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Crítica: Andris Nelsons al frente de la Filarmónica de Berlín

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2 de mayo de 2015

CÓNCAVO Y CONVEXO

Por Alejandro Martínez

Berlín. 23/04/2015. Philharmonie. Gruber: Aerial. Mahler: Sinfonía no. 5. Hakan Hardenberger (trompetista). Filarmónica de Berlín. Dirección musical: Andris Nelsons.

   Con todos los compositores, pero singularmente con Mahler, se da una distinción bastante nítida entre las batutas que adoptan un enfoque cóncavo y otro convexo. Permítanme recurrir a esta terminología, ciertamente desusada en materia musical, pues atina a ilustrar perfectamente, creo, la distinción ente aquellos directores que buscan una comunicación cuya elocuencia resida en la contención y en la sugerencia (los cóncavos, diríamos), en contraposición con aquellos que prefieren apostar por la exuberancia y la grandilocuencia (los convexos, pues, en consonancia). Todo esto para dar a entender que el Mahler de Andris Nelsons nos pareció, en suma, más convexo que cóncavo, o sea, más extrovertido que introspectivo. No se trata tampoco en su caso de una espectacularidad grandilocuente y vacua. Es más bien cuestión de una vehemencia excesiva, de un calor y una efusividad, casi un rubor, un tanto desusados en Mahler. Y especialmente en una sinfonía como la Quinta, con esa estructura tripartita tan particular, donde conviene buscar un contraste más nítido entre caracteres, planos y pathos. En todo caso, en este panorama general huelga decir que también encontramos hallazgos, sobre todo porque el entendimiento entre Nelsons y la Filarmónica de Berlin es fecundo y elocuente. Pero hubiéramos preferido un Mahler más cansado y menos vitalista, más árido y menos brillante, aunque había una coherencia interna en la óptica sostenida por Nelsons. De éste, por cierto, nos irritó un tanto su gesticulación, más bien brusca y alborotada, demasiado enfática, reflejo de un hacer todavía algo confuso, pues pretende con su batuta comunicar demasiadas cosas al mismo tiempo y no es capaz de materializarlas todas con éxito y nitidez. Nelsons está llamado a convertirse en un grande y no en vano su momento ha donado en las quinielas para suceder a Rattle al frente de la Filarmonica de Berlín A nuestro entender, le falta todavía para ello la madurez que puede alcanzar con su titularidad en la Sinfónica de Boston.

   La primera parte del concierto venía protagonizada por Aerial, un concierto para trompeta y orquesta de HK Gruber. Estamos ante una obra desigual, de interés muy relativo, un tanto pretenciosa y que apenas se sostiene como una reto singular para el trompetista, en este caso Hakan Hardenberger, a quien de hecho está dedicada la obra, habiéndola estrenado en los Proms en 1999 bajo la batuta de Neeme Järvi. El solista tiene que vérselas con una escritura imposible, de gran virtuosismo, requiriendo para su ejecución hasta tres tipos de instrumentos (la trompeta clásica , la trompeta barroca y el llamado “cowhorn”, literalmente un cuerno de animal convertido en instrumento). Dividida en dos partes, el primer movimiento lleva el sobrenombre de “Done with the compas, done with the chart”, con un texto entresacado de unos versos de E. Dickinson en su poema Wild Nights, mientras que el segundo movimiento planea sobre un verso de Stefan George, “Ich fühle Lunt von anderem Planeten”.

Autor:Alejandro Martínez
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