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Crítica: Zenobia Consort y Quondam abren un nuevo ciclo dedicado a las misas de Tomás Luis de Victoria

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17 de abril de 2018

Inicio de este ciclo en el que Patrimonio Nacional y Zenobia Música se unen para promover la interpretación de las misas del abulense en Las Descalzas Reales, incluyendo aquí el debut del nuevo ensemble profesional de Zenobia.

Victoria vuelve a casa

   Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 14-VI-2018/15-IV-2018. Iglesia del Monasterio de las Descalzas Reales. Patrimonio Nacional. Ciclo Tomás Luis de Victoria en Las Descalzas. #18Victoria20. Música de Tomás Luis de Victoria. Zenobia Consort • Quondam | Rupert Damerell.

Si alguien buscara utilidad, nada es más útil que la música, que penetrando con suavidad en los corazones a través del mensaje de los oídos, parece servir de provecho, no sólo al alma sino también al cuerpo.

T.L. de Victoria: Cantica Beata Virginis, 1581.

   No vayamos a llevarnos a engaño. La situación en este país con el patrimonio musical es tan rematadamente lamentable, que todavía tenemos que solazarnos con pensar que a algunos autores concretos le estamos rindiendo el respeto que justamente merecen. La realidad, por mucho que nos pese, es bien distinta. Si pensamos –por alusiones con los dos conciertos que ocupan esta crítica– en Tomás Luis de Victoria (c. 1548-1611), con el que hay un consenso bastante amplio en considerarlo no solo el más trascedente de los polifonistas hispánicos del Renacimiento, sino también en uno de los grandes compositores españoles de la historia –para muchos a la cabeza–, la cosa no resulta especialmente halagüeña.

   Ahora detengámonos en el estado de la cuestión en relación al abulensis. En pleno 2018 no existe, por increíble que parezca, una grabación de sus obras completas. Si bien es cierto que, entre los británicos, algunos conjuntos españoles y otras formaciones mundiales, se ha llegado a grabar buena parte de su catálogo completo, no existe una visión unificada o un proyecto de grabación único –que podría haber contado, por supuesto, con diversos ensembles especializados– auspiciado por las instituciones públicas de un país que denuesta su patrimonio musical como si de algo menor se tratase. Únicamente el Ensemble Plus Ultra –conjunto que continuará, los días 21 y 22 de abril con este proyecto que aquí se comenta–, y Michael Noone, bajo el abrigo de la Fundación Caja Madrid –antes de su desaparición– y Archiv Produktion, llevaron a cabo un proyecto ambicioso con la grabación de diez discos en los que se albergó aproximadamente una quinta parte de la producción total de Victoria, dedicada especialmente a la producción del abulensis en la capital madrileña. Pensemos ahora en las ediciones de su música. Otro tanto de los mismo. Lejos quedan loables aportaciones –pero en muchos aspectos superadas– labor de Felipe Pedrell, Samuel Rubio Calzón e Higinio Anglés en aquellas ediciones con la mayor parte de las obras conocidas de Victoria. Algunas atribuciones dudosas y ediciones más prácticas después, todavía no se dispone actualmente de un gran proyecto editorial dedicado al genial Victoria. Es necesario mencionar –y alabar– la labor llevada a cabo –de forma absolutamente libre y sin ayudas de ningún tipo– de Nancho Álvarez, que en su página dedicada a Victoria ha logrado editar de forma íntegra la música del autor abulense, así como gran parte de la obra de otros de los grandes polifonistas del momento: Francisco Guerrero, Cristóbal de Morales y Juan Vásquez, que son accesibles de forma gratuita en PDF. Por su parte, el Centro de Estudios Tomás Luis de Victoria, de Ávila, ha comenzado la realización –lenta, pero segura– de la Nueva Edición Victoria, que pretende poner en pleno siglo XXI este impresionante legado musical de la mejor forma posible, que será accesible también de forma gratuita.

   Dicho lo cual, no se entiende como en pleno 2018 no se había concebido aún un ciclo que llevara la música de Tomás Luis de Victoria a la que fue su casa en Madrid, nada menos que desde 1585 hasta 1611, ocupando el cargo de capellán de la emperatriz María de Austria, y por tanto sin obligaciones específicamente musicales, sino más bien de ayuda personal de la emperatriz, aunque por lo que se sabe, Victoria rápidamente comenzó a ejercer en el cargo de maestro de capilla de la institución de forma oficiosa. También ocuparía después el de organista de la misma. Por tanto, no hay otro lugar más idóneo en Madrid para interpretar la música de Victoria que este Monasterio de Las Descalzas Reales. Es necesario, pues, alegrarse de la colaboración entre Patrimonio Nacional y Zenobia Música, quienes se han unido para concebir este Ciclo Tomás Luis de Victoria en Las Descalzas Reales, y más concretamente el proyecto #18Victoria20, que pretende llevar a este lugar la integral de las misas del abulense, interpretadas por diversos conjuntos nacionales y extranjeros. Este ha de ser, sin duda, el primer punto a valorar en este ciclo que dio comienzo con la presencia del propio proyecto coral Zenobia Música, que dirige Rupert Damerell, un excepcional músico que lleva varios años afincado en España, extrapolando el modelo coral británico, que tan bien conoce y en el que se formó, al día a día español.

   El concierto inaugural estuvo protagonizado por el Zenobia Consort, la agrupación amateur y más amplia de las que tres que actualmente componen este proyecto coral madrileño. Se interpretaron en él dos de sus misas policorales a 8: Alma redemptoris mater y Ave Regina coelorum, precedidas por sus correspondientes motetes homónimos [a 8], que sirven además como modelos a las dos misas parodia. Las cuatro obras provienen de su edición Thomae Ludovici de Victoria Abulensis Sacrae Caesarae Maiestatis capellani missae, magnificat, motecta, psalmi, et alia quam plurima. Quae partim octonis, alia nonis, alia duodenis vocibus concinuntur. Permissu superiorum. Matriti, ex Typographia Regia. Anno M. DC. [Haec omnia sunt in hoc libro ad pulsandum in organis.] Son obras que se sumergen de lleno en el mundo policoralismo y que aúnan este aspecto singular en el Victoria previo al de estar basada sobre sus propias antífonas marianas –como bien destaca el especialista en Victoria, Alfonso de Vicente, en las notas de un cuidado programa de mano editado para la ocasión–. Si bien hay que alabar la ilusión y entrega de los aproximadamente treinta y cinco cantores, los estándares de calidad a los que debería aspirar un ciclo de estas características no son válidos para este caso. No es necesario reparar en la problemática de una interpretación cuyas carencias afectan notablemente a la música del abulense, por más que Damerell es un trabajador incansable y lograr extraer de los mimbres de estos cantores –de diez países diferentes y profesiones y edades absolutamente dispares– más de lo que sería esperable. Aún con todo, la elección de estas misas policorales es, dentro de la producción de Victoria, lo único que se adecúa –por cantidad de cantores y sonoridad– al orgánico que presenta esta agrupación.

   El concierto del domingo 15 sirvió para presentar la nueva agrupación profesional de Zenobia Música, que lleva por nombre Quondam [en otro tiempo] y que también dirige el propio Damerell. El ensemble vocal, que parece no va a presentar una plantilla estable, sino variable en relación al repertorio interpretado, presentó en su estreno una plantilla con ocho cantores, en la que figuraban varios de los habituales en otros muchos conjuntos de este tipo de lo que proliferan en el panorama español –de hecho, el 50% está conformado, sin ir más lejos, por miembros estables de otro conjunto vocal madrileño al que pude ver hace no muchas fechas–. En mi opinión, mal comienzo para una agrupación que debería aspirar a diferenciarse de lo ya existente, en esa cultura del intercambio permanente de intérpretes de uno a otro conjunto, lo que sin duda resta personalidad y riqueza a los diversos ensembles. No obstante, y como los conciertos hay que evaluarlos por su propio resultado, vamos a ello.

   Primeramente, hay que destacar la belleza del programa, con la Missa Pro defunctis a 4 –sí, ese otro Requiem de Victoria que nunca se interpreta– como pieza central, que fue preludiada por una serie de piezas de corte luctuoso, que se encuentran entre las más bellas del momento: Versa est in luctum a 4, de Francisco de Peñalosa (1470-1528), Parce mihi a 4, de Cristóbal de Morales (1500-1553) y Absolve, Domine a 4, de Juan Vásquez (c. 1500-c. 1560). La Missa Pro defunctis a 4 forma parte de su publicación Thomae Ludovici a Victoria Abulensis. Missarum libri duo quae partim quaternis, partim quinis, partim senis concinuntur vocibus. Ad Philipum Secundum Hispaniarum Regem Catholicum. Romae. Ex Typographia Dominici Basae. M D LXXXIII, en la que aparecen otras ocho misas, que se encuentran entre la más brillantes del abulense. Este Requiem, ensombrecido por la genialidad y fama del compuesto a 6, es una obra absolutamente magistral, en la que encontramos a un Victoria menos suntuoso que el del día anterior, pero también que el de su Requiem a 6, aunque igualmente reconocible. Estructuralmente cumple con las formalidades litúrgicas de un Requiem, incluyendo el Libera me, la oración solemne de tipo luctuoso que sigue a la misa, y que en la edición de 1592 añade también los dos responsorios Peccantem me quotidie y Credo quod Redemptor, que fueron aquí interpretados –junto al responsorio In manus tuas a 5, una de sus obras no publicadas y que apenas se interpreta– antes del inicio del propio Requiem. En todos los movimientos se encuentran los incipit de canto llano, y en todos menos en los dos últimos el canto gregoriano adecuado para la misa de Requiem se parafrasea en la voz de cantus –en los dos responsorios el cantus firmus es suministrado por el tenor). Las líneas de Victoria están teñidas por inflexiones accidentales y una característica escritura claramente victoriana. Su notable uso de la semitonia subintelecta [alteraciones] logra crear una paleta armónica más rica en comparación con Palestrina o algunos de sus compatriotas, especialmente con ese Morales más arcaizante, homofónico y casi paralelo del Officium Defunctorum. Victoria evita la obscuridad de Morales o Vásquez en su música para los difuntos, incluso con una escritura menos sobria y solemne que la de su Requiem a 6.

   La interpretación brindada por los ocho cantores de Quondam, por más que la capacidad vocal y la belleza sonora en algunos pasajes fue interesante, rindió por debajo de lo esperado. Solo unos pocos destellos ante una lectura bastante plana, tosca en muchos aspectos: afinación netamente mejorable, acentuaciones en sílabas inadecuadas, balance entre las voces que no favoreció la inteligibilidad de las líneas, sonido excesivamente poderoso en varios pasajes, con los cantores casi más pendientes de lucir su línea que de mostrar un trabajo polifónico –que es–, por el contrario, lo fundamental en este tipo de obras. Da la sensación, entre muchos de los ensembles y cantores profesionales del panorama español actual especializados en este repertorio que se olvidan de lo que suponen la polifonía y el canto en conjunto, la concepción primigenia de este tipo de escritura en la que la unidad es absolutamente irrelevante fuera del conjunto. Por otro lado, algo tan esencial como la elección de los cantores –más aún cuando se va a interpretar a dos por parte– parece muchas veces no cuidarse con el mimo que requiere. No sirven para una cuerda dos cantantes, por muy buenos que estos sean, si no presentan unas cualidades vocales que se adapten bien entre sí, por ejemplo, o que posean timbres con los que poder dar brillo a una línea homogénea y buen pulimentada. De esto, lamentablemente, hubo mucho en concierto. Personalmente esperaba más de un director al que creo realmente capaz para acometer con una notable exigencia este repertorio. Por eso, no comprendo muchos de los detalles de una interpretación tan poco refinada y alejada del espíritu polifónico que reina en la obra de Victoria.

   Espero que logren virar el rumbo e instalarse en una vía de trabajo que se distinga de lo que ya hay en el panorama español, y que lamentablemente no aporta nada especialmente destacable en relación a lo mucho y muy bueno que existe fuera de nuestras fronteras. Esa sería una excelente noticia, igual que lo es que –al fin y con la friolera de 407 años de distancia– que la música de Victoria resuene, en la plenitud de sus misas, sin duda el género que menos se interpreta de su corpus, en la iglesia de la que fue su casa en los muchos años que las calles de Madrid le presenciaron. Veremos qué nos deparan los dos conciertos del británico Ensemble Plus Ultra el próximo fin de semana.

Fotografía: Patrimonio Nacional.

Autor:Mario Guada
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