Codalario
Está viendo:

ISABEL VILLANUEVA, violista: 'El público tiene que sentir que existen grandes artistas españoles'

  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter
 
9 de julio de 2014

 Isabel Villanueva (1988) es una de las violistas españolas más destacadas de nuestro panorama artístico. Ha sido galardonada con premios en España, Italia, Suiza, Reino Unido, Rusia,  Rep.Checa. Entre sus compromisos más importantes figuran conciertos como solista con la Orquesta RTVE, Nacional de Estonia, Moscow Soloists, y en salas como Philharmonic Hall de San Petersburgo, Estonia Concert Hall, Palau de la Música Catalana, Teatro Monumental, Wigmore Hall o el Slovene Philharmonic Hall de Ljubljana. En 2013 se convirtió en la primera violista internacional en ofrecer recitales en Irán. Le acaban de conceder el Prix "Albert Lullin" en Ginebra.

Ha estudiado al lado de artistas tan importantes como Igor Sulyga, Lawrence Power, Yuri Bashmet y Nobuko Imai. ¿Qué le han aportado cada uno? 

Cada uno de ellos ha sido el más importante en cada una de las etapas que estuve aprendiendo con ellos. Mis comienzos fueron con Igor Sulyga en Oviedo, a quien conocí por casualidad después de un concierto. Él me aportó la base y la conciencia de sensibilidad artística desde el primer momento. A los diecisiete años conocí a Yuri Bashmet en la Accademia Chigiana de Siena, era mi referencia de la viola desde el principio y sentía una gran admiración hacia él. Fui seleccionada tras unas pruebas, pudiendo estar durante cinco veranos inspirándome con sus ideas artísticas. A Lawrence Power, lo conocí recomendado por un buen amigo, toqué para él y decidió cogerme como uno de sus tres alumnos en el Royal College of Music de Londres. Él fue el ejemplo claro del concertista en activo, con el que aprendí lo importante que es ser flexible y adaptarse en todas las situaciones y formas, llevar al extremo tus aspiraciones. A Nobuko Imai la conocí en un festival en Francia, y quedé entusiasmada por su sabiduría y psicología. Me propuso estudiar con ella en Ginebra, algo maravilloso, un lujo el poder haber estado interiorizando los consejos artísticos de una artista con tanta experiencia en la vida y una profundidad tan especial hacia el arte. Todos y cada uno de ellos son muy diferentes y por ello ha sido tan enriquecedor absorber sus enfoques artísticos y tener tan variadas referencias. Al fin y al cabo todos estos años han servido para descubrirme más en profundidad, como persona y como artista.

Al principio se interesó más por la guitarra. ¿Por qué cambió?

Comencé con la guitarra a los cinco años gracias a que, en casa, mi padre tocaba a menudo, me gustaba escucharle, y me empezó a enseñar. Tenía talento y participé con éxito en concursos y conciertos, y a los nueve años hice las pruebas para entrar en el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate de Pamplona, con la mala suerte (o buena), de que pese haber quedado en el primer puesto, ese año no quedaban plazas libres de guitarra. Me sugirieron coger otro instrumento durante un año. Así que vi y escuché todos los demás instrumentos ofertados, y, cuando apareció la viola fue algo sorprendente para mí! Un violín grande con sonido profundo! Tenía cierto enigma y se metió en mi cabeza la idea de que quería empezar con la viola. Así que convencí a mis padres de que no quería ni el violín ni el piano, que es lo que teníamos en casa, sino la viola. Seguí con ambos instrumentos hasta los catorce años. La guitarra ha sido y será mi instrumento más querido y del que guardo muy bonitos recuerdos. La viola fue una revelación, el descubrimiento de una voz nueva y de sentir lo ilimitado en cuanto a posibilidades expresión a través de ella, al mismo tiempo que entendí que había mucho aún por hacer para sacar la voz de la viola como instrumento solista independiente, y esa fue también una de mis prioridades desde muy temprano: difundir esta misteriosa voz en la que el sonido es su mayor atributo. La viola por su historia evolutiva, por su construcción instrumental, tiene un áurea de misterio. Ocupó un lugar intermedio en los roles orquestales, camerísticos y al mismo tiempo fue instrumento muy querido por compositores como Bach, Beethoven, Mozart, Berlioz, Paganini (quienes tocaban la viola) que compusieron obras para ella. A partir de finales del siglo XIX la viola empezó a evolucionar como instrumento solístico y numerosos compositores empezaron a escribir conciertos a la vez que surgían solistas que impulsaron su desarrollo de forma extraordinaria como Tertis o Primrose. El siglo XX es el renacimiento de la viola en cuanto al máximo desarrollo de sus posibilidades expresivas, de diferenciar las cualidades independientes de la viola y de situarla sin compararla con el violín o el cello; profundizando en su esencia, en la belleza de su sonido, de sus colores y de su rango tímbrico. Un proceso que continúa, aún con más auge, por lo que estamos ahora en una época fascinante para este instrumento.

¿No ha pensado nunca en interpretar en alguna ocasión obras para violín?

Una de las ventajas que tiene la viola es que puede tomar repertorio tanto del violín como del violonchelo, y es algo que habitualmente hacemos los violistas. Por ejemplo, las partitas de violín y las suites de cello de Bach, así como sonatas y piezas con piano. Personalmente he tocado algunas obras de los otros instrumentos, incluso he realizado yo misma versiones de obras tanto de violín como cello, y es algo que si está bien hecho tiene muy buenos resultados en la viola, ya que posee un registro tímbrico que abarca tanto los graves de cello como los agudos del violín.

A los 14 años debuta como solista interpretando el Concierto para viola de Haendel en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo.

 Oviedo fue la ciudad donde estudié con mi primer maestro, Igor Sulyga, durante ocho años. Una vez me presentó a Yuri Nashuskin, director entonces de la Joven Orquesta de Asturias, y después de escucharme decidió programarme en un concierto que tenían anualmente en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana. Un concierto muy especial del que tengo un recuerdo precioso. Y fue precisamente en aquella ocasión cuando tuve la sensación y me di cuenta, de que estar arropada por una orquesta y poder expresarme libremente con mi voz, la viola, era algo por lo que quería vivir.

 Llama la atención el extenso número de premios que ha obtenido. ¿Cuál es el que más ilusión le ha hecho y el que más le ha servido a nivel profesional?  

Los concursos son importantes pero hay que darles un valor relativo. Por una parte ayudan a preparan seriamente un programa y llevarlo a tu máximo. Por otra parte, si resultas exitoso, puede ayudarte a abrirte camino y darte nuevas oportunidades. Para mí los concursos han sido importantes sobre todo en la preparación de grandes programas y para tocar en situaciones extremas. Eso ayuda y fortalece mucho a nivel personal y artístico. Cada uno de ellos ha sido importante, ya que después al finalizarlos sientes que has dado un pequeño paso. El hecho de que se celebren en lugares tan distintos en el mundo es también un punto importante, una manera de aprender a ser flexible y de adaptarte, y de ser consciente de lo que tienes y lo que puedes dar de ti mismo. Pero lo que tengo claro, es que los concursos no te llevan al éxito, sólo te dan un cierto empuje y reconocimiento que debe uno mismo afianzar y expandir.

¿Qué supone para usted que se le haya concedido el Prix "Albert Lullin" en Ginebra?

 Este reconocimiento no ha sido de un concurso como tal - no tiene fases ni puedes presentar una candidatura. Hace dos semanas me llamaron por teléfono y me dijeron que me había sido otorgado el ‘Prix Albert Lullin’, un galardón que concede la ciudad de Ginebra,  en colaboración con la Haute École de Musique de Genève, y que premia al mejor instrumentista de cuerda del año por su talento y sus méritos artísticos. Es un honor ser reconocida de esta forma en Suiza, y más siendo una violista.

¿De qué manera está planificando tu carrera? ¿Parece obvio que quieres hacer una carrera importante como solista pero, ¿qué pasaría si saliera un puesto de viola principal en una orquesta como la Filarmónica de Viena? Renunciaría a su carrera como solista?

La carrera artística es un camino muy largo en donde a veces no puedes controlar todo, pero sí es cierto que es necesario tener ideas y objetivos claros desde el principio, y ser fiel a ello. Desde mis comienzos, quizá por mi personalidad, por mis cualidades, he tenido siempre la necesidad de expresarme con la viola y ser escuchada. Y eso es algo que no lo he decidido, sino que lo siento así. Creo en mis posibilidades y en lo que puedo aportar desde mi interior. La dirección que llevo desde el comienzo es la de desarrollar una carrera solista, como vía para expresarme libremente a través de la viola, ya sea en conciertos con orquesta, recitales a dúo con piano o música de cámara. Considero que un músico de orquesta desarrolla un trabajo muy distinto y debe tener otras cualidades personales y artísticas diferentes. Debes prepararte con otro enfoque. No es mejor ni peor, pero no es lo mismo. A veces hay que arriesgarlo todo por un sueño. Y si tienes la suficiente constancia, pasión y suerte, creo que se puede llegar a lo que cada uno se proponga.

Dentro del repertorio para viola, ¿qué obras le parecen más interesantes o bellas?

El repertorio de viola tiene grandes obras maestras, si tuviera que quedarme con tres, una de ellas sería el Concierto de Bartók, una obra que he interpretado en numerosas ocasiones y que posee una intensidad y energía, a la vez que un genial carácter húngaro, que permite expresar y desarrollar las cualidades de la viola de forma extraordinaria. Ello a pesar de que no pudo ser completado íntegramente por el propio Bartók y fue finalizado por su alumno Tibor Serly. Otra de mis obras más queridas es la Sinfonía Concertante para violín y viola de Mozart, una obra de belleza suprema y de gran profundidad humana. Y por último, destacaría la Sonata para viola y piano de Shostakovich, su última obra y, de alguna forma, una retrospectiva de su vida, que incluye citas de compositores como Mahler, Beethoven, Wagner o Tchaikovsky. Es una obra que pude trabajar hace años con Igor Sulyga y Yuri Bashmet, quienes estuvieron personalmente con el compositor, y tuve además la oportunidad de tocarla en varias ocasiones con Mikhail Muntian, pianista que estrenó la sonata en 1975 en San Petersburgo con su dedicatario, el violista Feodor Druzhinin.

¿Analiza las obras previamente? ¿Necesita entender la estructura de la partitura o sólo se centras en su parte?

El estudio es algo muy personal que puede tener múltiples variantes según la obra que estés estudiando, la plantilla de instrumentos, el tiempo del que dispongas para prepararla… no es lo mismo estudiar una obra para viola sola que un concierto, o una sonata, o una parte de viola en un quinteto. Es muy importante saber el contexto de tu voz, y sentir donde necesitas estar presente o donde hay alguien con algo que decir que necesita sobresalir más. Personalmente cuando estudio una obra, me gusta saber el contexto de esa obra y del compositor a la vez que voy descubriendo la parte de viola solo y la general. Pero siempre pensando en el fin de la obra. Si es un concierto, tener la sensación de concierto desde el comienzo y por supuesto analizar y aprender la parte orquestal. Si es una sonata, es un ambiente más reducido y por tanto más íntimo, y la forma de aprender la obra cambia, el enfoque es más sensible, y hay que estar unido a la parte de piano. Una obra para viola solo tienes que analizar las voces para saber mostrar el relieve principal, al mismo tiempo que, como no tienes el sustento de otras voces, eres tú mismo el director de la obra a la vez que el intérprete. En cualquier obra de cámara a partir de dúos, es muy importante la capacidad de escuchar, de percibir todas las voces y de ser muy ágil a todo cuanto sucede a tu alrededor, aportar tu voz y que sea escuchada en los momentos necesarios y respetar las demás voces, para que sea una comunicación y un intercambio musical realmente vivo. Cada una de estas facetas es fascinante y muy importante para el desarrollo de un artista.

¿Hábleme de su viola Enrico Catenar de 1670?

 Es un honor para mí poder expresarme con esta viola italiana construida en Turín, en 1670. Tengo la gran suerte de poder disponer de ella gracias a la cortesía de su propietario. Desde el primer momento que la descubrí en Londres en 2010, supe que esa viola era mi voz. Desde entonces hasta hoy ha habido un proceso largo de adaptación, yo a ella, y ella a mí. Al ser un instrumento tan antiguo, tiene ya desarrollada su propia personalidad y eso hace que sea más difícil de conocer que los instrumentos modernos.  Son instrumentos sensibles a la temperatura, a los viajes, incluso a las manos de quien esté tocándolo. Es como una prolongación de mi misma.

 ¿Qué obra le interesaría grabar?

En 2007 realicé una grabación para el archivo de RNE con la Sonata nº.1 op.120 de Brahms y piezas rusas de Glière, Tzindzadze y Lysenko. Dentro del repertorio hay muchas obras interesantes que me gustaría presentar. Depende de muchos factores el repertorio a grabar y las circunstancias, pero de momento estoy valorando ya algunas posibilidades para un primer proyecto discográfico.

 ¿Con qué artistas le ha resultado más estimulante trabajar?

Inevitablemente la primera persona en la que pienso es Sofia Gubaidulina. De todos los artistas que he conocido ha sido la que causó de inmediato una sensación de magia dentro de mí. Una persona tan intensa y espiritual que parecía de otro sistema de energías. Fue en 2012, en Rusia cuando la conocí. En la gala de su 80 aniversario, trabajé con ella su obra ‘Two Paths’ para dos violas y orquesta y la interpreté allí con la Orquesta Sinfónica Nacional de Estonia en la Sala Grande de la Filarmónica de San Petersburgo. Una experiencia realmente inolvidable. Pocos seres humanos hay actualmente que tengan una intensidad y una verdad interior tales que transmitan de forma única el arte. Cuando encuentras a uno de ellos, lo reconoces al instante y comienzas a pensar en cómo el mundo muchas veces es tan superfluo que no se ocupa de cosas que de verdad importan, tan sencillas pero esenciales para el desarrollo del ser humano. El arte es el conector entre lo tangible y lo intangible.

¿Tiene representante? ¿Crees que es importante para un artista tenerlo?

Actualmente tengo representante, y pienso que los representantes pueden hacer mucho por los artistas si de verdad lo quieren. No sirve de nada estar en una agencia si te dejan en una lista como si se tratase de un mercado. Es importante que quien trabaje contigo crea en ti y se preocupe realmente. No obstante, otra gran parte de las veces, es uno mismo quien, a través de sus contactos y compañeros musicales, encuentra oportunidades. No hay una fórmula para saber qué es mejor y cómo hacerlo.

 ¿Cree que España da a sus más importantes intérpretes las suficientes oportunidades artísticas?

Este es un tema que me preocupa desde hace tiempo y me parece realmente importante, y es que, en mi país, aún sigue la costumbre de traer la mayoría de veces a artistas extranjeros, en vez de presentar a artistas españoles. Muchos de nosotros estamos viviendo fuera de España por las condiciones culturales y educacionales que existían hace unos años. La situación ha mejorado muchísimo y el nivel de calidad artística ahora es realmente bueno y no tiene nada que envidiar a otras nacionalidades. Con mi perspectiva al estar viviendo fuera, veo países como Alemania, Reino Unido, Francia, Rusia, que apoyan enormemente a sus artistas y aparecen con gran frecuencia en todas las programaciones. Es más, existe un grupo consolidado de artistas de cada generación. En cuanto a España, estamos muy lejos de eso. Pero pienso que ahora es el momento dorado, que a pesar de la crisis, España y sus instituciones deben tomar medidas para abrir ese camino tan importante que nos falta, estabilizar una base y presentar al público a los artistas españoles de la más alta calidad. Al fin y al cabo es una cuestión de respeto y valoración de lo nuestro. ¿Quién si no va ayudar a los músicos españoles?

¿Qué aspectos del contexto musical español le parece que sería bueno perfilar o plantear de otra manera para mejorar nuestra cultura musical en general?

Unido con la pregunta anterior, pienso que debemos apoyarnos y valorarnos, y que las personas que tienen la responsabilidad de tomar las decisiones de programación apuesten sin miedo y con orgullo por artistas españoles al mismo nivel que apuestan por los de otras nacionalidades. Especialmente por artistas españoles jóvenes. El gran público tiene que sentir que existen grandes artistas nacionales, independientemente de si viven o no en España. Es cierto que algunas instituciones y entidades lo tienen presente y lo apoyan pero, en general, si no hacemos esto ahora, el futuro volverá a llenarse de nombres extranjeros, y nunca podrá haber una evolución musical española.

Fotografía: www.kirillbashkirov.com

Autor:Aurelio M. Seco
  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter

Compartir

0 Comentarios
Insertar comentario

Para confirmar que usted es una persona y evitar sistemas de spam, conteste la siguiente pregunta:

* campos obligatorios

Aviso: el comentario no será publicado hasta que no sea validado.

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico