Por Raúl Chamorro Mena.
Madrid. 05-VII-2018. Teatro de la Zarzuela. ¡24 horas mintiendo! (Francisco Alonso). Jesús Castejón (Casto), Gurutze Beitia (Casta), Nuria Pérez (Charito), Estíbaliz Martyn (Totó), Joselu López (Ricardo), Ángel Ruiz (Fernando), Enrique Viana (Amo Lolo), Cecilia Solaguren (Laura), Mario Martín (Fileto), Raffaela Chacón (Ramona), José Luis Martínez (Bombardino), María José Suárez (Magdalena), Luisa Maesso (Fernandito). Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección de escena: Jesús Castejón.

   La capacidad de enganchar de las melodías del Maestro Alonso sigue siendo absoluta y se mantiene perenne así pasen los años. Gran parte del público salimos, al finalizar la función, cantando “¡Dame maní, toma maní!”, además de con una sonrisa en el rostro, porque el espectáculo había resultado divertido, dinámico y burbujeante.

   Llegada la calma con la suspensión del decreto de fusión con el Teatro Real y dentro de la labor de recuperación y difusión del género lírico español que asume el Teatro de la Zarzuela, la comedia musical de la postguerra también merece su hueco, ¿Por qué no? Estamos ante un género que pretendía reproponer la revista musical española de las décadas previas a la guerra civil, pero adaptándola a los condicionantes de la censura del régimen Franquista. Por tanto, la carga erótica debía reducirse, todo lo relacionado con la sicalipsis, desaparecer, y la crítica político-social, siempre presente en el teatro lírico español, atenuarse, aunque los libretistas bien se encargaban de sortear hábilmente la censura.  

   Después de la programación hace unas temporadas de Luna de miel en El Cairo, el teatro de la Calle Jovellanos recuperaba otra comedia musical del Maestro Francisco Alonso, mucho menos conocida, ¡24 horas mintiendo!, estrenada en 1947. Una obra que contiene un libreto de Francisco Ramos de Castro y Joaquín Gasa, chispeante, muy divertido, de impronta vodevilesca, lleno de enredos y amable comicidad, junto a una partitura del músico granadino, que combina músicas castizas como el chotis o el pasodoble con otras extranjeras y exóticas, como la samba, el fox-trot, el swing, las guajiras… y siempre con esa capacidad deslumbrante para crear melodías que atrapan inmediatamente al oyente, de modo que uno pasa muchos días tarareándolas, sin poder sacarlas de su cerebro.

   A diferencia  de lo que sucedió en el programa doble Enseñanza libre y La Gatita Blanca y también, aunque en menor medida, en la referida Luna de miel en el El Cairo, esta vez la versión libre de Alfredo Sanzol ha resultado acertada y fundamentalmente respetuosa con el original, aunque con las correspondientes y lógicas supresiones y adaptaciones a la actualidad, centradas principalmente en asuntos tan en boga como la denuncia de la corrupción y la labor de la justicia, así como el snobismo que circunda al mundo de la alta cocina. Quizás la mayor intervención es el cambio del personaje femenino de “Ama Lola” por uno masculino “Amo Lolo” (mayordomo) confiado al siempre excesivo Enrique Viana, al que hay que reconocer, que entre tanto aluvión de gags y chistes, alguno llega a tener gracia. Asimismo, la revisión musical de Saúl Aguado de Aza, aun con alguna alteración y cambio de lugar de algún número, mantiene en lo fundamental la estructura musical y, por supuesto, el rosario de melodías “marca de la casa Alonsiana”, destacando el estupendo chotis del primer acto, la samba “frutas tropicales” del final del mismo, así como la canción mallorquina, el pasodoble y la ranchera del segundo.

   También ha sido todo un acierto confiar la puesta en escena a Jesús Castejón, artista de estirpe, que “ha mamado” el género lírico español en todas sus manifestaciones desde niño. La magnífica escenografía de Carmen Castañón lo tiene todo. Es vistosa, deja espacio para el movimiento ágil de los personajes (esencial en este tipo de obras), de las vedettes y las vicetiples, con sus dos escaleras laterales incluidas y dos niveles de escenario con la casa (que no pagan) del matrimonio de supuestos empresarios desahogados y triunfadores que forman Casto y Casta en el nivel superior y en el inferior, el metateatro representado por el correspondiente escenario donde ha de representarse la obra que les saque de la ruina. El movimiento escénico es dinámico, discurre con agilidad y elegancia, como corresponde a alguien como Castejón que conoce todos los secretos del género. Hay enredos, equívocos, atractivas vedettes con sus plumas, rozagantes vicetiples y bailarinas, cestos de frutas… todo lo que uno espera en una revista o comedia musical, pero, sobretodo, mucha diversión en un espectáculo que discurre chispeante, ameno, entretenido y siempre elegante.

   Estupenda la hilarante pareja formada por el propio Jesús Castejón y Gurutze Beitia como Casto y Casta. Toda una lección de sentido del decir, comicidad y dominio de la escena propia de dos grandes comediantes, además de ser capaces de cantar con solvencia cuando corresponde. Sin esa capacidad para el matiz y vis cómica, pero impecables por figura escénica, frescura y desenvoltura Estibaliz Martyn y Nuria Pérez como sus hijas Totó y Charito, respectivamente. Ambas cantan sin impostación por lo que resultaron de difícil escucha y sólo la primera emitió algún sonido impostado que reivindica la condición de soprano que tiene prevista una Nedda de Pagliacci en Piacenza, en Octubre de este año, tal y como consta en su curriculum.

   A estas dos vedettes, se suma “otra”, Enrique Viana, que como ya se ha indicado asume un papel de mayordomo creado ex profeso en lugar de uno originariamente femenino. Este “Amo Lolo” además de un aluvión de chistes y gags, interpreta el gran número final del primer acto, la samba “Frutas tropicales” que Viana afronta con su tocado de frutas a lo Carmen Miranda, desplegando todos sus registros entre los que pasa de intentar cantar a lo “Luis Mariano” a emitir en registro puro de cabeza notas de soprano… Fantástico el matrimonio argentino que encarnan Ángel Ruiz (que ya fue un estupendo Ripalda en la Tabernera del Puerto) y Cecilia Solaguren, que dan perfecta réplica a la pareja protagonista, monstrándose también con la gracia y el desenfado ideales para este género. Notables también Mario Martín, Raffaela Chacón (tercer matrimonio hilarante, que ha triunfado en la gastronomía a base de carrilleras) y José Luis Martínez. Correctos Joselu López, Luis Maesso y María Jose Súarez.

   La dirección musical de Carlos Aragón fue más bien ruidosa y de trazo grueso, aunque al menos resultó eficaz, animada y con sentido rítmico. El público se lo pasó en grande, se divirtió de lo lindo y brindó entusiastas aplausos a todo el elenco.

Fotografía: Javier del Real.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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