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[C]rítica: The Toronto Consort ofrece las «Vísperas de Navidad» de Michael Praetorius

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17 de diciembre de 2018

Redescubrir las Vísperas Navideñas con Michael Praetorius

Por Giuliana Dal Piaz
Toronto. 14-XII-2018. Trinity-St. Paul’s Centre. Música de Michael Praetorius, Heinrich Schütz, Johann Michael Nicolai, Johann Walther. Dirección artística y musical: David Fallis. Orquesta: 14 instrumentistas, siendo 2 de ellos miembros fijos de The Toronto Consort, 7 de la Tafelmusik Baroque Orchestra, y 5 instrumentistas invitados. Toronto Chamber Choir [Lucas Harris]. Cantantes solistas: Sheila Dietrich, Emma Hannan, Katherine Hill, Teresa Mahon [sopranos];  Rebecca Claborn, Laura Pudwell [altos]; Cory Knight, Bud Roach, Kevin Stelton [tenores]; Matthew Li, John Pepper [bajos].

   Con su inagotable entusiasmo y su constante investigación histórico-filológica de la música antigua, David Fallis y Katherine Hill regalan al público de Toronto Consort con una velada navideña de gran belleza e insuperable calidad artística.

   Este fin de semana, presentan las Vísperas de Navidad por Michael Praetorius. En la acostumbrada charla que antecede al concierto, el Maestro Fallis explica las características principales de un ritual religioso luterano que, aún después de la Reforma, conservaba muchos elementos del homónimo ritual católico, con la constante inclusión del Magnificat mas añadiendo himnos o recitativos sacados del catequismo, que se impartía cada domingo a los jóvenes de la comunidad. Esta ejecución de las Vísperas es el resultado de una interpretación específica del Toronto Consort, puesto que Praetorius a menudo no indicaba cuáles instrumentos debían tocar la partitura.

   Praetorius vivió en los años entre los siglos XVI y XVII, en una Alemania y una Europa llena de turbolencias, tanto en campo religioso, con las progresivas divisiones de los Reformistas en distintas «sectas» protestantes, como en la música. Sobre todo en los años que vivió en Dresda, conoció y fue influenciado por las innovaciones que los compositores italianos aportaban a música y canto. Fue compositor prolífico y teórico musical muy importante, con una amplísima producción de obras. Sobre todo en el Magnificat alemán «Meine Seel erhebt den Herren» [Mi alma magnifica al Señor] –que Praetorius dividió en cuatro partes, separadas entre ellas por villancicos o himnos populares alemanes–, aparecen nuevas técnicas musicales respecto a las composiciones suyas antes de 1619: encontramos en efecto el uso del madrigal, la coloratura de las voces, la utilización de un amplio grupo de basso continuo, efectos de eco, refranes instrumentales elaborados, controcanto de voces e instrumentos que se combinan y vuelven a combinarse en variaciones aparentemente infinitas. Escuchar a las Vísperas de Praetorius nos lleva muy lejos de las Vísperas de Claudio Monteverdi o de Alessandro Grandi, no sólo porque las piezas se canten en la lengua del país en vez que en latín, sino también porque incluyen en la liturgia las tradiciones populares de la época. Entre el Padre Nuestro y el himno «Quem Pastores laudavere», un brevísimo interludio instrumental, la Sonata à 2 de Johann Michael Nicolai, es sólo para los alientos, un trombón barroco, corneto y fagot.

   Como era costumbre en la celebración de las Vísperas en tiempos de Praetorius, el público –la «congregación»– es invitado a participar en el concierto, cantando las estrofas marcadas con «Todos», tanto en el coral inicial, «Geborn ist Gottes Söhnelein» [Nació el pequeño hijo de Dios] como en el coral conclusivo, «In dulci Jubilo». Me ha sorprendido notar la gran cantidad de voces hermosas entre los asistentes...

   He aquí entonces que el programa reproduce, lógicamente sin intermedios, la que hubiera sido una celebración de las Vísperas Navideñas en el siglo XVII en una importante iglesia alemana: el coral inicial, el Salmo «Jauchzet dem Herren» [Adorad al Señor] –con música de Heinrich Schütz (1585-1672)–, un compendio cantado de los Diez Mandamientos, el Credo (del cual se excluye naturalmente la mención a la Iglesia católica...), el «Vater unser» [Padre nuestro], la Sonata à 2, el himno «Quem Pastores laudavere», breves acordes del Balet de las amazones, tres versículos del Antífona «Christum unsern Heiland» [Cristo nuestro Salvador], la primera parte del Magnificat, el villancico «Ein Kind geborn zu Bethlehem» [Un niño ha nacido en Belén], la segunda parte del Magnificat, el villancico «Freut euch ihr lieben Christen» [Exultad, queridos cristianos], la tercera parte del Magnificat, el villancico «Von Himmel hoch da komm ich her» [Del alto del cielo vengo a anunciaros], la última parte del Magnificat, la canción de cuna «Joseph Lieber» [Querido José], el agradecimiento y la plegaria final «Der Herr sei mit euch» [El Señor esté con vosotros] y la Coral conclusiva «In dulci jubilo».

   Todos los solistas son verdaderamente excelentes, 4 sopranos, 3 tenores, 2 altos y 2 bajos, que con sus voces dan vida a un espectáculo propiamente dicho en el marco del rito litúrgico, alternándose en la interpretación de los versículos, canto y contracanto armónicos y equilibrados. La primera estrofa de la canción de cuna «Joseph lieber, Joseph mein» es un tierno dueto entre la soprano Katherine Hill, María –hermosa voz cristalina y dulce–, y el óptimo tenor Kevin Skelton, José, a los que se suman después los demás solistas, mientras sigue el juego de voces escalonadas entre los dos grupos de cantantes.

   Con instrumentistas y solistas, participa en el concierto una parte del coro de cámara Toronto Chamber Choir –que cuenta en total con treintatres elementos–, preparada cuidadosa y profesionalmente por Elizabeth Anderson.

   Un concierto como éste, colma de gusto y alegría a creyentes y a no creyentes, pues la belleza no tiene color ni fe ni pertenencia.

Fotografía: Paul Orenstein.

Autor:Giuliana Dal Piaz
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