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CD: Alamire y David Skinner graban el 'Anne Boleyn's Songbook'

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1 de junio de 2016

El excepcional conjunto británico presenta un álbum que continúa en la mejor tradición de sus últimos trabajos discográficos, con un sonido simplemente espectacular que les sitúa como uno de los mejores ensembles vocales del panorama internacional.

MÚSICA DIGNA DE UNA REINA

  Por Mario Guada
Anne Boleyn’s Songbook. Music & Passions of a Tudor Queen. Música de Jean Mouton, Josquin des Prez, Loyset Compère, Antoine de Févin, Antoine Brumel, Claudin de Sermisy y anónimos. Clare Wilkinson • Jocob Heringman • Kirsty Whatley • Alamire | David Skinner. Obsidian Records, 2 CDs [CD715], 2015. T.T.: 94:29.

   Anne Boleyn es bien conocida por ser una de las reinas a las que el insigne Henry VIII dejó sin cabeza y sin dignidad alguna. La que fuera segunda esposa del monarca únicamente tuve tiempo de reinar entre 1533 y 1536, hasta que este la encarcelara en la Torre de Londres para ejecutarla posteriormente. Sin duda, Anne, tanto en vida como por el resultado de su ejecución, tuvo mucho que ver en la ruptura de la iglesia inglesa –desde aquel momento anglicana– con la Iglesia Católica.

   Este doble álbum, que aparece bajo el título sugerente de Anne Boleyn’s Songbook, no es otra cosa que la grabación de algunas de las piezas aparecidas en el precioso libro hoy custodiado en el Royal College of Music de London, bajo la signatura MS 1070. El nombre atribuido al libro proviene del argumento de que este libro estaba en posesión de la propia Bolena y era utilizado por ella con cierta asiduidad. Su procedencia está sometida, aún hoy, a debate: para algunos de procedencia británica y para otros francesa. Sea como fuere, el libro contiene un número importante de motetes latinos de algunos de los principales compositores franco-flamencos del Renacimiento. Así, aparecen obras de autores de la demostrada valía de Jean Mouton (c. 1459-1522), Antoine de Févin (c. 1470-1511/12), Antoine Brumel (c. 1460-1512/13), Loyset Compère (c. 1445-1518), además del que fue sin duda el gran maestro de maestros: Josquin des Prez (c. 1450/55-1521). Por lo demás, se han grabado la totalidad de las chansons que aparecen en el libro: Venes regrets, venes tous; Gentilz galans compaignons [anónimas] y Jouyssance vous donneray [Claudin de Sermisy (c. 1490-1562)].

   Lamentablemente, de los 39 motetes que contiene el libro, únicamente se han registrado aquí 15 de ellos. Dos de ellos ya fueron grabados en su anterior registro –del cual se dio cuenta en Codalario–, y de algunos de ellos, incompletos, se ha optado por no grabarlos. Sin duda, el doble cedé contiene lo más granado del libro y lo que mayor interés musical presenta, como los impresionantes: Stabat mater dolorosa, Liber generationis y Præter rerum seriem [des Prez]; los refinados Que est ista [Brumel], Paranymphus saluat virginem [Compère] o Tempus meum est ut revertar [Févin], o las pequeñas gemas Tota pulchra es [Mouton], Sicut lilium inter spinas [Brumel] y Fer pietatis open miserir mater [anónimo]. La música presentada es de una calidad fuera de toda duda, y no únicamente la de Josquin –que se da por supuesta–, sino la de autores quizá más desconocidos hoy para el gran público, pero en cuya época suponían a todas luces la máxima expresión de la polifonía sacra del Renacimiento.

   La calidad que atesora a Alamire a estas alturas ya ha dejado de sorprender. Recuerdo todavía con bastante frescura la aparición del conjunto allá por 2005, cuando David Skinner –desde entonces su director– fue apoyado por dos cantores de conjunto británicos de brillante carrera, como Robert Macdonald y Steven Harrold, para formar un conjunto vocal de primera línea mundial que redescubriera el patrimonio musical del Renacimiento europeo, con especial atención a aquella que guardara relación con las islas británicas. El impacto provocado con alguno de sus primeros cedés fue notable [Verdelot o Josquin], pero con la llegada de su integral de las Cantione Sacræ de Tallis y Byrd, y especialmente con su álbum dedicado a John Taverner, alcanzaron un lugar de privilegio entre el ya per se monumental panorama coral británico. A partir de entonces el nivel descomunal del conjunto se ha mantenido. Y es que Alamire y Skinner han sabido crear un sonido muy propio, tremendamente reconocible –lo cual no es tan fácil como parece–, pero sobre todo una cualidad expresiva que les pone a la cabeza de los conjuntos británicos, al menos en este sentido. El sonido conseguido aquí es el habitual, y sus cualidades interpretativas múltiples: un balance exquisito, una afinación que mira desde arriba y con suficiencia brutal a la pulcritud, una inteligibilidad de líneas fabulosa, una sincronía fuera de lo común. Todo ello conforma unas versiones de absoluta referencia, que consiguen que cualquier oyente termine por engancharse a aquellos que antes apenas podía haber escuchado en su vida. Y es que la plantilla que conforma, en esta y otras ocasiones el ensemble, es simplemente envidiable. Están aquí muchos de los cantores de conjuntos que todos desean tener en sus filas: Grace Davidson, Carris Jones, Clare Wilkinson, Nick Todd, Simon Wall, Steven Harrold, Gregory Skidmore, Timothy Scott Whiteley, William Gaunt o Robert Macdonald, por citar algunos.

  La dirección de Skinner es siempre refinada, sutil, dejando hacer a sus cantores de sobra experimentados, pero poniendo su más que notable conocimiento al servicio del grupo. Es uno de esos directores que quizá no hace falta al frente de un grupo de intérpretes de esta calidad, pero que sin embargo suma, y mucho, cuando los dirige. Un extraordinario ejemplo de perfecta combinación entre la musicología y la praxis interpretativa, pues su labor como investigador y especialista en la música del período acude siempre al servicio de sus interpretaciones, y el resultado es fantástico.

   Por su parte, las breves interpolaciones profanas, llevadas a cabo en la voz de la increíble Clare Wilkinson, sirven de complemento perfecto en la grabación. Su línea de canto se acopla como un guante a este repertorio, porque lo paladea, canta con pasión controlada y expresa de manera maravillosa gracias a una cuidada dicción. La acompañan de manera excelsa el laúd renacentista de Jacob Heringman y el arpa de Kirsty Whatley, ambos grandes conocedores de la música del período y del noble, complejo y nunca bien ponderado arte de acompañar. El punto final al álbum lo pone la ajena, pero muy adecuada para el caso, O Deathe rock me asleep, bella canción supuestamente compuesta por la propia Boleyn poco antes de ser ejecutada.

   El disco es absolutamente indispensable para cualquier apasionado de estos repertorios, pero diría que es realmente recomendable también para aquellos con una sensibilidad extrema hacia la música de calidad, aunque apenas se hayan acercado previamente a la música vocal del período. No pueden hacerlo de manera más excelsa que con grabaciones como esta, se lo garantizo.

Autor:Mario Guada
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