Codalario
Está viendo:

Crítica: «El sobre verde» de Jacinto Guerrero en el Teatro Campoamor de Oviedo

  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter
 
8 de abril de 2019

El sobre verde, la revista como verdadero teatro musical

Por Víctor Sánchez Sánchez
Oviedo, 4-IV-2019. Teatro Campoamor. El sobre verde (Jacinto Guerrero). Rafa Blanca (Nicanor), J.J. Sánchez (Simeón), Lola Casariego (Chelo, Madame Sévigné, premio y modista), Alfredo García (Premio Gordo, Garabito, oficial, viejo y pollo), Carolina Moncada (Fortuna,Policarpa, Mimí y ayudante), Rafa Maza (Apuntador, José María, maître, viejo y guardia), Laura Plano (Pestiño, Filomena y botones), Cristina Tejeiro (Malhuele, garsón, premio y modista), Soledad Vidal (Pobre, premio, camarera y Fifí), Sagrario Salamanca (Ayudante de la Fortuna, camarera, modista y Fortuna). Orquesta Filarmonía. Dirección musical: Arturo Díez Boscovich. Dirección de escena: Alberto Castrillo-Ferrer. Coreografía: Cristina Guadaño.

   Hay que felicitar a la Fundación Guerrero por su imaginativo esfuerzo en renovar el mundo de la zarzuela en un momento nada fácil para el género. El desinterés general ha reducido drásticamente las representaciones y desde hace algunos años ha emprendido un camino de producción privada, de gran dignidad y base cultural, que no termina de tener el apoyo de nuestras instituciones públicas, más preocupadas por la superficialidad que por crear un auténtico tejido de teatro musical. La escasa difusión de El sobre verde, que viene precedido por otros de interés como El terrible Pérez o La Pantomima en escena, refleja claramente esta sequía. Estos proyectos están además avalados con una reflexión en torno al género, con publicaciones, encuentros de especialistas y exposiciones. Los paneles con que era recibido el público a la entrada en el Teatro Campoamor no eran un recuerdo nostálgico hacia un título que tuvo un enorme éxito en su momento,sino una apertura a los múltiples ángulos que hay detrás de este título: desde la llegada de las músicas modernas del jazz a la admiración por lo americanopasando por temas de actualidad como la emancipación de la mujer o la desigualdad social.


   Los autores calificaron El sobre verde como un «sainete con gotas de revista», una unión que refleja las dos grandes tradiciones que recoge: el costumbrismo cómico –con un fondo satírico casi vallinclanesco– y la moderna espectacularidad a modo del gran musical del Broadway de Ziegfeld. Una combinación difícil que ofrece un gran potencial para cualquiera que se enfrente a la obra. De hecho, en la presentación definían el proyecto como «el teatro total», provocativa denominación para cualquier wagneriano, que refleja bien el carácter global de El sobre verde, que reúne en su representación un libreto sainetesco, músicas pegadizas y vistosos números de danza. Y todo desde un claro concepto de trabajo en equipo, expresión que se repite desde hace años en todos los ámbitos pero que pocas veces se realiza de esta forma:como un trabajo conjunto real donde nadie puede operar sin los demás, en el que el director de escena Alberto Castrillo-Ferrer ejerce ante todo como animador y coordinador.

   La escenografía se concibe de una forma dinámica, con sencillos detalles que permiten realizar todos los cambios de la acción: desde el modesto ambiente de los indigentes madrileños hasta el lujoso hotel de la cosmopolita Nueva York; todo enmarcado en los bastidores de un teatro donde se va a celebrar el sorteo de la lotería de Navidad, un mundo de ilusiones y confusiones que constituye el fondo moral de El sobre verde en un hermoso juego metateatral. Al igual que el vestuario, el aspecto realista produce una base limpia, donde nada es accesorio y el público comprende todo con claridad. Incluso los elementos más incómodos –políticamente incorrectos, diríamos hoy– como el de las señoritas contratadas como acompañantes o el cómico botones pintado de negro, pero también las alegorías de la diosa Fortuna y sus damas, las monedas de oro.


   Uno de los aspectos más novedosos es la nueva propuesta sonora realizada por Nacho de Paz, que ha revisado la partitura para adaptar la orquestación tradicional al sonido de una Jazz-Band, haciendo desaparecer la cuerda en favor de clarinetes, saxofones y trompetas. Una transformación que no solo reactualiza de forma más acorde al paisaje sonoro de los años veinte, sino que sobre todo moderniza la sonoridad con una nueva atención hacia los aspectos tímbricos, con momentos de gran belleza como el chotis de la garsón o el tangolio. El planteamiento camerístico –apenas hay de una docena de músicos– llena de detalles y efectos sonoros, como glissandi y sordinas en las trompetas sobre la guitarra y el piano. El director Arturo Díez Boscovich, buen conocedor del repertorio del teatro musical, maneja bien este mundo sonoro, sin descuidar la riqueza rítmica que surge de la gran variedad de danzas de la partitura: chotis, tango, fox-trot o charlestón.

   Como hemos mencionado, debe destacarse el trabajo conjunto de un equipo en el que cada intérprete realiza varios papeles y participa en los coros. Partes que incluyen vistosas y animadas coreografías, bien pensadas y trabajadas por Cristina Guadaño. Un buen ejemplo es el charlestón Ramperstén, procedente de La orgía dorada (la revista de mayor éxito de Guerrero), que culmina con brillante apoteosis revisteril el espectáculo. Todos los números desarrollan animadas coreografías, que resuelven bien todos los miembros de la compañía, artistas todoterreno que cantan, bailan, actúan y recitan casi sin descanso. Buen ejemplo son Carolina Moncada, Soledad Vidal y Sagrario Salamanca, cuya categoría de soprano se queda corta para denominar todo lo que hacen en esta función, en una actividad extenuante que se contagia al público. Incluso los actores no cantantes (Rafa Blanca, J. J. Sánchez, Rafa Maza y Laura Plano) se unen a esta dinámica, participando en coreografías y coros.

   La mayoría tienen además algunos momentos estelares, aprovechando los abundantes números bomba (como se decía en la época) de la partitura de Guerrero: el barítono Alfredo García muestra la redondez de su voz en los famosos cuplés del Premio Gordo, Lola Casariego afronta con solvencia el charlestón del Bombón Internacional, Cristina Tejeiro –a quien hemos visto en los últimos años crecer en el proyecto Zarza– saca ese lado ingenuamente revolucionario del chotis de la Garsón,al igual que Sagrario Salamanca en las caleseras de la Moneda de Oro.


   El resultado es una función trepidante que consigue mantener en sus casi dos horas (sin descanso) el interés del público con un ritmo ágil. Todo dentro del concepto de «teatro total» de la zarzuela, donde se unen música, acción y palabra. Sorprendentemente El sobre verde revitaliza un género que parecía hundido en las nebulosas del pasado: la revista. Todos, incluso los más jóvenes, relacionan inconscientemente la revista con la imagen de un coro de vicetiples bajando las escaleras ligeras de ropa envueltas en coloridos plumajes, vergonzantes chistes verdesy una música fácil y pegadiza. Pero en su origen era un género moderno y vital, donde se miraba a la modernidad e incluso la mujer tenía un papel rebelde y activo. Nos lo muestra la propuesta de este Sobre verde, que consigue situar la revista al mismo nivel que cualquier musical de moda en la actualidad. Yo diría que incluso más, ya que no depende de las dinámicas de mercado o de medios de masas que pueblan los teatros de la Gran vía madrileña. En el mismo lugar donde el propio Guerrero construyó hoy su propio teatro, el Coliseum, dedicado hoy a obras más comerciales y vacías. Pero la Fundación Guerrero continúa con la utopía de renovación en que se ha embarcado en los últimos años.

Foto: Alfonso Suárez

Autor:Víctor Sánchez
  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter

Compartir

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico