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Crítica: Hahn y Sokhiev interpretan Vieuxtemps y Tchaikovsky con la Filarmónica de Berlín

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1 de junio de 2014
Hilary Hahn

EVOCACIONES RUSAS

Por Alejandro Martínez

29/05/2014 Berlín: Philharmonie. Hilary Hahn, violín. Orquesta Filarmónica de Berlín. Tugan Sokhiev, dir. Obras de Vieuxtemps y Tchaikovsky. Evocaciones rusas

   Hilary Hahn es ya hoy, por méritos propios, la violinista referencial de su generación. Y si me apuran, la violinista de referencia en términos generales, cuando algunos veteranos como la alemana Anne Sophie Muter o Itzhak Perlman no ofrecen ya demasiado que sorprenda y estimule. Bien mirado, Hahn, nacida en 1979, ya no es tan joven y lejos de ser una joven promesa es ya, a resultas de su trabajo, la violinista de moda, eclipsando de algún modo a los Shaham, Chang, Vengerov, Jansen y compañía. Y es que lo tiene todo: virtuosismo técnico, expresividad consumada, elegancia, entrega, temperamento… Exquisita y abrumadora. Desde su magnética mirada a su gesto seguro y comunicativo, todo en ella irradia verdad, esa verdad musical que tan pocos intérpretes consiguen compendiar en su ejecución. Una ejecución que es de tal pureza y seguridad que resulta arrebatadora en sí misma. En esas condiciones, su recreación del Concierto para violín No. 4 de Vieuxtemps rozó lo memorable. Es curiosa, dicho sea de paso, la historia y resonancias de este concierto. Vieuxtemps era también en su día un brillante solista con el violín. Tenido por un virtuoso, fue invitado por el zar Nicolas I a ofrecer una gira por Rusia, recalando en San Petersburgo desde 1846 a 1852. Fue entonces, hacia 1849, cuando compuso este concierto, que es una inspirada evocación del bullicio cultural de la capital imperial. El concierto asume algunos influjos de la estructura formal operística, con exposiciones que siguen el esquema de recitativo-aria-dúo en el diálogo entre violín y orquesta, entremezclado todo ello con cadencias de un virtuosismo extenuante. A tenor de esta naturaleza, Berlioz se refirió a esta obra como “una magnífica sinfonía con violín solista”. Como propina al cierre de esta primera parte, Hilary Hahn interpretó la Sarabande de la Partita para violín No. 2 de Bach. Con este Bach confirmó Hahn hasta qué punto ha hecho del virtuosismo técnico la mejor suma de su honda expresividad. Apabullante.

   Ya en la segunda parte, Tugan Sokhiev, maestro con cada vez más credenciales, nos dejó un sabor de boca agridulce con la sinfonía Manfred de Tchaikovsky. Encontramos en sus manos una lectura un tanto genérica, buscando más lo efectista y extrovertido de algunos pasajes que una expresividad hecha de detalles y contrastes. Un poco tumultuoso y grueso, en suma. Aunque quizá no sea tanto un asunto achacable a su trabajo, ni al desempeño de la Berliner, como sí a la propia naturaleza de la partitura, que demanda en demasía un sonido a veces grueso y epatante. Es sorprende la proximidad de esta obra con las tres últimas y grandiosas sinfonías de Tchaikovsky. Este poema sinfónico con ambiciones y estructura de sinfonía fue de hecho compuesto entre la cuarta y la quinta sinfonías, pero sin el refinamiento y el pathos que a aquellas y a la sexta las haría únicas, a diferencia de esta Manfred, que al final se antoja un tanto falta de poesía. Resulta también paradójico que, pese a ser un poema sinfónico, de algún modo con un discurso dramático y sentimental dictado de antemano, sea sin embargo una obra un tanto hueca. Estamos ante una obra controvertida, en todo caso, genial para algunos, mediocre para otros. Recordemos dos afirmaciones gruesas atribuidas a dos genios: para Toscanini era la mejor sinfonía de Tchaikovsky, mientras que para Bernstein era una basura. Seguramente, ni tanto ni tan poco. Sea como fuere, del rendimiento de la Filarmónica de Berlín con esta partitura, poco cabe decir: simplemente extraordinario en términos de pura ejecución técnica y calidad del sonido. Brillante maridaje también el de las dos partituras que integraban este programa, sendas evocaciones del diálogo entre la Rusia de mediados y finales del siglo XIX con la Europa central de aquel tiempo.

Foto: Michael Patrick O'Leary

Autor:Alejandro Martínez
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