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Crítica: La Filarmónica de Nueva York termina el año estrenando la 'Cuarta sinfonía' de Wynton Marsalis

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5 de enero de 2017

DESPEDIDA DE AÑO EN AMBIENTE FESTIVO

   Por Pedro J. Lapeña Rey
Nueva York. David Geffen Hall  29/XII/2016. Temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Nueva York (NYPO). Christopher Martin, trompeta; Grace Shryock, corno inglés; Joseph Alessi, trombón.  Jazz at Lincoln Center Orchestra con Wynton Marsalis. Director musical: Alan Gilbert. Quiet city de Aaron Copland; Concierto para trombón de William Bolcom; Sinfonía n°4 “The jungle - La selva” de Wynton Marsalis.

   El año termina para todos y obviamente también para la NYPO. El punto final ha sido la tradicional “Gala de fin de año” con música de Aaron Copland y Johann Strauss compartiendo escenario con Joyce Didonato que ha interpretado canciones de Rodgers & Hammerstein y del My Fair Lady de Lerner & Loewe. En esta semana festiva entre Navidad y Año nuevo, en que la mayor parte de las salas de conciertos del planeta se llenas de clásicos estándar, ya sean éstos valses vieneses o grandes éxitos del mundo de la zarzuela o la opereta, Alan Gilbert nos ha sorprendido con un programa enteramente neoyorquino, con el foco puesto en los instrumentos de viento y más específicamente en los de metal, que sin abandonar el ambiente alegre propio de las fechas, se ha salido de los cánones al uso. En él, el célebre trompetista Wynton Marsalis y su Orquesta Jazz at Lincoln Center han cruzado las escasas cuatro calles que separan el David Geffen Hall de la torre Time Warner en Colombus Circle, para estrenar su Cuarta sinfonía, “The jungle-La selva”.

   El indudable tirón del músico de Nueva Orleans ha colocado el cartel de “no hay billetes” para los cuatro conciertos, y la sala se ha llenado no solo del público abonado de la Filarmónica sino también de muchos amantes del jazz y de personas que aprovechan las fiestas navideñas para asistir a algún concierto.

   Winton Marsalis, de quién ya conocíamos sus “Blues Symphony” y su “Swing Symphony”, ha planteado una partitura de grandes proporciones. Tantas que la sinfonía, de seis movimientos, no se interpretó en su totalidad. En el programa de mano, una separata avisaba de que solo se interpretarían los últimos cinco movimientos. Ninguna noticia de por qué no se interpretaba el primero. Aun así, la duración superó los cincuenta minutos. La obra combina espirituales, ritmos de jazz, swing, blues y ragtime con componentes sinfónicos. Tiene un gran componente orquestal. A las fuerzas habituales de la NYPO se sumaron esta vez los quince miembros de la Orquesta Jazz at Lincoln Center, que se situaron en la parte central del escenario, con los miembros de la NYPO rodeándoles. Los cinco movimientos estrenados tienen características muy distintas, y la suma de todas ellas son una suerte de homenaje a la ciudad de Nueva York, que en palabras del compositor, es la “metrópolis más fluida y cosmopolita –una olla a presión- que ha visto el mundo moderno” y que continua la tradición de combinar el mundo popular y del jazz con la música sinfónica que inició Antonin Dvorak y que siguieron George Gershwin, Duke Ellington o Leonard Bernstein.

   Mientras los movimientos rápidos – el hoy inicial, segundo de la obra “The big show”, el cuarto “La esquina” y el sexto y último “Struggle in the Digital Markets”-son un claro ejemplo de combinación de Big Bands, fanfarrias y ritmos latinos, donde uno tiene la sensación de oír por momentos a Duke Elligton, por momentos a Pérez Prado y que transita caminos que compositores como William Russo ya recorrieron hace medio siglo en obras como las “Three Pieces for Blues Band and Orchestra”, el mejor Marsalis sale a relucir en los dos movimientos lentos: el tercero “Lost in sight” y el quinto “Us”.

   El tercero, lleno de preciosas melodías, y donde el Sr. Marsalis combina a la perfección su inspiración y su capacidad compositiva, consigue que las emociones salgan a flor de pie. Hay menos “choques instrumentales” y más composición en conjunto como una preciosa fuga que empieza con las cuerdas, se las va sumando poco a poco cada una de las secciones, los miembros de la “Jazz Orchestra” canturrean como en un espiritual, y acaba con la orquesta en pleno.

   El quinto, “Us-nosotros” está llena de temas evocadores de otra época. Desde las que se escuchaban a las bandas que amenizaban las cenas de los años 30 en restaurantes de “alto copete” hasta las típicas de locales de baile como el mítico “Cotton Club”. Marsalis vuelca mucho la composición en el piano y en los tres saxofones de su orquesta que hicieron una interpretación excelente.

   El último movimiento “Struggle in the Digital Markets” crece en interés e intensidad según avanza en compás de 4/4, y termina en una coda sorprendente, donde en vez de llegar al estallido final que presupones, la obra se relaja con un efecto final, tremendamente impactante, donde sobre la base de las cuerdas y el sonido de las campanas, el propio Marsalis con su trompeta con sordina, da unos tremendos “alaridos” sobre el bajo hecho por el saxofón tenor.

   Si el éxito de una obra se mide en la respuesta del público, se puede decir que ésta es probablemente la de mayor éxito en mucho tiempo. Justo al acabar el último “alarido”, todo el patio de butacas se levantó como un resorte a aclamar a compositor, director y ambas orquestas, quienes hicieron un trabajo realmente encomiable dada la parquedad del tiempo de ensayos para una obra tan compleja. Y dio lugar a algo bastante insólito. Una pieza fuera de programa en un concierto de temporada. El solista de trombón de la NYPO, Joseph Alessi, se sumó a los tres trombonistas de la Jazz Orchestra, al contrabajo, al batería y al piano en el C Jam Blues de Duke Ellington.

   En su primera parte, el concierto había empezado con “Quiet city” de Aaron Copland, una pieza de gran belleza que describe el melancólico amanecer de la gran ciudad. Los solistas de trompeta y corno inglés de la NYPO, Christopher Martin y Grace Shryock hicieron un trabajo excelente. La interpretación cálida, redonda y precisa del Sr. Martin y el sonido suave y aterciopelado de la Sra. Shryock se combinaron de la mejor manera posible bajo la batuta de Alan Gilbert quién hizo filigranas con la orquesta para sacar una versión difícilmente mejorable.

   A continuación tuvimos la ocasión de volver a escuchar el Concierto para trombón de William Bolcom. Hace unos meses, ya hablamos de él en la crítica de su estreno absoluto ( en la pasada Bienal de Música contemporánea. De nuevo Joseph Alessi y la orquesta nos trajeron esta obra de una frescura e impacto indudable y que ha ganado en esta segunda escucha, sobre todo el segundo movimiento, “Blues”, un tema lento de gran belleza donde están presentes el swing y el rythm-and-blues, y donde el solista volvió a dar lo mejor de sí mismo.

Autor:Pedro J. Lapeña Rey
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