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Crítica: Zubin Mehta dirige 'Turandot'de Puccini en el Palau de les Arts de Valencia

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17 de junio de 2014

  "Grandes ovaciones, especialmente para Mehta, que encierran además, un reconocimiento por su labor en Valencia y el agradecimiento de su público en lo que parece ser, desgraciadamente,  su inevitable despedida, así como el adiós a las calidades que se han disfrutado en Les Arts en estos años"

"HASTA AQUÍ LLEGÓ EL MAESTRO ZUBIN MEHTA"

Por Raúl Chamorro Mena

13-6-2014. Valencia, Palau de Les Arts Reina Sofía. Turandot (Giacomo Puccini). Lise Lindstrom (Turandot), Jorge de León (Calaf), Jessica Nuccio (Liù), Alexander Tsymbalyuk (Timur). Escolanía de la Marede de Déu dels Desamparats. Coro de la Generalitat Valenciana. Orquesta del Comunitat Valenciana. Director Musical: Zubin Mehta. Dirección de escena: Chen Kaige (reposición a cargo de Allex Aguilera).

   La VII edición del Festival del Mediterrani del Palau de Les Arts Reina Sofía de Valencia era especial, entre otras cosas, porque parece ser que será la última, así como la de la despedida de Zubin Mehta, que ha estado presente en el proyecto lírico valenciano desde sus comienzos.

   Las dificultades presupuestarias provocaron el descarte de alguna obra inicialmente prevista, dejando la oferta en la interpretación de una nueva producción de La forza del destino y la reposición de la producción de Turandot a cargo de Chen Kaige ya ofrecida en 2008. La fascinante ópera inconclusa de Giacomo Puccini ha sido un caballo de batalla en la carrera de Zubin Mehta que, además, atesora una de las grabaciones, datada en 1972, más justamente prestigiosas y valoradas de la obra.  En estos más de 40 años, la interpretación del director hindú sigue siendo de alto nivel, aunque distinta. Una labor mucho más analítica en la que la impecable construcción y organización de los muchos números de conjunto y corales, producto de su gran técnica de batuta, lograron unos memorables y espectaculares finales de acto segundo y tercero, si se quiere con un punto de exceso de aparato sonoro. Asimismo, innumerables fueron los detalles (pura filigrana el acompañamiento al sublime “Ho una casa nell Onan” que entona Ping en la escena de los ministros del acto segundo o el correspondiente a la gran escena de Liú en el acto tercero) , además de un sonido orquestal esplendoroso, suntuoso, pleno de refinamiento y transparencia tímbrica.  Cierto es que a veces ese desbrozamiento de la partitura desemboca en manierismos y caídas de tensión, con unos tempi excesivamente lentos. Por ejemplo el acompañamiento al aria del tenor “Non piangere Liù” o el de la escena de salida de la protagonista “In questa reggia” que careció de vibración y progresión dramática. Asimismo, en el primer acto faltó magia al sublime coro de invocación a la Luna y aunque, el concertante final de dicho acto estuvo fantásticamente construido,  se echaron en falta dosis de emoción y voltaje teatral. Magnífica la prestación del coro, de sonido amplio, pleno y caudaloso. Deslumbrante, una vez más, la de la orquesta, que quizás haya perdido algo de empaque en la cuerda, pero con unos metales impactantes.

   Como es bien sabido, Turandot es uno de los papeles más exigentes del repertorio. A pesar de que no aparece hasta bien entrado el acto segundo y pasada una hora de música, su escritura es terrible, angulosa, áspera, cortante, además de tener que enfrentarse a una gran masa de sonido coral y orquestal. La soprano nortemericana Lise Lindstrom, muy delgada y estilizada, creó un personaje vulnerable, muy humano y femenino. Vocalmente mostró un volumen justo, un registro grave inexistente y un centro falto de anchura, de cuerpo y de redondez. Su punto fuerte es un agudo espectacular, penetrante, squillantissimo, afilado, pletórico de punta y expansión. De manera insólita, se pudieron escuchar nítidos y campaneantes, el par de does agudos que debe emitir al final de la escena de los enigmas con la orquesta y coro en forte. Correción musical y compostura en el fraseo sellan una interesante interpretación en cualquier caso.  

   A diferencia de la mayoría de los papeles tenoriles provenientes de la pluma de los compositores de la Giovane Scuola, incluido Puccini, de escritura más bien central fruto del realismo, del naturalismo que preside esta corriente y que pretende asemejar lo más posible el canto al habla real, el papel de Calaf (il principe ignoto) cuenta con una escritura muy aguda, consecuencia del carácter fabulesco (y por tanto más cercano al mundo fantástico) de la ópera Turandot.  Jorge de León destaca, precisamente, por su registro alto y sobresalió en los momentos más extrovertidos y heroicos del Principe ignoto mediante un ímpetu genérico, pero de cierta eficacia y su timbre potente y varonil. Los momentos más poéticos y ensoñadores (por ejemplo, las fascinantes frases “Oh divina bellezza! Oh meraviglia! del acto primero) pasan sin pena ni gloria por mor de una línea de canto deslabazada, totalmente dislocada, con un legato paupérrimo, abuso de portamenti di sotto y un fraseo desaliñado, de notoria vulgaridad. Una suerte de sonidos temblones, apretados, retrasados y caídos de posición empañan su muy irregular emisión. En la franja aguda el sonido gana brillo y aunque ha perdido algo de punta, mantiene timbre, potencia, metal e impacto en sus pinyoles. En la archifamosa y bellísima aria “Nessun dorma” realizó una interpretación trivial donde las haya, pero culminada con un generoso “Vincerò” que provocó una gran ovación, ya que Mehta paró la orquesta realizando la coda habitual en las interpretaciones de este aria en recitales. Sorprendente por no decir frustrante, sin embargo, que un tenor que presume de agudos, no se fuera al do4 optativo en la frase del acto segundo “No, no, principessa altera ti voglio ardente d’amor!”.  

   De escaso relieve la Liù de Jessica Nuccio, un sopranino de escasa proyección y carne vocal, timbre blanco, casi infantil como su expresión, ñoña, aniñada, melindrosa . Su papel es un bombón y por ello resultó muy aplaudida como siempre ocurre. Estimable el Timur de Alexander Tsymbalyuk de timbre amplio y sonoro. Más bien discretos los comprimarios, empezando por el trío de Ministros, Germán Olvera como Ping, Valentino Buzza como Pang y Pablo García López como Pong y terminando por el escasamente audible Altoum de Javier Agulló.

   La producción de Chen Kaige con escenografía de Liu King presenta la China fantástico-legendaria que marca el libreto. Es grata ante nuestros ojos, aunque tampoco un prodigio de vistosidad, al igual que el vestuario, el que uno espera en esta ópera. Afortunamente, sin dramaturgias paralelas, ni Konzep, el público puede seguir la representación con tranquilidad, aunque no pueden soslayarse lo convencional del movimiento escénico, la pobreza de la dirección de actores y algunos momentos embarazosos, como el coro haciendo la ola mientras canta la invocación a la Luna, el emperador Altoum caracterizado como una especie de ebrio o la salida del escenario al final de la ópera de Turandot y Calaf correteando de la manita cual Meg Ryan y su galán en una de sus pasteleras comedias románticas.

   Grandes ovaciones, especialmente para Mehta, que encierran además, un reconocimiento por su labor en Valencia y el agradecimiento de su público en lo que parece ser, desgraciadamente,  su inevitable despedida, así como el adiós a las calidades que se han disfrutado en Les Arts en estos años.

Foto: Tato Baeza

Autor:Raúl Chamorro Mena
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