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CRÍTICA: ÉXITO APOTEÓSICO DE EDITA GRUBEROVA EN EL TEATRO DEL LICEO DE BARCELONA. Por Raúl Chamorro Mena

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20 de noviembre de 2013

  EDITA, TU SOLA SEI LA REGINA

 Recital de Edita Gruberova. Gran Teatre del Liceu de Barcelona 17-11-2013. Alexander Schmalcz, piano.


    La soprano Edita Gruberova, cantante ya legendaria y un fenómeno vocal de rango histórico, ha tenido una especialísima relación de más de 35 años con el Gran Teatre del Liceu, uno de sus recintos favoritos y en el que ha ofrecido muchísimas noches memorables. Es decir, estamos ante una cantante de las que ha contribuido plenamente a la gloria, prestigio e historia del Gran Teatro Barcelonés.

     Todas sus comparecencias en Barcelona son auténticos acontecimientos que se viven con fervor y gran expectación entre los Liceístas de pro. Las últimas, además, presididas por una sensación de fondo, en principio inasumible por indeseada, pero que no se puede obviar por pura lógica. Por ley de vida, dada la edad y dilatadísima carrera de la artista, cada una de sus actuaciones puede ser la última suya en el gran recinto Barcelonés.

     La propia soprano parece empeñada en desdecir todos estos análisis, en resistirse al inexorable paso del tiempo, ofreciendo en cada actuación, un milagro más, que hace imposible encontrar nuevos adjetivos a lo que uno escucha a una cantante a punto de cumplir los 67 años y en carrera desde 1968. Efectivamente, desde el comienzo del recital se pudo escuchar un timbre aún sano, con una emisión firme, perfectamente enmascarada, que coloca inmediatamente en el centro del amplio espacio Liceística, un sonido pleno, potente y timbradísimo. De este modo, la eslovaca desgranó la primera parte del programa íntegramente dedicada a lieder de Franz Schubert, con buen legato, canto mórbido y su proverbial control de la respiración. Bien es verdad que el paso del tiempo se nota en el degaste de su centro y en un grave que, lógicamente, siempre fue desguarnecido. La gran joya de esta primera parte fue la interpretación del lied "Nach und Träume" ("Noche y ensueño") por la manera magistral en que la Gruberova meció la inspirada melodía y la atmósfera de éxtasis creada. Ya en la segunda parte, interpretó fantásticamente tres canciones (opus nº 4, 14 y 21) de Rachmaninov con algún ascenso pletórico de squillo marca de la casa y filados también propios y genuinos de su arte, si bien en alguno el sonido quedó algo fijo.

    A destacar en el bloque dedicado a canciones de Richard Strauss ofrecido a continuación, la magia creada por la soprano en "Leises lied" y la magnífica interpretación de "Waldseligkeit" con una estupendo uso de la media voz y ese fraseo siempre personalísimo. Ovaciones clamorosas sellaron el fin del programa oficial, dando paso al deliro con las propinas. Después de interpretar "Ständchen" de Richard Strauss, llegó una fascinante "Vilanelle"de Dell'Acqua en la que la veterana soprano ofreció una lección magistral de canto de coloratura de alta calidad. Imposible escuchar a día de hoy a ninguna soprano estrella actual tal exhibición de trinos, efectos eco, precisión en los ataques, pichettati, escalas,... Como tercera propina continuó la clase magistral de coloratura con el vals de la sombra de Dinorah de Meyerbeer. Si algún sobreagudo pudo acusar cierta acritud y el que finalizaba la pieza, quedó algo calante, deslumbrantes fueron los filati, sonidos aflautados, staccati,  efectos eco, que provocaron la locura en el público. Como guinda final, una de esas interpretaciones referenciales, paradigmáticas del repertorio de Gruberova:  la Tyrolenne "Oh luce di quest'anima" de Linda di Chamounix de Donizetti, en la que la gran soprano pareció sumergirse en el túnel del tiempo y volver demostrar, que a pesar de los años, "el más difícil todavía" y la seducción del riesgo, siguen formando parte del credo de esta egregia artista. Gracias, claro, a una técnica ya histórica.  Ya que no brillante, correcto y eficaz resultó el acompañamiento a cargo del pianista Alexander Schmalcz.

    Éxito apoteósico, gritos de "guapa!" "Maestra!", innumerables salidas a saludar, lluvia de papeles de colores con el texto "Gruberova i Liceu: sempre una festa" y dos pancartas. Una con la efigie de la soprano y la otra, enorme, con el dibujo de un gran corazón y escrito "Edita, tu sola sei la regina".

     El destino nos dirá si este recital del día 17 de noviembre de 2013 ha sido la última comparecencia de Doña Edita Gruberova en "su" Gran Teatre del Liceu. Si fuera así, podemos certificar que ha disfrutado de una despedida espectacular, merecida y a la altura de su gloriosa trayectoria en el coliseo de La Rambla.
Autor:Raúl Chamorro Mena
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