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Crítica: «Hadrian» de Rufus Wainwright en el Teatro Real de Madrid

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Autor: Jorge V. Durán
28 de julio de 2022

El Teatro Real de Madrid acoge el estreno en Europa de Hadrian de Rufus Wainwright, con un reparto encabezado por el barítono Thomas Hampson (Adriano), el tenor Santiago Ballerini (Antinoo) y las sopranos Alexandra Urquiola (Plotina) y Vanessa Goicoetxea (Sabina)

«Hadrian» en el Teatro Real de Madrid

Estreno Europeo de Hadrian, de Rufus Wainwright


Por Jorge V. Durán
Madrid, 27-VII-2022, Teatro Real. Hadrian (Rufus Wainwright). Thomas Hampson (Adriano), Vanessa Goikoetxea (Sabina), Santiago Ballerini (Antínoo), Christian Federici (Turbo), Alexandra Urquiola (Plotina), Alejandro del Cerro (Trajano), Vicenç Esteve (Fabio) Gregory Dahl (Hermógenes), Pablo García-López (Primer senador), Josep-Ramon Olivé (Segundo senador), David Lagares (Tercer senador), Berna Perles (Lavia) Albert Casals (Dinarchus), Patricia Redondo (Chico). Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Scott Dunn. Dirección de escena: Jörn Weisbrodt. 

   La historia de amor entre Antinoo y Adriano es convertida en ópera por Rufus Wainwright con libreto de Daniel Maclvor, basado en obra de Marguerite Yourcenar. El Teatro Real finaliza así su temporada con una ópera actual, semiescenificada y de función única con el drama de la muerte de Antinoo y la locura del emperador Adriano. La propuesta, interesante, se ha quedado a medio camino en muchos de los aspectos que hacen de la ópera un género donde se necesita la conjunción de varios aparatos artísticos para su culminación.

   En particular, el centro de atención de la ópera se pierde en innumerables ocasiones por la cantidad de objetos narrativos a los que nos enfrentamos. La dirección escénica (semiescenificada) y la pantalla de fondo no ayudan. La elección de utilizar el trabajo de Robert Mapplethorpe es acertadísima sin lugar a dudas para una ópera de las características que quería mostrar el Hadrian de Wainwright. Ahora bien, la solución no termina de funcionar. No imprimen un sentido escénico y dramático a la trama. Desgraciadamente, la pantalla está como un elemento externo a la música. Es una pena, pues la obra de Mapplethorpe podría haber jugado un papel precioso para con esta composición. Realmente acertada su elección, pero ejecutada de forma regular.

«Hadrian» en el Teatro Real de Madrid

   Así como se pierde el centro gravitatorio de la obra, se pierde el mensaje. Primeramente, desde el inicio hasta el final, Adriano no evoluciona como personaje. Posteriormente, en el arco de Antinoo ocurre un poco lo mismo. Si Antinoo era tratado en igualdad por Adriano, desafortunadamente la ópera no lo hace a lo largo de su línea dramática. Pese a que Santiago Ballerini está extraordinario, el rol como tal no cuadra en lo que concierne a una ópera que trata sobre amor con una perspectiva actual. Vemos a un personaje sin casi poder de decisión, limitado a contar estrellas en el firmamento mientras el emperador mira, enamorado. ¿Está enamorado Antinoo de Adriano? No nos queda del todo claro hasta la escena del tercer acto donde Antinoo cuida del enfermo Adriano. En toda esta problemática, podemos llegar a preguntarnos qué sentido tiene sustituir la trama tradicionalmente heteropatriarcal de tenor que va a por la soprano y el barítono trata de impedírselo, por un barítono que va a por un tenor y la soprano que trata de impedirlo. ¿Acaso no existen otras formas de amor moderno? Una ópera no la hace el canto lírico, al igual que una ópera que trata de ser reivindicativa por la visibilidad del amor homosexual, no se hace cambiando unos estándares de poder por otros. Antinoo se termina convirtiendo en una escultura de mármol blanco de Carrara pulido.

   El compositor, junto con el libretista, tratan de abrir la puerta al pasado de una manera ambiciosa. Pese a ello, tanto el libreto como la partitura, sufren de algunas fallas que en ocasiones opacan el resto del desarrollo dramático. Aun así, el lirismo y suspense de secciones dedicadas a Adriano, con un Thomas Hampson metido en el papel, así como en los pasajes de duda y duelo, dentro de los complots palaciegos, lucen muy bien. En contraste, es de señalar cómo hay una falta de entendimiento entre los clímax en el libreto y en la música. En muchas ocasiones están desequilibrados, generando una sensación de incomodidad al espectador que puede llegar a no entender lo que debe sentir. 

   En cuanto a la instrumentación, existe una sobreorquestación de la obra. Resulta extraño que una ópera realizada en 2018 tenga que recurrir a una orquesta tan sumamente grande sin ninguna razón aparente. Precisamente, el intimismo y lirismo de Wainwright es difícil de ver entre la masa. Un intimismo y poética que sí se puede apreciar en trabajos como Take all my love del sello discográfico Deutsche Gramophone, el cual recomendamos su escucha a todo fanático del artista. Es en esos momentos donde sí podemos oír la voz del compositor, desplegándose con toda virtud de cualidades.

«Hadrian» en el Teatro Real de Madridan

   Volviendo a momentos estelares hay que destacar las partes dedicadas a Sabina, de la mano de Vanessa Goikoetxea que estuvo espectacular. Se hizo con el carácter al instante y no solo eso, sino que hizo gala de su gran registro técnico. Precisamente, Wainwright dejó fluir su escritura hacia una pose más natural para con él mismo en esos pasajes de Sabina. Fueron los momentos de mas frescura de la obra. Pero parecía que por el hecho de estar escribiendo «una ópera» se cortaba las alas a la fantasía musical.

   La orquesta y coro del Teatro Real, como es de esperar, pese a la regular orquestación y dirección musical, estuvieron a un gran nivel. Cabe mencionar el gran trabajo tanto de los percusionistas como del arpa, con pasajes demandantes a lo largo de gran parte de la obra. Es de resaltar la suerte que tenemos en Madrid de contar con un grupo de personas de tal calibre musical y profesional, capaces de abordar cualquier tipo de reto operístico que les demanden, ofreciendo al público siempre grandes resultados. Polivalencia, profesionalidad y calidad, así se define la orquesta y coro del Real. Sin ellos, temporadas tan diversas (ojalá más y más con el paso de los años) no serían posibles. 

   En general, una noche bonita para cerrar la temporada, con ese deseo de mayor inclusión, en este caso de amor homosexual, en el mundo de la ópera. Ojalá sea así, y poco a poco (porque las cosas de palacio van despacio), seamos capaces, público, profesionales del mundo de la ópera y administradores de los grandes teatros, cumplir con ese cometido de mostrar un arte cada vez más activista, integrador y diverso.

Fotos: Javier del Real / Teatro Real

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