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DVD: Josep Pons dirige la 'Octava sinfonía' de Mahler con la OCNE

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12 de febrero de 2016

UN PUESTO DE HONOR

Por Pablo Sánchez Quinteiro
DVD. Deutsche Grammophon. Gustava Mahler. Sinfonía nº 8 "De los mil".  Manuela Uhl, Michaela Kaune, Christiane Karg, Zandra McMaster, Charlotte Hellekant, Anthony Dean Griffey, Bo Skovhus, Albert Dohmen. Orquesta y Coro Nacionales de España. Coro de la Comunidad de Madrid. Coro de RTVE. Escolanía del Sagrado Corazón de Rosales. Joven coro de la Comunidad de Madrid, Coro de la Universidad Polinéctica de Madrid. Director musical: Josep Pons.


   En pocas ocasiones se puede afirmar con mayor convicción que la espera mereció la pena que en el caso de esta nueva grabación videográfica, en formato DVD, de la Deutsche Grammophon: la interpretación de la Octava sinfonía de Gustav Mahler que en su día, junio del 2012, marcó un exultante punto final al ciclo integral que la Orquesta Nacional de España había realizado a lo largo de los tres años previos. No sólo esto; el concierto coincidía con la despedida de Josep Pons de la orquesta tras una fructífera etapa de casi una década. Tal como el propio Pons comenta en un emotivo artículo que acompaña a las notas “con el prolongado acorde en mi bemol mayor que cierra la sinfonía, no sólo concluía la inmensa Octava sino también muchas otras cosas.”

  La Deutsche Grammophon ha apostado por una espectacular edición, a la altura de la excepcionalidad del evento, acompañando a la grabación del concierto de un segundo DVD que incluye dos documentales dirigidos por Igor Cortadellas: un ameno y muy cuidado trabajo sobre la obra y su montaje titulado “La Octava. Moviendo emociones” y la tertulia “Apasionados por Mahler” en la que el propio Pons conversa –tras la primera de las tres interpretaciones- con tres ilustres expertos mahlerianos: José Luis Pérezde Arteaga, Luis Suñén y José Luis García del Busto.

   Por si fuera poco, la edición viene acompañada de un manejable libro de casi 300 páginas, “Aniversarios Mahler”en el que se recopilan las referenciales notas elaboradas por Pérez de Arteaga para todos los conciertos del ciclo de la ONE. Un bonus de lujo, que realmente por si sólo sería más que suficiente para recomendar la adquisición de este DVD. No exagero lo más mínimo diciendo que no hay entre los casi mil quinientos CDs y DVDs mahlerianos que he comprado a lo largo de mi vida, ninguno que supere en alicientes a este lanzamiento.

   Yendo por partes, inicio esta reseña con la interpretación de la obra. El reto que supone dar vida a una Octava supera al de cualquier obra sinfónica que podamos citar. Podría pensarse que por ser un producto “nacional” la empresa podría estar condenada al fracaso. Y sin embargo, nada más lejos de la realidad. En esta Octava han cristalizado los diez años de modernización y de entusiasmo que han caracterizado a la etapa de Pons al frente de la ONE. Si en la actualidad, con David Afkham, los seguidores de la orquesta celebramos éxito tras éxito, esto se debe en gran parte a la fenomenal herencia que éste ha recibido: una orquesta con una exquisita mezcla de veteranía y juventud, plena de ilusión y siempre dispuesta a enfrentar cualquier tipo de reto.

   Esta Octava, absolutamente idiomática y a la vez plena de sensibilidad y de personalidad, está interpretativamente a la altura de las mejores grabaciones internacionales disponibles en vídeo, tanto comerciales como en streaming. Es –y fue en la sala- tan vibrante e impactante que a pesar de los casi cuatro años transcurridos, visionando el DVD se mezclan las sensaciones que éste provoca con las todavía vívidas impresiones que esas veladas nos produjeron a los que tuvimos la suerte de asistir a ellas. Ciertamente el concierto ha estado disponible a lo largo de estos años en la web de TVE, pero obviamente era más que necesario poder disfrutarla con una calidad de imagen y sonido muy superior a la que dicha  web nos permite. Si ya de por sí una grabación de una Octava es una mera aproximación a un ideal, ésta ha de ser realizada con el máximo cuidado y rigor posible, como es el caso de este DVD.  

   También es cierto que el medio permite resolver cuestiones que en el concierto en vivo son casi irresolubles, entre ellas la ubicación de los solistas vocales. Pons en sus Octavas –ya la había dirigido previamente a la ONE- afronta este reto con la que es a mi juicio la mejor solución, y desde luego infrecuente en la práctica: ubicar al ensemblesolista vocal entre orquesta y coro, integrándolo perfectamente entre ambos, pero al mismo tiempo haciendo que en las intervenciones individuales de los cantantes, estos pasen a la primera fila del escenario para maximizar el impacto auditivo y visual, aspecto este último tan tristemente olvidado. Todo un acierto.

   Aunque en una grabación esta problemática desaparece, surge sin embargo un segundo aspecto, que por desgracia frustra muchas grabaciones de la obra: destacar las intervenciones solistas de forma artificial, en ocasiones más allá incluso de los límites físicos. La toma de sonido del DVD es ejemplar en este aspecto, encontrando un adecuado y creíble término medio entre solistas, masa orquestal y coral. De igual manera sucede con las intervenciones orquestales más camerísticas y con la presencia ¡decisiva! del órgano y del armónium; ambos siempre audibles en su justa medida. Por último, las masas corales también han sido registradas con gran acierto, realzando al máximo su impacto. Su número, unos trescientos cantantes, es más que respetable y máxime con la energía y convicción que mostraron en estos conciertos. Nunca nos debemos cansar de felicitarnos por contar con una sala como el Auditorio Nacional, agraciada con una excelente acústica, pero a la vez con un diseño que permite albergar de forma efectiva semejante número de cantantes. No puedo dejar de citar el caso de una sala tan celebrada como la Philharmonie de Berlín en la cual presencié la Octava dirigida por Simon Rattle, interpretación lastrada por el reducido número de cantantes ubicables de forma efectiva: unos 150.

   Para cerrar este apartado, únicamente citar en el lado negativo de la balanza que en esta Octava madrileña hubiese sido deseable poder contar con unas escolanías más nutridas pues éstas se encontraban claramente en desventaja frente a los coros de adultos.

   A la magnífica toma de sonido del DVD se suma una muy atractiva realización, obra de Raúl Hernández Garrido.  Frente a la neutralidad habitual, éste ha optado por una realización moderna, arriesgada, muy ágil y dinámica, con movimientos rápidos de cámara y cambios continuos de plano. Hay soluciones muy interesantes -para mi gusto acertadas-, como la de recurrir a un mosaico de nueve planos en la conclusión del Gloria o la aún más arriesgada si cabe transición a un fondo negro sobre el acorde final de la primera parte. Los juegos de luces, que de acuerdo a la transmisión radiofónica de José Luis Pérez de Arteaga, fueron ideados por el equipo de la DG, adquieren en el DVD mayor protagonismo del que tuvieron en el concierto.

   Entrando ya en lo estrictamente musical, la primera parte, el Veni creator, fue modélico de principio a fin. Una constatación de como Pons ha ido, con el paso del tiempo, interiorizando el lenguaje mahleriano. Una visión en el pasado algo rígida, que en ocasiones transmitía una impresión de fogosidad o incluso nerviosismo, ha dado paso a una concepción mucho más flexible en los tiempos y en la articulación. El resultado es una interpretación mucho más refinada que consigue dar vida a los incontables matices de la paleta de colores mahleriana. Las transiciones son tratadas con un máximo cuidado, integradas perfectamente en el discurso global. Esta Octava nos muestra a un Pons que se mueve  como pez en el agua en la música de Mahler. Sabe perfectamente dónde están sus momentos claves, esos centros de gravedad que Mahler sabiamente repartía en sus partituras y que son definitivos para que su música mueva y conmueva a intérpretes y público. Así, pasajes tan importantes como el propio Allegro impetuoso -que no pocos directores transforman en un decepcionante Allegro moderato-, el sutil crescendo orquestal que preludia el Accende lumen sensibus, el propio ataque del coro en este verso -con la decisiva pausa tras la primera nota- y muy especialmente la realización abrumadora de la transición a la reexposición del Veni creator –momento clave del movimiento que fue en vivo una auténtica ola de fuerza y de sonido- cobran vida en sus manos de forma ejemplar. La intensidad dinámica en los coros y en la orquesta en estos pasajes es extrema de principio a fin. Pons, sabiamente contrasta esta sucesión de clímax con una dirección sutil y muy expansiva de las secciones lentas, fundamentalmente las intervenciones del ensemble de solistas vocales: el Infirma nostri corporis y el Imple superna gratia cuya sensualidad es recreada con una voluptuosidad desinhibida.

   No es fácil resolver los veinte minutos previos en un Gloria que pueda canalizar y trascender tanta emoción, pero Pons sale indemne del reto con una coda atávica, lapidaria que funciona a la perfección.

   Lirismo y refinamiento definen a la segunda parte. Su carácter es de forma general expansivo; una opción arriesgada que requiere un ensemble de solistas que arrastren en cada intervención. El balance es en general muy bueno. Excelente Bo Skovhus con un Pater Ecstaticus mucho más dramático de lo habitual y Albert Dohnen como Pater Profundus ¡auténticamente profundo! El problema del tenor esresuelto con una voz no especialmente heroica ni voluminosa –en principio esa sería la aspiración de Mahler- sino con un tenor lírico: Anthony Dean Griffey. Entre su bagaje en la obra se encuentra el Doctor Marianus de las Octavas discográficas de Tilson Thomas y David Zinman. Su timbre sensual y su musicalidad son sus señas de distinción. Su Jungfrau, Mutter, Königin, antes del Adagissimo –éste sublimente dirigido- o su Blicketauf son modélicos.

   En cuanto a las féminas, Una poenitentium de Michaela Kaune y la Magna Peccatrix de Manuela Uhl, salen airosas del reto, combinando a la perfección pirotecnias vocales con musicalidad y sensualidad. Las contraltos Zandra McMaster y Charlotte Hellekant se mueven por un terreno más convencional, sobre todo en el trío con Uhl. La Mater gloriosa es Christiane Karg. Su intervención es breve pero a la vez complicadísima. Pasa por una cierta dificultad pero el resultado es notable. El momento es recreado visualmente por el realizador con gran impacto.

   La orquesta, a lo largo de toda la segunda parte, está una vez más apoteósica. En el Adagio Caritas inicial responde a los énfasis extremos de Pons en cada pizzicati, sforzandi, acento, etc. con una intensidad ejemplar. Sin embargo, en el interludio previo al coro final aflora un cierto agotamiento y nos queda la pena de no disfrutar al máximo la magia de ese momento indescriptible. Merece una mención especial el ensemble de metales fuera del escenario que en la conclusión muestra un sonido y un empaste con la orquesta proverbiales y por desgracia nada habitual. No escasualidad pues está liderado dicho grupo de metales por un refuerzo de lujo, el trompeta Jonathan Müller, en la actualidad principal de la Gewandhaus de Leipzig. Su mención obliga a elogiar a su alter ego en la orquesta, Manuel Blanco, una auténtica garantía a la hora de enfrentar los imposibles sobreagudos mahlerianos.

   Los coros, en una faceta mucho más sensual que en la primera parte, se muestran igualmente a gusto. Únicamente echo en falta una mayor mordacidad en el Coro de anacoretas, pero en el coro final la explosión de energía y sensualidad es máxima. Hermosísimo el hiperpianissimo inicial –sobrecogedor, sobre todo teniendo en cuenta las alturas a las que los coros nos habían llevado en la primera parte- y apoteósica la culminación coral. La coda orquestal, dilatada y grandiosa pone un punto final memorable a una grabación que sin duda ha de ser contada entre las mejores disponibles en ese formato.

   Es normal que el espectador pida más y es aquí donde entran en juego esos dos bonus extraordinarios ya citados. El documental de Cortadellas “La Octava. Moviendo emociones” impresiona por su belleza plástica y por su preciosismo, pero igualmente fascina por un guiónque desentraña las claves de la obra. Aparte de secuencias claves de la tertulia que conforma el segundo bonus, cuenta con la intervención de lujo de Reinhold Kubik: una de las voces más autorizadas en el panorama académico mahleriano. A él se suma el propio Pons, solistas como Skovhus y músicos de la Nacional, tanto veteranos como jóvenes; todos ellos mostrando ese entusiasmo sin límites que aflora en la interpretación.

   Y finalmente y para concluir esta reseña un segundo bonus que constituye por derecho propio una referencia para los estudiosos de la obra: la tertulia “Apasionados por Mahler” en la que Pons dialogacon los tres expertos citados: Arteaga, Suñén y del Busto. Creo que sus compañeros de debate no tendrían inconveniente en reconocer como la figura de José Luis Pérez de Arteaga se erige en el centro y gran protagonista de la conversación. No sólo por ser el más importante biógrafo en lengua castellana del compositor, sino también por la asombrosa erudición, locuacidad y pasión por Mahler que transmite. Digo asombrosa pues aunque ciertamente he tenido el privilegio de disfrutar estos aspectos en más de una velada mahleriana, y por tanto no son nuevos para mi, visionando esta tertulia me quedo tan boquiabierto como la primera vez que conversamos sobre Mahler. La erudición y la memoria de nombres, fechas, y lugares que Arteaga exhibe son sobrecogedoras. Sólo me llamó la atención un lapsus que no puede dejar de contar por lo anecdótico, pues lo comete refiriéndose a sí mismo. La aparición del propio Arteaga en la magna obra de La Grange tiene lugar en el cuarto volumen y no en el tercero.

   La interpretación e inspiración de la obra, su recepción en España, por supuesto la figura de Alma Mahler, y un largo etcétera de temas son abordados a lo largo de casi hora y media de apasionada conversación en la que se conjugan la perspectiva única del director con la sabiduría de los tres expertos. Sólo hay un aspecto de la tertulia en el que discrepo. Se trata de la afirmación, sorprendentemente validada por Pons, de que “Mahler llega mucho más tarde a Barcelona” pues entre otras razones “No se dispone de una orquesta con un sonido adecuado para esta música”. Nada más lejos de la realidad. La música de Mahler llega a España a través de Barcelona, como ejemplifica la interpretación de la Segunda sinfonía en el Palau en 1910, dirigida por Volkmar Andreae. También es significativo que el estreno de la Sexta en España tuviese lugar, no como a menudo se ha pretendido en los setenta en Madrid en el primer ciclo de la Nacional, sino muchísimo antes, en Barcelona en marzo de 1927, interpretada por la Orquesta Pau Casals, agrupación preparada y especialmente creada para este tipo de repertorio. Me parece justo decirlo, pues no es bueno perpetuar este malentendido, pero por supuesto este aspecto no afecta en nada a la calidad de una tertulia apasionante, informada y extremadamente reveladora.

  Y hasta aquí esta amplia reseña -la ocasión lo merecía- de una Octava que se ha ganado por derecho propio un puesto de honor en la discografía de la obra y de Mahler en general.

Autor:Pablo Sánchez Quinteiro
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