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Crítica: «Don Giovanni», de Wolfgang Amadeus Mozart, en la Arena del Sole de Bologna

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17 de octubre de 2018

Un Don Giovanni jocoso

   Por Magda Ruggieri Marchetti
Bolongna. 13-X-2018. Teatro Arena del Sole. Don Giovanni (Mozart /da Ponte). Elaboración musical: Mario Tronco, Leandro Piccioni, Pino Pecorelli. Petra Magoni (Don Giovanni) Simona Boo (Donna Anna) Hersi Matmuja (Donna Elvira) Mama Marjas (Zerlina) Evandro Dos Reis (Don Ottavio) Omar Lopez Valle (Leporello) Houcine Ataa (Masetto). Orquesta de Piazza Vittorio. Dirección musical: Leandro Piccioni. Dirección artística y escénica: Mario Tronco y Andrea Renzi. Producción original Accademia Filarmonica Romana, Les nuits de Fourvière-Lione 2017.

   Mario Tronco y Agostino Ferrente han fundado la Orchestra di Piazza Vittorio en 2002 con músicos provenientes de diez países diferentes, obteniendo una fusión de culturas y sonoridades tradicionales y nuevas, valorizando así el barrio Esquilino de Roma donde la población italiana es minoritaria. Tras algunos arreglos musicales de importantes óperas como Il flauto magico y Carmen, la Orchestra di Piazza Vittorio vuelve a Mozart con Don Giovanni. La ópera elaborada por Mario Tronco y Leandro Piccioni se transforma en juego lúdico, pero respeta el espíritu del Don Giovanni porque reelabora solo lo accesorio jugando con los límites del eros en un espectáculo que divierte y seduce al público.

   El italiano del libreto es el hilo conductor, que emerge en las arias más célebres («Notte e giorno faticar», «Là ci darem la mano», «Batti, batti, o bel Masetto», etc.), aunque oiremos también otras lenguas como el portugués, el francés, el árabe, el napolitano, etc. La música mozartiana constituye la base, pero aquí la interpretación no corre a cargo de una orquesta tradicional sino de un reducido grupo de músicos que son también actores (Leandro Piccioni, piano; Pino Pecorelli, contrabajo; Davide Savarese, batería; Emanuele Bultrini, guitarras; Andrea Pesce, teclados) y ocasionalmente personajes, como Omar Lopez Valle que toca la trompeta y encarna a Leporello. Con sus instrumentistas la Orchestra di Piazza Vittorio quiere ofrecernos una versión alternativa de la música de Mozart, lúdica, jocosa, libre, pero respetuosa de su esencia, consciente de su maravillosa e insuperable originalidad creativa. Así algunas arias están interpretadas casi fidedignamente, para arreglarlas después con diferentes variaciones.

   El espectáculo comienza con el jazz y acto seguido Omar Lopez Valle canta «Notte e giorno a faticar» con una voz ronca que recuerda muy de cerca a Louis Armstrong, en especial cuando toca la trompeta. La lírica cede el puesto al rock, al pop, al reggae, al soul, a la disco music y a sonoridades afro-caribeñas, produciendo notas que suenan familiares porque están sapientemente amalgamadas. Ambientado en los años veinte, una gran pantalla redonda en lo alto resuelve los momentos más difíciles, como el asesinato del Comendador o la presencia de su espíritu vengador, por medio de un collage de piezas fluctuantes de identikit facial en blanco y negro, o las llamas del infierno que esperan a Don Giovanni, pero sin llegar a empañar el carácter jocoso de la obra.

   Petra Magoni es un Don Giovanni extraordinario, con una energía y una alegría vital inagotables. Cantante, música y soberbia actriz, su rostro y sus gestos reflejan la perenne necesidad de engañar, seducir y conquistar. Todo el elenco es también de gran altura: Hersi Matmuja, la única cantante lírica, es una Donna Elvira caracterizada en avanzado estado de gestación, pero siempre alegre y divertida, al igual que Mama Marjas, que con sus dotes de gran actriz y estupenda voz representa magníficamente a una Zerlina que sucumbe a las artes de Don Giovanni a pesar de su amor por Masetto (Houcine Ataa). Notable el dúo entre los novios. Simona Boo (Donna Anna) parece no poder superar el dolor por la muerte del padre, pero las tres mujeres no se rinden nunca a la tristeza, mostrando amar la libertad sobre todas las cosas como el propio Don Giovanni.

   Un espectáculo divertido y brillante que ha conseguido siempre el lleno de la sala, entusiasmando a un público que aplaude también durante la función y además al final palmotea rítmicamente junto a los cantantes y los músicos.

Fotografía: Paul Bourdrel.

Autor:Magda Ruggeri Marchetti
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