Codalario
Está viendo:

JOSÉ BROS, tenor: 'Paciencia y estudio, ése es el secreto'

  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter
 
1 de abril de 2017

JOSÉ BROS, tenor: "Paciencia y estudio, ése es el secreto"

   Una entrevista de Inés Tartiere | @InesLFTartiere / Foto: Pablo Lorenzana/Codalario
El pasado 26 de marzo el Teatro Campoamor de Oviedo se vistió de gala para celebrar las bodas de plata de uno de sus artistas más queridos, el tenor José Bros. Si Bros es sinónimo de belcanto, también lo es de amabilidad, sensatez, honestidad y humildad a partes iguales. A la espera de su última función de Doña Francisquita, dentro del Festival de Teatro Lírico de Oviedo, nos recibe en el Campoamor para hacer un recorrido por sus maravillosos veinticinco años de carrera, en los que ha atesorado más de sesenta papeles en su repertorio, y con la constante inquietud de un principiante al que aún le quedan muchos caminos por recorrer y muchos papeles por debutar.  

Enhorabuena por estos maravillosos 25 años de trayectoria, maestro. Realmente 25 años atrás, ¿se podría llegar a imaginar o a soñar la impresionante carrera que ahora está celebrando?  

No, sinceramente no. Nunca he tenido tampoco esas expectativas, sólo me he preocupado de trabajar intensamente. De estudiar, de levantarme cada día a hacer lo que me gusta y luego todo ha ido viniendo poco a poco. Tengo una frase que es "cada día sale el sol aunque hoy esté lloviendo" (risas) y el sol no hace falta verlo, hay que sentirlo en tu interior. Para mí es un completo privilegio poder dedicarme a esto, todo lo que ha venido ni me lo podía imaginar ni tampoco tenía la ambición, sólo me he preocupado de prepararme, de estar atento a mi instrumento. Soy muy afortunado.

 El título del concierto con el que festeja los 25 años es "Non ti scordar di me". ¿Realmente cree que el público español llegaría a olvidarse de usted?  

Confío en que no, porque al igual que el público me ha dado grandísimas satisfacciones, creo que se las he intentado transmitir y devolver siempre. Es un intercambio de emociones constante. Siempre me he sentido muy apoyado, no solo por el público, también por  la crítica, por los compañeros, por los teatros y estaré eternamente agradecido. Nunca he sentido esa presión. Cada noche he dado todo lo que tenía y en la evolución constante que tiene un cantante para mí ha sido fundamental no sentir esa presión. Es tan bonito, cuando ves que tu estás dando todo lo que llevas tanto tiempo trabajando y el público lo percibe, es indescriptible. Precisamente aquí en Oviedo que es una ciudad que me ha visto crecer, llevo 25 años de carrera y en diciembre hará 25 años que debuté aquí. Son muchos años, muchas óperas, zarzuelas, amistades. Yo debuté con un recital en el año 1992 con la soprano Sumi Jo, y me apetecía ofrecer otro concierto para celebrarlo. En esta ocasión con una soprano que empieza una carrera, y que quiere encontrar su espacio en este maravilloso mundo nuestro, Elisabet Pons. Siempre he dicho que en una noche de escenario se aprende más que en diez clases, porque son muchas las emociones que hay que controlar, conectar con el público. El cantante joven necesita sentirse motivado constantemente y aprender con serenidad, es vital para su formación como artista.

Siempre ha sido muy querido en Oviedo. Es el artista que más ha cantado en esta ciudad, y el único bis que se recuerda recientemente en el Campoamor lo firmó usted con La tabernera del puerto de Sorozábal.

Fue muy bonito, muy emocionante. Lo recuerdo como si fuera ayer. Todavía hoy me paran para recordármelo, diciéndome que el bis lo canté mejor todavía que la romanza. Fue un momento de gran satisfacción personal.  

No sólo lo celebra con un concierto que ha sido todo un éxito, el sábado día 1 de abril será la última función de Doña Francisquita, que ha colgado el cartel de todo vendido en sus dos funciones y en noviembre vuelve a la Ópera de Oviedo con un papel emblemático en su carrera: Nemorino del Elixir de Donizetti.

Lo celebro triplemente, sí. Intentaré dar el máximo en los tres campos porque creo que es motivo de celebración. Agradezco enormemente a la Ópera de Oviedo que haya programado este Elisir d’amore, porque es una obra que siempre me ha acompañado mucho, me ha dado grandes satisfacciones, es un papelón. Con él me presenté en el Covent Garden, Hamburgo, lo canté en Madrid, Viena, Roma… y espero que me siga dando muchas alegrías aquí.  

Se suele decir que los cantantes españoles son más reconocidos fuera que en España, pero usted desde el principio contó con el cariño y la aprobación aquí, siendo el cantante más querido en teatros como el Real, Liceu, Sevilla, Oviedo…  

Es cierto, mis primeras oportunidades fueron aquí, yo respondí y disfruté de ese momento entregándome al máximo. Creo que el público muchas veces no busca esa perfección técnica. Hay que llegarle, quiere sentir emociones. Independientemente de perseguir el pasaje perfecto, en el momento en que tú disfrutas creo que el público disfruta contigo. Realmente soy una persona muy afortunada porque siento ese cariño constante de la gente.  

Hablemos de sus comienzos. Ganó el premio Francisco Viñas en 1986, debutó en 1991 con el rol de Don Ottavio, pero realmente el gran salto de su carrera se produjo con la sustitución de última hora en el Liceu con Anna Bolena de Donizetti al lado de Edita Gruberova.  

Recuerdo perfectamente ese momento, un 9 de noviembre. Cada año haces un balance y te das cuenta que te han ocurrido cosas preciosas, pero ese fue un año tan especial. La EXPO de Sevilla, las olimpiadas de Barcelona, mi debut inesperado en el Liceu. Me llamaron a las 09:15 de la mañana para hacer la sustitución, con una obra que también debutaba Edita Gruberova. Estaban todos los directores artísticos, toda la crítica nacional, internacional. Me abrió muchas puertas a nivel internacional. Yo ya había cantado Don Pasquale, La favorita en las Palmas con Obraztsova, mi primer Rigoletto en Mallorca… Ya llevaba unos cuantos papeles, aunque éste marcó mi carrera.

 Desde entonces siempre ha estado ligado a  ella profesionalmente

Me ha acompañado mucho desde que debutamos esa Anna Bolena. Hemos cantado mucho juntos, muchos títulos, hemos grabado cds, galas, conciertos. He aprendido muchísimo a su lado, en mis inicios ella confió en mi estando yo  con una carrera muy incipiente, y hubo un momento que dijo: a partir de ahora quiero hacer todas las obras de belcanto con José. Eso para un cantante joven como era yo fue un subidón tremendo. Imagine que una artista de la talla de Gruberova dijera eso… y así fue. Hemos hecho Sonnambula, Straniera, Roberto Devereux, Lucía, Lucrecia Borgia, Anna Bolena, Traviata incluso, I puritani.  

El dvd que grabaron juntos de Puritani en el Teatro del Liceo de Barcelona es fantástico

Era mi debut en el papel. Fue en 2001, con Simon Orfila, Carlos Álvarez... Disfruté muchísimo de esa producción. Cuando nos propusieron hacerlo, al principio había la posibilidad de estrenarlo en otro sitio, pero  yo quería debutarlo en el Liceu, en un gran teatro. Puritani no es cualquier cosa. Por suerte también me ha dado grandes satisfacciones. A partir de ahí la canté en varios sitios Múnich, Viena, Montecarlo.  

¿Considera que es la ópera más difícil de Bellini para el tenor? Porque nada más salir a escena tener que cantar "A te o cara" es todo un reto.

Si claro que es un reto. Yo recuerdo la producción de Múnich, que se abren las puertas del castillo y entra Arturo teniendo que hacer todo el paseíto con el coro mirando, el teatro iluminado y la gente en silencio sepulcral escuchando los maravillosos acordes de la introducción del "A te o cara". Fue un momento inolvidable. Pero aún asi me atrevería a decir que la más difícil que he cantado de Bellini es Il pirata. Lo que tiene Puritani son esas notas extremas que teniéndolas, aunque el pasaje sea comprometido, yendo seguro, funciona. La tesitura del Pirata es muy sostenida. Piense que vas una tercera por encima de la soprano y estás siempre en Fa Sol La, ahí arriba y el aria, cabaletta… es de las más difíciles que he cantado.

Alfredo llegó relativamente tarde a su repertorio  

Sí, llego tarde, pero yo creo que era cuando tenía que llegar. Yo estaba haciendo Lucia di Lammermoor con Zubin Mehta en el teatro Maggio Musicale, en Florencia en 1996, y me decía: "me han llamado de Múnich para que hagamos Traviata en dos años", y yo le decía "maestro pero yo no canto Traviata". "Bueno, de aquí a dos años la cantarás", me dijo. Yo me sentía muy bien en ese repertorio de belcanto y me decían si cantas Rigoletto puedes cantar Traviata. Aunque ahora sí, antaño no lo consideraba adecuado para mi vocalidad todavía.

 ¿Qúe roles han sido los más importantes en su carrera?

Il duca di Mantova de Rigoletto y el Edgardo de Lucia. Son dos roles que quiero mantener siempre intactos, para mí son un referente. En las exigencias vocales y técnicas, independientemente si eres lírico-ligero o más bien lírico como es mi caso ahora que soy lírico puro y creo que estoy abordando los papeles con mucha tranquilidad. Por supuesto no canto Butterfly, no canto Tosca... No estoy interesado en estos papeles.

 Aunque Don Carlo, de la ópera de Verdi, y Rodolfo de la Bohéme, que ya ha debutado sean a priori más pesados

Hay muchos pasajes en el Don Carlo donde Verdi escribe 4P, ya no es piano ni pianísimo, es pianisisisimo. Cuando te encuentras con un maestro director concertador como quedan pocos, que se preocupa de cuidar todas estas dinámicas y viene respaldado con el escenario que te permite hacer estas medias voces, yo creo que vale la pena ser fiel a la partitura. Cuando presenté mi primer Don Carlo en el año 2015 en el Escorial lo dije claramente, que nadie espere un Don Carlo spinto.  Yo no lo concibo así este rol, es lírico puro a mi modo de ver y es como yo me siento ahora. Creo que era el momento de debutarlo. Hace 15 años hubiese sido absurdo. Con Rodolfo me siento muy bien, me ha dado grandes noches. Es el segundo papel que me aprendí después del Duca, y por fin lo he podido debutar. Llevaba más de 20 años dentro de mí y he podido sacarlo.  

Creo que tiene gran interés en debutar Riccardo del Ballo y los Cuentos de Hoffmann, ¿llegarán por fin?  

Sí, sin duda el Ballo tengo ya compromiso de debut y Los cuentos de Hoffmann estoy terminándolo y cuando llegue será bienvenido. Soy muy inquieto, intento siempre ir incorporando nuevos roles para mantener esa flexibilidad, esa ilusión, ese hábito de estudio, tener la mente siempre en forma. Me gusta preparar al menos dos papeles al año. Por ejemplo el año pasado acabé de preparar Simon Boccanegra en febrero y quién me iba a decir que en abril estaba debutándolo en el Liceu in extremis y lo pasé muy bien porque estaba recién preparado, surgió y lo tenía fresquísimo y bien ensayado. Hay que estudiar con tranquilidad.

Lo mismo le pasó con Rodolfo de la Bohéme  en el Liceu la temporada pasada, teniendo que sustituir al tenor Matthew Polenzani.

Sí, también. Siempre hay que estar preparado para estas cosas. Por lo menos Rodolfo me lo dijeron el día antes. Tuve un poco más de margen. Pude llegar y ver si la buhardilla estaba en orden y era todo normal (risas). Simon Boccanegra me lo dijeron esa misma mañana, cuando lo piensas ya estas en escena.  

¿Cree que está en la mejor etapa de su carrera profesional?  

Creo que estoy en una muy buena etapa. No podría decir si es la mejor porque todas han sido muy bonitas. Es cierto que me encuentro en un momento muy dulce, porque no hay que olvidarse que uno crece no solo como artista sino también como persona, y creo que a la hora de interpretar  y al subirse al escenario, cuenta mucho las vivencias, las emociones, tu trayectoria personal a la hora de ponerse en la piel de un personaje. Por eso tal vez me siento en un momento tan dulce, porque estoy disfrutándolo cada día más, esto va a más y vale la pena disfrutarlo.  

Se le considera un cantante que siempre ha dado los pasos correctos, cuidando mucho su voz y sin forzarla. ¿Cree que éste es el secreto para tener una larga carrera?  

Paciencia y estudio, ése es el secreto. Ahora todo es inmediato. Todo lo queremos ya. Al igual que tecnológicamente hemos evolucionado nos creemos que el instrumento hacemos click y ya está, y no es así. El secreto esta en la paciencia, dedicarle mucho tiempo, lo que va bien ya va bien y saber lo que no va tan bien para mejorarlo. Estar muy atento al desarrollo natural de la voz y no caer en esa precipitación. De eso depende la longevidad vocal. La autocrítica es muy importante para nosotros. A veces te ocurre que tienes una función que das todo lo que tienes pero sabes que te podría haber salido mejor y la respuesta del público es arrolladora, y viceversa haces una noche cosas que no habías hecho nunca y el público no lo ha captado con el nivel de entusiasmo que tú sientes, pero para ti se queda. Me pasó en  los inicios con el rol de Edgardo de Lucia di Lammermoor, que había unos fiatos que me costaban mucho, yo sabía lo que quería hacer pero no era el momento. Cuando llegó ese día en la Ópera de Roma fue fantástico, un logro y una satisfacción personal tan grande... El público no lo notó, pero para mi fue resolver un momento en el cual tenía unas grandes expectativas y por suerte se cumplieron. Hay que ser crítico con uno mismo pero sin machacarse.  

¿Lee las críticas?

Las leo cuando ha pasado la producción. Siempre es interesante saber lo que opinan los demás. Al finalizar todas las funciones me hacen un dosier con las críticas y las leo con interés. Al final es lo que piensa cualquier persona del público, solo que el crítico tiene la capacidad para escribir en un medio. A parte de que uno siente el pulso cada noche, lo que tú has entregado y lo que el público te ha transmitido.

José Brós es sinónimo de belcanto, pero usted ha cantado un repertorio mucho más amplio, ¿cómo definiría su trayectoria hasta ahora?  

El belcanto ha marcado el inicio de mi carrera y sigue estando muy presente. Siempre he estado muy preocupado del legato, de la pureza de la emisión. La línea melódica tiene que ser muy pura, cuidar mucho las dinámicas. Hay muchas horas, mucho trabajo detrás, fraseo, dicción, es una labor muy artesanal. Por eso digo que me siento un privilegiado pudiendo abordarlo. Mozart también ha estado presente siempre en mi carrera, es como una resonancia magnética para la voz. El maestro decía cuando tengas alguna duda piensa siempre que el sonido salga bello, bonito. Esa frase me ha ayudado mucho. Massenet, Gounod, Bizet, Verdi, Puccini. Tengo un repertorio más amplio de lo que parece.

 Sin embargo ha cantado más Mozart o Verdi que Rossini, en el que sólo aparece Il viaggio a Reims.  

Tuve una oportunidad en el año 1992. Me habían contratado para hacer una función de El barbero de Sevilla en Palma de Mallorca y me lo preparé entero, pero de repente surgió la oportunidad de debutar La favorita con Obraztsova en las Palmas, y no lo dudé. Donizetti y Bellini van mucho mejor para mi voz que Rossini. No he valorado hacer el Rossini mas serio, es otra vocalidad, otra línea, otro apoyo, mi voz sinceramente nunca me ha dicho "haz Rossini", y le he hecho caso.  

Si pensamos en un maestro de Rossini inmediatamente nos acordamos del maestro Alberto Zedda, que nos ha dejado recientemente. Usted compartió escenario con él en Bilbao en La sonnámbula, de Bellini. ¿Cómo fue su experiencia con uno de los mejores directores rossinianos de la historia?

Mi querido maestro, que cariño le tenía, en paz descanse. Me acuerdo en los ensayos en Bilbao que yo estaba con las cabalettas, variaciones do por aquí do por allá, y me dice "troppi do, troppi do, caro, tienes que esperar a cuando te los paguen todavía mejor" (risas) Hicimos también Stabat Mater en La Coruña. Nos hemos visto muy a menudo. Hubo dos ocasiones para ir al Festival Rossini de Pésaro y al final no se concretaron por problemas de agenda. Por otro lado, siempre he valorado mucho los periodos de vacaciones. Creo que hay que saber diferenciar mucho entre los periodos de estudio, las producciones y saber descansar. He necesitado desconectar cuando llegan las vacaciones llegando a estar cuarenta días sin abrir la boca. Es muy importante ser ordenado con los descansos

¿Qúe directores le han marcado más en su carrera?  

Sinceramente, de todos he aprendido muchísimo. De los más brillantes y de los no tan brillantes. No todo el mundo tiene ese don de acompañamiento, pero tienen otros.  Hay grandes directores sinfónicos pero que en ópera no lo bordan tanto y viceversa. Todos me han enseñado algo. De lo que se trata es tener esa relación fluida, no querer imponer tu criterio y al mismo tiempo tener siempre un gran respeto. El respeto mutuo es la clave. Da igual que hablemos de Mutti, Mehta... Cuando estamos haciendo música, hay que hacer música y estamos todos implicados. Ni yo dicto cómo hay que hacer las cosas ni el director tampoco tiene que imponer las suyas. Las cosas se hablan y nos ayudamos unos a otros: hay mucha comunicación. Una vez estás en el escenario, no pienso si es una batuta de gran prestigio o si está empezando. El respeto cuando haces un espectáculo tiene que ser para todos, desde el director, figuración, maquillaje o la persona que se encarga de limpiar el escenario para que tu no tragues polvo esa noche. La consideración tiene que ser la misma, ya que todos trabajamos de la misma forma para que la función salga bien.    

¿Cuál cree que ha sido el secreto de su éxito?  

Éxito es una palabra demasiado importante, pero podría decir que entregarme cada noche. Cada noche es como si fuera o bien la primera o bien la última. Dar todo lo que tengo, porque de verdad lo doy. Hay personajes que necesito dos tres días de por medio porque necesito una recuperación no solo vocal sino también físico y mental. Siempre escucho mucho al público que se acerca, a mis amigos y familia, y lo que ven en mí es la entrega, podría decir que es eso.

Si tuviera que destacar un momento memorable de su carrera  

Ha habido tantos... Cuando empecé pensaba, este año ha sido una maravilla, y al siguiente volvía a pensar lo mismo, nuevos proyectos, compañeros que tu admirabas cuando eras un estudiante y ahora cantabas a su lado, directores, nuevos teatros. Ha sido todo tan apasionante que no podría citar uno sólo. Claro que el día que debuté en el Liceu con Edita fue memorable, debutar en Viena con El elixir, Madrid, Londres… pero tampoco los podría destacar porque sería injusto conmigo mismo. Todos me han llenado mucho y todos me han aportado algo distinto. Me he volcado muchísimo en todos mis proyectos y seguiré haciéndolo.  

En el año 2006, ganó el premio lirico teatro Campoamor como mejor cantante de ópera, premios que han sido injustamente suprimidos. ¿Qué opina de estos cada vez más constantes recortes a la cultura?

Me hizo muchísima ilusión ese premio, es una pena. Recortes los estamos sufriendo a nivel mundial, no solo a nivel nacional. Sólo puedo decir que las instituciones no se olviden de que la cultura es el desarrollo de una nación. No hay que dejarla de lado. Tiene que tener la misma importancia que la educación, la sanidad. Hay que acercar la música a las escuelas, crear las nuevas generaciones de público. ¿Cómo podríamos vivir sin música?, no podríamos. Hemos dejado en manos de los políticos que ellos decidan cuáles son las prioridades. Yo creo que eso hay que respetarlo, pero dentro de ese respeto no hay que olvidarse, y lo importante es que se siga manteniendo ese referente. Concretamente Oviedo siempre ha sido un referente musical a nivel nacional y a nivel internacional y tiene que seguir siéndolo. Vale que pasemos una situación delicada, pero hay que seguir manteniendo ese entusiasmo de una ciudad con una oferta musical como ésta. No se puede abandonar. Independientemente de los recortes que esperemos sea pasajero y confío que la iniciativa privada se vuelque todavía más, espero que tengamos un plan de mecenazgo que favorezca considerablemente a las empresas que quieran dedicar parte de sus rendimientos a la cultura. A parte de eso me gustaría recordar que no nos olvidemos de considerar la música como una asignatura imprescindible, tan importante como las demás. Es muy importante que el ser humano crezca con la música y que se le de el valor que se merece, que injustamente no se le está dando.  

 

¿Disfruta más ahora que ya lo ha demostrado todo, o por el contrario el tener que mantener siempre el nivel le hace disfrutar menos que al principio?

Todavía tengo mucho que demostrar, pero la verdad que siempre he disfrutado mucho. Nunca he sentido esa presión, tal vez porque no me he esperado nunca nada. Cuando me he sentido preparado he hecho las cosas, y sino pues me he esperado a sentirme mejor. Las cosas han venido, yo creo que una recompensa a tanto esfuerzo y tanta dedicación como muchos otros compañeros  y tal vez no hayan tenido esa misma suerte o recompensa con el mismo esfuerzo o más  que yo le he dado. Todavía me queda mucho por aprender por mejorar y por dar.

La zarzuela ha estado tan presente en su repertorio como la ópera. Es un género que le ha dado muchas alegrías desde sus comienzos.  

Me ha dado muchísimas. He tenido la suerte no sólo de grabarla sino de representarla en incontables ocasiones. Siempre he tenido una implicación y un compromiso muy directo con nuestra música y siempre he dicho que hay que dedicarle los mismos medios que a cualquier otra producción operística. ¿Por qué no vamos a cuidar nuestro género al máximo?, es Zarzuela con mayúsculas y es apreciadísima internacionalmente. En todos mis recitales hay una o dos romanzas de zarzuela y el éxito que tiene es enorme en todo el mundo. Las experiencias que he tenido de hacer zarzuela completa en lugares como Milán o Varsovia ha tenido un recibimiento espectacular. Es nuestra joya. Espero que me siga dando grandes satisfacciones y poder incorporar más títulos. A  parte de lo que a mí me apasiona la zarzuela, creo que un músico tiene que estar comprometido con su música.

Su carrera internacional le ha llevado a cantar en los mejores teatros, La Scala, Viena, Londres, San Francisco… ¿le queda algo por conseguir?, ¿El Met, quizás?

En el MET hubo dos ocasiones y no pudo ser, una porque llegó demasiado tarde y otra porque no podía por problemas de agenda. Si tiene que llegar llegará, pero al igual que en estos años he pisado todos esos maravillosos escenarios y realmente no estaba pensando, Dios mío estoy cantando en La Scala o en París o Viena, al final estás allí interpretando un personaje estés donde estés.  Da mucha satisfacción cantar en estos teatros de tanto prestigio pero no piensas tanto en estas cosas.  Por conseguir me queda mucho, entre otras cosas espero que me queden muchos años de carrera.

 Ha cantado papeles que no son tan frecuentes en los teatros hoy en día, como La straniera de Bellini, Parisina de Donizetti, Il duca d'alba de Donizetti, por citar algunos y creo que ahora también quiere debutar Gemma di Vergy, al lado de Edita Gruberova, ¿llegaremos a ver este debut?

Espero que si. Edita lleva una carrera de 50 años y ha hecho tanto y tan bien que necesita tiempo de descanso y de disfrute personal, es comprensible pero espero poder llevar a cabo esta ópera que nos hace mucha ilusión a  los dos.

¿Qué consejo le podría dar una persona de su experiencia a los jóvenes que empiezan en algo tan complicado como la lírica?

Aunque sea un momento difícil siempre tienen que tener ilusión, no hay que perderla. Con ilusión todo se consigue. Si realmente lo deseas  tienes que perseguirlo. No hay nada más maravilloso que levantarse por la mañana y hacer lo que te gusta, es un auténtico privilegio hay que luchar por eso, porque serás un afortunado toda la vida. No caer en precipitaciones, no dejarse tentar por proyectos que superen su propia realidad y estudiar muchísimo nunca dar por hecho que sabes suficiente.  En mi caso no esperaba cantar ni veinte ni sesenta roles, ni los que vendrán. Pero lo que si tuve claro siempre era que quería cuidar mi instrumento, porque cantar me apasiona y quiero cantar muchos años más.

Próximos proyectos  

Ahora tengo tres semanas para acabar de preparar Los cuentos de Hoffmann, después cantaré La bohème en Sevilla en mayo, haré un concierto en el festival de cuevas de Nerja y Elixir de Oviedo en noviembre.  El año que viene interpretaré Attila en el Liceu, Idomeneo fuera de España, Don Carlo en Tenerife y mi próximo debut de Riccardo de Un ballo in maschera. Estoy combinando nuevos proyectos con las producciones y son muchas ilusiones que me están dando muchas satisfacciones, como apoyar también las nuevas generaciones con clases magistrales y como hemos hecho el pasado domingo en el Campoamor, con la jóven soprano Elisabet Pons que se merece, sin duda una oportunidad. Por supuesto seguiré celebrando este cuarto de siglo de carrera. Después del concierto de Oviedo, lo repetiré  también en Palma de Mallorca, Palau de la música de Barcelona y en Sabadell, teatro que me vio debutar. El 26 de noviembre celebraré mis 25 años de debut en el Liceu de Barcelona, con un recital en este maravilloso teatro.

¿Celebraremos otros 25 años de carrera?

Espero que si, aunque igual  voy a tener que celebrarlo ya por lustros (risas).  

Autor:Inés Tartiere
  • txcomparte_facebook
  • txcomparte_twitter

Compartir

Publicidad

<< volver

Búsqueda en los contenidos de la web

Buscador

Newsletter

Darse alta y baja en el boletín electrónico