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[C]rítica: A5 vocal ensemble interpreta una selección de madrigales monteverdianos en el ciclo «El canto de Polifemo»

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18 de diciembre de 2018

El ensemble vocal sevillano, que lleva años dedicando gran parte de sus esfuerzos a la interpretación integral de los libros de madrigales de Il divino Claudio, ofrece un interesante y bien planteado concierto con una selección de los tres primeros libros.

Monteverdi también habla español

Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 15-XII-2018. Iglesia de las Mercedarias de Góngora. Ciclo El canto de Polifemo. Claudio Monteverdi: Madrigali a cinque voci. Libri primo, secondo e terzo. A5 vocal ensemble.

Oh bella y hermosa aurora,
el aura es tu mensajera y tú la del aura,
que todo corazón ardiente restaura.

Torquato Tasso: Ecco mormorar l’onde [He allí el murmullo del río].

   Existen ciertos repertorios que parecen vetados a una serie de nacionalidades. Mejor dicho, parecen restringidos a una serie muy concreta de ensembles, que normalmente han de proceder del país de origen del compositor en cuestión. Suele darse, además, la casualidad de que esto tiende a suceder con los grandes nombres de la historia de la música. Es decir, a nadie le suele importar si quien interpreta a Francesco Corselli es español, italiano o francés. Pero sí que quien interpreta a Bach sea alemán –salvo ciertas excepciones– o quien haga lo propio con la música de Vivaldi sea italiano. Con la música de Claudio Monteverdi (1567-1643), y más especialmente con sus madrigales, sucede lo mismo: si no está interpretado por un conjunto italiano, parece que no tiene suficiente valor. No es, en cierta forma, una reflexión baladí, y los hechos están ahí. Que quizá no se puede igualar en España las referenciales versiones de La Venexiana | Claudio Cavina, Concerto Italiano | Rinaldo Alessandrini o La Compagnia del Madrigale, pues es cierto –al menos hasta ahora nadie lo ha logrado–, pero eso no es óbice para un conjunto español pueda interpretar los madrigales de Monteverdi de forma más que digna y con aspectos realmente interesantes que destacar. Este ha sido el caso de los protagonistas del último concierto del año en el ciclo de El canto de Polifemo, los sevillanos del A5 vocal ensemble, un conjunto que por otro lado puede decir con orgullo que es el primer conjunto vocal español especializado en los madrigales monteverdianos. Y afortunadamente, la música se va abriendo a otras nacionalidades sin que esto se vea como un necesario descenso de la calidad interpretativa. Ya, en un nivel netamente superior, el conjunto francés Les Arts Florissants hizo lo propio de la mano del director y tenor escocés Paul Agnew, situándose no solo como una magnífica alternativa a los conjuntos italianos, sino ofreciendo una integral de los madrigales monteverdianos que ha pasado ya a ser considerada como una referencia más.

   A5 vocal ensemble se presentaba por primera vez en Madrid –no podía ser que en otro ciclo que no fuera el de El canto de Polifemo, al que hay que aplaudir su independencia y el querer salirse de todo aquello que se programa en los escenarios convencionales de la capital–, sin duda un evento de gran relevancia para todo conjunto español que desee darse más a conocer. Por tanto, no podían hacerlo con otro compositor que no fuera su fetiche, el genial Monteverdi. Como comentaba anteriormente, el ensemble sevillano lleva desde 2016 enfrascado en esta vorágine del madrigal monteverdinao, cuando estrenaron en la capital hispalense su versión de Il Primo Libro de Madrigali; Il Secondo Libro llegaría en enero de 2017; haciendo lo propio, en enero de 2018, con Il Terzo Libro de Madrigali. De la misma forma, Il Quarto libro de Madrigali será interpretado en su versión el próximo 2019. ¿Ofrece A5 algo diferente, algo que sea notoriamente destacable por encima de los grandes conjuntos referenciales en este repertorio en las últimas décadas? Obviamente no, pero es que tampoco es estrictamente necesario. Sustentados sobre una notable eficacia vocal –aun con ciertos aspectos mejorables a nivel individual–, sus cinco cantores ofrecieron lecturas sosegadas, bien aposentadas sobre una expresividad dramáticamente contenida, pero efectiva, que se detiene en el detalle de forma elegante y que es capaz de hacer comprensible el texto, gracias a una notable dicción del italiano. El trabajo sobre el repertorio es evidente, de tal forma que los distintos madrigales presentados –una selección de un total de trece, cinco del primero de los libros y cuatro del segundo y tercero respectivamente– fluyen con gran naturalidad, sin parecer forzados en la intensificación de su dramatismo.

   Los tres primeros libros, compuestos en 1587, 1590 y 1592 respectivamente, es decir, rondando la veintena, son ya una muestra de la genialidad y el inconmensurable talento monteverdiano. La selección de los madrigales –algo siempre complejo en este tipo de repertorios, ¿cómo escoger apenas cinco madrigales de cada uno de los libros sin dejar por el camino auténticas obras maestras?– resultó muy adecuada, mostrando en ella una buen pléyade de los poetas sobre los que Monteverdi compuso en estos primeros libros, aún en la estética de la prima prattica: Giovanni Battista Guarini, Alberto Parma, Giovanni Maria Bonardo, Bartolomeo Gottifredi, Livio Celiano y el gran Torquato Tasso. Muy buen trabajo el de A5 en el todavía no excesivamente intrincado contrapunto, equilibrando de manera inteligente las distintas líneas, sabiendo en cada momento qué línea ha de alzarse sobre el resto, aunque en ocasiones el ímpetu de alguno de los cantores resultaba excesivo dentro del sonido conjunto. María Jesús Pacheco y Raquel Batalloso se encargaron de dar vida a las dos líneas superiores, con un registro agudo en general cómodo, de una afinación reseñable y una belleza tímbrica considerable –más en el primero caso que en el segundo–. Suelen combinar, además, bastante bien sus líneas, a pesar de que se trata de dos voces bastante diferentes, con emisiones no especialmente homogéneas entre sí. Teresa Martínez, quien se encargó de esa siempre compleja e incómoda voz central, tuvo algunos momentos para el lucimiento, manteniéndose por lo demás como un punto central de equilibrio entre las voces agudas y las graves, de poderosa emisión –aunque en ocasiones un punto más de proyección se hubiera agradecido, para no perder la línea entre la polifonía a 5 partes–. El tenor Julio López posee un registro amplio, con un medio-grave suntuoso y una emisión en general elegante, que tiende hacia una excesiva apertura del sonido en los pasajes más agudos. Por su parte, el bajo Alejandro Ramírez es el pilar que mantiene la cohesión desde un grave de bronceado timbre y una línea de canto que se presenta refinada en su manejo del lenguaje cantado. En algunas cadencias finales el sustento armónico desde la base adoleció ciertos problemas de afinación, que eran, no obstante, solventados con rapidez.

   En general, lecturas convincentes de estas obras maravillosas, con un buen trabajo de feedback entre los cinco miembros –algo fundamental en un repertorio como este–, que derivó en una importante pulcritud rítmica, una sincronización cuasi perfecta en las entradas, la imitación y los cierres cadenciales, con los distintos cantores asumiendo el control según los pasajes así lo requiriesen. Sin un director específico, la gestualidad de las manos y la corporalidad de los cinco cantores era evidente, aunque normalmente el peso de la gestualidad para marcar algunos aspectos solía recaer bien sobre López o Ramírez. Que no estamos ante unas interpretaciones reveladoras de los madrigales, es fácilmente comprensible, pero que sí pueden ser vistas como un acercamiento más que digno de un conjunto español hacia uno de los repertorios vocales más complejos de los siglos XVI y XVII, también. Y esto es decir mucho. Faltan algunos aspectos –mayor fluidez en el lenguaje, una densidad textural más elaborada, así como una pulcritud rítmica todavía mayor y un trabajo de equilibrio entre las partes aún más detallado, además de una solvencia técnica con la que poder asumir todo este inmenso trabajo de forma más sencilla y eficaz (el punto con mayor margen de mejora para los miembros de A5)–; pero a buen seguro este conjunto puede sentirse orgulloso de haber puesto esta pica en Mantova [y Madrid]; labor –y la evidente pasión que se desprende de la misma– que desde luego les animo a seguir en un futuro, a pesar de los sinsabores con los que el panorama musical español probablemente les esté esperando. Los tópicos son para romperlos, y A5 va poco a poco ayudando a comprender que los madrigales monteverdianos también pueden ser para los españoles. A por ello...

Fotografía: El canto de Polifemo.

Autor:Mario Guada
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