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Crítica: Los Afectos Diversos y Oniria interpretan a Monteverdi y Schütz en el Arte Sacro

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23 de marzo de 2017

Interesante y muy notable concierto que aunó a dos de las agrupaciones historicistas españolas de mayor proyección en la actualidad, para celebrar el Día Europeo de la Música Antigua.

BENDITAS EFEMÉRIDES

   Por Mario Guada | @elcriticorn
Madrid. 21-III-2017 | 20:00. Real Parroquia de San Ginés. XXVII Festival Internacional de Arte Sacro. Entrada gratuita. Música de Claudio Monteverdi y Heinrich Schütz. Los Afectos Diversos • Oniria | Nacho Rodríguez.

   Si hay algo especialmente bueno que presenta la 27.ª edición del Festival Internacional de Arte Sacro [FIAS] es lo variopinto e interesante de su programación. Eso del para todos los públicos cobra todo su sentido en un festival como este, al menos desde el trabajo que en las dos últimas ediciones está llevando a cabo el equipo encabezado por Pepe Mompeán. Para muestra, otro botón, pues si tan solo un día antes del presente recital podíamos disfrutar de las magníficas Goldberg de Ignacio Prego, este martes 21 fue la música de dos de los grandes autores del siglo XVII la que acudió a San Ginés para conseguir levantar a un público entregado. Era un día especial, sobre todo porque se conjugaron muchas celebraciones en él: el Día Europeo de la Música Antigua –que conmemora además el nacimiento del gran Johann Sebastian Bach–, la continuación de las festividades por la efeméride Monteverdi 450, además de la conmemoración del 500.º aniversario de la Reforma. Todo ello en un mismo lugar y por intérpretes españoles. Lo nunca visto hasta hace muy pocos años.

   Acudían de la mano el conjunto vocal Los Afectos Diversos y el ensemble de ministriles Oniria, unidos para esta ocasión en un programa de exquisita calidad musical, confeccionado en torno a dos figuras fundamentales: Claudio Monteverdi (1567-1643) y Heinrich Schütz (1585-1672), absolutas luminarias del Barroco temprano en Italia y Alemania. Bajo el título de El arte de la Reforma: del Monteverdi católico al Schütz protestante, se dividió el programa en dos partes claramente diferenciadas, cada una de ellas dedicada en exclusiva a cada uno de los maestros. La primera parte estuvo conformada por una única obra, la Messa a 4 da capella del genio cremonés, pero no la misa que forma parte de su Selva morale e spirituale, sino una misa editada de forma póstuma y conservada gracias a la labor del editor Alessandro Vicenti, que en la Venezia de 1650 saca a la luz una colección de obras monteverdianas bajo el título de Messa a quattro voci et salmi. En la dedicatoria, del 11 de diciembre de 1649, el propio Vicenti justifica así las razones por la que llevó a cabo esta edición: Estos restos sacros de las obras del más excelente Monteverde, que no sin un milagro pude reunir piadosamente después de su muerte, son publicadas ahora por mí para satisfacer la devoción común. Se trata de una obra de sumo interés, precisamente porque apenas tiene presencia en los escenarios ni en registros discográficos. Muestra a un Monteverdi en la línea de su Messa a 4 de la Selva, esto es, en el llamado estilo palestriniano, en una escritura diáfana para cuatro voces y bajo continuo. Aun así, todavía queda el espacio para un tratamiento armónico muy audaz, con disonancias de gran refinamiento y pasajes con una escritura ya plenamente barroca que mira hacia el pasado. Una obra en el que el tratamiento temático resulta muy interesante, aunque menos evidente que en su misa primigenia.

   Para la segunda parte, un salto estilístico importante, además de geográfico. Con Heinrich Schütz llegó la brillantez –muy evidente también en Monteverdi, pero no en este Monteverdi–, pero también la contrición y el intimismo. Como así se explicó durante el concierto, en Schütz se pueden encontrar diversas facetas, y así se plasmó en el breve recorrido escogido por su obra. Por un lado el Schütz más luminoso, influido claramente por su etapa italiana de estudio y por el policoralismo veneciano imperante en el momento. Por otro el Schütz posterior a la Guerra de los Treinta Años, que cambia su manera de concebir el género del Concerto sacro [Geitsliche Konzerte], con obras a voces solistas y acompañamiento del continuo, de escritura adusta y más piadosa. Se escogieron para ello muestras de sus espectaculares Psalmen Davidis de 1619 –para ilustrar el Schütz más brillante y policoral–, y de sus colecciones de Kleine Geistliche Konzerte, de las de 1636 y 1639, para el Schütz del concierto sacro íntimo. Un total de siete obras que se fueron mostrando en alternancia, para poder contraponer claramente la doble faceta compositiva del genial compositor germano.

   Como es habitual en él, y más en dos compositores que son casi un fetiche en su carrera, la labor de Nacho Rodríguez resultó muy pulcra y de gran hondura en la concepción de su versión. Se puede estar más o menos de acuerdo con las lecturas planteadas, pero lo que no se puede discutir es el profundo trabajo previo realizado por el director del conjunto, ni tampoco por la entrega absoluta y el disfrute que evidencia cuando se pone al frente de sus conjuntos sobre el escenario. Como director de coro de voces, en el concepto más amplio y positivo del término, resulta en ocasiones demasiado proactivo, pero consigue que las líneas fluyan en un ir y venir bien planteado desde la base. Los Afectos Diversos presentó para la ocasión una plantilla formada por dos cantores por parte, entre los que destacaron especialmente la línea de altos formada por Flavio Ferri-Benedetti y Gabriel Díaz –una de las mejores líneas de altus que recuerdo en un conjunto español desde hace mucho– y la de sopranos, conformada por la espectacular Armelle Morvan y por Carmen Botella. El conjunto sonó en general equilibrado, con una línea de altos muy presente –lo cual siempre es de agradecer, por lo complejo de la misma para los contratenores en cuanto a registro–, así como unas sopranos muy afinadas y de hermosa línea. Tenores y bajos estuvieron más discretos, especialmente estos últimos, entre los que hubiera sido deseable encontrar registros graves más poderosos. Para las obras a solo se contó con la presencia del propio Rodríguez [Was hast du verwirket], Ferri-Benedetti [Bringt her den Herren] –que firmó la actuación a solo más brillante de la velada, mostrando su gran facilidad para el agudo y su expresividad–, y Morvan/Botella [Herr, Ich hoffe darauf]. Las obras policorales resultaron lo más impactante y  conseguido de la noche, especialmente en piezas como Wohl dem, der Herrn fürchtet a 8 en doble coro, un magnífico ejemplo de lo que es capaz de dar de sí este conjunto.

   Por supuesto, hay que mencionar el concurso de Oniria, otro de los conjuntos de ministriles que tanto predicamento están encontrando en España en los últimos años. Compuesto por cornetas y tres sacabuches –completando la familia con el alto, tenor y bajo–, se encargaron de doblar las voces en muchos de los casos –normalmente colocados junto a los cantores de la línea a doblar, cantando del mismo atril–, o incluso de interpretar uno de los coros o algunas líneas en las obras policorales de Schütz. Remarcable su labor, por lo compleja en algunos momentos, como en la Messa monteverdiana, igualando a las voces en el refinamiento, afinación y balance exigidos. Plantear una obra como esta con ministriles y dos voces por partes supone un riesgo enorme, pero en general el global de los conjuntos salió bien parado. Ambos conjuntos se encargaron de mostrar un Monteverdi muy fluido, con algunos momentos sin los vientos doblando, contrastante en carácter y un generoso trabajo de dinámicas. Quizá por la selección de la plantilla y por el carácter de la música, Schütz alcanzó una mayor adecuación en los conjuntos y sonó más natural. Hay que destacar, por último, el gran aporte de Laura Puerto al órgano positivo, siempre tan certera, segura y un inigualable complemento en la labor realizada por su compañero de aventuras en Los Afectos Diversos.

   En definitivas cuentas, hay que regocijarse por poder celebrar en Madrid el Día Europeo de la Música Antigua con un concierto de altura, en el que se ofrecieron lecturas de dos genios de la historia de la música occidental al nivel de algunos de los más notables conjuntos europeos del momento, lo que es –porque se viene de donde se viene y no hace mucho de eso– un logro mayúsculo. Afortunadamente estas uniones felices sirven para dar muestra de que España no es coto vetado entre las interpretaciones historicistas al Renacimiento el Barroco temprano. Otro acierto más para este FIAS 2017, que además otros podrán disfrutar próximamente en el marco del Festival de Música Antigua de Sevilla.

Fotografía: Pablo. F. Juárez.

Autor:Mario Guada
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