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Crítica: Vittorio Ghielmi dirige a Tafelmusik Baroque Orchestra en un programa de Barroco francés

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11 de febrero de 2020

Soñando a Jupiter

Por Giuliana Dal Piaz
Toronto. 06-II-2020. Trinity-St. Paul’s Centre. Dreaming Jupiter. Obras de Jean-Féry Rebel; Antoine Forqueray, dit Le Diable; Jean-Philippe Rameau; Jean-Baptiste Lully; Marin Marais, dit L’Ange; Vittorio Ghielmi. Tafelmusik Baroque Orchestra (8 violines, 4 violas, 2 chelos, 1 contrabajo, 2 flautas, 2 oboes, 1 fagot, 1 tímpanos/percusiones, 1 laúd, 1 clavecín). Director invitado y viola da gamba solista: Vittorio Ghielmi.

   Llegando a la sala, ojeo el programa del concierto: aparece tupido de piezas musicales (14 en la primera mitad y 8 en la segunda, sólo cinco compositores). Desde los primeros acordes noto, sin embargo, que procede fluido y armónico, sin pausas evidentes en ambas secciones, exceptuando el habitual intermedio de veinte minutos. Incertidumbre del público, que no sabe si aplaudir o no entre una pieza y otra, pues el único cambio que percibe es el pausado movimiento de Vittorio Ghielmi, que guarda la batuta y recoje delicadamente su viola da gamba, apoyada en el proscenio y tapada con una microfibra (para que no sufra el frío, especifica el músico desde un principio, pues es una rígida noche de invierno en Toronto...).

   El concierto, escribe el oboista John Abberger en el programa, «quiere presentar el refinado mundo musical del barroco francés, a través del lente de la viola da gamba,  instrumento por excelencia de este estilo».

   La comprensión de lo que está acontenciendo realmente en escena alcanza al público poco a poco, porque pocos acostumbran leer el programa de sala de punta a cabo antes del concierto y, en este caso, la charla previa al evento no ha proporcionado elementos sobre su contenido, centrándose más bien en las características físicas y sonoras de la viola da gamba barroca.

   La mejor lectura del concierto está en cambio precisamente en las notas al programa, escritas por el mismo Ghielmi: «En el siglo XVII, en Francia, el compositor de origen italiano Jean-Baptiste Lully crea un novedoso teatro musical observando  entonación vocal y gestos de la más famosa actriz raciniana, Marie 'La Champmeslé'. Después de la muerte de Lully, sus dos principales discípulos, Marin Marais y Jean-Féry Rebel, así como otros músicos de la época, entre ellos el virtuoso de la viola da gamba Antoine Forqueray, crean la moda de obras instrumentales llamadas pièces de caractères, cortas piezas que aspiran a captar el gesto íntimo, el estado de ánimo o 'color' de una situación, de una persona o de un objeto. Dichas breves obras maestras musicales reflejan la representación pictórica de caracteres por artistas  franceses como Watteau, Oudry y Chardin. Alrededor de 1715, Rebel compone su revolucionaria Les Caractères de la danse, que se inspira en la pieza teatral Les Caractères de Theophraste del francés Jean de Bruyère, serie de retratos de varios personajes de la corte de Luis XIV. Creada en colaboración con la mejor bailarina de la época, Mademoiselle Françoise Prévost, la obra de Rebel se vuelve enormemente popular, y se la representa también en Londres bajo la batuta de Haendel, y en Dresda dirigida por Pisendel».

   «El objetivo de la obra es llevar el espectador a transitar, de manera inesperada e ininterrumpida, de un affetto (emoción) al otro como en un mosáico de fragmentos de danzas distintas. En el mismo período, Rebel publica otra composición revolucionaria, Les Éléments, que representa la summa del estilo propio de las pièces de caractères: describe en efecto los elementos naturales (tierra, aire, agua, fuego –a  cada uno de ellos destinando el uso de determinados instrumentos–) por medio de  efectos musicales especiales, en una suite que los va combinando de todas las formas posibles. Por su parte Marais, amigo de Rebel, define varias 'reglas' del estilo musical 'más perfecto y retóricamente controlado' para la viola da gamba […] Según Marais, cada nota tiene un color distinto, una distinta articulación y una distinta dinámica, el todo combinado en un flujo de emociones increíblemente rico –así como un actor del siglo XVII utilizaría, para interpretar a Racine, una coloración diferente para cada sílaba–. En este concierto, nosotros alternamos de manera teatral el rico lenguaje del repertorio para viola da gamba sola, con piezas orquestadas, que yo creo deban interpretarse con la misma riqueza expresiva». Y enfatiza que, «en la ópera y en la música instrumental francesa, aparece muy fuerte la idea de unión total de las artes».

   He aquí, entonces, explicada la continuidad de las piezas presentadas, pinceladas de un fresco que se va delineando, creando una atmósfera, una emoción, la espera y la expectativa de los siguientes acordes, que hace olvidar al público buscar en el programa título o autor de la pieza, es más confundiendo la una con la otra, sólo captando la sucesión de motivos de danza y armonías, desde el pizzicato de las cuerdas al delicado canto sentimental de las flautas, al desbordar de la ola musical y al fragor de notas graves y percusiones, al canto solitario de la viola acompañado por el bajo contínuo del laúd y/o del clavecín, para concluir con el porte pomposo de Luis XIV en la última pieza por Forqueray –Jupiter, precisamente– cuyas notas utiliza Ghielmi como punto de partida para crear a su propio glorioso «Rey Sol da gamba», ejecutado aquí en estreno  mundial.

   El entusiasmado y largo aplauso final –que ha inducido a un breve propina– es definitivamente para el increíble Vittorio Ghielmi, pero lo es también para los extraordinarios concertistas de Tafelmusik Baroque Orchestra, que todos respondieron ampliamente a sus expectativas de interpretación «con gran riqueza expresiva» y que, a mi parecer, se han divertido muchísimo al hacerlo.

Fotografías: Dahlia Katz.

Autor:Giuliana Dal Piaz
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