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Crítica: Hortense Cartier-Bresson en el Festival de Piano «Rafael Orozco» de Córdoba

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Autor: José Antonio Cantón
15 de noviembre de 2022

Hortense Cartier-Bresson ofrece un recital en el Conservatorio Superior de Música de Córdoba dentro del Festival de Piano «Rafael Orozco»

Hortense Cartier-Bresson en el Festival de Piano «Rafael Orozco» de Córdoba

Académica objetividad

Por José Antonio Cantón
Córdoba, 10-XI-2022.  Conservatorio Superior de Música de Córdoba. XX Festival de Piano «Rafael Orozco». Recital de Hortense Cartier-Bresson. Obras de Bach, Brahms y Schubert.

    La presente edición del Festival de Piano «Rafael Orozco» ha querido contar en sus recitales con una autoridad académica como la que encarna la pianista francesa Hortense Cartier-Bresson, una de las autoridades didácticas más relevantes del Conservatorio Nacional Superior de Música de París que es como decir uno de los centros académicos más importantes del mundo e institución donde mejor se conserva la gran tradición musical francesa. Se presentaba en Córdoba con un programa de autores de la escuela austro-germana de la que es tenida como una especialista. Así inició su actuación con la Toccata en re menor, BWV 913 de Juan Sebastián Bach, obra de intensa emocionalidad en cada una de sus cinco partes, destacando la doble fuga de la última, con la que la intérprete corroboró su estudiada aportación a toda la pieza dejando una tendente sensación romántica en su versión que venía a enriquecer la pulcra expresividad que la caracteriza.

   Ateniéndose a un criterio liederístico, planteó la ejecución de las Fantasien op. 116 de Johannes Brahms. Los siete números de esta colección agrupados en dos partes sirvieron para determinar el sólido sentido que tiene esta intérprete de esta esencial música del compositor hanseático. Así ofreció una versión intensa y a la vez transparente del aire Presto energico del Capriccio que abre este opus, enfatizando sus sincopados impulsos. En el Intermezzo siguiente reforzó la idea poética que pretende el compositor, intención que se vio realzada en su parte central con especial delicadeza. Un controlado apasionamiento fue la tónica de su lectura del segundo capricho, cantando su parte intermedia con toda la riqueza polifónica, casi orquestal, que es capaz de ofrecer el instrumento. La orientación lírica prevaleció en su interpretación del intermedio que ocupa el cuarto lugar de la obra dándole un efecto de persuasiva fantasía, con lo que justificaba, más que en cualquier otro número, el título de la obra. La naturaleza intimista del tercero de los intermezzi la transmitió con un delicado y misterioso balanceo contrastado con cierta pasión en su parte central. Hizo un ejercicio de lógica musical en su dicción del último intermedio, exponiendo con claridad su estructura armónica como esencia de su valor estético, sirviéndose de un pedal magistralmente activado que le llevaba a diferenciar esos mínimos detalles de gradación dinámica que propone el compositor. Por último hay que valorar la excelente exposición de los prodigiosos entrelazados legati del capricho con el que concluye este precioso grupo de piezas, en cuya modélica interpretación, Hortense Cartier-Bresson justificó con creces su calidad de especialista en el piano de Brahms.

   El academicismo que fluye de los conceptos estéticos de esta maestra del piano tuvo su confirmación al adentrarse en la complejidad de la Decimoctava sonata en la menor, D 845 de Franz Schubert. En el Moderato que la apertura se pudo apreciar el grado de concentración al que llegó en su lectura para transmitir los intrincados recursos armónicos con los que se expresa el autor, dentro de un elocuente realce polifónico, actitud que cuidó en extremo para manejar la lógica de su desarrollo, perfectamente resumido en su concepto de la coda. Siguiendo con su análisis sonante, hizo distinción del tema y variaciones que presenta el segundo movimiento, un Andante poco mosso en Do de clara inspiración poética, cuya línea de canto definió con ese excelso carácter de lied tan propio de este compositor. En el Scherzo usó su alternancia tonal como elemento contrastante de expresividad, dejando clara la que debe ser una de sus prevalencias en su forma de perfeccionar la interpretación de una obra; partir de una claridad fenomenológica en el concepto para poner el mecanismo al servicio de su forma. En la excelsa simpleza del trío logró otro de los momentos estelares de su acción musical. Los distintos caracteres emocionales que contiene el rondó final fueron diferenciados sin dejar la conjunción que requieren a través de la ilación que le dan sus pasajes martelatti que se suceden en su transcurso, demostrando así alcanzar esa particular lectura interna que requiere este movimiento de la sonata. Cerraba de este modo todo un ejemplo de información objetiva claramente desarrollada al servicio de la música.

La generalizada satisfacción del público se vio manifiesta en un intenso aplauso al que correspondió Hortense Cartier-Bresson con una vuelta a la música de Brahms en el quinto número de su Klavierstück op. 118, una Romanza que transmitió delicadamente contracantada con un especial toque cuasi-impresionista en el Allegretto grazioso que la divide, poniendo punto y final a una sólida actuación detraída de un determinante sentido académico.

Foto: María Cariñanos / Festival Rafael Orozco

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