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GOLDA SCHULTZ, soprano: «Teresa Berganza me dijo: 'Tienes una voz hecha para cantar Mozart'»

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2 de diciembre de 2019

Teresa Berganza me dijo «Tienes una voz hecha para cantar Mozart».

Una entrevista de David Santana / @DSantanaHL
Resulta sumamente difícil transcribir toda la pasión que muestra Golda Schultz cuando habla de su bella profesión, o cuando explica lo que siente al cantar a Wagner o a Strauss, o por qué Liú es uno de los personajes que con más cariño recuerda. Diría que es prácticamente imposible poner sólo con palabras la jovialidad y las ganas de trabajar de esta soprano que está triunfando en el Metropolitan Opera House y de la que estoy seguro que dentro de poco también empezará a ser conocida por España y por Europa gracias a su talento natural y su versatilidad para interpretar distintos papeles.

De hecho, vive en Múnich, ¿no?

Sí, bueno, no exactamente en Múnich, sino en un pueblo no muy lejos, pero sí, Múnich es mi aeropuerto podría decirse.

¿Desde cuándo?

Pues me mudé en septiembre de 2011 cuando entré en el Opernstudio  de la ciudad. Fue una época muy movida, de Sudáfrica a Nueva York y después a Alemania y, bueno, por ahora ahí sigo.


Es cierto, porque estudió en la Escuela Julliard en Nueva York, ¿no?

Sí, eso es, entré en 2009, entonces tenía unos veintiséis, veintisiete años. Pero en cuanto acabé mis estudios hice varias audiciones en programas para jóvenes cantantes y me cogieron solo en Múnich, así que hice las maletas y me fui.

Una carrera desarrollada en tres continentes: nació y creció en Sudáfrica.

Sí, de hecho nunca pensé que fuese a tener una carrera internacional, no tenía pensado salir de Sudáfrica y alejarme tanto de mi familia. Cuando llegó el momento tuve que mentalizarme, hacerme a la idea de que no iba a ser así.

¿Su relación con el canto comenzó en Sudáfrica?

Sí, claro. Mi madre me apuntó a violín con cinco años y ahí empecé a estudiar música. Después con unos quince años canté por primera vez en el coro de la escuela, pero realmente no di ninguna clase de canto hasta que tenía en torno a veinte años, cuando ya estaba en la universidad. Aquellas lecciones fueron una gran experiencia, me encantaron y me enamoré de la ópera.

Cuando acabé mi carrera, porque entonces estaba estudiando periodismo, lo hablé con mis padres y decidí presentarme a las audiciones para estudiar canto en el Sudafrican College of Music en Ciudad del Cabo. Allí estudié sobre todo como funcionaba el mundo de la ópera durante dos años y después Julliard, donde estudié otros dos años que fueron realmente intensos.


En esta primera etapa se centró bastante en el repertorio mozartiano.

Sí, de hecho, cuando aún estaba en Ciudad del Cabo, en 2008, mi profesora me propuso ir al Concurso Internacional de canto Julián Gayarre que se celebra en Pamplona. Conseguí llegar hasta la final y entonces conocí a Teresa Berganza. Ella se me acercó y me dijo «Tienes una voz hecha para cantar Mozart. Canta Mozart y tu voz estará siempre en forma».

Yo grabé esas palabras en mi mente y las tengo muy en cuenta. Mozart ha sido mi mejor profesor. Su música me ha permitido conocer mejor mi voz y a mí misma, y fue definitivamente el que hizo que amase la ópera y el canto lírico.

Pero en seguida dio el salto a otros repertorios.

Sí, después vinieron Strauss, las obras vocales de Beethoven, Mahler, ahora mismo Schubert... Pero, de todas formas, siempre que tengo dudas con cualquiera de ellos vuelvo a Mozart, y con él mi voz comprende qué es lo que necesito hacer. Mozart y Strauss son mis compositores favoritos y han sido los que más han influido en mi forma de cantar, y bueno, un poco menos, pero también Mahler.

Tampoco me gustaría dejar de mencionar a Beethoven, su oratorio Cristo en el Monte de los Olivos es una de los mejores y es una pena, porque es muy poco conocido. Espero que no estés pensando que soy una “empollona” de la música.

En absoluto, de hecho resulta muy interesante la versatilidad que tiene su voz para adaptarse a distintos repertorios. Me gustaría que me hablase un poco de su experiencia con Wagner mientras estaba en la Bayerische Staatsoper.

Yo he cantado Wagner sólo tres veces: hice de una de las valquirias en La valquiria, de doncella en Parsifal y de Freia en El oro del Rin. Y nunca me ha parecido demasiado difícil. Creo que la clave es tener un buen director –y yo tuve la oportunidad de trabajar con Kirill Petrenko– que sepa bajar el volumen de la orquesta cuando sea necesario y dar espacio a los cantantes. Wagner lo dejó muy bien escrito. Su único problema es que son obras muy largas (ríe).

Me di cuenta con estos papeles que para interpretar a Wagner no hay que centrarse en el volumen sino en el lirismo.


¿Y Puccini? ¿Qué hay del papel de Musetta que también ha interpretado?

Tal vez haya gente que piense que mi voz no es lo suficientemente ligera o brillante como para interpretar a Musetta, pero yo la construyo desde mi voz y en base a las indicaciones de la partitura le doy un color y un carácter diferente. Al final, a partir de mi concepción del personaje y del mundo en general, creo mi propia versión. No me gustaría tener que coger la versión de otra persona.

¿Y cuál es su concepción del personaje?

Personalmente es un rol que me gusta, es muy divertido, lleno de fuerza y fuegos artificiales.

Es un papel muy diferente por ejemplo del de Liú en Turandot, que no es tan espontánea, piensa muy bien todo lo que hace y dice... me resulta increíble que ambos personajes sean obra de una única mente.

De entre todos los papeles que ha interpretado, ¿con cuál se identifica mejor?

¡Que pregunta más difícil! ¿Se das cuenta que me estás haciendo elegir quién es mi mejor amiga? (ríe).

Bueno, me puede decir más de uno.

Amo el personaje de la Condesa Almaviva de Las bodas de Fígaro, de hecho, es el papel que más he estudiado de todos los que he hecho.

También guardo mucho cariño a Liú porque me conecta con Virginia Davids, que fue mi profesora en Ciudad del Cabo. De algún modo Liú es el legado que ella me dejó y, aún hoy en día, cuando abro la partitura escucho la voz de Virginia.

Sin embargo, el papel con el que más me identifico, o al menos el que más se parece a mí y a como me gustaría ser, es el de Sophie de El caballero de la rosa de Strauss. Su relación con la música es muy pura y es muy modesta, pero también muy inteligente. Sabe en todo momento qué es lo correcto y actúa de esa manera, buscando el bien. Creo que si todos fuésemos como Sophie el mundo sería un lugar mejor.

Sí, tal vez visto así, puede que Sophie sea mi mejor amiga (ríe).


Recientemente ha tenido la oportunidad de volver a Nueva York, donde estudió, para cantar en el Metropolitan Opera House el papel de Clara en Porgy and Bess, ¿cómo se sintió en ese momento?

Fue una experiencia muy especial para mí porque fue una noche de estreno en el Met. Yo cuando era estudiante fue más o menos cuando empezaron a hacerse los directos en Times Square la noche del estreno y recuerdo a miles de personas mirando a aquellas pantallas gigantes viendo y escuchando lo que sucedía dentro del teatro.

Me vi a mí misma saliendo en esas pantallas y pensé «¡Wow! Esto es mucho más impresionante a cómo me imaginé que sería mi vida».

¿Pensó en cuál sería la reacción del público?

Creo que tuvimos impacto, ese momento en el que estábamos sobre el escenario gente de color, cantando música compuesta expresamente para nosotros... Comprendí que estábamos llegando a la gente, lo cual es una responsabilidad que está presente cada vez que te subes a un escenario, pero yo la asumo con felicidad y también con conciencia,

Y una vez que ha llegado hasta aquí, ¿cuáles son sus planes para el futuro?

Por un lado me gustaría ampliar mi repertorio, por ejemplo acercarme más a las obras de Verdi. En general, ser más valiente y atreverme a probar nuevos registros como Donizetti, Bellini o Rossini que aún me generan respeto por su uso de la coloratura, ¿qué le vamos a hacer? No soy perfecta. Pero Guillermo Tell es una de mis obras favoritas y me encantaría cantarla.

También me gustaría ampliar mi repertorio hispano-latino. Solo he tenido la oportunidad de cantar en español María de Buenos Aires de Piazzola y lo cierto es que amo la cultura española. He tenido la oportunidad de estar varias veces en España y cada vez me enamora más y más. Así que siempre ando pidiéndoles a mis representantes a ver si me pueden conseguir algún papel en España, ¡haría incluso de la primera doncella de Electra o de Barbarina de Las bodas de Fígaro!

Autor:David Santana
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