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JESÚS REINA, violinista: 'Mi imagen mediática me preocupa más bien poco'

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1 de diciembre de 2017

JESÚS REINA, violinista: ´Mi imagen mediática me preocupa más bien poco´

   Una entrevista de Aurelio M. Seco | @AurelioSeco / Foto: Fernando Frade
Jesús Reina es uno de los más importantes músicos españoles del presente. Sin darse importancia, porque estamos ante un hombre sencillo, modesto en las formas, de una naturalidad pasmosa, Reina parece servir sus excepcionales dotes artísticas desde la más absoluta modestia y serenidad. Fuertemente influido por el arte de Pinchas Zukerman, uno de sus maestros, el español ha conseguido distinguirse por las cualidades de su sonido, su entereza, presencia, color, personalidad. Lejos de mediatismos vacuos, totalmente alejado de ellos, se podría decir, Jesús Reina va haciendo su carrera dando pasos de gigante sin que muchos se den cuenta. CODALARIO ha querido dedicar este mes de diciembre, tan señalado por obvios motivos, a un artista importante y ciertamente especial, cuya carrera debería estar, por justicia artística, situada en un nivel sin duda superior, nacional e internacional. Reina puede ser de alguna forma el Leonidas Kavakos español, por esa peculiar forma de ser, de tocar y entender el sonido, de resultar excepcional sin alardes vacuos, pasajeros, sin movimientos esperpénticos ni sonoras zalamerías. Sorprenden sus dotes musicales: su afinación impecable, la entereza y bondad de su fraseo; sobre todo la calidad su sonido. Estamos ante un grande español: al César lo que es del César.

¿Cuál es su relación con la Universidad Alfonso X?

Llevo varios años siendo profesor visitante de violin en la Facultad de Música y Artes Escénicas de esta universidad. La enseñanza es algo que veo como parte integral del músico. Pienso que un músico tiene el placer y responsabilidad de tocar y enseñar. Esta universidad me da la oportunidad de llevar una actividad como profesor con continuidad y a la vez poder seguir desarrollando mi carrera como intérprete. Además, ocurre algo curioso,  y es que comparto los alumnos con Alfredo García, quien fue asistente de Mauricio Fuks en la Universidad de Indiana cuando yo estudiaba con él allí. Ha sido un bonito reencuentro y un lujo artístico poder aportar a un proyecto de tal envergadura.

Hábleme de las personas más importantes de su vida.

Una de las personas que más importancia tuvo en mi vida no la lleguéa conocer en persona. Fue un violinista folclórico que vivía en mi barrio. Mi madre me llevaba en el carro por la cuesta, me paraba en la esquina donde estaba la casa de este violinista, y yo  lo escuchaba tocar e imitaba los movimientos de violín. Mi abuelo fue quien me inició en ese mismo folclore malagueño, denominado “verdiales”. Se trata de música festiva con cante y baile en la que participan guitarras, panderos, platillos, y el violín.

Soy muy familiar y siento que todos los componentes de mi familia han aportado algo a cómo soy hoy. Y tanta gente que me ayudó a lo largo de todos estos años… mis familias americanas John y Linda Rockwell, que me acogieron en su casa de Nueva York cuando era poco más que un crio, o Hap y Marcia Wagner, que desde que patrocinaron mi participación en Music at Menlo, se han convertido en familia extendida y me apoyan en proyectos que llevo adelante desde hace varios años…

En el terreno estrictamente musical debo citar a Vincenzo Puma, un gran concertista francés que me enseñó a tocar música zíngara, improvisar y a leer la partitura. Recuerdo como si fuese ayer, que el Sr. Puma tocaba una melodía y me decía: “Toca conmigo, pero no puedes tocar lo que yo estoy tocando”, para incitarme a improvisar, o se sentaba al piano e improvisaba ornamentaciones y arpeggiatos a algún tema que tocase yo. Después, mis primeros pasos en la música de Vivaldi, Bach y Bruch vinieron de mano de Ara Vartanian, que en aquel entonces era músico en la Orquesta Filarmónica de Málaga. Recuerdo que su aliciente para que preparase bien los primeros movimientos de la Partita no. 2 de Bach era que me “regalaba” una página de la Chaccona por cada buena clase, así que me puse a estudiar como loco, ansioso por reproducir aquellos sonidos que es-cuché por primera vez en las grabaciones de Szeryng. También influyó en mí, y me acuerdo mucho de él, José Luis Garcia Asensio. Fue el primer maestro en hacer mucho hincapié en la forma del fraseo, y una bellísima persona. Mauricio Fuks me aportó un conocimiento increíble del instrumento, y aunque ya hace muchos años de esto, aprendí a enseñar por él. En Nueva York estudié con Patinka Kopec, quien me guió con su sabiduría y fue más que una profesora de violín, y la mayor influencia que tuve en el violín: Pinchas Zukerman. Estudié con él y con Patinka Kopec, quien comparte el estudio con Zukerman, durante unos siete u ocho años. Es sereno y humilde. No se da importancia, pero cuando pone el arco en la cuerda lo da todo. Me ha dado un lenguaje violinístico y técnico que potencia la libertad y la expresión, algo que él trabaja desde el principio. Me refiero a la producción del sonido y canalizar todo desde el sonido, siendo él un artista con un sonido puro.

¿Siguen manteniendo contacto?

Sí, mantenemos el contacto. Este verano pasado tocamos música de cámara. A veces coincidimos en viajes y por supuesto cuando voy a Nueva York trato de saludarlo.

También ha sido alumno de Yehudi Menuhin. Valore su trabajo con él y a él mismo como artista. ¿Cuáles cree que han sido sus mayores aportaciones?

Yehudi Menuhin transmite bondad a través de su sonido y su sonrisa. Da la casualidad que coincidió con Vincenzo Puma en París y me habló de él en Londres. Hablaba algo de español e insistía en hablarle a mi familia en español. En mi estancia en Inglaterra, trabajé mucho con Natasha Boyarsky, quien es profesora principal en la Escuela Menu-hin. Llegaba a dar cinco clases a la semana con ella, a veces dos clases en un mismo día. Hizo un trabajo sobre todo técnico conmigo exhaustivo. A Yehudi Menuhin lo ví es-porádicamente y me hablaba de la relajación, del vibrato, y del uso del peso natural de los brazos para tocar. También me daba digitaciones con el propósito de mantener la línea musical con continuidad. Recuerdo en una ocasión estaba tocando Preludio y Al-legro de Kreisler, y me dió una digitación en el Allegro que me fascinó, porque hacía que se escuchase el pasaje como si no hubiese cambios de cuerda. En cada visita que hacía, hablaba a grupos de estudiantes sobre su concepto de cómo coger el violín y usar el cuerpo (aunque yo no era partícipe frecuente de ello, tenían cursos de Técnica Alexander). La búsqueda de Yehudi Menuhin de la belleza, la verdad y la sinceridad se refleja en su sonido, donde todo tiene vida. Cada interpretación suya es una joya. Ha dejado un legado artístico a través de sus interpretaciones, humano por sus acciones, y un ejemplo a seguir en el compromiso a los talentos y el futuro de la música.

¿Qué sucede con la imagen mediática de un artista?

Me parece otro medio más de comunicar o transmitir tu mensaje. La imagen es parte de eso también. Una imagen debe partir de lo que uno es como persona. En mi opinión tiene que ser algo natural. Lo que sí es verdad es que para proyectar una imagen hacia el público, ésta tiene que estar algo acentuada.  Un artista con un equipo considerable de marqueting tiene que estar continuamente revisando su imágen y adaptándola a cada proyecto, a cada grabación, tener un enfoque personal, otro más profesional… Partiendo de la base de que la cultura pop ha influido en qué conlleva la imagen de un artista “clásico”, se puede ver hacia donde se está yendo en este aspecto. Los cantantes pop tienen aspectos diferentes para representar proyectos diferentes, a veces incluso en un mismo álbum, puesto que las canciones van ligadas a fotos y videoclips. Entonces toda la información se puede condensar en una canción, foto o clip. Es decir, Si escuchas la canción te acuerdas del clip y las imágenes y viceversa. Es una manera de acaparar más de un sentido del oyente o el espectador y que este asimile esta información audiovisual de fácil absorción de manera conjunta.

¿Con qué violín toca?

Aunque parezca increíble, ¡no sé qué instrumento es!,  pero sí sé que me encanta. Es un violín dulce y bien equilibrado y sobre todo es un instrumento que agradece las caricias. Ahora lo tengo yo, pero es de mi padre, que le encantan los instrumentos y tenía varios en casa de mi abuela. Yo estaba tocando con un instrumento que no tenía las suficientes cualidades, lo que me dificultaba mucho las cosas. Así que un día él me escuchó y me dijo: “tengo algo que tal vez pueda funcionar mejor”, y dio la casualidad de que ese instrumento que él tenía allí funcionaba mucho mejor. Me han dicho que puede ser francés del siglo XIX pero que no se sabe lo que es.

¿Por qué lo tenía su padre?

Mi padre no es violinista pero le encantan los instrumentos y la lutería.

¿Es un mito que los violines Stradivarius, Amati, Guarneri, son mejores que los buenos del presente?

Los buenos Stradivarius, al igual que los Guarneri y Amati, por lo general, son mejores que todos los demás. Hay muchos otros buenos lutieres tanto de la época como posteriores, contemporáneos también, pero no alcanzaron la proporción de violines buenos que hicieron aquellos, y francamente, hoy por hoy, no he probado nada que se le asemeje. Tuve la oportunidad de tener varios Stradivarius durante varios años, he probado más de una decena, también varios Guarneri. La reacción de estos instrumentos al gesto del intéprete es prácticamente immediata. Es decir, si quieres cambiar la textura del sonido con el arco y cambias el lugar de contacto del arco para que esto sea así, el instrumento reacciona y además por las propiedades acústicas de estos, el resultado es mayor. Si bien es cierto que algunos de los Stradivarius que tuve no eran demasiado buenos, los que lo eran son prácticamente insuperables.

Sólo hay un Michelangelo.

Hábleme de su afición por el flamenco y de la música contemporánea.

Me he criado con el flamenco. Mi tío Pepe toca la guitarra flamenca y ha estado vinculado al mundo flamenco toda su vida y mi abuelo es cantaor. Creo que el flamenco es una manifestación artística con un nivel de expresión y transmisión que roza el límite  de lo posible. Es una música de una profundidad bestial. Desde muy pequeño soy admirador del Camarón de la Isla. Tiene una de las voces más naturales y expresivas que ha habido, y comprendía musicalmente una barbaridad, sus fraseos, sus melismas improvisados y giros te dejan helado. Y además colorea las palabras que canta y sabe transmitir lo que dice. Me gusta la música folclórica en general, música de raíces. La música contemporánea que me ha parecido interesante la he ido tocando. Hace unos meses interpreté en la temporada de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias el Concierto para violín y orquesta de Jesús Torres, bajo la dirección de Ari Rasilainen. También obras de Jordi Cervelló o Fernando Arroyo, que voy a interpretar. La música actual me gusta. Soy de la opinión de que los intérpretes podríamos hacer más por los compositores actuales, no programamos suficiente música contemporánea y deberíamos tomar el tiempo necesario para conocerla mejor. La del siglo XX también se programa muy poco en comparación con la de épocas anteriores. Si se hiciese más, tal vez el público sentiría más apetito por ella, y nos facilitaría el camino hacia el siglo XXI.

¿Es usted de los que necesitan entender la partitura musicalmente hasta la última corchea o es más instintivo?

Soy más instintivo en ese sentido. Conforme estoy tocando estoy sintiendo el ritmo, las armonías, las estructuras del fraseo. Como he estudiado solfeo conozco cómo se le llama a qué, pero el primer paso es ser sensible a ello. Después me encanta profundizar en la partitura y en todos los detalles que la conforman. Además primero está la música y la tradición oral, y la necesidad de dejarla plasmada  para poder recrearla, nos lleva a la tinta sobre el papel.

¿Cuáles son sus planes?

De cara a los próximos años me hace ilusión lo mismo que para mañana: seguir con esta relación bella que tengo con mi instrumento y viviendo con ganas. He retomado algunas obras que estaba escribiendo, una sonata para violín solo y algunas orquestaciones que me hacen mucha ilusión acabar. También me encantaría tener perro pero no puedo por los viajes.

No es usted un músico que se preocupe demasiado por su imagen mediática. ¿No cree que ello le puede poner en desventaja en un presente en el que hay muchos malos intérpretes que obtienen oportunidades más por su imagen pública que por su calidad?

Me preocupa más bien poco… la imagen mediática siempre ha existido, pero hoy en día la inversión de tiempo que requiere es excesiva. Para tener cierta presencia en las redes sociales, éstas requieren de mucha atención. Prefiero hablarle a mis más cercanos seguidores de Facebook y que se sume quien quiera cuando quiera. Sé también que lo pregunta por mi página web, o más bien carencia de ella. En este aspecto sí habrá algo pronto, ¡más por tantas personas que me lo han aconsejado!

Es lógico que a gente con campañas millonarias de marketing le lleguen más oportuni-dades. Y también quien dedique mas tiempo a la promoción e imagen va a tener mas presencia, pero la prioridad es la música, a eso me dedico. Además, todo el mundo tiene acceso a estas redes, todo el mundo tiene smartphone con cámaras, por tanto, o se es muy bueno usando estas herramientas o se tiene un buen producto. Yo prefiero trabajar para el producto.

¿Qué música le gustaría tocar  incluso grabar en los próximos años?

Me gustaría tocar más música española, tanto música ya existente como nueva. Por ello esta siguiente temporada programaré en recitales y conciertos de música de cámara obras de Turina, Granados, Arriaga, De Falla y Sarasate. Pienso que España tiene mucho que ofrecer y puede enriquecer mucho el panorama musical. También me gustaría pro-fundizar más en la música del siglo XX, me fascinan los diversos estilos  que coexistían o se sucedieron muy próximos en el tiempo. Es sorprendente que compositores como Rachmaninoff escribiesen su tercera sinfonía mientras Webern escribía sus variaciones, o que la Sonata de Debussy se escribiese el mismo año que la de Resphigi.

¿Próximos proyectos?

Hay un proyecto de grabación con Centaur Records que está a punto de salir a la luz, con obras de Janáček y Enescu. También realizaré una grabación dedicada a Paganini, de la cuál desvelaré más detalles cuando llegue el momento. Proximamente tengo muchos recitales en diferentes ciudades de EEUU, varios conciertos con orquesta interpretando el concierto de Paganini y Tchaikovsky en España y Latinoamérica y una gira por 12 ciudades de China. Este próximo febrero volveré a actuar con la Orquesta Filarmónica de Málaga. Me encanta tocar en casa. Y por supuesto, música de cámara a raudales. Ya estamos planificando la siguiente edición del Festival Málaga Clásica, que una vez más será una semana de intensa actividad camerística con destacados artistas de diferentes países. Y un proyecto al que le tengo un afecto especial es la Academia Galamian. Esta academia, la cual dirijo y fundé con mi esposa, Anna Nilsen, está creciendo y cada vez son más los músicos a los que les podemos ayudar en su formación. Ambos impartimos clases en la academia e invitamos a profesores de todo el mundo a impartir clases magistrales, con la idea de instaurar los conocimientos necesarios para que con el tiempo, el viajar muchos kilómetros  para recibir una formacion musical excepcionalmente buena sea una opción y no una obligación. Además el talento nacional tiene tanto que aportar para el futuro de la música…

Autor:Aurelio M. Seco
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