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Crítica: Bartoli protagoniza 'Norma' en Salzburgo

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8 de agosto de 2015

LA FORTUNA DE LO IMPROBABLE

Por Alejandro Martínez

Salzburgo. 06/08/2015. Festival de Salzburgo. Bellini: Norma. Cecilia Bartoli (Norma), John Obsorn (Pollione), Rebeca Olvera (Adalgisa), Michele Pertusi (Oroveso), Liliana Nikiteanu (Clotilde) y Reinaldo Macías (Flavio). Orquesta La Scintilla de la Ópera de Zúrich. Coro de la Radiotelevisión Suiza. Dirección musical: Giovanni Antonini. Dirección de escena: Moshe Leiser y Patrice Caurier.

   No vamos a negar nuestra grata sorpresa al encontrarnos con la sobresaliente encarnación de Norma que ha brindado Cecilia Bartoli en el Festival de Salzburgo. Y es que el disco no hace en modo alguno justicia a su imponente rendición de la partitura. La grabación editada en 2013, precisamente el año de su primera encarnación del rol también en Salzburgo, ponía de relieve en demasía todos sus amaneramientos y extravagancias, sonando casi como una caricatura. El teatro, en cambio, restaura casi como un bálsamo el balance entre naturalidad y ortodoxia, con una Bartoli que suena fluida y creíble, menos encorsetada por sí misma que en el disco. La versión musical recuperada para la ocasión es una nueva edición firmada por Mauricio Biondi y Riccardo Minasi, que hace pie en el original de Bellini en su estreno de la Scala de 1831, en una partitura editada por Ricordi unos meses después, ya en 1832. Es la versión que Bellini escribiese en su día precisamente para Giuditta Pasta, dueña de una voz que hoy probablemente clasificaríamos como de mezzo. Es cierto que en aquellos años la distinción entre las voces de soprano y mezzo no era tan marcada y que la misma Giuditta Pasta cantó Cenerentola y Norma, lo mismo que hace hoy en día Cecilia Bartoli.

   Así las cosas, la mayor virtud de la Norma de Cecilia Bartoli radica en el alto grado de justicia que consigue rendir a la partitura de Bellini. De modo que lejos de ser un capricho extravagante de una diva, su Norma es una meditado apuesta más cargada de afán musicológico que de egocentrismo. Bartoli consigue convencer así aproximándose al papel de Norma desde una óptica totalmente distinta de la que adoptase en su día Maria Callas, situando el papel en una esfera de la que nadie hasta hoy lo había sacado. Y por supuesto no estamos ante opciones incompatibles, sino todo lo contrario, anes dos caras de una moneda que se enriquece más si cabe con esta complementariedad de enfoques.

   Cuanto más medido, más intenso, pareciera ser el lema que porta a Bartoli hacia una encarnación que queda ya en los anales de esta partitura, resuelta con idéntica dosis de belcanto que de drama. En su Norma hay fervor y hay elegancia, y con una voz sorprendentemente en forma, Bartoli se pliega casi a placer a las exigencias del rol, capaz lo mismo de un cálido canto elegíaco, suspendida su voz en un vívido “Casta diva”, que de una fulgurante y precisa coloratura en muchas páginas cargadas de temperamento, como el “Oh, non tremare, o perfido”. Asimismo Bartoli sabe resolver con oficio e inteligencia los extremos de la partitura en los que podría quedar más expuesta, adornando la partitura sin excesivo rebozo. Conmueve francamente Bartoli, sin tópicos ni medias tintas, por la hondura con la que suplica a Orovoeso en la escena final. Habida cuenta de su interesante y lograda Norma, tan afortunada como en origen improbable, auguramos a Bartoli un éxito más que probable con su próxima encarnación de la Ifigenia de Gluck, también en esta edición del Festival de Salzburgo.

   Por su parte, completando el reparto, el tenor John Osborn presenta un Pollione de intachable ortodoxia, respetuoso al estilo, interesante en las variaciones y perfectamente plausible en el capítulo teatral. Con esta solvente actuación su consideración ha ganado no pocos enteros a nuestros oídos. Rebeca Olvera es una Adalgisa de medios quizá modestos pero cantada con un exquisito cuidado y medido detalle, partícipe sobre todo del concepto general que articula esta versión musical. En escena sabe mostrarse tierna e inocente en origen, pero evoluciona al compás de los acontecimientos con una muy plausible actuación. Con este Oroveso mostrado en Salzburgo el bajo Michele Pertusi vuelve afortunadamente por sus fueros, tras un Don Pasquale ciertamente desaliñado que le escuchamos este año en Valencia. En esta ocasión sonó digno y grave, muy bien acomodado asimismo a la producción de Leiser y Caurier. Completaban el reparto Liliana Nikiteanu como Clotilde y Reinaldo Macías como Flavio, sobradamente competentes en sus pequeñas intervenciones.

   El trabajo escénico de Moshe Leiser y Patrice Caurier es quizá el más aquilatado e inteligente que les recordamos. Sin vanas ambiciones, optan por trasladar con solvencia la trama a otro marco espacio-temporal, el del asedio de Francia por el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, paisaje en el que Norma y los suyos son pues combatientes de la resistencia francesa. Es un trabajo severo pero funcional, que centra toda su atención en la actuación de los solistas, bien perfilados sus roles, y subrayada su acción por pequeños detalles aquí o allá, y con una protagonista que es un acertado remedo de los personajes que encarnaban Anna Magnani y compañía en los filmes del neorrealismo italiano.

   En el foso Giovanni Antonini revoluciona la concepción más convencional de esta partitura que tenemos asentada en nuestros oídos, acudiendo no sólo a la sonoridad que confiere el uso de instrumentos originales, sino a un trabajo ciertamente inédito de tiempos, texturas y dinámicas. Discutible, si ustedes quieren, pero francamente atractivo, porque nos invita a escuchar multitud de detalles hasta la fecha desapercibidos, como inéditos. La suya es una Norma que mira más hacia el clasicismo y el barroco que una Norma de ropajes y formas decimonónicas. Y ese viraje, a estas alturas, es lo más parecido a un soplo de aire fresco para estas partituras. De esa versión musical, por cierto, se beneficia sobremanera Cecilia Bartoli, haciéndose oír sin problemas en la Haus für Mozart, un teatro de dimensiones reducidas, sí, un tanto íntimo, pero que en modo alguno es una coqueta y minúscula bombonera. Antonini se ponía en esta ocasión al frente de la Orquesta La Scintilla, que rindió a un nivel altísimo, lo mismo que el Coro de la Radiotelevisión Suiza.

Fotos: Hans Jörg Michel

Autor:Alejandro Martínez
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