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Crítica: Danielle de Niese en el Teatro de la Zarzuela

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6 de abril de 2016

CARISMA DE NIESE

Por Raúl Chamorro Mena
Madrid. 4/IV/2016. Teatro de La Zarzuela. XXII Ciclo de lied del Teatro de la Zarzuela y Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Danielle De Niese, soprano. Julius Drake, piano. Obras de Dowland, Mozart, Grieg, Poulenc y Bizet.

   La soprano Danielle de Niese, nacida en Australia de orígenes cingaleses y holandeses, pero de nacionalidad norteamericana, pareció plasmar en su primera aparición en el consolidado ciclo de lied del Teatro de la Zarzuela ese exótico mestizaje en un programa variado e híbrido.

   La propia confección del referido programa resultó una manifestación de su inteligencia, ya que estamos ante una cantante que ha basado su carrera operística en la expresividad, la capacidad de comunicación, el carisma y las dotes dramáticas apoyadas, además, en una gran belleza y atractivo físico, por encima de unos medios vocales modestos y un arte de canto un tanto irregular. En Madrid y Barcelona pudo comprobarse todo ello en sus interpretaciones de dos Poppeas, la de Monteverdi en el caso del Teatro Real y la de Agrippina de Händel con la magnífica producción de MacVicar, en el caso del Gran Teatre del Liceu.

   Fuera del teatro, de la ópera, su territorio más afín y donde puede desplegar con más intensidad sus virtudes, un recital liederístico resulta una dura prueba cuando no se posee una gran clase como vocalista, pero la soprano la superó con gran habilidad, ofreciendo un programa variado, heterogéneo, alejándose de los pilares del género, dificultando con ello de las comparaciones, y buscando siempre la expresividad y diferenciación entre las piezas y los estilos.

   Las dos primeras y bellísimas canciones de John Dowland con la soprano fría y con la voz aún sin colocar, ya permitieron apreciar esas virtudes expresivas como la articulación martilleada de “To see, to hear, to touch, to kiss, to die” en "Come again! Sweet love doth now invite". El aria alternativa "Al desio di chi t’adora" compuesta por Mozart en lugar de "Deh vieni non tardar", aria de Susanna de Le nozze di Figaro puso de relieve las carencias técnicas vocales de la cantante. Esta composición fue creada por Mozart a petición de Adriana Ferrarese, primera Fiordiligi, que consideraba poco lucida la originaria, como bien explicó al público la propia protagonista del recital siempre simpatica y comunicativa. Legato pobre, coloratura borrosa, notas abiertas, otras fijas y de dudosa afinación sellaron una deficiente interpretación de la virtuosística pieza.

   Sin embargo, De Niese lució todas sus armas en una magnífica interpretción del estupendo ciclo "Haugtussa, op 67" de Edvard Grieg en el que desplegó todas sus capacidades comunicativas, gestuales, carismáticas y expresivas, diferenciando los estados de ánimo configurados en cada pieza en perfecta conjunción con el pianista Julius Drake -impecable toda la noche- logrando con ello el mejor momento de todo el recital, culminando con el clímax creado en la última canción "Ved Gjaetle-Bekken" ("Junto al arroyo Gjaetle") que dejó al público con ese silencio emotivo que se logra en los grandes momentos y que no prorrumpió en aplausos hasta que el pianista bajó los brazos.

   La segunda parte del evento estuvo dedicada a dos compositores franceses del calibre de Francis Poulenc y Georges Bizet. Correctas, pero sin especial relieve y faltas de ese punto de suprema elegancia, de empaque, las melodies del compositor parisino del siglo XX. El bloque dedicado al compositor decimonónico también parisino y autor de la inmortal Carmen, seleccionado de las Veinte melodías para canto y piano op 21, tuvo su ápice en la sensualísima interpretación de la magnífica "Adieu de l’hotesse arabe" ("El adiós de la anfitriona árabe") donde la soprano exhibió unos graves abiertos y recargados pero eficaces expresivamente. Sin embargo, la "Tarantelle" que cerró el programa, volvió a poner en aprietos a De Niese, incapaz técnicamente de superar la virtuosística escritura de la pieza y que emitió un sobreagudo totalmente fallido, abierto y descontrolado, que tuvo que cortar de manera inmediata.

   Como única propina la soprano estadounidense ofreció una fresquísima y desenfadada interpetación de  “I got Rhythm” de Gershwin, en la que lució todas sus dotes de comediante, asi como su espontaneidad y capacidad comunicativa de buena ley, nada artificiosa ni impostada.

   Se podrán criticar y con razón las irregularidades canoras y falta de remate técnico de Danielle De Niese, pero no que lleve el concepto expresividad y personalidad al mundo del lied, algo que a veces se olvida en tantos cantantes anónimos, musicalitos y afinados, pero lamentablemente aburridos que pueblan últimamente este género.

Autor:Raúl Chamorro Mena
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