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CD: 'THE PHOENIX RISING'. STILE ANTICO. Por Mario Guada

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11 de diciembre de 2013
Foto: Harmonia Mundi
SALVE BRITANIA

The Phoenix Rising
. Stile Antico. Harmonia Mundi, 2013. TT. 74'34. Obras de William Byrd, Thomas Tallis, Thomas Morley, Orlando Gibbons, Robert White y John Taverner.

Stile Antico nos presentan un homenaje absolutamente deslumbrante de algunas de las piezas más destacadas de la era Tudor.

  Tengo que admitirlo: me fascina Stile Antico. He seguido su carrera desde el comienzo, cuando allá por 2007 saliese al mercado su primer disco, titulado Music for Compline, en el que se grababan algunas de las piezas más bellas del repertorio polifónico inglés del Renacimiento. Por aquel entonces, la frescura y calidad interpretativa de unas voces, cuya media de edad rondaba los 22-23 años, me dejó absolutamente fascinado y atónito. Alguien fue lo suficientemente inteligente en Harmonia Mundi -Production USA- para darse cuenta de que estábamos ante un grupo que supondría el futuro en este tipo de repertorio. Sus pronósticos se cumplieron. Han ido paso a paso, trabajando duro, y los éxitos cosechados han sido innumerables. Premios, conciertos por doquier, giras internacionales, alabanzas de público y crítica. Una carrera sólida en apenas siete años.

  El volumen de grabaciones es, además, intenso. Salen a disco por año. Este que presentamos aquí -octavo en su discografía- corresponde a este 2013. Un título sugerente y evocador, The Phoenix Rising, y un epígrafe, The Carnegie UK Trust & the revival of Tudor church music, absolutamente clarificador, que esconden algunas de las verdaderas joyas de la corona de la producción polifónica que en la Inglaterra del XVI nos legaran algunos de los más grandes maestros. Pongámonos, no obstante, en antecedentes. El Carnegie United Kingdom Trust es una sociedad de beneficencia que se creó con el fin de atender ciertas necesidades que la población de Gran Bretaña e Irlanda tenía en su momento. Cumple este 2013 el centenario de su fundación y toma el nombre de quien lo ideó, el escocés Andrew Carnegie, uno de los mayores filántropos de los siglos XIX y XX en Gran Bretaña. Pues hete aquí que dicha sociedad trabajó para la difusión de la polifonía inglesa de una manera absolutamente fundamental. Llevó a cabo la publicación de la Tudor Church Music [TCM], una colección en diez volúmenes -editada y publicada entre 1922 y 1929- que recogía algunas de las piezas más destacadas de la producción polifónica británica del XVI. Estos diez volúmenes se acompañaron de unas ediciones individuales, que recibían el nombre de octavo, y que pretendían ser utilizadas por los diversos y excelentes coro británicos para su interpretación. A pesar de algunos problemas en sus comienzos, estas ediciones supusieron un auténtico éxito, al menos si nos paramos a pensar en las apabullantes cifras: la edición del Ave verum corpus a 4 de William Byrd -publicada en 1922- había vendido 16.629 copias tan solo en 1930. De esta manera, esta TCM propulsada por el Carnegie UK Trust supuso un avance sin precedentes en la difusión de esta música, a la que debemos gran parte de la pasión que hoy día genera. Es comprensible, pues, que Stile Antico rindan un sentido homenaje a dicha edición y fundación, pues ellos mismos -como otras tantos grupos británicos- no tendrían sentido sin la existencia de ambas.
   La piedra angular sobre la que se construye todo el disco en la Mass for five voices, de William Byrd [c. 1540-1623], que es, sin duda, una de las grandes misas de todo el Renacimiento europeo. En ella, al igual que en sus otras dos misas -como destacan algunos autores- podemos encontrar un homenaje de Byrd a las misas de John Taverner, en este caso concreto a la célebre Missa Gloria tibi trinitas. Resulta maravillosa la forma tan pictórica en que el maestro inglés trata las palabras del texto y el delicado balance que consigue en el tratamiento de las cinco voces, un juego de contraste entre momentos de pocas líneas con otros pasajes de potencia sonora en las cinco partes; un verdadero guiño al estilo «arcaizante» anterior a la Reforma. Maravillosos algunos momentos especialmente, como la impresionante cadencia final sobre el amen del Credo o el Agnus Dei en su totalidad. También de Byrd es su Ave verum corpus a 4, uno de los motetes más destacados e interpretados hoy día de todo el XVI europeo. De una belleza desgarradora, sabe poner en música el dolor de la cristianos ante la muerte de Cristo y la veneración por su figura, pero prestando especial atención a la figura de este como hijo de la Virgen María -lo cual supone un problema en cuanto al tratamiento de la intercesión de esta en la figura de Cristo, una de las diferencias básicas entre el Anglicanismo y el Catolicismo. Fascinantes algunos de los acordes sobre palabras destacadas como ave, corpus, Virgine..., y la repetición desde el miserere hasta el final de la pieza, para destacar, más si cabe, la figura de la Virgen como madre de Dios -recordemos que Byrd era un recusante convencido del Anglicanismo, y que a pesar de la situación en la que se encontraba el país en lo religioso, supo mantener su credo y hacerse con la benevolencia de Elizabeth I gracias a su inmenso talento como compositor.

   Thomas Tallis [c. 1505-1585] -maestro del anterior- aparece representado en dos ocasiones. Primeramente con su impresionante Salvator mundi [I] a 5, una pieza en la que se observa su maestría en el manejo de la imitación y su talento para la creación de melodías absolutamente deslumbrantes. Le sigue In ieunio et fletu a 5 -al igual que la otra pieza, publicada en su Cantiones, quae ab argumento sacrae vocantur de 1575-, en la que se detiene más en el elemento armónico, destacando especialmente las líneas más graves, de sonoridad potente y expresiva.
   Orlando Gibbons [1583-1625] también está representado con sendas piezas, ambas completamente en inglés -únicos ejemplos del disco-, perfectos ejemplos del tratamiento del género Anthem en este país. Almighty and everlasting God a 4 y O clap your hands together a 8 -esta última es una de las piezas más célebres de su autor, destacando especialmente por el  carácter rítmico que subraya el texto jubiloso.
   Otro de los compositores representados por partida doble es Robert White [c. 1538-1574], uno de los que más se ha puesto en valor en los últimos años. Del mismo se registran aquí las lecturas de Portio mea a 5 y su Christe qui lux es et dies a 5 [IV], ambas de una belleza melódica prodigiosa, representantes del estilo más sosegado y menos «virtuoso» en la escritura. En la primera de ellas destaca el contraste entre los momentos plenos de sonidos con otros en el que participan únicamente dos o tres de las partes. En la segunda, las partes de polifonía se contraponen a algunas partes de los versos en canto llano, como era habitual para este tipo de textos dedicados a las «completas».

   Thomas Morley [1557-1602] nos trae una pieza realmente singular: Nolo mortem peccatoris a 4, que tiende un puente entre el género sacro y el profano, con dos versos introductorios en latín, a los que le siguen cinco en lengua vernácula -a la manera de Anthem-, que apareció, de hecho, en una fuente de música profana.
   El encargado de cerrar el disco es nada que John Taverner [c. 1490-1545], otro de los grandes maestros del XVI en Gran Bretaña. Su O splendor gloriæ a 5 es un ejemplo del gusto de este compositor por las antífonas votivas y las piezas de larga duración. Maravilloso el manejo de las texturas, consigue crear un auténtico entramado polifónico de intrincada majestuosidad que contrasta con momentos de vacío armónico aparente, en el que el desarrollo polifónico es casi puramente horizontal.

  Las versiones de las jóvenes voces de Stile Antico son, en todo punto, referenciales. El carácter está siempre enfocado a destacar el aspecto más expresivo, no únicamente técnico; y el color, equilibrio y afinación son irreprochables. La perfección se roza en prácticamente la totalidad del registro. La inteligibilidad de las líneas es asombrosamente meridiana. Lo que más sorprende de la visión de estos catorce cantores es lo cálido de las mismas. Mucho se ha achacado a los ensembles británicos lo alejados que están en ocasiones del aspecto expresivo en aras de la perfección técnica y estilística. En Stile Antico tenemos esa técnica apabullante, pero también un sentido de cercanía, de espiritualidad terrenal, que parecen ofrecernos la mano a su paso.
   Todas las líneas son impecables, dignas de alabanza y auténticos ejemplos para cualquiera que se dedique a esto. Lo de las hermanas Ashby -Helen y Kate- es de asustar en la línea de sopranos -impecable el sonido en el registro agudo y la facilidad en la línea de canto-, que se completa con la exquisita voz de Rebecca Hickey. Las altos -una de las peculiaridades de este conjunto es que no utiliza contratenores- son siempre deslumbrantes y poderosas, conformando una cuerda compacta y firme -a las «históricas» Emma Ashby y Eleanor Harries se une el fichaje de Katie Schofield. Los tenores, ejemplo del sonido británico para esta cuerda, destacan por su bello timbre y el gusto para acometer los registros más agudos; siendo los culpables: Jim Clements, Andrew Griffiths y Benedict Hymas. La sonoridad de los bajos es también particular en este conjunto; los bajos británicos pueden resultar a veces poco elegantes, demasiado directos y potentes en la emisión, sin embargo, Will Dawes, Timothy Murphy y Matthew O'Donovan son siempre elegantes, buscando una vocalidad amable pero siempre presente, que mantiene la estructura de todo el conjunto.

  Ya lo dije en su momento, Stile Antico no tienen actualmente nada que envidiar a cualquiera de los grandes grupos del mundo especializados en polifonía renacentista. Están entre los primeros, logrando siempre la excelencia. Son el futuro, pero también el presente. Tienen la enorme ventaja de haber permanecido unidos desde el principio, de componer una estructura sólida, firme, inquebrantable, en las que apenas ha habido algún cambio desde su fundación. Y eso se nota, vaya si se nota.
Se completa el disco con una bellísima presentación por parte del equipo de Harmonia Mundi, y unas interesantes, aunque escuetas, notas críticas, firmadas por Matthew O´Donovan, uno de los bajos del conjunto.
  Ya fue uno de los «ocho esenciales de la música antigua» que en su día recomendé para el anuario de Codalario, así que no se pierdan este disco. No escucharán un sonido tan hermoso interpretado por cantores tan jóvenes en ninguna otra parte, al menos de momento.
Autor:Mario Guada
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