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Crítica: 'Falstaff', de Giuseppe Verdi, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla

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21 de febrero de 2018

Un cuarto de Falstaff (o el triunfo de Nannetta)

   Por José Amador Morales
Sevilla. 16-II-2018. Teatro de la Maestranza. Giuseppe Verdi: Falstaff. Kiril Manolov (Falstaff), Nicole Heaston (Alice), José Antonio López (Ford), Elena Zaremba (Quickly), Anna Tobella (Page), Natalia Labourdette (Nannetta), David Astorga (Fenton), Valeriano Lanchas (Pistola), Vicente Ombuena (Bardolfo) y José Manuel Montero (Dr. Cajus). Coro de la A.A. del Teatro de La Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, dirección musical. Marco Gandini, dirección escénica. Producción del Teatro del Giglio Showa.

   Anunciada en los medios locales como celebración del 125.º aniversario de su estreno, la ópera Falstaff de Giuseppe Verdi ha sido la propuesta como tercer título de la presente temporada del Teatro de la Maestranza, con unos resultados entre lo aceptable y lo discreto, según el punto de vista. Si pensamos en una ciudad con una tradición lírica no particularmente amplia y en el contexto de dar a conocer una obra que, pese a su indudable interés e importancia, no es muy habitual (algo relativo pues subió al escenario sevillano hace veintidós años con Simone Alaimo como protagonista), podemos admitir que el objetivo principal se ha alcanzado incluso con un razonable éxito. Pero si lo consideramos desde la óptica de un teatro que siempre pretende codearse con los centros líricos homólogos de Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, la cosa cambia y puede concluirse que los resultados no pasaron de lo mediocre.

   La producción japonesa dirigida por Marco Gandini tiene un eminente corte clásico y algo convencional, con un vestuario muy vistoso y de estética tradicional que asociamos a este título verdiano. Por otra parte, la eficaz dirección de actores permite seguir las peripecias de la comedia shakesperiana tan hábilmente diseñada por Boito y Verdi. Sin embargo, el espacio escénico se reduce a un 25% si consideramos que había un segundo telón constante a media altura y el resto se utiliza a su vez mitad sí y mitad no, abriéndose y cerrándose otro telón más pequeño indistintamente según el cuadro. Incluso al comienzo del último acto, la acción se desarrolla sobre un escenario venido a negro por completo. En definitiva, una escenografía a la que venía excesivamente grande el Teatro de la Maestranza.

   Desde luego Pedro Halffter ha demostrado en repetidas ocasiones que su batuta dista mucho del universo verdiano. La línea de canto, la imbricación voces-orquesta, el diseño estructural de sus óperas, la intensidad dramática, el pulso teatral... le son totalmente ajenos y en esta representación volvimos a comprobar carencias al respecto. Así pues, nos temíamos lo peor en un título como Falstaff que representa la idiosincrasia de lo que el propio Verdi denominaba la parola scenica y las decepcionantes lecturas del maestro madrileño en Rigoletto, Don Carlo, Aida y Otello no ayudaban a pensar lo contrario. Aquí sucedió un tanto como en sus tan celebrados Puccini, esto es, un sonido orquestal con cierto brillo y una interesante diversidad tímbrica de partida. El problema es idiomático, pues evidentemente Falstaff no es una obra de Puccini, y, además, esa relativa calidad tímbrica orquestal deviene monótona y superficial cuando comprobamos pasados los primeros instantes que en la misma no hay intenciones expresivas ni atención al concepto dramático que se desarrolla sobre el escenario. Hubo momentos de limpieza y de solvencia técnica, como los elaborados finales del primer y tercer acto (especialmente este último con el espectacular fugado “Tutto nel mondo è burla”) que, por el contrario, devinieron anecdóticos y hasta efectistas al poner de manifiesto borrosidades y la habitual desatención a las voces durante el resto de la obra, con frecuentes desajustes en este sentido.

   El reparto estuvo encabezado por Kirill Manolov que ha hecho del Sir John Falstaff uno de los caballos de batalla de su carrera, llegando a ser elegido por Riccardo Muti para el rol (recordemos su Falstaff ovetense de 2015 con el maestro napolitano en el foso del Teatro Campoamor). En el Maestranza ya era conocido después de su brusco Dulcamara de hace tres años (que realzó aún más la inolvidable Adina de Maria José Moreno) y esta vez dejó claro que este papel verdiano le cuadraba mejor, particularmente en lo que respecta a sus cualidades actorales y su comedido histrionismo, rematando un plausible retrato del orondo Falstaff. No obstante, la voz del búlgaro, si bien dotada de un importante volumen y proyección, es un tanto rígida y carece de maleabilidad suficiente para ofrecer el fraseo trabado, pleno de sutilezas, que requiere el personaje. En cualquier caso el público disfrutó con su actuación y llegó a ser el más aclamado al final de la representación, eso sí, tras… Nannetta. Ésta fue Natalia Labourdette, que en 2017 había ganado el Concurso de Nuevas Voces “Ciudad de Sevilla” y que aquí se metió al respetable en el bolsillo desde su primera aparición gracias a su canto comunicativo y a su musicalidad. El instrumento de la soprano madrileña posee una innegable homogeneidad en toda la tesitura, volumen y cierta anchura que le permite desplegar un fraseo lírico realmente interesante. Desde luego que tiene aún margen para dotar a su interpretación de más matices y contrastes, lo que en definitiva la convierte en una cantante a seguir.

   Por su parte, el esforzado ‘Ford’ de José Antonio López compensó su limitada técnica con una entrega y una labor actoral impecable y la ‘Alice’ de Nicole Heaston resultó excesivamente discreta, teniendo en cuenta el calado del personaje, seguramente debido a una voz en exceso ligera, impersonal y de cierta monotonía expresiva. Muy justo el ‘Fenton’ de David Astorga, de escaso volumen y agudos engolados. Hay que valorar en todo caso el gesto que tuvo con su ‘Nannetta’ cuando, en una de las tandas de saludos finales salieron por parejas, dio un paso atrás ante el aluvión de aclamaciones dirigidas hacia su compañera.

   Muy bien el resto de cantantes quienes cumplieron con solvencia, profesionalidad y, sobre todo, un evidente espíritu de trabajo coral como requiere esta obra, destacando sin duda Elena Zaremba y Anna Tobella en la pareja de amigas de ‘Alice’.

Fotografía: Teatro de la Maestranza.

Autor:José Amador Morales
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