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Crítica: Riccardo Muti dirige a la Orchestra Cherubini en el PalaDozza de Bolonia

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14 de octubre de 2020

Un evento rico en significados

Por Magda Ruggeri Marchetti
Bolonia. PalaDozza, 9-X-2020. Bologna Festival. Nocurno op.70 de Giuseppe Martucci. Serenatina da Intermezzi Goldoniani op.127 de Marco Enrico Bossi. Berceuse élégiaque op.42 de Ferruccio Busoni. Sinfonia n.9 de Antonin Dvořák. Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. Director: Riccardo Muti.

  Este concierto, que Bologna Festival ha incluído en su programación, ha adquirido un carácter de excepcionalidad no sólo por la presencia del maestro Muti tras cinco años de ausencia, sino porque también ha marcado el comienzo de la colaboración musical entre Ravenna Festival, Bologna Festival y la Fondazione del Teatro Comunale di Ferrara, unidas en un proyecto artístico común que se muestra particularmente fructífero. Ha querido ser además un homenaje a la memoria de Mario Messinis, director artístico del ente boloñés durante casi treinta años, recientemente desaparecido.

  El maestro italiano, conocido y apreciado en todo el mundo, ha dirigido la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, que él fundó en 2004 con el objetivo de dar a los jóvenes instrumentistas menores de treinta años la posibilidad de encontrar, tras un trienio de permanencia, una oportunidad en las mejores orquestas. La elección del nombre del compositor, nacido en Florencia en 1760, pero activo en ámbito europeo, muestra la fuerte identidad nacional del fundador y su propensión a una concepción europea de la música y de la cultura. Desde entonces la Orchestra Cherubini se ha afirmado con un repertorio cada vez más vasto, uniendo a la intensa actividad con el Maestro muchas otras colaboraciones prestigiosas también internacionales. El maestro Muti destaca tanto por las dotes musicales como por su compromiso civil de artista, lo que testimonian los numerosos conciertos del Ravenna Festival «Le vie dell’amicizia» celebrados en lugares históricamente significativos en Italia y en el extranjero. Por último, el objetivo primario de transmitir a los jóvenes su gran experiencia y la consciencia de la complejidad de la realización de una ópera, se ha realizado con éxito en 2015 con la pimera edición de la «Riccardo Muti Italien Opera Academy» para jóvenes directores de orquesta, maestros colaboradores y cantantes, que tuvo lugar en el Teatro Alighieri de Rávena.


   En la ocasión que nos ocupa, el programa escogido por Muti ha sido particularmente sugestivo por las referencias musicales e históricas: a la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák ha unido páginas de G. Martucci, M. E. Bossi y F. Busoni, compositores de la segunda mitad del siglo XIX que han tenido relación especial con Bolonia, de cuyo Conservatorio de Música fueron directores, y que Gustav Mahler escogió para el programa monográfico de su último concierto en Nueva York en 1911. Los asistentes han podido apreciar, gracias también al magnífico timbre de las cuerdas, la melancolía conmovedora y crepuscular del Notturno de G. Martucci, originalmente compuesta para piano y posteriormente orquestada. El minucioso trabajo de concertación de Muti subraya la tradición melódica italiana, iniciando con un dulcísimo adagio al que siguen las trompas con el punteo del arpa. Magnífico el asolo del clarinete. Ha seguido la brevísima Serenatina, V parte de los Intermezzi Goldoniani, de M. E. Bossi, compositor y organista. Antes de dar comienzo a la composición de F. Busoni, el maestro se ha dirigido al público para recordar al querido amigo y gran musicólogo Mario Messinis, rogando contener los aplausos para que la música se elevase hasta él. La Berceuse élégiaque, compuesta para la muerte de la madre en 1909, se caracteriza por los continuos movimientos pendulares de las cuerdas que parecen evocar los de la cuna. Los oscuros colores orquestales suscitan una impresión de dolorosa desolación. Se trata de una composición audaz en las armonías sin tonalidades perfectamente definidas.


   Finalmente, la batuta de Muti ha dirigido la Orchestra Cherubini en la Sinfonia del Nuevo Mundo que Dvořák presentó en 1893 en Nueva York, ya como Director de su National Conservatory of Music. Es ésta una obra surgida del encuentro de varias civilizaciones. El compositor bohemio tenía un gran interés por la música afroamericana, los spirituals, los cantos de las plantaciones y los de la comunidad amerindia y se había sentido atraído por la potencialidad de la escala pentatónica, pero mediatiza y filtra estas influencias con su sensibilidad europea en una composición de matriz clásica. La bellísima ejecución del maesto Muti ha valorizado la capacidad técnica e interpretativa individual de cada instrumentista, pero también la arrolladora energía orquestal de la sinfonía y el continuo contraste entre el vigor y el lirismo. Tras un adagio introductivo la orquesta se desencadena para pasar a continuación al bellísimo segundo movimiento, Largo, donde sobre el fondo de las cuerdas se eleva la melodía de los solistas que retorna en el tercero, Scherzo, alternada con una gran variedad rítmica. El magnífico final Allegro con fuoco, síntesis de la composición, con el magistral tratamiento de los metales nos regala una extraordinaria vitalidad musical.

  El público entusiamado y emocionado, ha aplaudido y vitoreado a la orquesta llamando al podio al director Muti, que se ha mostrado esquivo a los aplausos prefiriendo en cambio hablar afectuosamente de sus jóvenes músicos y deseando un creciente interés por la cultura musical.

Foto: Silvia Lelli

Autor:Magda Ruggeri Marchetti
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