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[C]rítica: Maurice Steger y Tiento Nuovo ofrecen un recital centrado en Arcangelo Corelli en el ciclo «Silencios» de Cultura/Turismo Comunidad de Madrid

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27 de febrero de 2019

El descomunal intérprete suizo ofrece un Corelli excepcionalmente ornamentado y brillante, dejando de manifiesto que es el flautista de pico más dotado técnicamente de la actualidad, acompañado de un inspirado ensemble español, en gran sintonía con el solista.

Virtuosismo bien entendido

Por Mario Guada | @elcriticorn
Rascafría [Madrid]. 24-II-2018. Real Monasterio de Santa María de El Paular. Cultura/Turismo Comunidad de Madrid [Música en el Paular: Silencios]. Corelli! Obras de Arcangelo Corelli, Francesco Geminiani, Georg Friedrich Händel y Antonio Caldara. Maurice Steger [flautas de pico] • Tiento Nuovo | Ignacio Prego.

Querido Sajón, esta música está en estilo francés, que no entiendo.

Arcangelo Corelli a Georg Friedrich Händel [¿Roma?, 1707].

   Sin ninguna duda, una de las figuras musicales más influyentes en todo el Barroco, pero también en la historia, es la de Arcangelo Corelli (1653-1713). A pesar de legar a la posteridad únicamente seis opus –con un total de 72 piezas–, amén de algunas obras sueltas, varias de atribución dudosa, es uno de los compositores que mayor impacto tuvieron en el desarrollo estético de su época. Puede decirse que la gran parte de compositores italianos –pero no solo– posteriores adoptaron el lenguaje «corelliano» a la hora de trabajar los géneros para conjunto de cámara y orquestales. Pocas obras posteriormente han tenido tanto impacto como sus Opp. V y VI, ejemplos máximos y probablemente no igualados en al ámbito de la sonata instrumento solista y continuo, así como del concerto grosso respectivamente. Hombre de sereno y amable trato, la célebre –y supuesta– anécdota surgida con Händel, que encabeza este texto, parece describir con notable exactitud esa calma que imperaba en su carácter. Precisamente el autor de Fusignano fue el protagonista de esta maravillosa velada flautística, a través de un programa que, bajo el título de Corelli!, el solista suizo Maurice Steger y Tiento Nuovo ofrecieron en el ciclo Silencios que Cultura/Turismo Comunidad de Madrid está ofreciendo mes tras mes a un público que acude de forma masiva a cada una de las citas.

   Una buena muestra de la inmensa influencia del Op. V de Corelli –una serie de 12 sonatas para violín y continuo– se presentó aquí en una curiosa mixtura entre la orquestación que el también italiano Francesco Geminiani (1687-1762) llevó a cabo en los años 1716 y 1729, cuando arregló en el género del concerto grosso estas 12 sonatas de Corelli. La música reelaborada por Geminiani se puede dividir en tres categorías: I. transcripciones de sus propias composiciones para varios instrumentos; II. elaboraciones sobre la música de otros compositores; y III. obras «recientemente reimpresas y cuidadosamente corregidas». A su segunda categoría corresponden precisamente los arreglos llevados a cabo sobre el Op. V, pero también sobre los Opp. I y III «corellianos». Como hace notar el musicólogo Enrico Careri, al comparar estas reelaboraciones con sus respectivos originales, encontramos una característica común: con pocas excepciones, Geminiani tiende hacia la simplificación de su propia música, para hacerla más fácil de tocar, lo que no quiere decir que las composiciones originales estén empobrecidas, sino que la simplificación es a menudo un medio por el cual Geminiani buscó modernizar su música. El trabajo de la transcripción responde a un propósito esencialmente práctico, así como al deseo de mantener viva la música que, de otro modo, quizá habría sido considerada pasada de moda –evidentemente, en el caso de Corelli esto no estaba sucediendo–. Los motivos de Geminiani para rehacer piezas a menudo se superponen: existía el deseo de mejorar la composición original –sería discutible para este caso concreto–, actualizarla para el gusto moderno, ilustrar sus propios principios teóricos, hacer que la música resultara agradable para un público más amplio, mantener viva su reputación y, por supuesto, ganar dinero. Aunque el énfasis difiere de un caso a otro, todos los factores están normalmente presentes en cierta medida en todas estas reelaboraciones, ya fueran de Corelli o no.

   Lo que realizaron para este concierto los integrantes del conjunto español Tiento Nuovo fue una simplificación de la orquestación de Geminiani, con el órgano positivo reduciendo en gran medida la parte del tutti, mientras el resto del conjunto se encargaba de las líneas del ripieno de los concerti grossi; a su vez, Steger se encargaba de reproducir la línea concebida por Corelli para el violín solo, utilizando para ello una serie de ornamentaciones prodigiosas debidas a Pietro Castrucci y conservadas  en el Ms. Anon Walsh [c. 1711, University of California]. ¿Es posible que el resultado de este experimento fuese convincente y razonable? A fe que así fue. Y en gran medida lo fue gracias a que Maurice Steger es un descomunal intérprete, un talento de esos que no suelen reproducirse en varias décadas. Su dominio del instrumento resulta tan apabullante, que uno no puede menos que descubrirse ante semejante destreza y derroche de virtuosismo, que sin duda hubo a raudales en este concierto, pero bien entendido, es decir, sin caer en la frivolidad ni una vacuidad sostenida únicamente por rellenar cada pasaje con el mayor número de notas posible. Dicho lo cual, resulta casi imposible asumir con naturalidad tal manantial de virtuosismo, y a veces tantas notas resultan hasta un poco delirantes, pero Steger logra ofrecerlas con tan insultante solvencia técnica, un poderío y cuidado sonido, así como una fluidez y teatralidad tan magnífica en cada línea, que por más notas que se derrochen el discurso siempre resulta agradable e inteligible. No hay actualmente nadie en el planeta capaz de ofrecer esa calidad superlativa en pasajes de una complejidad tal. Su corporalidad es, además, un ejemplo muy gráfico de la sonoridad que ofrece. No escucharán a nadie ofrecer esas increíbles notas agudas con limpieza y efectividad tales. Steger ofreció los conciertos n.os 8, 10 y 11, destacando no solo los increíbles movimientos rápidos –como las dos gavotas conclusivas de los conciertos 10 y 11–, sino que su capacidad para epatar en lo expresivo se antoja muy refinada también en los movimientos lentos [sirvan como ejemplos la Sarabanda del concierto n.º 8, el Preludio del n.º 11 o la Sarabande del n.º 10]. Un derroche tan fascinante como irrepetible, que sin duda convierte este recital en un hito en la historia de este ciclo Silencios, pero también en uno de los conciertos que marcaran, sin duda, la actividad musical de toda la Comunidad de Madrid esta temporada 2018/2019.

   Steger estuvo fantásticamente arropado por los miembros de Tiento Nuovo, en plantilla de uno por parte. Como siempre, magnífica la labor en los violines de Hiro Kurosaki –que ofreció una notable versión de la excepcionalmente hermosa Sonata para violín y continuo en La mayor, Op. I, n.º 10, de Georg Friedrich Händel (1685-1759)– y Daniel Pinteño. Ambos violinistas de enorme talento, tienen algo realmente más bueno si cabe que su calidad interpretativa y técnica, su enorme capacidad para entenderse y una manera de disfrutar cada pasaje que resulta admirable y envidiable. Todo ello tuvo su correspondiente traslación en las dos obras de Antonio Caldara (1670-1736) para dos violines y continuo, las sonatas n.os 4 y 12 del Op. II del autor italiano, entre las que destacó esa Ciaccona en Si bemol mayor de epatante belleza y de particular escritura –con magníficas modulaciones, pasajes cromáticos y un desarrollo del basso ostinato en el que las notas de paso ornamentan rítmicamente el habitual descenso en compás ternario–. Más discreta, aunque no por ello menos relevante, resultó la aportación de Alfonso Leal del Ojo a la viola, que cumplió con garantías la siempre complicada y a veces tan poco agradecida línea del alto, con un cuidado sonido, notable balance en el todo del conjunto y una magnífica afinación.

   El resto del conjunto estuvo conformado por los instrumentos encargados del continuo, comenzando por la cuerda grave conformada aquí por el violonchelo de Paz Alonso y el contrabajo del omnipresente Ismael Campanero. Ambos ofrecieron un continuo bien equilibrado, muy efectivo, bastante sobrio y con un importante aporte del color, especialmente en el caso de Campanero, en sus múltiples cambios del arco al pizzicato. Por su parte, Alberto Martínez e Ignacio Prego se encargaron del teclado, el primero con un imaginativo y luminoso continuo al órgano positivo –magnífica labor en la reducción del tutti para las obras de Corelli/Geminiani–, el segundo con su habitual capacidad técnica y un continuo sobrio e inteligente al clave. Además, a Prego, director artístico del ensemble, se le debe este feliz encuentro con Steger, dado que les une una relación profesional bastante estrecha en los últimos años. Gracias a ello, y a la confianza de Pepe Mompeán –desde la asesoría musical de la Comunidad y la dirección de este ciclo–, se pudo ofrecer a los asistentes una velada de esas que se mantienen en el recuerdo largo tiempo. Por increíble que parezca, este magnífico flautista apenas pisa suelo madrileño, así que vamos a atesorar este regalo como merece...

Fotografía: Alicia Pérez.

Autor:Mario Guada
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