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CD: 'Les surprises de l'amour'  de Rameau, en Glossa

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11 de marzo de 2014
Foto: Glossa

EUCLIDE-ORPHÉE SIGUE VIVO

Por Mario Guada.
Les Surprises de l’Amour. Amel Brahim-Djelloul, Virgine Pochon, Caroline Mutel, Magali Perol-Dumora, Karine Deshayes, Anders Dahlin, Davy Cornillot, Pierre-Yves Pruvot, Jean-Sébastien Bou; Les Noveaux Caractères – Sébastien d’Hérin. Glossa [GCD 922701], 2013. T.T.: 145’48. Música de Jean-Philippe Rameau.

   En 2014 se cumple los 250 años de la desaparición de Jean-Philippe Rameau [1683-1764], que pasa por ser uno de los grandes genios que la historia de la música haya legado a la humanidad. Maestro de la escena, a la que no obstante llegó a la avanzada edad de 50 años, es autor de algunas de las óperas francesas más célebres y celebradas de la historia de la música occidental. Y a pesar de que en este año se esperan numerosos fastos –esperemos que con registros discográficos nuevos–, en el 2013 algunos artistas ya se adelantaron, como Rapahel Pichon y su Ensemble Pygamlion, quienes registraron Dardanus, pero en su versión de 1744, con algunas de las partes nuevas que introdujo en 1760, y que supone también una primera grabación mundial; también los propios Les Nouveaux Caractéres, conjunto francés que dirige el clavecinista Sébastien d’Hérin, quienes para el sello Glossa han llevado a cabo esta primera grabación mundial de Les Surprises de l’Amour de manera integral –pues anteriormente Marc Minkowski había grabado un disco con la tercera entrée [Anacréon] y otro con la suite de danzas, mientras que William Christie hizo lo propio con Anacréon– lo que supone un absoluto regocijo para los apasionados seguidores de la música del maestro de Dijon que en el mundo somos.

   Nace esta opéra-ballet allá por noviembre de 1748, cuando fue estrenada en su primigenia versión en el Théâtre des Petits Cabinets de Versailles, estructurada en aquel momento en un prologue, que llevaba por título Le Retour d’Astrée, y dos entrée: La Lyre enchantée y Adonis. Unos años más tarde [1757], y contando con la ayuda del libretista Pierre-Joseph Bernard, la obra surgió algunas modificaciones sustanciosas: se eliminó el prólogo primigenio, se alteró el orden de las entrées y se añadió una tercera [Anacréon]. Sin embargo, pocos meses después se realizaría otra modificación, con la inclusión de un acte de ballet que Rameau había compuesto en 1754 y que llevaba por título Les Sybarites o Sibaris –quedando así la obra en cuatro entrées–, y sustituyendo posteriormente las entrée II, La Lyre enchantée [1757], y III, Anacréon [1758], por dicha pieza. Finalmente, el 10 de octubre de 1758 esta opéra-ballet se interpreta de nuevo con el orden de 1757, cuya versión es la que aparece grabada aquí. La obra va en la línea de otras opéra-ballet con la que Rameau obtuvo gran fama, como Les Indes Galantes, Les Fêtes d’Hébé, aunque quizá el nivel de estas esté considerablemente por encima de la obra que aquí presentamos. No obstante, esta Les Surprises de l’Amour es de una altura que honra absolutamente el nombre de Rameau. En ella hay arias de gran lucidez melódica, danzas de variopintos colores y caracteres, un manejo de las voces en el coro poco habitual en el momento, así como el habitual dominio de la armonía –es increíble cómo desarrolla este campo el maestro francés– y una asombrosa facilidad para explotar la paleta orquestal desde todos los puntos de vista.

   El plantel de solistas vocales, que no destaca por incluir figuras especialmente renombradas en el panorama internacional –a excepción del haute-contre Anders Dahlin, que cumple con su habitual solvencia y su vigoroso registro agudo, estilísticamente muy bien adecuado–, se presenta plagado de cantantes de origen francés, jóvenes promesas del canto histórico y que tan bien se manejan en el campo de la ópera del Barroco francés. Así cabe destacar la gran labor desarrollada por la mezzo Karine Deshayes, las sopranos Amel Brahim-Djelloul y Caroline Mutel, de bello timbre y poder dramático considerable. Interesante también la aportación de Jean-Sébastien Bou en su papel de Anacréon.

   Considero, no obstante, que lo mejor de la presente grabación se encuentra en el apartado instrumental, con Le Noveaux Caractères casi en estado de gracia. La orquesta barroca suena contundente, vigorosa y equilibradísima, con un sonido límpido, pulido, y un dominio del estilo fascinante. Fantástica la labor de los vientos –esas flautas, oboes y fagotes– y especialmente de la cuerda, con una carga expresiva reveladora para la juventud de los instrumentistas. Espectacular asimismo el continuo, con ese fantástico color que siempre le aporta la intrusión de la viole de gambe. Sabia la dirección de Sébastien d’Hérin, que se muestra gran conocedor de la música de Rameau y de la estética del Barroco francés. Sabe aplicar el color y el contraste en su punto justo, sin desmedidas insinuaciones vacías, teniendo siempre en cuenta la acción y el discurso dramático, destacando la psicología de los personajes –aun siendo roles que no destacan especialmente por una gran carga en este aspecto. Hay mucho trabajo detrás, y eso se nota desde el compás uno.

    No queda otra que felicitar a Glossa por acoger en su fructífero seno a estos fantásticos intérpretes que tan sabiamente han sabido acertar en grabar una pieza que no podía por más tiempo seguir durmiendo el sueño de los ¿justos? Indispensable en cualquier musicoteca de los «rameaunianos», obvio, pero también en la de cualquier apasionado del Barroco, no únicamente francés. ¡Grande Rameau!

Autor:Mario Guada
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