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Crítica: El conjunto femenino Egeria presenta sólidas credenciales en su debut en el FIAS 2020 de Cultura Comunidad de Madrid

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24 de noviembre de 2020

El conjunto madrileño debutó en el FIAS de la Comunidad de Madrid con un programa confeccionado para la ocasión, con el que alcanzaron un nivel interpretativo muy notable, demostrando además una inmensa capacidad de trabajo que refrendó una vez más que el éxito del ensemble se encuentra en el trabajo conjunto, más allá de las intervenciones solistas.

Mayoría de edad para Egeria

Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 12-XI-2020. Basílica Pontifica de San Miguel. FIAS 2020 [XXX Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid | Edición otoño]. Ad Loca Sancta. Obras de Magister Iohannes Legalis, Ato episcopus Trecensis, Magister Airardus Viziliacensis, Guillelmo patriarcha Iherosolimitano, Alfonso X «el Sabio», Peire Vidal, Ricardo Corazón de León, Teobaldo de Navarra, Marcabru y anónimos. Egeria: Lucía Martín-Maestro Verbo [soprano, percusión y dirección], Carmen Busquets, María Martín [sopranos], Clara Serrano [mezzosoprano], Fabiana Sans [contralto, percusión y codirección artística • Sara Águeda [arpa medieval], Calia Álvarez [viela].

Así pues, en nombre de Dios, pasado algún tiempo, como ya hacía tres años completos que había venido a Jerusalén, después de visitados todos los lugares santos a los cuales había venido para hacer oración, y con ánimo de regresar a la patria, quise también ir por voluntad de Dios a Mesopotamia de Siria a ver a los santos monjes.

Egeria: Itinerarium [s. IV].

   Hay fechas que marcan, en cierta forma la trayectoria de un grupo. Si bien cualquier concierto ha de ser igualmente importante a la hora de plasmar sobre el escenario el trabajo que un intérprete hace, hay ciertos hitos que suponen un antes y un después en la carrera de un artista o un ensemble. Considero, sin ninguna duda, que este concierto en el marco del FIAS 2020 [XXX Festival Internacional de Arte Sacro de la Comunidad de Madrid] –previsto como otro muchos para la primavera y reprogramado en esta edición especial de otoño– ha supuesto un punto de inflexión dentro de Egeria, el conjunto femenino español especializado en la polifonía del Medievo. Lo es por diversos motivos, como iré desgranando en las próximas líneas, pero sobre todo porque el FIAS se ha convertido –por méritos y muy justificados– en una de las citas más importantes del panorama español en el ámbito de la música temprana, alzándose como un auténtico muestrario de lo mejor que existe actualmente en el terreno de la interpretación histórica de repertorios pretéritos, además de una oportunidad casi única en nuestro país para conocer sobre el escenario a los jóvenes talentos y a los conjuntos emergentes que han iniciado su carrera en fechas recientes. Es más, diría que este FIAS le ha llegado al conjunto madrileño –actualmente sus dos codirectoras residen en París– en el momento justo: ni antes de lo merecido, ni después de lo esperado.

   En palabras del propio conjunto, este recorrido consiste en un itinerario en el que «tal y como la célebre viajera, partiremos de Gallecia al son del Códice Calixtino, con destino Tierra Santa, atravesando la Castilla, representada por el Códice de las Huelgas, y Catalonia encarnada en una Cantiga de Alfonso X 'el Sabio' hasta llegar al sur de Francia, donde cruzaremos Occitania acompañados por los más célebres trovadores. Llegaremos a Paris bajo el cobijo de las polifonías de Notre Dame y terminaremos por traspasar todo el continente europeo hasta Jerusalén, en un viaje que va más allá de la ‘travesía’ religiosa, pues implica asimismo un recorrido introspectivo a través de las diferentes emociones y dimensiones humanas, espiritual, ética, afectiva y socio-política, como reflejo idiosincrático del hombre medieval». Un total de seis bloques que transitaron por una época bajo una misma denominación, cierto, pero que incluye características y sones tan diversos como lo eran las maneras de entender la vida y las artes en varias de esas regiones. Comenzando por Gallecia, las cinco voces de Egeria se alzaron desde el coro situado a los pies de la Basílica de San Miguel, en una hermosa interpelación a la voz, con «Vox nostra resonet», un organum a 2 de Magister Iohannes Legalis (c. 1155), extraído del celebérrimo Codex Calixtinus. Muy precisa la entonación inicial, con un muy logrado empaste y una espléndida afinación en el unísono, contrastando de manera muy delicada con los pasajes polifónicos en los que destacaron los finales de frase exquisitamente pulidos. Es en momentos como este cuando se intuye claramente el tremendo trabajo que hay detrás de una actuación de esta importancia, que el conjunto afrontó como tal.

   Tres obras más del Calixtinus conformaron este bloque inicial, comenzando la segunda de ellas con unas intervenciones de las dos invitadas –de excepción, habría que señalar, a tenor del resultado– instrumentales de la velada: la arpista Sara Águeda, que tañó un modelo de arpa gótica copiada de un modelo alemán del siglo XV, y la violagambista Calia Álvarez, reconvertida aquí con espléndido éxito en intérprete de viela medieval. Es necesario destacar que la plantilla original para las instrumentistas se vio sensiblemente afectada por las circunstancias actuales, pues ni la vielista Daniela Maltrain ni la citolista María de Mingo pudieron estar presentes en este concierto, como se había anunciado. Mientras Águeda y Álvarez continuaban entonando sones en torno al conductus a 2 «Nostra phalanx», de Ato episcopus Trecensis (c. 1145), las cantoras de Egeria entraban procesionado por la nave central hasta llegar al altar para unirse a sus compañeras e interpretar juntas la obra, de nuevo con un trabajo en el unísono vocal, mientras viela y arpa elaboraban unas sutiles ornamentaciones. Añadido un tanto insustancial del pandero cuadrado, con una sonoridad poco presente, la plasmación polifónica vocal llegó de nuevo con una notable filigrana en el plano sonoro entre los bloques monódico y polifónico. De Magister Airardus Viziliacensis (c. 1150) se interpretó el conductus a 2 «Annua gaudia», en el que algunas voces tuvieron la oportunidad de presentar sus credenciales a solo, destacando Carmen Busquets, con una emisión controlada y una elección del vibrato bastante ajustada a la emisión deseable para este repertorio. Los cambios ritmo muy marcados entre las secciones de la obra llegaron delineados con notable pulcritud, fluyendo el discurso sonoro con gran naturalidad gracias a un aparente trabajo de profundidad llevado a cabo sobre la prosodia texto-musical. Concluyó el bloque con el himno monódico «Iocundetur et laetetur augmentum», de Guillelmo patriarcha Iherosolimitano (c. 1130), interpretado para la ocasión en una versión puramente instrumental, aunando dos panderos al arpa gótica y a la viela, amabas en una adopción fantástica del estilo –Águeda ha interpretado más y conoce mejor el repertorio, pero Álvarez se estrenaba en la interpretación de música medieval–. Gran trabajo rítmico, con un balance muy bien equilibrado entre sendas líneas melódicas.

   Para el siguiente bloque del itinerario, Castella, se contó con la presencia de otro de los códices más importantes de la Edad Media no solo en la Península Ibérico, sino en toda Europa: el Codex Las Huelgas, creado y auspiciado desde entonces en el Monasterio de Santa María Real de Las Huelgas, en Burgos. Se trata de un repertorio que este conjunto conoce muy bien y al que le han dedicado buena parte de sus esfuerzos en distintos programas a lo largo de sus tres años de existencia. Comenzó el bloque con dos obras puramente vocales: «O gloriosa Dei genitrix», conductus a 2, y el conductus a 3 «Mater, patris et filia, deparando dos de los momentos más impactantes y sonoramente apabullantes de la noche, merced a unas visiones muy ajustadas en afinación, con una lograda gestión de la respiración grupal, un nítido trabajo en el ámbito rítmico –pura filigrana medieval– y un balance general bastante interesante, aunque las voces agudas comenzaron con exceso de sonido, un desajuste que fue subsanado con presteza. Muy cuidada, por lo demás, la pronunciación del texto latino, incluso en los pasajes rítmicamente más marcados y complejos para la inteligibilidad textual. La prosa monódica «Æterni numinis mater et filia», interpretada aquí con bordones instrumentales añadidos, cerró el bloque y fue probablemente el bache más hondo que las componentes de Egeria hubieron de superar. Los numerosos momentos a solo mostraron de manera manifiesta que el éxito de este conjunto llega de forma más directa y poderosa en los pasajes a tutti que en los delegados a las voces a solo. Aquí, a pesar de que el discurso fluyó con cierta naturalidad y que la dicción estuvo notablemente cuidada, la irregularidad de los distintos solo hizo que en general la interpretación adoleciera de excesivos altibajos, primando los bajos sobre los altos. Únicamente la participación de Lucía Martín-Maestro ayudó a elevar a la excelencia los pasajes a solos –ojo a esta cantante, porque de continuar así le espera un gran futuro por delante en el campo de la interpretación vocal del repertorio medieval–. Interesante verla, además, dirigiendo con gestos bastante concisos y efectivos la polifonía en las dos primeras piezas.

   Catalonia estuvo representada por una sola pieza, la Cantiga de Santa María n.º 48, «Tanto son da gloriosa», de Alfonso X «el Sabio» (1221-1284), en una versión instrumental en la que la viela se alzó como protagonista, demostrando que a pesar de no ser una habitual en estos repertorios, la musicalidad y el buen criterio –tanto de una intérprete que se fía de su instinto como, a buen seguro, el de las líderes de Egeria al guiarla– en muchas ocasiones logran un mayor éxito que el conocimiento sin talento. Para plasmar el bloque Occitania se interpretaron cuatro composiciones, comenzado por uno de los trovadores provenzales más célebres, Peire Vidal (1150-1210), del que se interpretó «Pois tornarz», una pieza manuscrita conservada el R 71 sup. de la Biblioteca Ambrosiana de Milano. De nuevo, diversos solos para un repertorio muy interesante, en un claro contraste con lo escuchado hasta el momento. A pesar de que las integrantes de Egeria poseen una vocalidad bastante diversa entre sí, se agradece el evidente esfuerzo por intentar adaptarse lo mejor posible unas a otras en un repertorio como este. Muy interesante aquí el acompañamiento instrumental, tratado con enorme sutilidad y una flexibilidad siempre atenta a las voces. Los solos lograron evocar momentos realmente bellos, tanto en el aspecto expresivo como en el sonoro, con un resultado mucho más convincente que en la última obra del bloque dedicado a Castella. «Ja nus hons pris» [Chansonnier Cangé], del rey poeta y músico Richard I «Corazón de León» (1157-1199) comenzó con un solo interesante a cargo de Fabiana Sans Arcílagos, con un registro medio-grave en el que se pudo desenvolver con fluidez y firmeza, acompañada por un contrapunto muy efectivo a cargo de María Martín, que además ofreció un solo momentos después de cierto empaque. A esto hay que añadir un acompañamiento instrumental muy inteligente, imaginativo, pero sin excesos, a cargo de Águeda y Álvarez; por su parte, Martín-Maestro realizó un acompañamiento levemente desajustado rítmicamente al pandero. Por su parte, Teobaldo de Navarra (1201-1253) y su obra «J’aloie l’autrier errant» [Chansonnier Clairambault] dieron la oportunidad a los espectadores de presenciar una breve escenificación de la historia narrada en la pieza, que presenta dos personajes protagonistas, cuya historia es cantada también por un narrador. Efectiva puesta en escena a través de un leve atrezzo para caracterizar al rey y a la doncella, además de una convincente vocalidad y presencia escénica tanto en Carmen Busquets como en Clara Serrano, cuidando la dicción del francés medieval con pulcritud. Fantástica, asimismo la presencia de Martín-Maestro como una narradora de bello timbre, límpida emisión y afinación exquisita. Gran acompañamiento, con un trabajo muy pulcro rítmicamente en el arpa y un pandero mucho más efectivo y ajustado, interpretado aquí por Sans Arcílagos. Concluyó el bloque con el anónimo «On doit la mere Dieu honorer», del Chansonnier Clairambault, que destacó de nuevo como éxito grupal sobre lo solístico, con una mimada y diáfana dicción, en una versión bastante imaginativa que cerró un bloque poderoso.

   Con Paris el conjunto regresó a sus orígenes, a la esencia de Egeria: la polifonía del Ars Antiqua, representada aquí por dos composiciones anónimas del entorno de Notre Dame, comenzando por «Pange melos lacrimosum» [Pluteus 29, Biblioteca Medicea Laurenziana de Firenze], una plasmación polifónica muy pulcra desde el inicio, en la que los bloques vocales enfrentados se equilibraron con enorme solvencia; excelente afinación grupal, el discurso de la polifonía discurrió con gran fluidez a lo largo de toda la interpretación, acompañándose además de un arpa de gran delicadeza y una viela excelente en el acompañamiento al unísono de las líneas vocales. Antes de pasar al último de los bloques del programa se interpretó el conductus a 2 «Gaude felix Francia», atribuido a Perotin (fl. 1200), conservado en el manuscrito Latin 15139 de la Bibliothèque nationale de France. Se trata de una composición de gran complejidad contrapuntística y rítmica, que llegó aquí con una afinación muy ajustada, gran equilibrio de líneas, buen empaste en el trabajo por bloques de voces, importante sincronía en entradas y finales de frase, una elaboración muy fluida de los pasajes melismáticos y, sobre todo, una muy solvente labor en el aspecto rítmico, con un hoquetus –recurso rítmico consistente en la alternancia de una nota entre las voces de otras que callan, rellenando así los huecos y produciendo un efecto auditivo similar al hipo [la palabra latina hoquetus sirve para designar eso precisamente]– de poderoso impacto sonoro.

   Dum Hiret in Hierusalem, con este título se presentó el sexto y último bloque de la velada, de nuevo en claro contraste con el bloque previo –inteligente la propuesta de programa, es necesario señalar aquí, porque no siempre piezas tan distintas entre sí funcionan de manera tan orgánica como en este caso– conformado por cuatro composiciones de diversa índole. El anónimo «Iherusalem, Iherusalem», conservado en el manuscrito Pluteus 29 presenta una línea vocal de cierta complejidad, que fue resulta de forma modélica por Martín-Maestro, acompañada primera por una viela muy flexible y de muy sutil sonido, continuando la pieza con un esmerado equilibrio entre la voz y el arpa. La seguridad escénica dominó en este inicio del último bloque. Uno de los éxitos más notables del planteamiento en este programa fue hilar las piezas de forma que su continuidad y contraste ofrecieran al espectador emociones diversas. El también anónimo «Jerusalem mirabilis» [Latin 1139, BNF] logró un impacto sonoro y de carácter muy notable con la pieza precedente, de nuevo con un brillante pasaje a solo de Martín-Maestro, destacando especialmente un acompañamiento cuyo éxito radicó en un lúcido contraste entre la riqueza rítmica del arpa y la flexibilidad lineal de la viela. Los pasajes a tutti, igualmente exitosos, fueron reflejados con gran afinación y empaste entre las voces. «Pax in nomine Domini» [Français 844, BNF], del trovador gascón Marcabru (c.1130), y el anónimo «Chevalier, mult estes guariz» [Codex Amplonianus, 8.º 32] se encargaron de cerrar el concierto, brindando la oportunidad de escuchar una actuación de notable calidad en los solos a cargo de Busquets y Serrano en la primera obra, con un interesante aporte del conjunto al completo en las breves interpolaciones polifónicas. El tutti, con dos panderos incluidos, llegó servido en plenitud, gran éxito una vez más del trabajo conjunto, con un poderoso impacto y una seguridad escénica que fueron subiendo enteros a lo largo de la velada, hasta concluir en un empaque del que este conjunto podría sentirse orgulloso.

   Sin duda, las componentes de Egeria han demostrado que al triunfo no se accede con las individualidades, de mayor o menor nivel, sino por medio de un entendimiento grupal que realmente le llega al espectador de forma imponente. Una fecha importante para ellas, que debe suponer un punto de inflexión y darles un impulso fuerte para continuar con este buen trabajo, porque es sin duda el que les ha llevado donde están. No hay atajos, solo esfuerzo. Si lo siguen entendiendo de forma tan certera, estoy seguro de que tenemos Egeria para rato. Y será fantástico seguir comprobándolo…

Fotografías: Egeria.

Autor:Mario Guada
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