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DAVID NEBEL, violinista: «Hay quien considera que algunos violines modernos son tan buenos como los Stradivarius, pero yo no lo creo»

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25 de agosto de 2019

DAVID NEBEL, violinista: «Hay quien considera que algunos violines modernos son tan buenos como los Stradivarius, pero yo no lo creo»

Una entrevista de Paulina Mendoza
A sus  22 años, el joven violinista David Nebel ha conocido cerca de cien países. Nos lo cuenta con cierta timidez: «Dejémoslo en cincuenta. He estado en lugares bastante interesantes. Son las ventajas de tocar un instrumento y conocer el mundo a temprana edad. Tengo que admitir que México es uno de mis países favoritos hasta ahora».

   Por segunda ocasión, Nebel participó como solista al lado de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG) en un repleto Teatro Juárez, el pasado 16 de agosto. La primera vez fue en el concierto de clausura del Festival de Música de Morelia «Miguel Bernal Jiménez», uno de los más prestigiosos del país, en el que la OSUG tuvo en 2019 una doble presentación. Tras unos cuantos meses, Nebel regresó a México para tocar de nueva cuenta con la OSUG, con ocasión de la apertura de su segunda temporada del año, interpretando el Concierto para violín en re mayor, op. 77 del alemán Johannes Brahms, uno de sus compositores preferidos.

   David Nebel nació en Zúrich, Suiza en 1996. La música lo ha acompañado durante toda su vida: su madre es violinista y desde que tiene memoria la recuerda tocando el instrumento. Comenzó a estudiar violín a los cinco años, asistió al Conservatorio de Zúrich y más tarde estudió con Boris Kuschnir, en Viena, y con Yair Kless, en Graz. «Vengo de una familia que está inmersa en la música. Desde pequeño practicaba con mi madre; para mí era muy natural tocar el violín. Llevo diecisiete años haciéndolo”.


   Nebel evoca de su infancia la dificultad para entender que debía practicar con su instrumento antes de salir a jugar con otros niños. «Tenía muchos amigos músicos, viajaba, tocaba en conciertos, mi estilo de vida era completamente distinto al de los niños con quienes iba a la escuela. Tuve y sigo teniendo experiencias maravillosas gracias a la música». El violín es como una extensión de su cuerpo, no puede imaginarse la vida sin él.

   Desde temprana edad ha ofrecido conciertos como solista. A los nueve años fue invitado por la Camerata Zúrich para interpretar Las cuatro estaciones de Vivaldi. A partir de entonces, ha actuado como solista en escenarios tan renombrados como el Liederhalle Stuttgart, el Kultur casino de Berna, el Palais Liechtenstein de Viena, el Gasteig Kulturzentrum de Múnich, el Shenzhen Concert Hall y el Pabellón de Shanghái, ambos en China y la Sala Filarmónica de Chernihiv, en Ucrania. En marzo de 2017 actuó como solista en la apertura de la temporada de otoño de la Orquesta Filarmónica de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. En el verano de 2018 se presentó en el Festival Kissinger Sommer con Kristjan Järvi y la Filarmónica del Mar Báltico, con el estreno mundial del Concierto para violín no. 1 de Gediminas Gelgotas.

  Al preguntarle por los compositores que más han marcado su vida, pronuncia el nombre de Brahms: «Al tocar su música pongo mis propias emociones y pensamientos para lograr entender sus obras”, explica. Nebel habla concentrado y mirando a un punto fijo mientras rememora su experiencia al estudiar el Concierto para violín en re mayor, op. 77, interpretado en Guanajuato. «Al principio no lo reconoces, pero cuando trabajas en la pieza descubres que tiene un núcleo sensible y cuando lo encuentras todo se vuelve más liviano. En la obra existen frases melódicas hermosas; para tocarla hay que tener un balance y yo trato de imaginar mi propia interpretación. Cada violinista toca diferente porque cada quien entiende de manera distinta la obra. Es una pieza poderosa y fuerte, una de las más sublimes que conozco».


   Asegura que en la música debe encontrarse la manera de expresar sensaciones y emociones en apariencia fáciles de exteriorizar, pero en realidad sujetas a un proceso complejo. En una de las Cartas a un joven poeta, que Rainer Maria Rilke dirigió al militar y aspirante a poeta Franz Xaver Kappus, se lee este pasaje: «Las cosas no son tan comprensibles ni fáciles de expresar como muchas veces se nos quiere hacer creer. La mayor parte de los acontecimientos son indecibles; suceden en un ámbito al que no llega ninguna palabra. Y lo más inexpresable de todo son las obras de arte: realidades llenas de misterio, cuya vida perdura junto a la nuestra, que desaparece». La música para Nebel es justamente una realidad llena de misterio, un misterio en el que está inmerso, un misterio que explora todos los días y en el que se instala con la motivación de expresar lo inefable.


   El joven suizo toca un violín construido por Antonio Stradivari en 1707 y pertenece por tanto a la selecta familia de instrumentos majestuosos salidos del taller de Cremona —los Stradivarius— reconocidos no sólo por su perfección constructiva y su conservación sino por su elocuente sonido. Mas el talento no lo determina el instrumento. A su corta edad, 22 años, David Nebel ya ha demostrado que no sólo tiene capacidad técnica, sino que se apropia de la música, la entiende, la siente y la expresa con una delicadeza singular.

   Fue hace poco más de un año cuando Nebel tuvo la fortuna de tocar en un concierto al que asistió el poseedor de un violín Stradivarius y al observar su talento decidió prestárselo para sus presentaciones internacionales. Se calcula que a lo largo de su vida creativa —de más de medio siglo— Stradivari confeccionó más de mil instrumentos, de los cuales sobreviven alrededor de 600. «Mi violín es especial, pues es de la época en la que se construyeron los violines más hermosos. Soy muy afortunado, tiene una calidad impresionante. Le tengo mucho respeto a mi instrumento», cuenta Nebel mientras abre el estuche y nos muestra ese trozo de la historia de la música.


   «Muchas veces la gente piensa que tienes demasiada suerte al tocar un Stradivarius porque su sonido es preciso, pero en realidad son instrumentos difíciles de manipular al darle al intérprete la posibilidad de ir a lo más profundo de las expresiones sonoras. Algunas investigaciones aseguran que hay violines modernos que pueden ser tan buenos como los Stradivarius, pero yo no lo creo. He probado distintos tipos de violines y ninguno tiene esa vida dentro y ese significado tan especial como el que tengo ahora», indica antes de tocar un breve pasaje de la obra de Brahms.

   El violinista agrega que su violín puede ser «algo temperamental», como si tuviera una vida y una personalidad propia. «Al viajar, en muchas ocasiones no siempre dispongo del tiempo necesario para practicar. Además debo enfrentarme a factores cambiantes de humedad y temperatura. Al sacarlo de su carcasa te das cuenta de que la situación del instrumento cambió y eso es un reto para cualquier músico, porque no siempre puedes tocarlo de manera óptima. Pero vas aprendiendo a afrontar los problemas y a superar los retos surgidos en cada concierto».

   En 2014, Nebel se convirtió en el ganador más joven en la reconocida competición violinística Valsesia Musica, en Italia. En enero de 2017 ganó el concurso de la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión de Serbia para jóvenes solistas junto con Dušan Kostić, con quien tocó el Gran dúo concertante para violín y contrabajo de Bottesini. Además es miembro de la Young Artists Foundation GmbH, en Alemania. «Creo que obtener reconocimientos está bien pero hacer música va mucho más allá. Para mí lo más importante es estar cerca de la música, lo más posible que se pueda. La música es mi vida. Paso muchas horas practicando, preparándome para conciertos. Es un trabajo mental muy difícil pero con grandes satisfacciones», asegura.

Foto: Peter Adamik

Autor:Codalario
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