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Eliahu Inbal dirige obras de Mozart, Mendelssohn y Dvorak al frente de la Sinfónica de Castilla y León

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Autor: Agustín Achúcarro
25 de mayo de 2018

Eliahu Inbal dirige obras de Mozart, Mendelssohn y Dvorak al frente de la Sinfónica de Castilla y León

   Un reportaje de Agustín Achúcarro
Tras el éxito obtenido la semana pasada con la Sinfonía Nº3 de Mahler Eliahu Inbal vuelve a ponerse al frente de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León con un programa totalmente diferente que incluye la Sinfonía nº 25 de Mozart, el Concierto para violín de Mendelssohn, con un talentoso Augustin Hadelich como solista, y la Sinfonía Nº 8 de Dvořák.  “La sinfonía de Mozart es muy especial, les digo a los músicos que es la primera obra de jazz, pues tiene muchas síncopas y les animo a que la hagan muy articulada para que salga clara. Es una partitura muy atrevida para la época de Mozart, un poco vanguardista”, así define el director la primera obra del programa del los conciertos del viernes 25 y el sábado 26 en el Auditorio de Valladolid.

   Con respecto a la partitura de Mendelssohn Inbal, sabedor de lo famosa que es y todo lo que se ha escrito sobre ella prefiere definirla con tan solo una frase: “Es un concierto de un ángel escrito para ángeles”

   Cuestión diferente es su opinión en torno a la Sinfonía nº 8 de Dvořák con la que se explaya. “Es un caso especial porque si ves las sinfonías iniciales, como en el caso de Tchaikovski, descubres un intento por seguir los cánones clásicos, con motivos, desarrollos, pero no era su lenguaje”. “Ambos-continua Inbal- eran muy melódicos y lo sabían, y por ello las últimas sinfonías de cada uno son las más reproducidas, porque habían encontrado su propia expresión”. Características que el Director Principal invitado de la OSCyL reconoce también en otras obras cuando afirma que “lo mismo sucede con el Concierto nº 1 de Tchaikovsky, pura melodía o en los nº 2 y nº 3 de Rachmaninov a los que considera “muy naturales”, mientras que piensa que sus conciertos nº 1 y nº 4 “son muy cerebrales”. El director insiste en esta teoría al explicar que cree que “si se coge el Concierto para piano de Dvorak se deduce que es muy bueno, pero que no es característico de su estilo”. Afirmaciones con las que pretende establecer un punto de partida para darle un valor supremo a determinada obra. “El compositor debe ser honesto consigo mismo y no sacar nada que no sea inherente a su personalidad”. Y para apoyar su teoría cita a otros autores y tal como él entiende sus obras. “Stravinsky también era un poco así y en Petrushka, La consagración de la primavera o El pájaro de fuego usa lenguajes nuevos pero muy personales, por lo que sin ignorar la tradición se escucha a sí mismo y hace algo novedoso”. Y cita otros dos casos más, concretamente los de  Kodály y Bartók. “Ambos estuvieron muy influenciados por la música folclórica, pero el primero la usó directamente, mientras que el segundo la transformó a su lenguaje”. Todo esto le lleva a plantearse lo siguiente en relación al compositor checo: “Dvořák en sus sinfonías muestra las influencias del folclore pero lo trasforma a su lenguaje, en la Sinfonía nº 9 está influenciado por la música negra, india… tiene el espíritu de esas músicas pero es Dvořák”. Lo que le lleva a concluir taxativamente que “las sinfonías nº 8 y nº 9 del compositor checo son muy sinceras" y ésa es la razón por la que “las considera las mejores”. “Me acuerdo que con la Filarmónica de Israel las dirigí en unas 2000 ocasiones y llegábamos a ofrecer 12 veces el mismo programa, algo que en el caso de Dvorak no resultaba para nada desagradable”, valora el director.

   Inbal desde el primer concierto en el que dirigió a la OSCyL vive una relación muy positiva con esta orquesta, lo que se refleja en sus palabras. “Me gustan mucho, son muy profesionales y entusiastas, y nos llevamos muy bien. Me entienden enseguida y me dan lo que quiero, y esa es la razón por lo que vengo con mucho placer a dirigirlos”, expresa un director convencido de que el resultado del trabajo que realiza con la OSCyL “es fantástico”. Sensaciones que, según el propio Inbal, acaba de vivir recientemente con la Orquesta de la RTVE en Madrid interpretando la Sinfonía Nº7 de Shostakóvich.

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