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CD: 'La Pazza', del contratenor Flavio Ferri-Benedetti

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12 de junio de 2015

El contratenor italo-español y su fiel compañero de aventuras, Il Profondo, presentan este maravilloso recital que sirve de elogio a la locura, uno de los estados humanos que más desarrollo ha generado en las artes y que aquí se presenta a través de hermosas piezas que cuentan con una gran interpretación.

BENDITA LOCURA

Por Mario Guada

La Pazza. Música de Sigismondo D’India, Giovanni Maria Trabaci, Barbara Strozzi, Francesca Caccini, Gioanpietro del Buono, Benedetto Ferrari, Claudio Monteverdi y anónimos. Flavio Ferri-Benedetti • Il Profondo. Resonando, 1 CD [RN-10001], 2014. T.T.: 61:29.

   Vista hoy en día como una enfermedad mental poliédrica, la locura –término con cientos de aristas– ha sido históricamente un fenómeno que ha apasionado a la humanidad, especialmente a aquellos que la ven desde fuera –se entiende que el loco no se sabe loco–. A lo largo de la historia han sido muchos los escritores, pintores, escultores y compositores que se han afanado en plasmar en sus diversas disciplinas su percepción sobre este estado de supuesta enajenación mental, algunas con gran realismo. En la música existen grandes momentos dedicados a la locura, desde grandes escenas de óperas hasta pequeñas piezas de menor pretensión pero igual destreza compositiva. Es por eso que, de mano, dedicarle un disco a la percepción que de la locura tenían los compositores del Barroco nos parece una fantástica idea. A priori la idea parece suponer un éxito en el resultado, lo que se asevera cuando uno escucha el presente registro discográfico.

   Se ha limitado considerablemente el ámbito y se muestra únicamente música de compositores italianos del siglo XVII, siendo las piezas anónimas previsiblemente de autores italianos, pues presentan dicho idioma así como un lenguaje compositivo de claro estilo italiano. Se trata de una elección absolutamente lógica, especialmente si tenemos en cuenta que los maestros del Seicento han sido quizá quienes más se han afanado en la historia de la música en describir los afectos humanos a través de la música. Uno de los clásicos a este respecto es la locura de amor, quizá la que más y mejor se ha visto representada por estos maestros. Y así es que en este álbum tiene un protagonismo a la altura de lo que supone en el desarrollo de la historia de la música occidental.

   Un recital que se construye en torno a algunas de las grandes figuras de la música italiana en el siglo XVII, como por ejemplo Barbara Strozzi [1619-1677], una de las más talentosas compositoras –y compositores– de su época, y quien sin duda ha legado a la posteridad algunas de las piezas más hermosas y dolientes de esa locura de amor. Aquí se graban L’Eraclito amoroso [Cantate, ariette e duetti Op. 2, 1651] y È pazzo il mio core [Arie a voce sola Op. 8, 1664], que muestran de manera maravillosa dicho sentimiento. Especialmente la primera supone uno de los momentos más intensos y bellos de su corpus compositivo. Otra compositora de gran importancia es Franceca Caccini [1587-1641], de quien se registra su impresionante Lasciatemi qui solo [Il primo libro delle musiche, 1618], todo un dechado de dolor, sufrimiento y desesperación contenida, puestos en música con gran acierto, consiguiendo describir de manera fascinante el desasosiego de quien canta.

   Tutto il dì piango [Le musiche, libro terzo a una e due voci, 1618] es una hermosa composición de Sigismondo D’India [c. 1582-c. 1629], otro de los que supo tratar de manera más cruda y pictórica las pasiones del alma. Aquí tenemos un buen ejemplo de ello, en la línea del lamento italiano del momento, con hermosos versos del gran Francesco Petrarca.

   Benedetto Ferrari [1603/1604-1681], sin duda uno de los mejores compositores del XVII italiano, es otro de los mayores expertos a la hora de plasmar ese dolor del corazón que sufre por el ser amado. Occhi miei [Musiche Varie, 1633] es un excelso ejemplo de ello, además de una maravillosa manera de comprobar cómo es capaz de desarrollar de manera tan fidedigna el sentir del ser humano a través de una «simple» línea vocal acompañado por el basso continuo, en la que los constantes cambios métricos, los cromatismos y la sprezzatura describen fielmente el sentir del protagonista.

   No podía faltar en una selección así el gran Claudio Monteverdi [1567-1643], el gran faro en la música italiana del XVII, de quien se graba aquí su impresionante Voglio di vita uscir [Scherzi musicali, 1632], construido sobre una hermosa ciaccona que supone un magnífico ejemplo de los contrarios barrocos, en este caso mostrar un mensaje poético terrible que contrasta con una desenfada y jovial escritura musical.

   Otros autores representados son Giovanni Maria Trabacci [1575-1647], luminaria en la composición de música instrumental del Seicento, de lo que dan buena muestra las dos composiciones que aquí se registran: Consonanze Stravaganti y Durezze e Ligature [Ricercate, Canzone Franzese… Libro primo, 1603], que suponen dos extraordinarios ejemplos de su conocimientos profundo de los nuevos recursos compositivos a través de los que muestran las más novedosas «extravagancias», especialmente en el terreno armónico, a través del uso de cromatismos, así como de las disonancias –durezze– y suspensiones armónicas –ligature–. Del ignoto Gioanpietro del Buono [?-c. 1657] se nos muestra Obligo di dui Zoppi, e dui Ciechi [Canoni, oblighi et sonate…, 1641], interesante obra que casi incita a la ensoñación y al transitar por mundos del subconsciente, con su escritura casi hipnótica.

   Se completa el álbum con varias piezas anónimas rescatadas de diversos manuscritos y colecciones. En el ámbito instrumental destacan las tres versiones de la Romanesca –fórmula melódico-armónica utilizada en los siglos XVI y XVII como un aria para cantar la poesía y como objeto de variaciones instrumentales, que se basaba genéricamente en una fórmula fija, aunque su esquema debe ser visto como un marco flexible, más que como una melodía fija, el cual proporcionó, aunque a menudo disfrazada por ornamentación elaborada, las bases melódicas y armónicas de innumerables composiciones etiquetadas como romanesca–, extraídas del Ms Chigi. En la parte vocal es especialmente acertada la grabación de las dos piezas restantes: S’io son pazzo [PN-Rés. Vm7. 59], toda una defensa de la locura con fantásticos versos de Stefano Vai, sobre la que se compone una música hilarante en lo rítmico y lo melódico, un ejemplo de composición estrófica de gran belleza; y La Pazzia [PEc ms 2890 inv. 206575], una desenfada y casi monumental pieza con fascinantes referencias en su texto y que supone quizá el mejor ejemplo de locura musical de todo el disco.

   Los artífices de tan exquisito recital son el contratenor italo-español Flavio Ferri-Benedetti, formado en la Schola Cantorum Basiliensis y con una fulgurante carrera actualmente. Diría que estamos, probablemente, ante su mejor registro como protagonista. Su línea de canto destila elegancia, el timbre es realmente hermoso, muy homogéneo y delicado. Su canto es fluido, incluso nos regala algunos momentos con su voz «natural» de barítono. El agudo está bien asentado, y se muestra muy preparado en el ámbito dramático, como es habitual en él. Ferri-Benedetti es un gran cantante, pero también un gran actor, capaz de meterse muy dentro de los personajes que encarna. Además, su dominio de los idiomas –no solo como cantante, sino como Doctor en Lenguas y Literaturas que es– hace que su acercamiento siempre tenga un plus de conocimiento y rigor, del que se aprende mucho. Es, por lo demás, un cantante realmente expresivo, muy dotado para la escena, tanto por su vis cómica, como por su faceta más trágica, de lo que da buenas muestras en este recital –de ambas–. Encarna en la actualidad, sin duda, uno de los mejores ejemplos del cantante completo, aquel que aúna todas las facetas más importantes para conseguir expresar con su voz y su presencia.

   Ferri-Benedetti ha encontrado en Il Profondo a sus grandes compañeros de viaje. Sin duda estamos ante una simbiosis fascinante. El conjunto fundado en Basel –aunque cuenta con instrumentistas de seis nacionalidades distintas– es todo un portento en el noble arte del «acompañamiento», y más cuando se trata de repertorio como este. Todavía quedan, afortunadamente, instrumentistas dispuestos a «plegarse» para acompañar a un cantante, y hacerlo además de manera tan exquisita y natural. Su musicalidad es admirable y su conocimiento del repertorio realmente profundo, por lo que el resultado no puede ser menos que fantástico. Además, en las piezas puramente instrumentales demuestran el feedback existente entre ellos, algo fundamental para lograr una interpretación que no se detenga únicamente en lo escrito. Cuando grupos como estos, formados por jóvenes que han estudiado juntos, que están acostumbrados a tocar entre sí, que han acompañado a tantos compañeros en exámenes en su carrera –este punto es fundamental–, se suben a un escenario o realizan una grabación, el resultado final es más que evidente. Es de ley nombrar a quienes realizan tan magna labor: Johannes Keller [clave], Amélie Chemin, Jonathan Pesek y Sophie Lamberbourg [viola da gamba], Federico Abraham [violone y contrabajo barroco], Daniele Caminiti [tiorba y archilaúd], Josías Rodríguez [archilaúd y guitarra barroca], Mirko Arnone [colascione y mandolina barroca] y Masaako Art [arpa].

   El álbum se presenta con un bello diseño –qué fantástica portada–, muy en la línea del contenido del mismo, a cargo de Donna Verheijden, además de con una toma de sonido brillante, firmada por dos expertos como Sigrid Lee y Roberto Meo. Nuestra enhorabuena al joven sello Resonando por plantearse la creación de discos en esta línea tan magnifica. La producción de los propios intérpretes redondea una grabación en la que se respira honestidad, perfeccionismo y satisfacción por el trabajo bien hecho, al menos desde fuera así se aprecia. Se trata, pues, de un disco fascinante. En él encontrarán de todo: pasión, naturalidad, alegría, llanto, finura, tersura… y locura, sobre todo locura, pero qué maravillosa.

Autor:Mario Guada
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