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CRÍTICA: JORDI SAVALL Y XAVIER DÍAZ-LATORRE OFRECEN UN CONCIERTO EN EL AUDITORIO NACIONAL, DENTRO DEL CICLO UNIVERSO BARROCO DEL CNDM. Por Hugo Cachero

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4 de noviembre de 2013
Foto: Teresa Llordés
TOUTES LES SOIRÉES DU MONDE

LES GOÛTS RÉUNIS. LA VIOLA DE GAMBA EN EL TIEMPO DE DIEGO ORTIZ  A MARIN MARAIS. JORDI SAVALL - Viola da gamba. XAVIER DÍAZ-LATORRE - Guitarra y tiorba. CENTRO NACIONAL DE DIFUSIÓN MUSICAL - CICLO UNIVERSO BARROCO. AUDITORIO NACIONAL DE MÚSICA (SALA DE CÁMARA), MADRID. Sábado 23 de noviembre de 2013, 19:30 horas.

     Señalar en rojo en el calendario de acontecimientos de la temporada musical una fecha en la que el principal protagonista es Jordi Savall no es desde luego una apuesta, ni tan siquiera de bajo riesgo; figura imprescindible del panorama barroco tanto en su faceta de director como de instrumentista, es de agradecer (¿a la musa Euterpe, tal vez?) que a su edad (nació en 1941) se encuentre en plena actividad. En esta ocasión pudimos disfrutar de su faceta de intérprete de viola da gamba, ese instrumento de sonoridad tan especial y rica, que prácticamente es un emblema dentro del movimiento de la "Interpretación históricamente informada" y la recuperación del repertorio del Barroco musical con instrumentos originales. En el programa, una auténtica semblanza histórica del instrumento, desde las obras renacentistas de Diego Ortiz hasta aquellas que entrado el siglo XVIII consiguieron elevarlo a sus más altas cotas expresivas, de la mano de autores franceses como Monsieur de Sainte-Colombe y Marin Marais; sobre la relación entre ambos, con los añadidos literarios pertinentes al caso, trata la maravillosa película dirigida por Alain Corneau Tous les matins du monde, que hizo mucho por extender el conocimiento de la viola da gamba a un público amplio, y cuya banda musical corrió a cargo precisamente de Savall.

     Siendo uno de los más destacados especialistas en este instrumento, con una tan larga como fructífera carrera de la que además quedará constancia en una formidable serie de grabaciones, se entenderá que toda consideración sobre el concierto y la labor del catalán que hagamos discurra más por el terreno de la crónica que de la crítica (muy poca cosa encontraríamos que criticar, realmente). Al margen de su maestria como ejecutante, un auténtico artista por su capacidad comunicativa, su autoridad sobre el escenario y esa inexplicable capacidad de trasmitir a cada espectador que está tocando para él y solo para él, y convertir la experiencia colectiva de la sala en un acontecimiento individual, íntimo. Intimidad que se reforzó, muy acertadamente, con una puesta en escena donde una tenue iluminación del recinto permitió acotar el espacio del escenario reduciéndolo a una zona circular iluminada de manera más potente. El variado y cronológicamente amplio programa parece pensado para permitir el lucimiento, y Savall no dejó de testimoniar el virtuosismo de que es capaz tanto con la viola soprano como con la viola bajo, el dominio de toda clase de técnicas de ejecución (legato, detaché, martelé, col legno, pizzicato...) y la capacidad de improvisar y realizar variaciones. Y todo ello con un aplomo y estar que solo puede proceder de quien no tiene nada que demostrar, y sí mucho que mostrar. Una clase magistral, en definitiva, que remite también a la faceta académica del violagambista, que mostró explicitamente cuando se dirigió a la concurrencia para introducir y explicar las piezas, deliciosas e irónicas,  de Tobias Hume.

    Pero detenerse solamente en la figura de Savall, por grande que ésta sea, sería cometer una injusticia para con Xavier Díaz-Latorre, que acompañó magníficamente al músico de Igualada alternativamente con la tiorba y con la guitarra barroca y por si fuera necesario (no lo es, evidentemente, ya que el barcelonés cuenta en su haber con una importante carrera) se reivindicó como intérprete solista en varias piezas, de las que destacaríamos las Jácaras y Canarios, tan arquetípicamente hispánicas, de Gaspar Sanz, a la guitarra. Perfecta también la compenetración entre los dos músicos, en particular en las improvisaciones y diferencias, dode las miradas cómplices que se intercambiaban mostraron dos espíritus musicales afines. Una tarde convertida en un gran éxito artístico en todo momento acompañado por la emoción que el público refrendó mostrando su entusiarmo sin reservas (correspondido con dos bises, variaciones e improvisaciones sobre la Guaracha mexicana y sobre una canción de cuna bretona) y que se puede atribuir antes y por encima de todo a lo escuchado, aunque también al deseo de reconocer toda una trayectoria,  sobresaliente como es la del igualadí; y como no, también computable como homenaje a esa gran artista que fue Montserrat Figueras, de la que se cumplían dos años de su fallecimiento, y a quien su marido dedicó la segunda parte del concierto. Vayan nuestra últimas palabras dedicadas a su memoria.
 
Fotografía: Teresa Llordés

 

Autor:Hugo Cachero
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