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Crítica: Christoph Eschenbach dirige a la Orquesta Nacional de España

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25 de noviembre de 2019

La lupa del clasicismo

Por David Santana | @DSantanaHL
Madrid. Auditorio Nacional. 23-XI-2019. Ciclo Sinfónico de la OCNE. Sinfonía n.º 104 en re mayor, de Franz Joseph Haydn, y Sinfonía n.º 5 en re menor, Op. 47, de Dmitri Shostakovich. Orquesta Nacional de España. Christoph Eschenbach, director.

   El concierto de este fin de semana de la Orquesta Nacional de España [ONE] se compuso de dos sinfonías, una de Haydn y otra de Shostakovich. Un programa peculiar orientado hacia la importancia de la forma, imagino que mirando a un clasicismo que traicionó al director Chrisoph Eschenbach.

   Vayamos primero con Dmitri Shostakovich, pues fue esta parte la más interesante. La gran orquestación que el maestro soviético realiza en esta sinfonía es brillante. Los hermosos contrastes entre las partes de vals y las de corte castrense del segundo movimiento fueron bien llevados por un Eschenbach que estuvo bastante a la altura con esta gigantesca sinfonía con una apabullante cantidad de instrumentistas sobre el escenario. Sin embargo, destacaron más los músicos de nuestra orquesta nacional como solistas que como conjunto. Especialmente en el caso de las maderas y la trompa –magnífica en el cuarto movimiento– que tuvieron oportunidades de sobra para el lucimiento que no desaprovecharon. Sería imprudente por mi parte no destacar en el Largo el pianissimo  de los violines para acompañar el delicado solo de oboe en un alarde de proeza técnica con un efecto muy conseguido.

   En definitiva, si el concierto se hubiese limitado exclusivamente a Shostakovich, hubiera sido bastante bueno, pero la Sinfonía n.º 104 del maestro Franz Joseph Haydn reveló los defectos de los que acusaba nuestra orquesta y, sobre todo, el director.

   Es lo que tiene el Clasicismo que, como estilo cristalino en el que no sobra una nota, funciona como una lupa y, si algo está fuera de sitio, incluso una persona novel puede percatarse de que no va como es debido. En el caso del concierto ofrecido por la ONE el sábado la desestabilización fue absoluta. La particular y temblorosa forma de dirigir de Eschenbach fue terrible para la orquesta. Estoy de acuerdo en que un director no debe limitarse a marcar la relación entre pulsos fuertes y débiles, que eso lo debe sentir el músico por sí mismo si este es bueno, pero tampoco se puede omitir en la dirección esta relación entre las partes del compás, especialmente cuando se interpreta el estilo clásico ya que es de vital importancia para mantener la musicalidad, el sentido de las frases y. en definitiva la forma de la que nos hablaba el título de este concierto. Una dirección estricta se vuelve más necesaria cuando, además, la sección de cuerda era considerablemente más grande que la de las orquestas del periodo clásico. Compuesta por 12 violines primeros, 10 segundos, 8 violas, 6 cellos y 3 contrabajos sonó muy desajustada, especialmente en el segundo movimiento en el que la escritura es prácticamente para cuarteto de cuerda y como tal debe sonar. Tampoco hubo precisión en unos vientos faltos de motivación en los que sólo destacó el fagot solista Enrique Abargues que supo dar con precisión todas y cada una de sus notas con notable expresión y musicalidad.

   Como pueden ver, aunque Shostakovich permita ocultar algunos defectos, la lupa del Clasicismo los saca todos y pudimos comprobar que el binomio Eschenbach-ONE no termina por funcionar tal y como ya fue acusado en el concierto del mes pasado tanto por la crítica como por los propios músicos en una Segunda Sinfonía de Mahler poco memorable y que ratifica esta deslucida Sinfonía n.º 104 de Haydn.

Fotografía: Rafa Martín/OCNE.

Autor:David Santana
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