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Crítica: Recital de José Bros en el Teatro Campoamor de Oviedo

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11 de marzo de 2019

Eterno Bros

Por Nuria Blanco Álvarez /  @miladomusical
Oviedo. 9-III-2019. Teatro Campoamor. Gala lírica “Eternamente José Bros”. XXVI Festival de Teatro Lírico Español. José Bros, Tenor. Oviedo Filarmonía. David Giménez Carreras, Director de orquesta.

   José Bros regresa a la que casi puede considerar su casa, el Teatro Campoamor de Oviedo, donde tantas veces ha cantado ópera y también recitales, como el que ahora nos ocupa, y donde tantos éxitos ha cosechado. No podemos olvidar los bises que interpretó en este mismo escenario con «Una furtiva lágrima» de El elixir de amor la pasada temporada de ópera y la romanza de La tabernera del puerto «No puede ser» allá por 2006. Precisamente esta última la pudimos escuchar por duplicado en esta velada, pero por haber acabado las propinas previstas ante los interminables aplausos que el público le ofrecía al final del evento, repitiendo esta romanza interpretada ya durante su programa.

   Toda la segunda parte estuvo dedicada a la zarzuela, no en vano esta gala, aunque fuera de abono, se incluye dentro del Festival de Teatro Lírico Español de la capital asturiana. Sin detrimento de lo adecuado de este recital en este contexto, al igual que la gala lírica de jóvenes artistas prevista para el mes de mayo en los mismos términos, no podemos dejar de llamar la atención sobre el hecho de cómo esta temporada está cayendo en picado con la gestión de la última corporación municipal, ahora con tan solo cuatro títulos y dos funciones de cada uno, ¿dónde están las hasta nueve funciones por título que se llegaron a dar no hace tantos años? Tenemos «a cambio» dos galas con la Oviedo Filarmonía y la última además será con Coro, pero la Zarzuela, queda relegada a «los restos», ¡con lo bien que le vendría esa dotación económica para mejorar la cantidad y calidad! Estos recitales podrían ubicarse perfectamente en otros programas de la agenda cultural de la ciudad, como los Conciertos del Auditorio.


   Desde luego que estas reflexiones no empañan en absoluto la magnífica velada musical que se vivió en el Campoamor gracias a la extraordinaria voz del incomparable tenor español. La inmensa mayoría de las piezas elegidas versaban sobre el amor, en la primera parte con un recorrido heterogéneo por la obra de compositores como Chaplin, Brodzsky y Lehár y otros de habla hispana como la mejicana María Grever o el español Antón García Abril, por lo pudimos escuchar su magnífica dicción en inglés, alemán y español.  

   En todo momento pudimos disfrutar del maravilloso gusto interpretativo, cuidados fraseos y delicadas dinámicas en el pianissimo que tanto le caracterizan. Es reconfortante escuchar su homogéneo registro, seguros agudos, excelente afinación y elegancia escénica, fruto de una madurez artística y condiciones vocales en perfecta forma.

   La segunda parte del recital era la más esperada de la noche, por estar centrada en el género que auspiciaba la gala: la zarzuela. Además de la mencionada romanza de Sorozábal, oímos un fragmento de Luisa Fernanda con «De este apacible rincón de Madrid» y «Bella enamorada» de El último romántico de Soutullo y Vert. Mención aparte merecen dos piezas rescatadas del olvido por el propio Bros, la «Canción húngara» de la zarzuela Alma de Dios de Serrano y «No me quiere» de La isla de perlas de Sorozábal, que las interpretaba por primera vez en su carrera, como así lo explicitó él mismo. Este detalle engrandece aún más su figura, pues a pesar de su larga trayectoria muestra inquietud en enriquecer su repertorio y sensibilidad al recuperar obras de nuestro patrimonio nacional.


   Como broche de esta feliz velada, Bros interpretó «como no podía ser de otra manera, esta canción que me apasiona tanto», refiriéndose a Granada de la que la Oviedo Filarmonía ofreció una inusual y muy poco favorecedora versión, que parece del gusto del director David Giménez Carreras quien incluso la grabó con el mismo tenor hace unos años. La orquesta acompañó con solvencia al cantante y además protagonizó cuatro temas a lo largo de la velada. La Obertura Candide de Bernstein, compositor que no podía faltar al celebrarse esta temporada el centenario de su nacimiento, y la conocida obertura de El murciélago de Strauss, fueron interpretadas con poca contundencia, y algo contenida también fue la ejecución del Preludio de El bateo, siendo en el Intermedio de El baile de Luis Alonso donde la orquesta pudo lucirse más.

   La noche terminó con el célebre tema Amapola, en cuya interpretación se pudo observar a un Bros exultante, saboreando el momento, sintiendo cómo el público asturiano se rendía a sus pies. Tras la interminable salva de aplausos, se «bisó» la obra referida al inicio de este texto y el público en pie despidió a este gran tenor, al que estamos deseando ver de nuevo en este mismo escenario, pero regalando su voz a uno de los personajes de alguna de las zarzuelas programadas en la temporada.

Foto: Pablo Lorenzana / CODALARIO
Está prohibida su reproducción

Autor:Nuria Blanco Álvarez
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