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CD: 'Les Mystères d'Isis', un Mozart sorprendente en Glossa

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11 de junio de 2016

Glossa rescata una interesante y peculiar obra que retoma la última ópera mozartiana y algunos fragmentos de otras de sus obras escénicas para crear una ópera de gran encanto y magnífica calidad.

MOZART DESPUÉS DE MOZART

  Por Mario Guada
Les Mystères d’Isis. Música de Wolfgang Amadeus Mozart. Chantal Santon-Jeffery, Marie Lenormand, Renata Pokupic, Sébastien Droy, Tassis Christoyannis, Jean Teitgen, Camille Poul, Jennifer Borghi, Élodie Méchain, Mathias Vidal, Marc Labonnette • Flemisj Radio Choir • Le Concert Spirituel | Diego Fasolis. Glossa, 2 CDs [GCD 921630], 2015. T.T.: 120:45.

   No, no se han vuelto locos. Tampoco conocen menos del corpus mozartiano de lo que creían. Ni siquiera es que en los últimos estudios hayan descubierto una ópera del genial autor austríaco que se desconocía. Les Mystères d’Isis, como se titula esta obra para la escena, no es otra cosa una revisión de algunos títulos operísticos, estos sí de autoría real y conocida del gran Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), de la que se encargó en su momento el compositor bohemio Ludwig Wenzel Lachnith (1746-1803). La obra, que adaptó el texto original de Die Zauberflöte, debe su texto en francés a Étienne Morel de Chedeville, y tuvo su estreno el 20 de agosto de 1803, en el Théâtre de la République et des Arts de la capital parisina.

   Como decimos, la obra es en gran parte una adaptación del último título operístico de Mozart, en el que se producen algunos cambios sutiles de acción y personajes. Así, Tamino pasa a ser Isménor; Papageno a Bochoris; la Reina de la noche, Myrrène; Sarastro pasa a Zarastro; Papegena se convierte en Mona; y Monostatos pasa a ser nombrado Le Gardien. La única que permanece intacta es Pamina. Para descubrir los cambios en la acción les insto a escuchar esta ópera, y por otro lado magnífica grabación. En cuanto a lo musical, Lachnith utiliza gran parte del material previo de Die Zauberflöte, aunque también toma algunos pasajes de otras de sus óperas: La Clemenza di Tito, Le Nozze di Figaro y Don Giovanni –desde luego no elige cualquier material, no–. Sin embargo, elimina alguno de los pasajes más célebres del original, como la descomunal y celebérrima segunda aria de la Reina de la Noche.  Los cambios de los originales a esta nueva versión son cuanto menos curiosos y estoy seguro de que harán las delicias de los aficionados mozartianos, que descubrirán que aquel sexteto pasa a ser un dúo, que aquel pasaje instrumental pasa a la obertura, o incluso que aquel fragmento del Adagio de la Sinfonía n.º 103, de un tal Haydn, sirve de antesala de cierto acto. Entre todo ello, algunos fragmentos anónimos que aportan un toque de color y novedad. En definitiva, todo un disfrute que va de sorpresa en sorpresa. Además, escuchar a Mozart en francés no de ja de tener su aquel.

   Como decimos, el resultado musical es curioso, desde luego, y aunque quizá no sea apto para los mozartianos de pro excesivamente ortodoxos, desde luego guarda momentos realmente sublimes. El trabajo de adaptación musical es bueno, digno de alguien con buen oficio. Y la adaptación del libreto es llevada a cabo por alguien que conocía bien las exigencias y los entresijos del teatro, pues ya había escrito con éxito otros libretos operísticos de notable nivel.

   El estreno de la ópera fue bastante exitoso. Mozart no era visto aún como esa figura intocable que es hoy, y por tanto debemos comprender que este tipo de adaptaciones también ayudaron notablemente a construir desde el inicio la fascinación que el público ha ido sintiendo hacia él. Los datos son relevantes: entre 1801 y 1810 la ópera se había puesto en escena la nada desdeñable cifra de 71 ocasiones. Posteriormente volvió a cartel en 1812, 1816, 1823, 1825 y 1827, para un total de 128 representaciones en la capital francesa.

   La versión que aquí se graba –diría que por primera vez– se debe a la feliz unión del sello escurialense-alemán Glossa, en coproducción con Palazzetto Bru Zane - Centre de musique romantique française –cuya estrecha colaboración ha brindado ya numerosas delicias–. La selección de los solistas resulta a todas luces soberbia. Chantal Santon-Jeffery, una de las mejores actuales de la lírica gala, es una luminosa y expresiva Pamina; Renata Popukic encarna una Myrrène siempre compleja, con extraordinaria solvencia; Sébastian Droy es un elegante y contenido Isménor; mientras, la impactante línea de canto de Tassis Christoyannis nos acerca una fabuloso Bochoris; aunque casi más expresivo y poderoso en los graves resulta el Zarastro de Jean Teitgen. Entre los papeles menores destaca el siempre solvente y en alza haute-contre Mathias Vidal.

   El apartado orquestal está encargado aquí a la magnífica agrupación francesa, con criterios históricos, Le Concert Spirituel, cuyo papel resulta absolutamente encomiable, casi de filigrana. Siempre sutil, con grandes dotes técnicas que se sirven aquí al servicio de la expresividad. La cuerda provee a la versión de tersura y limpidez; el viento madera de colorido y elegancia; y el viento metal de poderosa energía y carácter. Realmente nos encontramos ante uno de los mejores conjuntos orquestales de la actualidad, capaces de interpretar con el mismo talento el repertorio barroco francés, que repertorios más tardíos, llegando incluso hasta bien avanzado el siglo XIX. Alice Piérot comanda desde el primer violín una orquesta bien avenida y construida a lo largo de años de incansable trabajo.

   El trabajo coral se deja aquí de la mano del Flemish Radio Choir, un coro de gran tradición y un nivel espléndido. Se completa aquí por un par de miembros del coro del propio Le Concert Spirituel, para firmar una lectura refinada de un papel, que aunque corto, resulta absolutamente indispensable en la ópera.

   Quizá sean muchos los que se han sorprendido de ver a Diego Fasolis al frente de estas agrupaciones y solistas, no porque no estemos ante un espléndido director, sino porque el habitual en estas ocasiones es el titular de la orquesta, Hervé Niquet. Como quiera que la presente grabación se ha llevado a cabo en directo, durante sendos conciertos en la Salle Pleyel de Paris el 22 y 23 de noviembre de 2013, la ausencia de Niquet se justifica por problemas de salud. Si bien Niquet ya está muy acostumbrado a este tipo de repertorios, y le une una unión casi mística, no solo ya con su orquesta, sino también con el coro, su ausencia podría temerse como un bajón en la calidad final de la grabación. Nada más lejos. Como decimos, Fasolis es un notable director, con gran experiencia y con un carácter fuerte que imprime siempre a sus actuaciones. Su lectura resulta vigorosa, llena de fuerza, pero capaz de ofrecer contrastes cuando son necesarios. Es por eso que muchos pasajes resultan delicados al extremo. Acostumbrado a trabajar con grandes cantantes, Fasolis deja hacer a los solistas, consiguiendo siempre una naturalidad y fluidez magníficas.

   El cedé se completa con la habitual calidad de todo el producto, tanto en su diseño –ahora de la mano de Rosa Tendero–, como en sus fantásticas notas –firmadas aquí por los expertos Étienne Jardin y Alexandre Dratwicki, del Palazzetto Bru Zane–. Estamos sin duda ante un gran descubrimiento. El patrimonio francés ha sumado una referencia exquisita a sus anaqueles, pero creo que Mozart también se ve fortalecido con la presente grabación. Recomiendo, con total sinceridad, a los mozartianos de pro que no se dejen intimidar por los prejuicios y le den una oportunidad. Creo que sentirán reconfortados.

Autor:Mario Guada
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